Redefinir el propósito de las empresas

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La COVID-19 ha sido una llamada de atención para las empresas: ha puesto de manifiesto sin concesiones las vulnerabilidades de muchas organizaciones y ha acelerado en cuestión de semanas cambios en las prácticas laborales que se esperaba que tardaran años.

La perturbación desatada por la peor crisis sanitaria en más de un siglo se ha propagado por todos los sectores de la economía, desde los gigantes de los servicios financieros de Wall Street hasta las pequeñas tiendas y restaurantes de las calles principales. Las secuelas tendrán un profundo impacto en muchos aspectos del comercio durante mucho tiempo.

Es importante señalar que el coronavirus también ha acelerado cambios significativos en las complejas relaciones entre las empresas y la sociedad, y ha puesto de relieve la necesidad de transformarse hacia una forma de capitalismo más inclusiva.

Una nueva forma de hacer negocios

A los desafíos existentes de la crisis climática y la creciente desigualdad se suma la amenaza de una enfermedad fuera de control, que ha obligado a los líderes empresariales a cuestionar aspectos fundamentales de su forma de operar. Una conclusión ya está clara: volver a la «normalidad empresarial» no es una opción.

En cambio, se esperará que las empresas rediseñen su forma de operar para generar confianza, crear valor para la sociedad en su conjunto y mitigar los riesgos a largo plazo. Los clientes, los mercados financieros y los gobiernos sancionarán a las empresas cuyo impacto social y ambiental sea insuficiente. Se premiará a aquellas que aporten beneficios transparentes.

Las empresas que piensen que, en el eje personas-planeta-beneficios, solo se puede tener éxito en el ámbito de los beneficios serán los dinosaurios del futuro.

Dimitri de Vreeze, codirector ejecutivo y director de operaciones, Royal DSM.

Para los consejos de administración y sus inversores, esto significa que, para tener éxito a largo plazo, una empresa debe ofrecer soluciones rentables que beneficien a todas las partes interesadas. Esto implica que la primacía que antes tenía el accionista en la vida de las corporaciones irá disminuyendo a medida que otras voces cobren protagonismo.

Sin embargo, los cambios no terminan ahí. La COVID-19 también ha sacudido profundamente otros dos pilares de la empresa moderna: la presunción de que la globalización continuará y la idea de que el gobierno debe desempeñar un papel limitado en la economía. Los confinamientos, las restricciones a los viajes y otras perturbaciones han paralizado muchas cadenas de suministro mundiales, mientras que los gobiernos y los bancos centrales han intervenido de una manera sin precedentes para ofrecer unos 20 billones de dólares en rescates y mantener a flote la economía mundial.

Aún no se han manifestado todas las consecuencias de esto. Pero, en una época de estancamiento de la globalización y mayor participación de los gobiernos en la actividad económica, es probable que las multinacionales se vean presionadas a operar más a escala nacional en el futuro, mientras que el costo a largo plazo de los enormes paquetes de estímulo podría ser un aumento de los impuestos y la regulación.

Cómo prosperar después de la pandemia

Por supuesto, las consecuencias de la COVID-19 varían considerablemente de un sector a otro. Algunas industrias, en particular la tecnología y la atención sanitaria, se han beneficiado mucho de vientos favorables, ya que se ha disparado la demanda de productos que van desde las videoconferencias en línea y el entretenimiento en el hogar hasta las mascarillas y las vacunas.

En otros sectores, como los viajes y la hostelería, la demanda se ha desplomado de forma catastrófica, por lo que, en un futuro previsible, resulta inimaginable volver a la situación anterior a la pandemia.

Las playas desiertas pueden ser el sueño de cualquier viajero, pero la COVID-19 ha devastado la industria turística.Image: Getty Images

Entre estos dos extremos se encuentran amplios sectores de las industrias manufacturera y de servicios del mundo, que ahora deben adaptarse al impacto del último año y encontrar nuevas formas de prosperar en la era pospandémica.

Para muchos fabricantes, el principal desafío consiste en adaptarse con suficiente rapidez para seguir el ritmo de los avances tecnológicos que darán forma a las fábricas del futuro. Esto incluye incorporar la inteligencia artificial a las operaciones, compartir datos y desarrollar los sistemas digitales de trazabilidad necesarios para crear una resiliencia integral.

La Global Lighthouse Network del Foro Económico Mundial tiene un papel importante que desempeñar como catalizadora de la adopción acelerada de tecnologías avanzadas en la fabricación. Hasta ahora, se han identificado más de 50 fábricas faro de distintos sectores industriales para ayudar a impulsar nuevas ideas.

El tamaño también importa cuando las empresas trazan un rumbo incierto hacia el futuro, ya que la pandemia ha causado estragos de manera desigual entre las empresas, al igual que en las sociedades. Es probable que las pequeñas y medianas empresas (pymes), que representan alrededor del 90 % de las empresas y más del 50 % del empleo mundial, tengan más dificultades para recuperarse que sus competidores más grandes, pues disponen de menores reservas de efectivo y márgenes de beneficio más reducidos.

No obstante, pese a estas muchas diferencias, hay algunos temas comunes que afrontan los líderes de todas las empresas que estudian cómo volver a un crecimiento sostenible. Entre los desafíos e incertidumbres que deben sopesar figuran el futuro del trabajo a distancia y la aceleración de las soluciones digitales.

Las tecnologías que permiten estos avances ofrecen grandes oportunidades, pero también plantean amenazas importantes: desde protegerse de los ciberdelincuentes hasta preservar el «alma» de una empresa si los empleados ya no pueden reunirse en persona para tomar un café.

Una de las lecciones más destacadas de 2020 es que la adopción de la digitalización y el paso a operaciones sin contacto pueden ocurrir casi de la noche a la mañana. Por ejemplo, las interacciones bancarias en línea pasaron del 10 % antes de la pandemia al 90 % durante esta, sin que disminuyera la calidad.

Sin embargo, una verdadera transformación empresarial exige cambios más dinámicos que limitarse a aplicar tecnologías digitales para hacer más rápido y barato lo que las empresas siempre han hecho. Quizá esto sea más pertinente que en ningún otro ámbito cuando se trata de replantear las cadenas de suministro.

Adoptar el enfoque «por si acaso»

Las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos, que llevan tiempo gestándose, y la fragilidad inherente de las cadenas de suministro mundiales han alimentado durante varios años los argumentos a favor de acortarlas. Sin embargo, la pandemia puso al descubierto el defecto fatal del principio según el cual las empresas deben optimizar las cadenas de suministro basándose en los costos de cada componente, lo que dio lugar a un modelo «justo a tiempo» (JIT) que favorece la eficiencia económica por encima de la resiliencia.

La imagen de fabricantes de automóviles que transportaban en avión piezas chinas en maletas hasta Europa para mantener la producción en marcha durante los primeros días de la pandemia fue, podría decirse, el último clavo en el ataúd del enfoque JIT.

La pandemia ha subrayado la necesidad de una adaptación significativa en la fabricación.Image: Getty Images

En cambio, cada vez más empresas adoptan sistemas de suministro «por si acaso» que sitúan la resiliencia y la sostenibilidad en el centro. Este reequilibrio es crucial, pero es probable que el ajuste sea doloroso en amplios sectores de la economía, dado que las cadenas de valor mundiales actuales representan aproximadamente tres cuartas partes de todo el comercio mundial.

Asegurar un lugar en el capitalismo de las partes interesadas

Por encima de las lecciones inmediatas de la COVID-19, se reconoce que los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) —la vara de medir del capitalismo de las partes interesadas— serán esenciales para el éxito empresarial futuro. Y lo que está en juego no podría ser mayor.

Las enormes perturbaciones económicas y sociales de 2020 han sido una prueba decisiva para la idea del capitalismo de las partes interesadas, que recibió un impulso en 2019 cuando la Business Roundtable de Estados Unidos redefinió el propósito de una corporación como servir a todas las partes interesadas, no solo a los accionistas. Algunos temían que la crisis mundial pudiera haber hecho descarrilar el proyecto, pero, en realidad, todas las pruebas apuntan a que la pandemia ha impulsado los asuntos ASG a posiciones más destacadas en la agenda mundial.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para ayudar a las empresas a reducir las emisiones de carbono?

«Creo que 2021 será un año histórico en cuanto al cambio de la filosofía empresarial, al pasar del capitalismo de los accionistas al capitalismo de las partes interesadas», afirmó Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial. Considera que el concepto se está generalizando de verdad en las salas de juntas de todo el mundo.

Esto no quiere decir que el afán de lucro y la capacidad de crear riqueza asumiendo riesgos y fomentando la innovación hayan quedado obsoletos. El mundo sigue necesitando ese motor fundamental del crecimiento, así como la capacidad de los mercados para asignar recursos de manera eficiente. Sin embargo, las empresas con visión de futuro también deben equilibrar la necesidad de gestionar sus operaciones de forma sostenible, no solo para aportar valor a la sociedad y proteger sus licencias para operar, sino también para generar más valor a largo plazo para sus accionistas.

En el pasado, la resiliencia era solo un costo. Cada vez más, se la considerará un activo.

John Haley, director ejecutivo, Willis Towers Watson

Entre los inversores, los criterios ASG se consideran cada vez más una herramienta de gestión de riesgos para evaluar la solidez subyacente de las empresas a las que financian. En un mundo pos-COVID-19, claramente será rentable invertir en empresas resilientes, lo que implica encontrar compañías que hagan un seguimiento de las «externalidades» —o las consecuencias de las actividades industriales que no se reflejan en los precios de mercado—, ya se trate del impacto en el cambio climático, la desigualdad de ingresos o la diversidad.

Para los equipos directivos de las empresas, esto cambia el debate sobre la naturaleza de la resiliencia. «En el pasado, era solo un costo. Cada vez más, se la considerará un activo. Tendremos que crear una organización flexible y ágil capaz de responder a estas cuestiones, y el cambio climático es uno de los principales riesgos de gran escala», afirmó John Haley, director ejecutivo de Willis Towers Watson.

La resiliencia de la infraestructura financiera importa tanto como la resiliencia de la fabricación en una época en que todos los países dependen del sistema mundial de inversión para fomentar una asignación eficiente del capital. Por tanto, es bienvenida la creciente atención de los inversores a los asuntos ASG, aunque claramente hay margen de mejora. Con demasiada frecuencia, las decisiones de inversión siguen estando excesivamente condicionadas por presiones a corto plazo —lo que, por ejemplo, lleva a las empresas a centrarse en los rendimientos trimestrales— y hace que el sistema no responda eficazmente a desafíos económicos, ambientales o sociales sin precedentes.

Todo esto subraya la necesidad de generalizar las mediciones ASG y garantizar un sistema de informes coherente que se aproxime a las métricas comunes de los estados financieros.

Esta iniciativa ha dado ahora un importante paso adelante, con líderes que representan a 61 empresas mundiales que se han sumado esta semana a un nuevo conjunto de métricas del capitalismo de las partes interesadaselaborado por el FEM y su Consejo Empresarial Internacional. Estas métricas incluyen un conjunto básico de 21 divulgaciones universales y comparables centradas en las personas, el planeta, la prosperidad y los principios de gobernanza, sobre las que las empresas pueden informar independientemente de su sector o región.

El sistema de evaluación comparativa se desarrolló junto con Bank of America, Deloitte, EY, KPMG y PwC, y ofrece un lenguaje común para medir lo que es relevante en el desempeño no financiero. Eleva los criterios ASG de un mero ejercicio corporativo de marcar casillas a un proceso en el que las empresas demuestran su creación de valor a largo plazo y sus contribuciones a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Alan Jope, director ejecutivo de Unilever, considera que este enfoque sentará las bases para una mayor participación de las empresas en la lucha contra problemas como el cambio climático, la degradación ambiental y la desigualdad social.

«Puede que los informes anuales y las cuentas de las empresas no sean el primer mecanismo de cambio que se nos ocurra, pero la presentación de información no financiera normalizada y obligatoria es fundamental para crear una nueva forma de capitalismo que aborde estos problemas», afirmó.

Unilever figura entre los primeros signatarios de las métricas del capitalismo de las partes interesadas, junto con bp, Dow, Nestlé, PayPal, Reliance Industries, Royal Dutch Shell, Siemens y Sony. Sin embargo, esto es solo el comienzo. Se espera que el liderazgo de las primeras empresas inspire a muchas otras.

Apuesto a que, para 2022, aumentará enormemente el número de empresas que se hayan adherido a las métricas del capitalismo de las partes interesadas y que estas se convertirán en un estándar que mucha gente utilizará.

Anand Mahindra, presidente, Mahindra Group

Las desigualdades, el malestar social y la injusticia racial que la pandemia ha agravado hacen que la necesidad de que las empresas generen confianza entre todas sus partes interesadas nunca haya sido mayor. Cada vez más empresas están tomando conciencia de este imperativo, y alrededor del 86 % de los ejecutivos encuestados por el Foro coincidió en que informar sobre un conjunto de divulgaciones ASG universales era importante y resultaría útil para los mercados financieros y la economía.

Esta importante iniciativa del Foro y sus socios refleja las medidas de otras organizaciones para hacer que las empresas sean más sostenibles en el futuro, como, por ejemplo, la nueva Carta Terra, o Carta de la Tierra, del príncipe Carlosque pide a las empresas que adopten casi 100 medidas, incluido el compromiso de alcanzar cero emisiones netas para 2050 o antes.

Los problemas de mañana, hoy

La disposición de los consejos de administración a adoptar estos proyectos demuestra que cada vez se comprende más que ya no se pueden ignorar las amenazas mundiales como problemas del mañana y que es crucial generar confianza entre los clientes, el personal y la sociedad en general.

«La confianza se ha convertido en un bien increíblemente importante», afirmó Kirsty Graham, directora ejecutiva de Edelman Public Affairs, cuya empresa publica un barómetro anual de confianza. «Es lo que permite que la gente te acompañe; es tu licencia para operar si eres una empresa; impulsa tu éxito comercial. También es tu reputación».

Durante el último año, la confianza ha caído drásticamente en todo el mundo, mientras la gente intentaba saber a quién acudir en medio de una avalancha de desinformación. Sin embargo, es significativo que el último Edelman Trust Barometerofrezca un rayo de esperanza para las empresas, que emergieron de la turbulencia de 2020 como la institución que más confianza inspira, por delante de los gobiernos, las ONG y los medios de comunicación. Eso significa que ahora deben esforzarse por cumplir las expectativas de quienes esperan que las empresas intervengan y ayuden a resolver los problemas sociales.

El desafío no es mayor en ningún otro ámbito que en el clima. Se equivocaron los comentaristas que, a comienzos de 2020, pensaban que la pandemia relegaría el cambio climático a un segundo plano. Si acaso, la preocupación por el clima se ha intensificado, pues los devastadores incendios forestales y los fenómenos meteorológicos extremos del último año han demostrado la urgencia de una amenaza que podría hacer que la COVID-19 pareciera un revés pasajero en el progreso de la humanidad.

Los miembros de los consejos de administración reconocen que las amenazas mundiales se están convirtiendo en problemas de hoy.Image: Getty Images

La incapacidad de los gobiernos hasta ahora para invertir la tendencia de las emisiones mundiales está desplazando el debate hacia las medidas que pueden adoptar las empresas para abordar el problema. Esto implica no solo reducir sus emisiones directas, sino también garantizar una cadena de suministro con cero emisiones netas. En la mayoría de los sectores orientados al cliente, las emisiones de principio a fin asociadas a llevar los productos hasta los clientes son mucho mayores que el CO2 liberado por las propias operaciones de las empresas.

En conjunto, se estima que un 55 % de la solución a la crisis climática provendrá de mejores sistemas energéticos y el 45 % restante, de aplicar mecanismos de economía circular a la producción y el diseño. Por eso, la colaboración a lo largo de toda la cadena industrial es esencial.

Es alentador que haya señales de progreso, con nuevos compromisos de empresas líderes para reducir su huella. Esta misma semana, más de 30 empresas de electrónica, incluidas algunas de las mayores marcas de consumo, se han asociado con el Foro para lanzar la Circular Electronics Partnership, que creará una economía circular para la electrónica de aquí a 2030. Actualmente, solo el 20 % de los residuos electrónicos se gestiona de forma adecuada; la mayoría termina en vertederos.

Las empresas reconocen rápidamente que adoptar la economía circular es fundamental para abordar la crisis climática.Image: Getty Images

Asimismo, la Global Battery Alliance del Foro está estableciendo una cadena de valor circular para las baterías de los vehículos eléctricos, con planes para tener plenamente operativo el Battery Passporta finales de 2022, lo que ofrecerá a los clientes plena transparencia ASG sobre el producto.

Transmitir el mensaje de que el capitalismo de las partes interesadas, y no el capitalismo de los accionistas, ofrece la mejor oportunidad para abordar los desafíos ambientales y sociales del mundo ha sido una tarea larga.

El Manifiesto de Davos originalestableció por primera vez el concepto de las partes interesadas en 1973, aunque durante décadas la idea tuvo una acogida moderada. Las cosas finalmente empezaron a cambiar tras la crisis financiera de 2008. Con suerte, la historia recordará 2020 como el mayor punto de inflexión hasta la fecha.

Una colección de iniciativaspertinentes para la jornada se ha creado para quienes tienen acceso a TopLink, la herramienta en línea del Foro.

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