Se necesitarán billones de dólares para la adaptación al clima y hacer nuestro mundo más resiliente.
Los gobiernos deben liderar el camino, pero por sí solos no pueden lograr cambios a la escala y al ritmo que se requieren.
Del mismo modo, los líderes empresariales pueden adaptar sus modelos de negocio a las perturbaciones relacionadas con el clima, pero la verdadera resiliencia solo surgirá de un enfoque que involucre a toda la sociedad.
Las alianzas público-privadas pueden catalizar las condiciones necesarias para crear un mundo capaz de resistir las consecuencias del cambio climático.
Limitar el calentamiento global a 1,5 °C sigue siendo el mayor desafío de nuestra generación. Requiere descarbonizar de forma permanente nuestras economías mediante la ecologización de la industria y de los sistemas energéticos, el despliegue a gran escala de la captura de carbono y la fijación de un precio a las emisiones residuales de carbono.
Pero, dado que nuestro planeta ya se ha calentado, reducir las emisiones futuras de carbono no bastará por sí solo. Paralelamente, la sociedad debe destinar billones de dólares a acciones transformadoras de adaptación climática para hacer nuestro mundo más resiliente, no dentro de décadas, sino ahora.
Recientemente, en la COP27 se avanzó en la agenda de Pérdidas y Daños y diversas coaliciones reafirmaron su compromiso de limitar el calentamiento global a 1,5 °C, pero se acordaron muy pocas medidas para limitar las emisiones de carbono y crear el cambio sistémico necesario.
La próxima Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos ofrece otra oportunidad para profundizar la alineación entre actores estatales y no estatales y para empezar a tomarse en serio la aceleración del entorno construido y de la adaptación empresarial necesaria para proteger nuestras economías de eventos extremos cada vez más frecuentes. Una cosa está clara: las decisiones de adaptación que tomemos en esta década pueden repercutir en los esfuerzos por una transición justa.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial frente al cambio climático?
Acelerar los esfuerzos de adaptación será un desafío, pero también es una necesidad ineludible
Los esfuerzos de adaptación presentan algunas características únicas que dificultan su implementación a gran escala; esta es la razón por la que considero que aún no hemos visto las medidas de adaptación necesarias:
1) Localidad:
Si bien el cambio climático es un fenómeno global, las medidas de adaptación necesarias para contrarrestar sus efectos son, en su mayoría, locales. Debido a esta fragmentación de las acciones y de los actores implicados, resulta difícil ver el bosque entre los árboles y alinear nuestros esfuerzos colectivos en torno a una única métrica de éxito. Y aunque la replicación en otros contextos puede ser posible, no equivale a ser «escalable».
2) Métricas de éxito:
No disponemos de un enfoque general y estandarizado para «normalizar» medidas e indicadores clave de rendimiento (KPI) de adaptación muy distintos, ni de un plan para llegar a un sistema universal de puntuación de la adaptación que permita hacer un seguimiento a lo largo del tiempo de si avanzamos en nuestros objetivos de resiliencia (los beneficios de la adaptación rara vez se manifiestan en un horizonte de un solo año). La ausencia de un marco de referencia sobre cómo es el éxito, hoy y a lo largo del tiempo, obstaculiza la toma de decisiones e interrumpe los flujos de financiación, ya sea para mitigar riesgos o incluso para aprovechar oportunidades empresariales.
3) Garantía:
Con la competencia por fondos limitados, resulta difícil para un financiador (ya sea comercial o concesionario) saber qué proyectos respaldar o cómo hacer un seguimiento del impacto sostenido que realmente se logra (frente al previsto) tras el despliegue de dichos fondos. Además, hoy en día no disponemos de un sistema de normas de garantía de calidad para verificar de forma independiente las mejoras en resiliencia que resultan de las medidas de adaptación (aunque sí existen evaluaciones independientes y proveedores de certificación para proyectos concretos). La creciente preocupación por el ecoblanqueo solo hace que estas consideraciones sean más pertinentes.
4) Asequibilidad:
Los esfuerzos de adaptación pueden ser costosos, incluso cuando la rentabilidad de la inversión es excelente. Y dado que el cambio climático suele afectar con mayor dureza a las poblaciones vulnerables, el trabajo de adaptación es a menudo más necesario allí donde los recursos son más escasos. La falta de financiación para la adaptación y de asistencia técnica bien informada alimenta una espiral de pobreza progresiva, y cada año de inacción agrava la brecha de justicia climática.
5) Modelos de financiación:
Los proyectos de adaptación a menudo no se ajustan bien a los modelos de financiación comercial tradicionales, ya que los «dividendos de la adaptación» suelen manifestarse como una «pérdida evitada». Se requiere una mentalidad de gestión de escenarios para entender que la mejor estrategia tanto para las empresas como para las comunidades es reducir el riesgo mediante acciones preventivas y minimizar las consecuencias financieras mediante una preparación adecuada. En algunos casos, quién paga por la medida de adaptación y quién se beneficia pueden ser distintos, lo que plantea interrogantes sobre la alineación de intereses. La falta de datos y de experiencias previas basadas en evidencias también contribuye al desafío de generar flujos de caja creíbles, necesarios para establecer y ampliar nuevos modelos de financiación.
¿Qué es la resiliencia climática?
A pesar de estos desafíos, la adaptación es esencial si queremos garantizar nuestra seguridad y mantener nuestra productividad, ya que tanto los peligros de aparición lenta, como las sequías, como los eventos de alta intensidad, como los huracanes, pueden llevar a una sociedad mal preparada al colapso y causar muertes evitables.
Debemos diseñar con seriedad estrategias eficaces que protejan a nuestras sociedades. Quienes adopten primero vías pragmáticas para adaptar los modelos de negocio, los productos, las operaciones, las cadenas de suministro y las prácticas de seguridad laboral, así como las normas y códigos de las comunidades locales, los incentivos fiscales y las infraestructuras críticas, se beneficiarán. Algunos incluso podrían prosperar.
Nuevas alianzas
Las necesidades de adaptación son tan generalizadas y tan enormes que no pueden seguir siendo competencia exclusiva de actores que trabajan por separado; necesitamos alianzas para aprender continuamente unos de otros y lograr avances en adaptación juntos.
Las cifras sugieren que el sector público concentra casi todos los proyectos de adaptación financiados, y eso es solo una fracción de todos los proyectos que necesitamos llevar a cabo colectivamente para adaptarnos de forma segura. Aunque los Planes Nacionales de Adaptación están siendo perfeccionados y actualizados por un número creciente de gobiernos de todo el mundo, todavía carecen de la granularidad y de las consideraciones sectoriales necesarias para catalizar las reacciones de los líderes empresariales. Sin embargo, las empresas de todos los tamaños pagan impuestos, generan empleo, financian la innovación y sostienen el consumo: este es un eslabón perdido que merece la pena establecer.
Es de interés colectivo crear un mundo capaz de resistir las consecuencias del cambio climático, y que pueda prosperar a pesar de ellas, de manera inclusiva y responsable.
Espero con interés colaborar tanto con actores estatales como no estatales en Davos para contribuir al establecimiento de vías sólidas y marcos de referencia para las inversiones en adaptación.





