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En este episodio, el escritor y columnista Thomas Friedman habla con Adrian Monck, del Foro, sobre el futuro de la globalización.
Página del episodio del pódcast: https://www.weforum.org/podcasts/agenda-dialogues/episodes/is-globalization-dead-author-and-columnist-thomas-friedman-in-conversation-at-davos-2022
Con cada crisis, la gente anuncia el fin de la globalización, pero el escritor y columnista Thomas Friedman sostiene que, pese a la guerra, la incertidumbre económica y los disturbios, hay muchas razones para creer que la globalización es más fuerte que nunca.
Este pódcast de Agenda Dialogues es el audio de una conversación que mantuvo con Adrian Monck, director gerente del Foro Económico Mundial, durante la Reunión Anual 2022 del Foro en Davos. Puede verla aquí:
¿Está muerta la globalización? El escritor y columnista Thomas Friedman conversa en Davos 2022
Adrian Monck, director gerente, Foro Económico Mundial: Señoras y señores, bienvenidos. Creo que esta es la sesión con más demanda de Davos. Hay 135 personas en lista de espera. Así que gracias por acompañarnos; me alegra que hayan conseguido asiento. Estamos aquí para hablar de algo a lo que Ray Daliose adhiere: que la globalización ha muerto, junto a alguien que, creo, puede cuestionar esa opinión de forma bastante convincente.
Es un enorme placer tener en el estrado a Tom Friedman, periodista, escritor, columnista y [...] referente del comentario en el siglo XXI. Es un gran placer tenerte aquí, Tom; gracias por acompañarnos. Ray lo ha dicho, y también varios líderes empresariales: la globalización ha sido hecha un bollo y arrojada a la basura. ¿No es un poco pronto para bailar sobre su tumba?
Thomas Friedman, columnista de asuntos exteriores, The New York Times: Bueno, ante todo, me alegra estar contigo, Adrian. Gracias por invitarme. Sospecho que desde que cayó el primer árbol en un sendero usado por el Homo sapiens paleolítico, alguien escribió en una tablilla: «La globalización ha terminado».
Última hora: la gente quiere conectarse; lo llevamos en nuestro ADN. Y cada mes la tecnología facilita más esa conexión. Las chicas solo quieren divertirse. La globalización está arraigada en nosotros como seres humanos.
No es lineal, sino curvilínea: sube y baja. Pero tengo que decirte que, desde que escribo sobre esto, basta buscar en Google después del 11-S: «La globalización ha terminado». ¿Qué pasó con la globalización cuando la gente estrellaba aviones contra edificios? Busca en Google después de 2008: «La globalización ha terminado». Toda la economía financiera mundial se derrumbó; la globalización ha terminado.
Si la Primera Guerra Mundial no detuvo la globalización, si la Segunda Guerra Mundial no la detuvo, ¿qué les hace pensar que la guerra entre Ucrania y Rusia va a detenerla?
Thomas Friedman, columnista de asuntos exteriores, The New York Times
Así que ahora volvemos a oírlo. Saben, hay toda una biblioteca de libros que me dicen que el mundo no es plano, sino puntiagudo, irregular, curvo, impredecible. Supérenlo. De acuerdo. Si la Primera Guerra Mundial no detuvo la globalización, si la Segunda Guerra Mundial no la detuvo, ¿qué les hace pensar que la guerra entre Ucrania y Rusia va a detenerla, cuando en realidad es la primera guerra mundial, no la Primera Guerra Mundial ni la Segunda Guerra Mundial? Esta es la primera guerra mundial. Dos tercios del mundo la siguen desde un teléfono inteligente. Por eso me parece absurda toda esta idea.
Pero permítanme profundizar un poco más y explicar por qué. Y no es que yo... Miren, solo tengo que recordarles algo: yo no hice esto. Se lo prometo. Simplemente escribí un librosobre ello, ¿de acuerdo? Y escribí un libro sobre ello porque, como columnista de asuntos exteriores, no podía entender el mundo sin hacerlo. ¿Saben? Quiero decir, ahora veo que la naturaleza del periodismo es tal que, si dices algo positivo sobre cualquier cosa, si tienes algún sesgo optimista sobre algo, te tratan de utópico. ¡Me describen como un tecno-útopico!
Solo describía las condiciones que permitían que la globalización pasara a una etapa diferente, y mi opinión siempre ha sido que tenía ventajas y desventajas. Nuestra tarea, la de la política y la geopolítica, era obtener las ventajas: más ventajas que desventajas. Pero confieso que, cuando veo que 800 millones de personas salen de la pobreza más rápido que en cualquier otro momento de la historia mundial, el corazón me da un vuelco. Eso me entusiasma un poco, pero por eso te llaman tecno-útopico.
Ahora bien, si eres pesimista y has escrito mil veces que la globalización ha terminado, nadie lo recuerda. De acuerdo, es muy peligroso hacer cualquier afirmación positiva sobre el mundo: enseguida te convierten en una especie de soñador utópico.
Déjenme explicar, sin embargo, cuál creo que fue mi contribución al debate. Cuando decimos que la globalización ha terminado, primero tenemos que preguntar: «¿Qué entienden por globalización?». ¿Se refieren al comercio mundial como porcentaje del PIB mundial? ¿A las telecomunicaciones? ¿Al transporte de mercancías en contenedores? ¿A internet? Decir simplemente que la globalización ha terminado pasa por alto que todos estos son aspectos diferentes de la globalización.
Cada mes la tecnología facilita más la conexión... La globalización está arraigada en nosotros como seres humanos.
Thomas L. Friedman, columnista de The New York Times
Ahora bien, de lo que trataba La Tierra es plana... es que en realidad no soy economista en absoluto. Solo he hecho un curso de economía, economía introductoria en la Universidad Brandeis en 1973. Eso es todo lo que sé de economía. Así que cuando me acusan de ser neoliberal, ni siquiera sé qué significa esa palabra. Ni siquiera aparecía en mi libro. No estaba planteando un argumento económico. No soy lo bastante inteligente para hacerlo.
De lo que La Tierra es planatrataba era de una propuesta muy sencilla. Si repasamos la historia, para actuar a escala mundial se necesitaba ser un país. España descubriendo el Nuevo Mundo, Vasco da Gama. Después, con la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales... En realidad, para actuar a escala mundial había que ser al menos una empresa o un país. De lo que La Tierra es plana trataba era de que habíamos creado una plataforma económica mundial, compuesta por tecnología y un conjunto de reglas, que por primera vez en la historia permitía actuar a personas de todo el mundo. Eso era.
Esa era la afirmación central del libro. Así que dije: «El mundo es plano». No decía que todos fuéramos iguales. No decía: «Ah, las fronteras van a desaparecer». Ese es el libro de otra persona, no el mío. De acuerdo. Lo que decía es que, por primera vez en la historia, había ocurrido algo muy importante. Ahora puedes actuar a escala mundial. Como individuo, puedes llegar más lejos, más rápido, con mayor profundidad y a menor costo; de más maneras, durante más días y en torno a más temas y asuntos que nunca. Eso es lo nuevo aquí.
Y, para terminar, un último punto y así me saco esta diatriba del pecho. Vladimir Putin no entendió muchas cosas del mundo. Pero lo que menos entendió fue la globalización, porque en un libro anterior a La Tierra es plana, El Lexus y el olivo, creé una nueva categoría basada en esta plataforma, aunque todavía no la había definido en La Tierra es plana : lo que llamo el individuo con superpoderes.
Lo que decía era que esta plataforma mundial estaba creando un mundo en el que no solo teníamos superpotencias, sino que también estábamos haciendo surgir individuos con superpoderes, capaces de actuar con el poder de los Estados.
Y así escribí [...] en 1999 y, en mi ejemplo de una persona con superpoderes, lo llamé «el hombre enfadado con superpoderes»; era un tipo llamado Osama bin Laden. Lo escribí en 1999. Y lo hice porque, cuando Al Qaeda voló las embajadas de Estados Unidos en Nairobi y Tanzania, durante la administración Clinton, Bill Clinton lanzó 72 misiles de crucero contra Bin Laden, en una base de Afganistán. Escribí sobre ello en aquel momento y dije: «Vaya. Acabamos de lanzar 72 misiles de crucero contra una persona, a un millón de dólares cada uno. Nunca habíamos hecho eso. Lanzamos 72 misiles de crucero contra una persona». Y dije que era la primera guerra de la historia entre una superpotencia y un hombre enfadado con superpoderes.
Así que, cuando ocurrió el 11-S, dije: «Ah, ya sé lo que es esto. Es la represalia del hombre enfadado con superpoderes contra la superpotencia».
Ahora avancemos hasta Ucrania. Esto nos devolverá a la pregunta central. Putin creyó que estaba en guerra con una superpotencia: Estados Unidos, que actuaba a través de la OTAN y respaldaba a Ucrania. Así que cayó en lo que llamo mi regla de la princesa Diana.
La princesa Diana observó una vez que «el problema de mi matrimonio es que somos tres». Putin no entendió que ahora también eran tres en su matrimonio. Estaban la superpotencia y las personas con superpoderes. La superpotencia impuso todo tipo de sanciones formales a Rusia. Y entonces las personas con superpoderes se pusieron manos a la obra, y así lo hicieron.
Entraron en TikTok y vieron vídeos de la masacre en Bucha. Los publicaron en su página de Facebook. Después entraron en Slack y lo hablaron con sus compañeros de trabajo, por ejemplo, en McDonald's. Y entonces no pidieron al director ejecutivo de McDonald's, sino que le dijeron: «Nos vamos de Rusia». Y eso ocurrió en mil empresas en un plazo de dos semanas. Esas eran las personas con superpoderes. Eran individuos que actuaban a escala mundial como individuos. Y Putin no lo vio venir en absoluto.
Así que, ¿ha terminado la globalización? Mi globalización, desde luego que no. El comercio puede haber bajado o subido. No tengo ni idea. No sigo esas estadísticas; no soy economista. En realidad escribo sobre poder y asuntos exteriores; de ahí vengo. Y para mí, la globalización no ha terminado en absoluto.
El efecto igualador
Adrian Monck: Una de las conclusiones que saqué de tu libro, La Tierra es plana,era precisamente que decías que el mundo, como sociedad de consumo, se está volviendo más homogéneo. Sabes, el presidente de Estados Unidos no tiene un iPhone mejor que el tuyo. Alguien en Ciudad del Cabo no tiene un teléfono Android diferente.
Thomas Friedman: Eso es muy igualador.
Adrian Monck: Es igualador. Y también hay cierta homogeneidad. Entras en un Luckins Coffeeen Pekín o Shanghái y se parece bastante a un Starbucks de Boston.
Thomas Friedman: En realidad, esa no era mi opinión. Pero es medio cierto, en el sentido de que mi visión de la globalización —y esto vuelve a la idea de que soy una especie de tecno-útopico— queda muy clara en el libro: la globalización es plana, funciona en ambos sentidos. Puede ser increíblemente democratizadora. Lo vimos, por ejemplo, en la Primavera Árabe. Y puede ser increíblemente autoritaria, cuando China usa un sistema globalizado para imponer su orden a la sociedad. Puede fomentar enormemente lo particular. En ese libro escribí sobre artesanas peruanas que, gracias a internet, de pronto tuvieron un mercado mundial para sus obras, algo que nunca habían tenido antes.
Y también puede homogeneizar muchísimo, por las razones que mencionaste: ahora hay Starbucks en todos los hermosos destinos turísticos del mundo. Todo depende de cómo aproveches lo mejor y amortigües lo peor. Pero funciona en ambos sentidos. Y si crees que solo es de una manera o de la otra, ahí es cuando te metes en problemas.
Adrian Monck: Al principio dijiste —hablamos de la retórica de que «la globalización ha muerto»— que tiene ventajas y desventajas. ¿Lo que ha muerto o está muriendo es parte de ese optimismo sobre la globalización? Y cuando escribiste La Tierra es plana, ¿había alguna manera de devolverle parte de ese optimismo? ¿Se puede recuperar algo de ese optimismo ahora, en lo que parece un mundo muy oscuro, con escasez de alimentos y de combustible, y un conflicto en Europa como no se veía desde hace décadas?
Thomas Friedman: Bueno, de nuevo, las reglas del periodismo moderno básicamente prohíben el optimismo. Así que, si asomas la cabeza, te la cortan. Pero soy un viejo chocho, ¿a quién le importa? ¿Sabes a qué me refiero?
¿Cuándo lo habíamos visto antes? A través de PayPal. PayPal había creado un sistema. Identificaron y verificaron 200 organizaciones benéficas ucranianas, grupos de empoderamiento y organizaciones de rescate. Y crearon un sistema que permitía a las personas —de entre 800 millones de usuarios de PayPal— actuar individualmente como USAIDy enviar cualquier cantidad de dinero a uno o a todos esos grupos. Además, colaboraron con American Express, así que podías canjear tus recompensas y millas y enviar una donación a una ONG en Ucrania.
¿Hacía eso tu abuela durante la Primera Guerra Mundial? No lo creo. Así que, de nuevo, eso me entusiasma. Siento mucho ser optimista al respecto, pero es asombroso. Como individuo, puedes canjear tus recompensas y millas para donar y fortalecer a una ONG ucraniana frente a Rusia.
O, como vimos en la primera semana de la guerra, alguien en Airbnb dijo: «¿Sabes qué? Voy a alquilar una habitación en Leópolis a alguien en Airbnb. No voy a ir; le transferiré dinero a esa persona». Y en dos semanas, antes de que USAID se hubiera atado los zapatos, personas de todo el mundo habían transferido 20 millones de dólares a Ucrania a través de una plataforma mundial en un mundo plano. Te garantizo que eso no estaba en los planes de Putin antes de la guerra. ¿Anula todo lo que está haciendo Putin? No. Pero son cosas enormemente emocionantes. Y con solo mencionarlas, te conviertes en un tecno-útopico.
Adrian Monck: Anoche escuchamos a algunos diputados ucranianos que están aquí; hablaban de cómo habían usado Booking.com para resolver problemas de refugiados y alojamiento. Sí, es bastante increíble. Sé que no tenemos mucho tiempo contigo. Tenemos una sala estupenda. Quería ver si podíamos recibir algunas preguntas del público. [...]
Peter Holmes à Court: Thomas. Me llamo Peter Holmes à Courty soy del Australian Financial Review. «Friend-shoring» o «ally-shoring»: comerciar solo con quienes nos caen bien. ¿Puedes hablar de eso en el contexto de lo que has estado diciendo?
Thomas Friedman: Explícame un poco mejor qué quieres decir con eso.
Peter Holmes à Court: La idea de que las naciones eligen con quién comerciar según si esos países comparten sus valores, y si eso es bueno o si el comercio realmente ayuda a llevar buenos valores a los países.
Thomas Friedman:De acuerdo. Es un tema muy debatido. Es una pregunta muy interesante; se debate mucho. En El Lexus y el olivoacuñé un término, «globalución», que definí como una revolución desde más allá.
Eso ocurre cuando no puedes lograr reformas ni cambios políticos desde abajo ni desde arriba; a veces los consigues desde más allá. Puse como ejemplo a China, que importó normas contables mundiales que no podía generar desde abajo ni desde arriba. Pero, como quiere hacer negocios con empresas australianas o que empresas australianas operen en China, se produce una revolución desde más allá.
Y es interesante: acabábamos de hacer un resumen en The New York Times, donde pidieron a cada columnista que escribiera sobre algo en lo que se hubiera equivocado o que hubiera reconsiderado. Y yo hablé de China, porque en El Lexus y el olivo,escribí dos cosas. Una, que China tendría prensa libre; sus dirigentes simplemente aún no lo sabían. El argumento era que, sin información libre y precisa, siempre habría un límite a su crecimiento.
Y lo otro que dije tenía que ver con mi abuela. China afirmaba que dominaría el siglo XXI, y yo dije: «Mi abuela solía decir: nunca cedas el siglo a un país que censura Google». Era algo que decía mi abuela. Y, saben, creo que censurar Google equivale a restringir la imaginación de la gente, así que siempre sería un límite. Confesé que me había equivocado, pero dije: «Me declaro culpable, señoría, pero pido una condena de 10 años en suspenso». Porque ¿quién declaró que 2020 marcaba el fin de la historia?
Creo que ahora vivimos un momento muy interesante con China en este tema. Por eso creo que es muy peligroso hacer afirmaciones como que la globalización ha muerto o que es el fin de la historia. Quiero decir, la gente no se da cuenta de que escribí La Tierra es planaen 2004. Cuando escribí ese libro, Facebook no existía, Twitter todavía era un sonido, la nube seguía en el cielo, 4G era un aparcamiento, LinkedIn era una prisión, las aplicaciones eran lo que enviabas a la universidad, Big Data era una estrella del rap y Skype era un error tipográfico.
Y todo eso ocurrió después de que escribiera La Tierra es plana y la gente me dice que la globalización ha terminado. He participado en todas estas reuniones sobre Ucrania; la cantidad de innovación que los ucranianos han generado de la noche a la mañana para ayudar a su gente dentro del país... ¿Y me dicen que la globalización ha terminado? Un parlamentario ucraniano contó que el primer objetivo de los rusos era derribar el internet terrestre en Ucrania. Esa fue su primera misión. Y el diputado ucraniano tuiteó a Elon Musk: «Dios, nos vendría bien algo de Starlinkpor aquí». Y tres semanas después, hay 130 terminales Starlink en Ucrania, están operativas y Rusia no puede hacer nada.
¿Y la globalización ha terminado porque el comercio de alguien cae este año o porque disminuyen sus inversiones extranjeras en un fondo? Lo siento, pero ¿quién les dio autoridad para definir este fenómeno? Si no es un fenómeno humano, ¿qué es?
Choques entre civilizaciones
Adrian Monck: A ver si puedo hacerle una pregunta al señor que está ahí.
Voz del público: [Inaudible] Me encanta la idea de escribir sobre algo en lo que antes te equivocaste.
Thomas Friedman: Podría llenar un libro entero. Perdón, adelante.
Voz del público: Voy a pedirte que hagas una predicción. Si tu opinión actual es errónea, ¿qué crees que sería lo más probable que te hiciera cambiar de opinión? ¿Qué es lo que más te preocupa?
Thomas Friedman: Es una muy buena pregunta. Volveré a un libro anterior que escribí, El Lexus y el olivo, que, si me permiten un momento de narcisismo, creo que fue mi libro más importante. Lo escribí en 1999, justo después de la caída del Muro de Berlín. En aquel momento se planteaban cuatro grandes ideas sobre el sistema internacional que reemplazaría al sistema de la Guerra Fría.
Frank Fukuyama, dijo que sería «el fin de la historia», el triunfo de los mercados libres y los sistemas políticos liberales. Por cierto, soy un gran admirador de Frank [...]. Quizá se adelantó, pero no estaba del todo equivocado. Así que aún no estoy dispuesto a... pero, en aquel momento, desde luego no se había hecho realidad.
La segunda propuesta fue la de Sam Huntington. Dijo que habría un «choque de civilizaciones'. ¿Ah, sí? ¿Como los ucranianos luchando contra los rusos? Eso es un choque; si alguna vez ha habido un choque dentro de una civilización que haya trastocado el mundo, es ese. No hay un choque de civilizaciones. Islam contra islam. ¿O qué tal Irak contra Irán? Es decir, suníes contra chiíes. Eso realmente no funcionó. No se sostuvo en absoluto.
El tercero fue Robert Kaplan escribió un libro titulado El advenimiento de la anarquía. El mundo simplemente se volverá anárquico. Puede que tenga razón. Creo que lo peor que podría decirse es que se ha adelantado, pero ¿quién sabe? Puede que tenga razón.
Así que el libro que escribí fue El Lexus y el olivo. Mi argumento es que, en realidad, lo que definirá las relaciones internacionales será la interacción entre esos impulsos antiguos tan arraigados —los llamé nuestros «impulsos del olivo»—, nuestra búsqueda de solidaridad en torno a la secta, la tribu, la familia, la región, el Estado, la religión y el nacionalismo. Las cosas que nos anclan son olivos. Y la interacción con un mundo cada vez más definido y conectado por este sistema de globalización. Y el roce constante entre estas dos cosas.
De vez en cuando, nuestros impulsos del olivo irrumpían con fuerza. Putin se apoderaría de Crimea y luego avanzaría hacia Kiev, para después ser repelido, ya sabes, en parte por el sistema de globalización. Pero para mí, ese es el sistema actual. Es la interacción entre algo muy antiguo y esta novedad, y adopta formas distintas todo el tiempo.
Y ese era el argumento que defendía. En realidad, el título del libro se me ocurrió cuando estaba en Tokio. Había ido en 1994 a la fábrica de Lexus en Toyota City, la primera fábrica de automóviles totalmente robotizada. Me quedé asombrado. Nunca había visto una fábrica de automóviles robotizada. Era 1994. Había este pequeño aparato que aplicaba pegamento caliente y fundido alrededor del parabrisas delantero y, al final, un dedito se acercaba con una gota de pegamento, y un cable pasaba y la recogía. Era increíble. Ya sabes, me dejó boquiabierto.
Volví a Tokio desde Toyota City en el tren bala. Estaba leyendo en el Herald Tribune una noticia sobre cómo [inaudible] había tergiversado una resolución de la ONU sobre Palestina en 1948. Y pensé: ya sabes, estas personas cuyo tren bala estoy tomando construyen el mejor automóvil de lujo del mundo con robots. Y esas personas de la página tres del Herald Tribune, a quienes quiero tanto y conozco tan bien, siguen peleándose por quién es dueño de qué olivo. Y así es el mundo posterior a la Guerra Fría. De ahí surgió la idea.
Lo que definirá las relaciones internacionales será la interacción entre esos impulsos antiguos tan arraigados —los llamé nuestros impulsos del olivo—, nuestra búsqueda de solidaridad en torno a la secta, la tribu, la familia, la región, el Estado, la religión y el nacionalismo.
Thomas L. Friedman, columnista de The New York Times
Adrian Monck: Una reflexión excelente. Voy a mirar al público para ver si puedo recurrir a la sabiduría colectiva y plantear una última pregunta antes de que... ¿Alec?
Alec Hogg: Alec Hogg, de Biznews, en Sudáfrica. Necesito que me ayudes con esto porque no lo entiendo. Los ucranianos nos dicen que los europeos, al comprar gas, financian a Rusia para que haga la guerra contra Ucrania. Rusia obtiene más dinero de la venta de su gas de lo que le cuesta a Putin hacer la guerra.
Thomas Friedman: Es aún mejor que eso. Putin inicia una guerra y los precios suben, ya sabes, así que en realidad vende la mitad del petróleo y obtiene los mismos ingresos en tiempos de guerra.
Mira, desde 1973 nos especializamos en Estados Unidos en financiar a ambos bandos de todas las guerras. Eso es lo que hacemos. Ya sabes, financiamos al ejército estadounidense con nuestros impuestos y financiamos al otro bando mediante la compra de energía. Y, ya sabes, escribí sobre esto por enésima vez hace unos días porque, ya sabes, me han dicho —no lo sé por experiencia propia— que si saltas desde lo alto de un edificio de cien pisos, puedes pensar que vuelas durante 99 pisos. De acuerdo. Es la parada brusca al final la que te dice que no estás volando, ¿de acuerdo?
Así que puedes iniciar una guerra con Ucrania y pensar que estás volando. Pero todo depende de las infraestructuras subyacentes [...], de la estructura básica de la globalización, las telecomunicaciones, la energía y demás. Y así acabas en estas situaciones en las que financias a ambos bandos de una guerra, y ahí es donde estamos.
Ahora bien, la pregunta interesante aquí —y yo diría que estamos en la fase de sumo de esta guerra— es que ahora es como si dos enormes luchadores de sumo intentaran conseguir ventaja el uno sobre el otro, ya sabes. En el caso de Rusia, es el peso puro de la mano de obra y las bombas tontas contra una población urbana bastante indefensa dispersa por Ucrania. Para Occidente, Ucrania y la OTAN, se trata de imponer sanciones masivas a la economía rusa, tanto por parte de las dos superpotencias como de personas con un poder inmenso. Y estamos viendo, más o menos, quién podrá ejercer mayor presión; el petróleo formará parte de ello.
El problema del petróleo es que el petróleo y la energía son una cuestión de escala. Si no tienes escala, tienes un pasatiempo. Ya sabes, me gustan los pasatiempos. De niño construía aviones a escala. No intentaría cambiar el sistema energético mundial como pasatiempo, que es básicamente lo que hacemos, lo que hemos estado haciendo.
Así que solo hay una palabra que importa cuando hablamos de energía y clima: transición. Transición. Si no tienes una estrategia de transición para pasar de las energías renovables a pequeña escala a las renovables de carga base, y de las compañías petroleras y gasistas a compañías energéticas... Y si piensas que la transición consiste en apretar un interruptor, esa es la crítica que les hago a los Verdes. Publiqué un tuit al respecto. Conseguí que la junta directiva de mi escuela desinvirtiera en Exxon. Si de verdad quieres cambiar las cosas, tienes que salir de Facebook y dar la cara ante alguien, ya sabes. Así que no tienen ningún plan para una transición. Las compañías energéticas nos venden la misma patraña desde 1973. «Oh, Tom, tienes razón. Tienes razón. Tenemos que hacer la transición. Pero ahora mismo necesitamos extraer más petróleo». Eso es lo que dicen. En cada crisis: «Necesitamos extraer más petróleo».
Así que, en realidad, nunca hacemos la transición con la velocidad, el alcance y la escala que necesitamos. Ahora, con suerte, esto ayudará y vamos avanzando. La cosa progresa. Quiero decir, Alemania obtiene de fuentes renovables el 52 % de su energía eléctrica. Si no hubiera cerrado casi todas sus 17 centrales nucleares, ya estaría al 80 %. Eso es como saltar desde lo alto de un edificio de cien pisos y pensar que estás volando.
Si no tienes un plan a escala, no tienes un plan. Y la única manera de alcanzar escala... Solo hay una cosa tan grande como la madre naturaleza: el padre beneficio. Es el mercado. Y si no aprovechas el mercado transformándolo para darle los incentivos que quieres y lograr el resultado que buscas, solo tienes un pasatiempo.
Adrian Monck: Tom, ¿qué puedo decir? Gracias por venir y cuestionar el consenso con nosotros. Es estupendo que nos ayudes a encuadrar las cosas. Todos hemos aprendido mucho escuchándote y aprendemos mucho leyéndote. Así que muchísimas gracias.
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