¿Derogar o no derogar?: por qué importan las palabras desde la perspectiva de las políticas

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  • La UE es líder mundial en la transición hacia una economía neutra en carbono.

  • Los marcos de presentación de informes de la UE se utilizan para facilitar una producción sostenible.

  • Pero la forma en que clasificamos los recursos «sostenibles» exige mayor transparencia.

Nunca antes la demanda de acción frente al cambio climático había sido tan intensa como hoy. Con un número creciente de políticas, incluidos los cambios en la presentación de informes y en la fiscalidad, la UE es ampliamente percibida como líder mundial hacia una economía neutra en carbono. Si bien Hydro acoge con satisfacción estos avances y busca activamente impulsar la transición ecológica integrando la sostenibilidad en toda su cadena de valor, también prevemos desafíos innegables que afectan a la transparencia y a la competitividad europea.

Para entender qué tan ecológico o sostenible es realmente un producto, debemos observar toda la cadena de valor de su producción, aguas arriba y aguas abajo. Y aquí es donde empiezan los problemas, no solo desde una perspectiva de mercado, sino también desde la perspectiva de las políticas.

No todo lo etiquetado como verde es verde

Veamos el aluminio. Es ligero, pero resistente; fácil de conformar, pero duradero; y presenta una alta resistencia a la corrosión y una buena conductividad. El aluminio es el material preferido en una amplia gama de productos y aplicaciones, pero su producción primaria también es intensiva en energía. Las plantas de carbón, por ejemplo, generan unas emisiones de CO2 cinco veces superiores a las de las plantas alimentadas con energía renovable, lo que afecta considerablemente a la huella de carbono del producto. Por ello, la elección de las fuentes de energía es importante y a menudo no se comunica de forma clara ni transparente. Tomemos el aluminio producido en el «Parque Industrial Verde» de Indonesia, por ejemplo, donde hay energía hidroeléctrica disponible, pero que se complementa con carbón para alcanzar la plena capacidad de producción: sigue sin estar claro cuán ecológico debería etiquetarse realmente este aluminio.

Para aprovechar mejor los recursos, también es fundamental analizar la circularidad. Una diferencia clave frente a otros materiales es que el aluminio es infinitamente reciclable sin perder ninguna de sus propiedades únicas ni su versatilidad, y esto puede lograrse utilizando solo el 5 % de la energía necesaria para producir el metal primario. Hoy en día, la producción de materiales representa el 25 % del consumo energético mundial. Se estima que, si adoptamos un enfoque circular en el uso de materiales, podríamos reducir en un 40 % las emisiones derivadas de la producción de materiales clave en 2050.

Pero no todo el aluminio reciclado es igual. El aluminio fabricado a partir de latas, ventanas o piezas de automóviles usados, clasificado como chatarra posconsumo, inicia un nuevo ciclo de vida con una huella de carbono cercana a cero. El aluminio producido a partir de restos de producción, denominados chatarra preconsumo o industrial, aún no ha completado un ciclo de vida y, por tanto, debe conservar la huella de carbono del proceso original.

Hay varios problemas cuando esto no es así. En primer lugar, perdemos transparencia. Si la chatarra posconsumo y la preconsumo se contabilizan por igual, resulta casi imposible determinar la huella real de un producto. En segundo lugar, se incentivan las ineficiencias industriales y se desincentivan la recogida y el uso de chatarra posconsumo. Dado que se estima que la demanda de aluminio en Europa crecerá alrededor de un 3 % anual hasta 2030, y que se prevé que la demanda de aluminio bajo en carbono superará al resto del mercado, garantizar que la chatarra permanezca en Europa es fundamental para la seguridad del suministro de material sostenible. Sin embargo, actualmente alrededor de un millón de toneladas de chatarra de aluminio usada sale de Europa cada año.

¿Qué hace el Foro Económico Mundial frente al cambio climático?

Lo verde (no) está en el ojo del observador

Veamos la taxonomía de la UE. Como sistema de clasificación normalizado de actividades económicas, el marco pretende permitir decisiones de inversión informadas orientadas a la transición ecológica. Sin embargo, lo que puede clasificarse como medioambientalmente sostenible en el marco no siempre refleja mejoras reales en el desempeño ambiental, social y de gobernanza (ESG).

Por ejemplo, muchas de las actividades de Hydro que son elegibles en el contexto de la taxonomía de la UE se sitúan en el centro de nuestra cadena de valor, relacionadas con la generación de energía renovable y la producción de aluminio primario y secundario. Muchas de nuestras actividades aguas abajo, que generan la mayor parte de nuestros ingresos, así como nuestras actividades aguas arriba de minería y refinado, con alta intensidad de CAPEX, no son elegibles. Esto genera ciertos efectos en la cadena de valor sobre nuestros indicadores clave de rendimiento (KPI) de la taxonomía. Si separáramos nuestros negocios aguas abajo y aguas arriba, por ejemplo, ¿obtendríamos más ingresos y CAPEX elegibles y seríamos percibidos como más «verdes» en el contexto de la taxonomía de la UE, sin cambiar en absoluto nuestras actividades? Por otro lado, si aumentáramos nuestro gasto de capital aguas arriba para mejorar nuestro desempeño en sostenibilidad, estas inversiones podrían hacer que Hydro pareciera «menos verde» desde la perspectiva de la taxonomía.

Efectos similares negativos no deseados se anticipan con el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) tal como está actualmente. Como herramienta emblemática de la UE para fomentar una producción industrial más limpia en países no pertenecientes a la UE, el mecanismo busca fijar un precio justo a la importación de bienes intensivos en carbono. Actualmente, la Comisión Europea propone adoptar un enfoque de corte (cut-off) en el marco del CBAM, en lugar de analizar el impacto total de un material desde una perspectiva de ciclo de vida. Esto significa que se asignan cero emisiones a todo el contenido reciclado importado, independientemente de si procede de chatarra preconsumo o posconsumo, mientras que los productores de la UE siguen pagando los costes de CO2 de la chatarra industrial.

Si esta fuera la metodología determinada para el cálculo de las emisiones incorporadas una vez que el CBAM entre en vigor, podría ocurrir que el aluminio importado en Europa, con una tasa del CBAM casi nula, se viera favorecido frente al material producido localmente. Esto no solo anularía el efecto precio previsto del CBAM sobre el aluminio en Europa, sino que también permitiría un greenwashing a gran escala del aluminio importado. Por último, perjudicaría gravemente la competitividad de la UE, que ya ha perdido el 50 % de su capacidad de aluminio en dos años y no puede permitirse otra desventaja para su industria del aluminio.

Dos lecciones sobre qué es verde y qué no lo es

  • Lección uno: Para garantizar que los materiales aceleren el avance hacia una sociedad con cero emisiones, debemos entender la selección de materiales en función de dos parámetros: las emisiones en la producción y la reciclabilidad.

  • Lección dos: Para garantizar que las inversiones se dirijan a proyectos que impulsen la transición ecológica mientras las industrias mantienen su competitividad, debemos crear transparencia hasta el nivel de activo y aplicar normas globales coherentes.

Estamos convencidos de que, mediante la coherencia de las normas globales, la rendición de cuentas y una transparencia radical, podemos construir industrias que importan.

Este blog se publicó originalmente en LinkedIn.

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