Los emprendedores sociales sistémicos pueden ser aliados cruciales de los gobiernos para afrontar los retos que enfrentan las sociedades.
Los gobiernos pueden acelerar el cambio colaborando con los emprendedores sociales sistémicos en la institucionalización de innovaciones sociales exitosas.
Un nuevo informe identifica áreas de acción para que los gobiernos impulsen esta colaboración.
Los efectos económicos y sociales de la pandemia de COVID-19 serán más graves, más desiguales y más duraderos de lo que nadie haya imaginado. Con una mayor incertidumbre debido a las nuevas cepas del virus y a la reimposición de medidas de confinamiento, cicatrizar las heridas de la COVID-19 será una tarea formidable y de alto riesgo para las sociedades y, en particular, para los gobiernos.
Sin embargo, incluso antes de la pandemia, muchos de nuestros sistemas sociales no funcionaban en beneficio igualitario de todos los miembros de la sociedad, lo que con demasiada frecuencia generaba división e inestabilidad crecientes. La COVID-19 ha agravado de muchas maneras esta situación, ya que los resultados sanitarios siguen siendo peores para los grupos desfavorecidos y las medidas de confinamiento han perjudicado especialmente a las mujeres y a quienes trabajan en el sector informal.
Más que nunca, se requiere la colaboración entre distintos sectores y actores para subsanar estas desigualdades y penurias, y para fortalecer la confianza y la cohesión en las sociedades de todo el mundo.
Presentación del pensamiento sistémico
En la situación actual de alta presión, los “emprendedores sociales sistémicos”, es decir, los actores que desarrollan enfoques innovadores para problemas sociales persistentes y complejos mediante el pensamiento sistémico, pueden ser aliados cruciales de los gobiernos. Son una fuente de innovaciones probadas en beneficio de todos y crean las condiciones y el apoyo para un cambio sostenible y equitativo de los sistemas gracias a sus métodos participativos, su mentalidad emprendedora y sus relaciones de confianza con las comunidades afectadas.
Por ejemplo, los emprendedores sociales sistémicos han mejorado el acceso a la atención sanitaria en zonas de otro modo inaccesibles mediante el despliegue de buques hospital; han cambiado el papel de las mujeres formándolas para instalar fuentes de energía sostenible en sus comunidades; y han aumentado la rendición de cuentas democrática al crear transparencia en las reuniones con partes interesadas y en las pautas de votación de los cargos electos.
Como colaboradores entusiastas, con sólidas redes y apoyo comunitario, los emprendedores sociales sistémicos son guías y aliados poderosos para los gobiernos en su lucha contra los urgentes problemas sistémicos de nuestro tiempo, en particular en lo que respecta a abordar las desigualdades sociales que la pandemia ha agravado.
Mediante la colaboración con los emprendedores sociales sistémicos y la institucionalización de las innovaciones sociales, los gobiernos pueden impulsar la consecución de cambios positivos para toda la sociedad. Los gobiernos ocupan una posición única para ampliar enfoques innovadores ante los problemas sociales, por ejemplo mediante la aplicación de nuevas políticas o la modificación de programas gestionados por el sector público. Estos cambios pueden implementarse con bastante rapidez cuando existe un sentido compartido de urgencia, como ha demostrado la reacción mundial ante la pandemia.
Así, los líderes gubernamentales de todos los niveles pueden convertirse en multiplicadores del impacto de los emprendedores sociales sistémicos: cuando adoptan una innovación desarrollada y probada por un emprendedor social sistémico y la convierten en el nuevo «predeterminado», su impacto puede extenderse a toda una comunidad o incluso a la sociedad en su conjunto. Por ejemplo, el Gobierno rumano se basa en el enfoque holístico e interdisciplinar desarrollado por NoRo, un centro de referencia para enfermedades raras dirigido por pacientes, para diseñar un esquema público de acreditación para los médicos que tratan enfermedades raras.
En todo el mundo, los emprendedores sociales sistémicos desempeñan un papel crucial en I+D para la sociedad, y los gobiernos han adoptado con éxito sus soluciones de política, con mejoras significativas para la ciudadanía.
Cinco áreas de acción
Sobre la base de nuestra experiencia y de entrevistas con más de 50 expertos de los sectores público y social, identificamos cinco áreas en las que los gobiernos pueden actuar para fomentar la colaboración con los emprendedores sociales sistémicos:
Informar sobre enfoques innovadores y nuevas iniciativas compartiendo los datos existentes del sector público y cocreando con los emprendedores sociales sistémicos nuevos tipos de datos.
Desarrollar capacidades entre los funcionarios públicos y los emprendedores sociales sistémicos para facilitar la comprensión mutua y la colaboración.
Desarrollar modelos de financiación (o adaptar los existentes) que reconozcan las características de los emprendedores sociales sistémicos.
Promover la colaboración entre las organizaciones del sector público y entre los sectores público, privado y social.
Fomentar la institucionalización cocreando soluciones innovadoras con los emprendedores sociales sistémicos y desarrollando vías claras para adoptar innovaciones exitosas.
Los gobiernos también pueden beneficiarse económicamente de esta colaboración, porque muchas innovaciones sociales tienen a largo plazo un impacto financiero positivo a nivel social. En “De lo pequeño a lo sistémico. El potencial de miles de millones de euros de las innovaciones sociales”, el Ashoka Learning and Action Center y McKinsey & Company estiman que el potencial de beneficios de las innovaciones sociales desarrolladas por los Ashoka Fellows en Alemania podría llegar a ascender a 18 000 millones de euros al año.
Un estudio reciente del McKinsey Global Institute corrobora el potencial de beneficios de mejorar los resultados sanitarios a escala mundial: según “Priorizar la salud: una receta para la prosperidad”, la carga mundial de enfermedades podría reducirse en más de un 40 % utilizando únicamente intervenciones sanitarias conocidas, evitando 230 millones de muertes prematuras para 2040 y generando un potencial de PIB mundial de 12 billones de dólares en 2040.
Si la humanidad extrae una lección de un año que muchos preferiríamos olvidar, quizá sea la importancia de la colaboración para afrontar retos complejos y de gran escala. Esperamos que una mayor colaboración entre los gobiernos y los emprendedores sociales sistémicos, actores únicos y cruciales en este momento, pueda ayudar a abordar los desafíos sociales que la pandemia ha exacerbado.
Este año, busquemos todos la manera de abrir puertas a estos nuevos aliados y desbloquear su potencial para acelerar nuestro camino hacia un futuro mejor, más justo y más sostenible.
Obtenga más información en el nuevo informe “New Allies”, desarrollado en colaboración con Catalyst 2030 y sus socios fundadores Ashoka, Echoing Green, la Schwab Foundation for Social Entrepreneurship y la Skoll Foundation, con la facilitación de McKinsey & Company; todos ellos también miembros de la alianza del Foro Económico Mundial COVID Response Alliance for Social Entrepreneurs. Jutta Bodem-Schrötgens, Florian Rutsch y Katharina Wagner contribuyeron a este artículo.





