Nataliia Petryk dirigía una clínica privada en Kiev y ayudó a innumerables mujeres a dar a luz bebés sanos, hasta que se vio obligada a huir del país cuando Rusia invadió Ucrania.
Tras una convocatoria del Consejo Europeo de Investigación a los equipos de la UE para acoger a científicos ucranianos, trabaja ahora en Suecia para encontrar una cura para la inflamación crónica, que puede causar infertilidad y cáncer.
El mundo ya conoce el heroísmo de los ucranianos. La doctora Petryk quiere recordarnos que no solo son luchadores, sino también científicos, médicos e innovadores.
Como muchos otros, me vi obligada a huir de Kiev con nuestros dos hijos cuando Rusia invadió Ucrania. Ya no estábamos a salvo, y nuestra vida estable y plena había dado un giro dramático, uno que ni siquiera podríamos haber imaginado unos días antes de que comenzaran los bombardeos el 24 de febrero del año pasado.
Cuando nuestro hijo menor, un niño de diez años feliz y vivaz, vio las explosiones con sus propios ojos, cambió por completo. Ya no podía dormir por la noche, preocupado por que muriéramos.
Huida de Ucrania
Al día siguiente de la invasión, tomamos nuestros pasaportes y mochilas y salimos espontáneamente hacia la parte occidental de Ucrania, solo para descubrir que las sirenas antiaéreas también sonaban allí. Continuamos en coche hacia Polonia, pero las largas colas en la frontera nos retuvieron. Nos dirigimos a Rumanía, donde cruzamos la frontera a pie. Mi esposo regresó a Kiev para cumplir con su deber como médico, mientras yo tomé un autobús con los niños hacia Italia, donde nos alojamos con una amiga de la infancia.
Una vez allí, busqué en internet la manera de planificar una nueva vida en un nuevo país.
Apenas unos días después del inicio de la guerra, el organismo de financiación de la UE, el Consejo Europeo de Investigación (ERC), había tomado medidas y hizo un llamamiento a sus beneficiarios de toda Europa para que abrieran sus equipos a investigadores ucranianos que buscaban refugio.
Niklas Björkström fue uno de los muchos que respondieron de inmediato a esa llamada. Su investigación médica de vanguardia en el prestigioso Instituto Karolinska de Estocolmo cuenta con el respaldo de una importante subvención del ERC. Tras mi búsqueda, y gracias a su enorme ayuda, me ofrecieron un puesto como investigadora posdoctoral en su grupo, y me instalé con nuestros hijos en Estocolmo. Con mi formación en medicina, fue una combinación perfecta. El grupo de Niklas Björkström estudia las células NK (asesinas naturales) humanas, una parte de nuestro sistema inmunitario importante en el cáncer, las infecciones y el embarazo.
Experiencia ucraniana en un equipo sueco
Soy ginecóloga y cirujana de formación, pero mi interés por la ciencia también me llevó al campo de la inflamación crónica, que no solo puede derivar en cáncer, sino también en infertilidad y aborto espontáneo.
Los tratamientos específicos para estas afecciones son muy demandados, por lo que en 2021 completé un doctorado en el departamento de patología de la Universidad Médica Nacional de Járkov, una institución ucraniana de primer nivel situada a muy poca distancia de la frontera de Ucrania con Rusia. Mi trabajo se publicó en tres revistas internacionales. Mi esposo y yo dirigíamos una clínica privada en Kiev, donde ofrecíamos atención médica de nivel mundial, y nos centrábamos principalmente en la infertilidad femenina.
A lo largo de mi carrera en Kiev, truncada por la invasión rusa, ofrecimos a muchas mujeres, tanto ucranianas como procedentes del extranjero, una nueva oportunidad de ser madres mediante una técnica médica innovadora que permitía a las mujeres con insuficiencia ovárica dar a luz bebés sanos a partir de sus propios óvulos.
En la oscuridad de la guerra, el trabajo con el Instituto Karolinska me devolvió el sentido de la vida. Desarrollo nuevas técnicas y participo en programas de alta tecnología que tengo previsto utilizar más adelante en Ucrania para ofrecer un mejor tratamiento a los pacientes de nuestra clínica. Sin duda, habrá demanda.
La crisis, a pesar de sus horrores, me ha brindado una oportunidad única de avanzar en mi investigación. Gracias a mis conocimientos médicos especializados, ahora ayudo al equipo de Niklas Björkström a desarrollar nuevos tratamientos y a explorar nuevos terrenos en nuestra investigación.
Mis hijos, de diez y quince años, quedaron traumatizados. Al principio, vivir en Suecia fue difícil. Era un país nuevo, pero ahora les encantan su cultura y métodos educativos, y han hecho amigos. Son felices aquí y yo me siento útil, aunque la trágica situación de mi país siempre está presente en mi mente.
Mirando atrás, tuve que dar el salto sin planificarlo y empezar una nueva vida en el extranjero, pero, sobre todo, tuve la suerte de ser acogida en un magnífico equipo de investigación. Es alentador comprobar que incluso una iniciativa más modesta, en este caso, la de poner en contacto a los principales investigadores del ERC con científicos refugiados, puede cambiar el rumbo de la vida de las personas y darles un futuro. Europa y su comunidad investigadora tendieron la mano para ayudar, y varios de quienes habían huido respondieron a esa llamada. Esto ha dado lugar a una situación en la que todos salen ganando. Espero que esto pueda inspirar a otros a tender la mano a sus comunidades.
El futuro de Ucrania y los ucranianos
También espero que pronto pueda llevar esta experiencia y estos conocimientos a Ucrania y contribuir a reconstruir la comunidad científica ucraniana.
El mundo ya sabe que Ucrania es fuerte: nos estamos defendiendo.
Pero, además, el mundo debe entender que Ucrania también tiene capacidad intelectual y puede mantenerse firme también con la ciencia, la tecnología y la educación. Somos ambiciosos, inteligentes y estamos dispuestos y capacitados para contribuir a los avances científicos, tecnológicos y sociales de vanguardia. Mi experiencia en el Instituto Karolinska es una prueba de ello.
Mi experiencia también pone de manifiesto que, incluso en el mundo fragmentado en el que vivimos hoy, la ciencia no conoce fronteras.
He visto de primera mano cómo la cooperación científica fomenta la comprensión y el intercambio entre las personas en medio de la turbulencia geopolítica. Da esperanza y fortaleza. Colaborando, los investigadores pueden llevar la ciencia a nuevas cotas, algo vital para el futuro de Europa y más allá.
Estas colaboraciones, a largo plazo, benefician a personas de todo el mundo, sobre todo en el ámbito médico, allí donde se haya realizado la investigación. Debemos recordarlo también en estos días, en los que las bombas de Rusia siguen cayendo sobre mi país.





