La desigualdad global está socavando la confianza en las instituciones, fracturando la sociedad y frenando el progreso económico.
Las empresas son un motor de prosperidad capaz de mejorar la vida de miles de millones de personas en todo el mundo.
Unilever ha anunciado su compromiso de garantizar que todas las personas que proporcionen directamente bienes y servicios a la empresa perciban, como mínimo, un salario digno o un ingreso digno para 2030.
El capitalismo está cambiando; evoluciona para que nuestros sistemas basados en el mercado aprovechen sus fortalezas históricas con el fin de incentivar resultados que sean mejores para las personas, el planeta y nuestra economía. Pero el ritmo actual del cambio no es lo bastante rápido. Los dos mayores desafíos colectivos a los que nos enfrentamos —la desigualdad social y el cambio climático— siguen empeorando, en lugar de mejorar.
2020 fue testigo de un gran aumento de los compromisos de cero emisiones netas de carbono por parte de las empresas, y todavía queda mucho por cumplir en ese frente. Creo que en 2021 veremos cambios sustanciales en los compromisos empresariales para abordar también la desigualdad social. La pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto la profundidad de este problema, ampliando la brecha para muchos. Es hora de actuar.
La desigualdad no es un juego de ganadores y perdedores; todos estamos perdiendo. La desigualdad socava la confianza en las instituciones, incluidas las empresas, fractura la sociedad y frena el progreso económico.
Estoy convencido de que las empresas pueden ayudar a combatir la desigualdad social arraigada. Las empresas son el motor de prosperidad que puede mejorar la vida de miles de millones de personas en todo el mundo. Pero, para lograrlo, es necesario que las empresas actúen de forma que esa prosperidad se comparta de manera más equitativa. Dicho en pocas palabras, demasiadas personas no cobran lo suficiente. Reciben una parte injusta del valor que generan, y eso debe cambiar.
Compartir el valor de forma justa
El 21 de enero, Unilever anunció un conjunto integral de nuevos compromisos para combatir la desigualdad social: elementos clave de nuestro modelo empresarial multilateral. Entre ellos figura el compromiso de garantizar que todas las personas que proporcionen directamente bienes y servicios a Unilever perciban, como mínimo, un salario digno o un ingreso digno para 2030.

Destaco este compromiso concreto porque sabemos que alcanzarlo requerirá una acción colectiva de las empresas, los gobiernos, la sociedad civil, los sindicatos y el mundo académico. Tendremos que impulsar este cambio sistémico a una escala pocas veces vista.
Aumentar los ingresos de las personas peor remuneradas del mundo puede aportar enormes beneficios en términos de salud, educación, igualdad de género y calidad de vida. Los empleadores verán una mayor productividad y compromiso, menor rotación de personal y una base de consumidores más próspera. En conjunto, esto beneficiará el desempeño económico local, nacional y mundial.
Acción colectiva por un bien común
En los últimos cinco años hemos trabajado con empeño para mejorar los medios de vida de millones de personas de nuestra cadena de valor, mediante programas de apoyo a pequeños minoristas y pequeños agricultores.
Aunque hemos mejorado la vida y los medios de subsistencia de millones de personas, no cambiamos las reglas del juego ni generamos el cambio sistémico más amplio al que aspirábamos. Nuestra ambición final es que todas las personas de nuestra cadena de valor perciban un salario digno o un ingreso digno, al igual que nuestros propios empleados.
Para llegar a esta nueva normalidad, sin embargo, necesitamos un cambio transformador, uniendo fuerzas entre sectores para lograrlo. Un primer paso será crear metodologías de salario digno fiables, escalables, transparentes y comparables, y mejorar la visibilidad de los datos sobre salario digno para elevar el suelo en industrias y países enteros.
La ejecución de este compromiso no será fácil; no tenemos todas las respuestas y, sinceramente, la magnitud del desafío me inquieta. Sin embargo, estoy convencido de que es lo correcto, tanto desde el punto de vista moral como económico, y me reconforta saber que contamos con aliados en Patagonia, L'Oréal, Nestlé y otras empresas que ya han iniciado este camino.
A medida que el capitalismo evoluciona, una distribución más equitativa del valor se convertirá en una característica central, y los salarios dignos, como umbral mínimo, se convertirán en la norma. Sin embargo, las normas no surgen por sí solas: se configuran, y creemos que las empresas líderes que impulsan esta agenda serán las empresas de éxito del futuro.





