Mientras el mundo ha quedado absorto ante la devastación física en Ucrania, en el ciberespacio se libra un conflicto oculto.
El año 2025, vigésimo aniversario de la CMSI y año en que expira el mandato del IGF, será un momento decisivo para la gobernanza de internet.
Un probable factor determinante en estos debates sobre «quién dirige internet» será la percepción de la seguridad.
Fortalecer el modelo de gobernanza de internet de múltiples partes interesadas y apoyar un futuro digital más positivo e inclusivo es ahora más crucial que nunca.
La guerra en Ucrania no solo ha causado un sufrimiento incalculable a multitudes y las mayores crisis de paz y seguridad internacionales en décadas. También tiene consecuencias potencialmente graves para el futuro de la internet global tal como la conocemos, y una importante reunión internacional prevista para 2025 podría resultar decisiva.
Parece que hay al menos dos futuros alternativos posibles. En el mejor de los casos, el mundo puede esperar un futuro digital luminoso y estable, con distintas partes del ciberespacio que trabajen conjuntamente y estén disponibles en todo el mundo, y en el que la cooperación internacional lo haga cada vez más seguro y protegido. La visión alternativa es más sombría: una «splinternet» de internets rivales y jardines amurallados, donde abunda la ciberdelincuencia y está siempre presente la calamidosa amenaza de una ciberguerra capaz de hacer colapsar la civilización. El conflicto en Ucrania ha hecho más probable esta web cada vez más oscura.
La dimensión digital del conflicto en Ucrania
El conflicto en Ucrania ha dejado claro para todos lo que muchos profesionales de la ciberseguridad saben desde hace tiempo: primero, incluso los ciberconflictos entre Estados tienen un fuerte componente no estatal. Segundo, la ciberseguridad internacional (incluidas las cuestiones de paz y guerra) y la gobernanza de internet (la gestión de internet) están más entrelazadas de lo que algunos quisieran. Y tercero, la lucha por el futuro de internet es, en gran medida, un choque de visiones sobre cómo debería ser y quién debería gestionarla: una opción intergubernamental «cerrada», en la que los Estados moldean el ciberespacio según sus propios fines, frente a una opción «abierta», en la que el modelo existente de cooperación de múltiples partes interesadas entre el sector privado, la sociedad civil y los gobiernos sigue desarrollándose para gestionar conjuntamente los recursos de internet. Y aunque gran parte del mundo parece unido al condenar la invasión de Ucrania, existe mucho menos consenso sobre cómo debería ser el futuro de internet.
Mientras el mundo ha quedado absorto ante la devastación física en Ucrania, en el ciberespacio se libra un conflicto oculto. Las fuentes muestran que desde el estallido de la guerra se han producido al menos 150 incidentes cibernéticos. Muchos de ellos fueron perpetrados directamente o contrarrestados por actores no estatales. El día de la invasión, una serie de ataques DDoS que se valían de botnets delictivas dejó fuera de servicio varios sitios web gubernamentales. Varios ciberjusticieros han atacado sitios web rusos. Al mismo tiempo, una nueva ola de ataques de ransomware delictivos ha golpeado Europa y sus empresas energéticas, a menudo con apariencia de tener afiliación política. Empresas privadas, desde Starlink de Elon Musk hasta AirBnB se han apresurado a brindar apoyo a la población civil ucraniana, pero también a sus fuerzas armadas. En las semanas previas al conflicto, el Centro de Inteligencia sobre Amenazas de Microsoft identificó y respondió rápidamente a un malware destructivo dirigido contra el gobierno ucraniano y los servicios financieros. La incesante guerra de información ha sido, como mínimo, tan perniciosa como los ciberataques; ya ha demostrado cuán fragmentado está realmente el ámbito de la información y cuán eficaz puede ser políticamente aprovechar esa fragmentación, sobre todo para influir en la propia población. Durante la Guerra Fría, pocas «burbujas de verdad» fueron tan cerradas o llegaron tan lejos como las que han quedado a la vista durante el conflicto actual. Esta es la esencia de lo que ofrece la internet «cerrada»: conflicto, confusión y, por encima de todo, aspiraciones de control centralizado.
El ciberconflicto: una prueba tanto para la diplomacia digital como para la gobernanza de internet
A pesar de estas aspiraciones, internet se rige actualmente por un modelo más «abierto» y de múltiples partes interesadas, en el que participan gobiernos, el sector privado, la sociedad civil y organizaciones internacionales. Este enfoque de múltiples partes interesadas surgió de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (CMSI) de 2005, donde se acordó en la práctica el principio de una internet no dirigida por los Estados. El proceso también condujo a la creación del Foro para la Gobernanza de Internet (IGF), que hoy sirve como plataforma para debatir políticas públicas sobre cuestiones relacionadas con internet. El año 2025, vigésimo aniversario de la CMSI y año en que expira el mandato del IGF, será un momento decisivo para la gobernanza de internet. Al igual que en la primera CMSI y, de nuevo, en 2015, los responsables de la toma de decisiones considerarán cómo se gobiernan partes clave de internet y con qué legitimidad. Si los debates fracasan, la fragmentación de internet será una posibilidad real.
Un probable factor determinante en estos debates sobre «quién dirige internet» será la percepción de la seguridad. Actualmente, las cuestiones de ciberseguridad internacional suelen mantenerse rigurosamente separadas de los debates sobre la gobernanza de internet, en gran medida para evitar que los debates sobre el «contenido nocivo» influyan en las conversaciones sobre la gestión de internet. Pese a que se llevan a cabo procesos paralelos, que en 2021 dieron lugar a informes tanto de un Grupo de Expertos Gubernamentales (GGE) como de un Grupo de Trabajo de Composición Abierta, los debates internacionales sobre ciberseguridad en la ONU se han centrado principalmente en las «normas de comportamiento» —por ejemplo, la obligación de no interferir en la infraestructura crítica de otro país en tiempos de paz—, e incluso estas normas supuestamente acordadas han sido puestas a prueba duramente en los últimos tiempos. Otros procesos, como el llamado Comité Ad Hoc que trabaja en un proyecto de convención sobre ciberdelincuencia, están muy aislados y tan claramente asociados con Rusia que parece difícil avanzar en el contexto actual.
Para salvar esta brecha, el secretario general de la ONU ha iniciado un debate más amplio sobre la «cooperación digital». Este concepto en evolución, derivado de la Hoja de ruta para la cooperación digital, del secretario general, aborda principalmente cuestiones de acceso, desarrollo de capacidades, gobernanza de internet y otros asuntos. Todo ello debería ser acordado por una coalición de múltiples partes interesadas, integrada por líderes gubernamentales, del sector privado y de la sociedad civil, en otoño de 2023, en un Pacto Digital Mundial recién anunciado (parte del informe de 2021 del secretario general, Nuestra agenda común). Si el Pacto avanza según lo previsto, será una de las pruebas más destacadas de hasta qué punto se ha generalizado el concepto de múltiples partes interesadas. También podría representar la mejor oportunidad para evitar que los debates internacionales descarrilen por completo de camino a la reunión CMSI+20 de 2025.
Un futuro abierto, libre, global, fiable y seguro
Más recientemente, muchas naciones «afines» también han empezado a reconocer la importancia de un enfoque más amplio, que reconozca el papel interrelacionado de la seguridad, la confianza y la gobernanza de múltiples partes interesadas en el continuo desarrollo de internet. Tras meses de deliberaciones con socios internacionales, el 28 de abril, el gobierno de Biden, con el respaldo de otras 60 naciones —entre ellas, todos los países de la UE, el Reino Unido, Japón, Canadá e Israel—, publicó una «Declaración para el futuro de internet» cuyo objetivo es apoyar «un futuro para internet que sea abierto, libre, global, interoperable, fiable y seguro».
Estos debates deben continuar y reconocer la interconexión entre las cuestiones de gobernanza de internet y del ciberespacio. Los esfuerzos por mantener un modelo de gobernanza de internet de múltiples partes interesadas no pueden limitarse a las declaraciones de los Estados. Deben contar con el apoyo de todas las partes interesadas que se benefician de internet y de las comunicaciones y tecnologías asociadas.
Con ese fin, el Foro Económico Mundial está convocando un Diálogo Mundial sobre Cooperación Digital. Este diálogo garantizará una plataforma imparcial para fortalecer el modelo de gobernanza de internet de múltiples partes interesadas y contribuirá a apoyar un futuro digital más positivo e inclusivo.





