La pandemia de COVID-19 ha agravado las desigualdades en todo el mundo.
Esto ha puesto de manifiesto que la resiliencia económica y social es inseparable de la inclusión económica y social.
Las pequeñas empresas y las empresas en crecimiento guiadas por valores, así como las empresas sociales, han demostrado que son clave para el crecimiento económico, la inclusión y la resiliencia.
En sus primeros meses, la COVID-19 expuso una falla fundamental del modelo de desarrollo económico imperante: la desigualdad.
La pandemia, mediante una combinación de confinamientos, restricciones para estar al aire libre y distanciamiento social, impidió que muchos consumidores y productores realizaran sus actividades económicas, lo que causó grandes penurias a quienes no disponían de otros recursos a los que recurrir. Esto fue especialmente cierto en los países en desarrollo con economías digitales menos avanzadas.
Una década de crecimiento inclusivo se revirtió en solo unos meses
La experiencia de Deloitte ha demostrado que, en la mayoría de los países, los hogares "más acomodados" con electricidad y conectividad en casa, así como los empleos de oficina que podían realizarse de forma remota, se vieron menos afectados. Del mismo modo, las mayores empresas tenían mucha más probabilidad de contar con reservas financieras y vías para realizar negocios digitales. Los actores económicos más sólidos también solían estar bien posicionados para recibir y beneficiarse de las políticas tradicionales de estímulo.
En cambio, los grupos desfavorecidos de las economías en desarrollo, como los hogares sin electricidad ni conectividad en casa, las mujeres y las minorías, las personas que trabajan en la economía informal sin documentos de identidad gubernamentales, y las pequeñas empresas sin un negocio digital ni una línea de crédito, fueron los más golpeados. Al estar menos integrados en las instituciones económicas formales y gubernamentales, también tuvieron menos capacidad para beneficiarse de las primeras oleadas de apoyo.
Por ejemplo, en Bangladés, el sector de la confección representa más del 80 % de las exportaciones del país y es un empleador clave de mujeres. A medida que la pandemia provocó una caída del consumo, la industria se vio afectada por la cancelación o el aplazamiento de varios miles de millones de dólares estadounidenses en pedidos procedentes de países importadores, y muchas mujeres perdieron sus empleos justo cuando sus familias dependían aún más de ellas para su sustento durante la pandemia.
Las organizaciones sin ánimo de lucro y las organizaciones comunitarias también sufrieron presiones sin precedentes, con una demanda de sus servicios más alta que nunca, mientras que su propio personal también se vio afectado y, con frecuencia, las donaciones y otros recursos se desplomaron debido a la desaceleración económica.
Mientras que entre 88 y 115 millones de personas en el mundo en desarrollo volvieron a caer en la pobreza extrema, sonaron las alarmas de que el mundo podría perder una década de crecimiento inclusivo en cuestión de meses. Afortunadamente, en el trabajo de Deloitte de apoyo a países en desarrollo de todo el mundo, hemos visto a empresas privadas, grandes y pequeñas, forjar una amplia gama de nuevas colaboraciones con organizaciones gubernamentales y sociales, lo que ha ayudado a aportar soluciones innovadoras, a un ritmo pocas veces visto, en apoyo de quienes más lo necesitan. Esto ofrece un rayo de esperanza para una nueva forma de hacer las cosas.
El vínculo entre la equidad económica y la resiliencia se ha vuelto meridianamente claro
Quizá el motivo de mayor esperanza económica del último año sea que el vínculo entre la equidad económica y la resiliencia se hizo tan evidente que los llamamientos a la acción no pudieron ignorarse. Y el mundo respondió.
Cuando el desarrollo económico incluye un crecimiento equilibrado y equitativo en el acceso a la atención sanitaria, la educación, la energía, la conectividad, los servicios financieros, la gobernanza y la economía digital, la resiliencia económica también se arraiga más profundamente, porque más personas y empresas tienen acceso a estos recursos en tiempos de necesidad.
El papel del sector privado, y de las pequeñas empresas en crecimiento y las empresas sociales en particular, en la extensión del acceso a estas capacidades y en el fortalecimiento de la resiliencia social ha evolucionado y cobrado cada vez más importancia.
Una tendencia destacada ha sido la medida en que los países han adoptado la innovación digital para facilitar la cooperación entre sectores, superar las brechas de datos y llegar a los hogares de bajos ingresos y a las poblaciones marginadas con el apoyo necesario. En Marruecos, por ejemplo, donde la tasa de penetración de los teléfonos inteligentes es del 137,5 %, el gobierno pudo asociarse con empresas de telefonía móvil para proporcionar fondos a los trabajadores de la economía informal mediante pagos mensuales por móvil. Los pequeños productores de la cadena de producción de alimentos de Bangladés también adoptaron nuevas tecnologías digitales —teléfonos móviles, servicios de mensajería en línea, dinero digital y plataformas de reuniones en línea— para coordinar y ayudar a reducir al mínimo las interrupciones en las cadenas de suministro de alimentos rurales, reduciendo el desperdicio y contribuyendo a evitar las peores escaseces.
¿Qué es la Alianza de Respuesta a la COVID para el Emprendimiento Social?
Otra tendencia ha sido el crecimiento de las alianzas entre el gobierno y la empresa privada para facilitar la entrega de ayuda en la «última milla». La ayuda financiera se ha distribuido a través de bancos locales y de suscripciones de telefonía móvil, y las empresas privadas de logística han colaborado en la distribución de ayuda y equipos médicos. Hemos visto alianzas en las que los gobiernos han aportado recursos para que las organizaciones locales sin ánimo de lucro y las empresas sociales los distribuyan a través de sus redes comunitarias. Un ejemplo es la cooperación entre el gobierno de Singapur y la ONG Hagar International, cuya presencia y red en varios países asiáticos le permitieron ayudar al gobierno singapurense a apoyar a su comunidad migrante.
Una aceleración notable de la empresa social mundial que señala el camino hacia un nuevo modelo económico
Una tercera tendencia es que un número sin precedentes de empresas privadas y empresas sociales han dado un paso al frente y han desempeñado un papel clave al satisfacer directamente necesidades sociales no atendidas relacionadas con la pandemia. Han demostrado innumerables enfoques emprendedores e innovadores para resolver los desafíos de la sociedad, que con el tiempo pueden extenderse a la corriente principal.
Por ejemplo, una empresa de telecomunicaciones de Kenia ofreció servicios de mensajes de texto con descuento a una empresa social de educación, lo que le permitió dar acceso a sus servicios a un público más amplio. Alterna, un acelerador de impacto social con sede en Guatemala, está demostrando al sector privado el valor de invertir de forma constante en las mujeres. Al seguir apoyando a las empresas dirigidas y gestionadas por mujeres durante toda la pandemia de COVID-19, Alterna ha ayudado a respaldar su papel como líderes de empresas, hogares y comunidades, y, por tanto, ha contribuido a respaldar la contribución desproporcionada de las mujeres a la cohesión social y económica durante el último año.
Como la pandemia ha impulsado al mundo a actuar, el ritmo y el alcance de estas innovaciones equivalen a una aceleración notable de la empresa social mundial. Señala el camino hacia un modelo económico más inclusivo y resiliente, en el que las pequeñas empresas y las empresas en crecimiento guiadas por valores, así como las empresas sociales, están más profundamente integradas en el tejido económico. Son un motor de empleo en la recuperación y un elemento central de reciente aparición en nuestra resiliencia económica y social.
Es poco probable que la pandemia de COVID-19 sea la última crisis mundial, y los líderes de los gobiernos, el mundo académico, las empresas y otros ámbitos harán un favor al mundo si reconocen y apoyan el papel central que estas empresas han llegado a desempeñar.
Este artículo forma parte de una serie de artículos publicados por el Foro Económico Mundial en el marco de la Alianza de Respuesta a la COVID para Emprendedores Sociales sobre el papel de las empresas sociales en la respuesta a la pandemia de COVID-19. La Alianza está alojada por la Fundación Schwab para el Emprendimiento Social e incluye a 86 líderes del emprendimiento social, entre ellos Deloitte, que en conjunto apoyan a un estimado de 100 000 emprendedores e innovadores sociales en todo el mundo. El artículo se basa en las lecciones extraídas del trabajo de Deloitte asistiendo a organizaciones internacionales de desarrollo, gobiernos y empresas privadas de todo el mundo en su respuesta a la pandemia de COVID-19. Consulte www.deloitte.com/about para obtener más información sobre la red global de firmas miembro de Deloitte.





