La guerra en Ucrania ha sacudido los cimientos del sistema alimentario mundial, hasta el punto de que 500 millones de personas podrían sufrir hambre aguda el próximo año.
Estabilizar el sistema alimentario mundial requiere colaboración y alianzas entre los actores clave del sector agrícola.
La resiliencia climática debe incorporarse a la agricultura, con soluciones inteligentes en materia de carbono y alternativas biológicas a los fertilizantes artificiales.
La tragedia humana que sigue desarrollándose en Ucrania ha conmocionado a todo el mundo. También ha quedado claro que el sufrimiento se agravará a medida que sus repercusiones se hagan sentir en todo el sistema alimentario mundial. En pocas palabras, la guerra ha sacudido los cimientos del sistema alimentario mundial, ya sometido a presión por la COVID-19 y el cambio climático. Corremos el riesgo de sufrir una catástrofe humanitaria a gran escala si no colaboramos urgentemente para adoptar medidas concretas que afronten el impacto de lleno.
Sistema alimentario mundial: dificultades y aspiraciones
Según Global Citizen, el aumento de la presión sobre los sistemas alimentarios podría hacer que más de 500 millones de personas sufrieran hambre aguda el próximo año. Debemos estabilizar nuestro sistema alimentario mundial con rapidez, consciencia y sostenibilidad. Los países debilitados por la pandemia necesitan alianzas sensatas entre los actores mundiales del sector agrícola, los innovadores emergentes, los gobiernos y las ONG. Ahora más que nunca, esta tarea no puede recaer en una sola organización.
Todos debemos contribuir y, como líder mundial del sector agrícola, Bayer tiene la responsabilidad de actuar. A medida que el impacto en el suministro de alimentos se extiende desde Ucrania, estamos movilizando nuestros recursos y nuestra red para abordar tres prioridades clave: apoyar a los agricultores ucranianos, estabilizar el suministro en Oriente Medio y África Oriental, y garantizar la adaptabilidad climática a largo plazo.
Producción rezagada
La guerra está golpeando el sistema agrícola de Ucrania durante la temporada de siembra de primavera. Los agricultores ucranianos trabajan día y noche para mantener sus cultivos en la zona de conflicto, pero se espera que cosechen menos de la mitad de los habituales 80 millones de toneladas de cereales este año. Hemos donado 40.000 sacos de semillas para cultivar alimentos en casi 30.000 hectáreas. Las semillas ayudarán a 1.250 pequeños agricultores de Ucrania que tienen dificultades para acceder a insumos para la temporada de cultivo de 2022.
Lamentablemente, esto será una gota en el océano si se obstaculiza el libre flujo de alimentos, combustible y fertilizantes desde la región. Las cadenas de suministro de alimentos ya se han visto directamente interrumpidas en algunas zonas de Oriente Medio y África Oriental que dependen de Ucrania y Rusia para obtener cereales. La ONU ha informado de que los precios de los alimentos subieron un 34% en el año hasta marzo, mientras que los precios de los cereales aumentaron un 37%. Estos efectos, que golpean con especial dureza a los países y comunidades más vulnerables, no se resolverán con más barreras ni restricciones a la exportación.
El proteccionismo de los cultivos no debe tener cabida en el mundo actual. Seguimos pidiendo corredores seguros para las importaciones y más ayuda humanitaria. Los países deben poner sus reservas de cereales en el mercado y apoyar los esfuerzos del Programa Mundial de Alimentos de la ONU para combatir el hambre.
Los agricultores de muchas zonas de África, Oriente Medio y Asia tienen dificultades para mantener su producción. El aumento vertiginoso de los costes, la escasez de fertilizantes y las condiciones meteorológicas extremas se combinan para reducir los beneficios y limitar la capacidad de aumentar la producción. Aun así, Bayer ya ha recorrido la mitad del camino hacia el objetivo que se fijó en 2019: apoyar para 2030 la productividad de 100 millones de pequeños agricultores mediante formación, asesoramiento y acceso a semillas innovadoras y herramientas de protección de cultivos. Como sector, debemos aportar recursos específicos para apoyar a los pequeños agricultores, cuya función es vital, y reducir la volatilidad de los sistemas alimentarios mundiales.

Sistemas alimentarios mundiales sostenibles y resilientes
Por último, debemos planificar y actuar para garantizar la resiliencia climática de la agricultura mundial. Los agricultores deben producir más alimentos en los mismos campos y con menos insumos. No es una tarea fácil: requiere avances innovadores en ciencia vegetal, tecnología digital y protección de cultivos.
Empresas como la nuestra ya invierten por su cuenta, y cada vez más junto con otras, en estas soluciones agrícolas que usan los recursos de manera más eficiente y tienen en cuenta el carbono. Por ejemplo, el maíz de porte bajo resiste mucho mejor las condiciones meteorológicas extremas causadas por el cambio climático y puede contribuir a garantizar el suministro de alimentos para millones de personas. También debemos centrarnos en los fertilizantes y desarrollar alternativas biológicas a los fertilizantes artificiales.
Los fertilizantes artificiales no solo son responsables del 4% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, sino que su suministro depende en gran medida de Rusia. Estamos acelerando nuestra labor y nuestras alianzas en este ámbito. Al explorar las posibilidades de ampliar la colaboración con innovadores pioneros en biotecnología, debemos asegurarnos de comunicar los beneficios ambientales positivos de estas innovaciones, en colaboración con instituciones públicas y ONG.
Como líderes empresariales, debemos afrontar estos desafíos. Debemos trabajar juntos y con rapidez, y renovar nuestro compromiso con el objetivo a largo plazo de garantizar un suministro de alimentos seguro y sostenible. El sistema alimentario mundial debe ocupar un lugar prioritario en la agenda política mundial. La crisis actual no puede ni debe abordarse en solitario.





