Los responsables de la toma de decisiones deben ampliar su campo de visión para considerar los riesgos que podrían surgir a medida que los seres humanos avanzan hacia nuevas fronteras.
Se trata de riesgos caracterizados por una probabilidad y/o unos impactos desconocidos.
Estas son cinco formas en que los líderes pueden prepararse para los riesgos de frontera en el futuro.
Lea el documento "Building Back Broader: Policy Pathways for a Post-Pandemic Transformation" aquí.
La exploración espacial, el desarrollo de potentes herramientas de edición genética, los avances médicos que permiten crear vacunas eficaces, el descubrimiento de nuevas especies y las nuevas tecnologías que impulsan la Cuarta Revolución Industrial son todos descubrimientos e inventos que amplían las fronteras humanas.
Sin embargo, con las nuevas oportunidades en las fronteras llegan nuevos peligros. Los “riesgos de frontera” son aquellos que podrían surgir a medida que aparecen tecnologías novedosas, se traspasan nuevos territorios o cambian las fuerzas sociales. Se caracterizan por una probabilidad desconocida, unos impactos desconocidos o ambos. Estos riesgos podrían manifestarse como una versión extrema de un riesgo conocido o como un fenómeno completamente nuevo, y su aparición podría ser rápida, gradual o no lineal.
Por desgracia, en el proceso de recuperación tras la pandemia, no podemos permitirnos el lujo de evitar estos riesgos de frontera.
El auge de los riesgos de frontera
Tomemos como ejemplo la geoingeniería. Las tecnologías emergentes, como la eliminación de dióxido de carbono y la gestión de la radiación solar, podrían ser armas fundamentales en la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, también introducen una serie de nuevos riesgos potenciales, como la pérdida de ozono estratosférico o el comportamiento del monzón indio. Como han explicado los científicos , la geoingeniería solar implica “numerosos factores ambientales, sociales, políticos y económicos que interactúan entre sí de formas complejas y potencialmente incognoscibles”.
En la frontera de la comunicación, las redes sociales en línea, que han proliferado en la última década, también generan riesgos de frontera que no son fáciles de medir. Una conectividad y una comunicación a escala global sin precedentes acercan el mundo. Sin embargo, el auge de las falsificaciones profundas (deepfakes), la desinformación y la información errónea plantea los riesgos de una polarización creciente, la volatilidad e incluso las crisis democráticas.
Los riesgos de frontera son difíciles de comprender, prepararse para ellos y gestionarlos. Las sociedades tienen dificultades para abordar incluso los riesgos tradicionales. La crisis de la COVID-19 es un ejemplo flagrante de lo fácil que es para los gobiernos, las empresas y las sociedades ignorar los riesgos de “rinoceronte gris”: riesgos de alta probabilidad y alto impacto que se materializan tras una serie de advertencias, como las pandemias.
En el último año, muchos responsables de la toma de decisiones han tenido dificultades para anticipar, prepararse y gestionar la crisis actual, a pesar de las epidemias mortales de un pasado reciente. Han debilitado su capacidad factores como los sesgos cognitivos individuales, los puntos ciegos organizativos, las advertencias imprecisas, la responsabilidad difusa y los costes no internalizados.
Los riesgos de frontera agravan las debilidades de la toma de decisiones. Es difícil lograr que los responsables de la toma de decisiones presten atención a riesgos colosales con una probabilidad casi segura; lo es aún más cuando las advertencias son vagas, existen lagunas de información y el análisis coste-beneficio se viene abajo ante la incertidumbre. Sin embargo, es fundamental que los responsables de la toma de decisiones comprendan y decidan de forma sistemática cómo abordar estos riesgos de frontera, precisamente porque hay tanta incertidumbre sobre cómo y si se materializarán.
Cómo pueden afrontar los responsables de la toma de decisiones los riesgos de frontera
Afortunadamente, existe una lista de verificación que los responsables de la toma de decisiones pueden aplicar al afrontar los riesgos de frontera: identificar, comunicar, gestionar, financiar y cooperar.
En primer lugar, identificar y priorizar los riesgos de frontera. Por ejemplo, aprovechar la experiencia de expertos externos para esclarecer los tipos de riesgos que podrían estar surgiendo en una frontera determinada. Los trabajadores de primera línea, también, a menudo, pueden detectar problemas sutiles que podrían no ser visibles para los responsables de la toma de decisiones de mayor rango.
En segundo lugar, la comunicación sobre los riesgos de frontera debe ser clara, informativa y precisa. Los líderes de todos los sectores son personas muy ocupadas, y su atención suele absorberse con los desafíos inmediatos. La comunicación sobre los riesgos de frontera debe tener esto en cuenta
En tercer lugar, los marcos de gestión de riesgos dentro de las organizaciones deben tener en cuenta los riesgos de frontera. La cultura organizativa debe favorecer la percepción y la preparación para este tipo de riesgos. Sabemos, por ejemplo, que las organizaciones que aceptan el cambio y la incertidumbre, hacen un seguimiento de los pequeños fracasos y aprenden de ellos, y se apoyan en el conocimiento local de primera línea, pueden alcanzar una conciencia situacional dinámica que permite una mayor resiliencia frente a los riesgos de frontera. Asimismo, sabemos que se requieren estructuras proactivas para evitar el pensamiento grupal, los sesgos, los puntos ciegos y la responsabilidad difusa.
En cuarto lugar, considerar la posibilidad de incorporar la resiliencia en la financiación, por ejemplo, mediante la reserva de fondos nacionales de emergencia y reservas para crisis, o diseñando una arquitectura de elección que garantice una buena toma de decisiones en torno a los riesgos de frontera.
Por último, la cooperación internacional y la búsqueda de soluciones globales pueden ayudar a gestionar los riesgos de frontera. Esto resulta más evidente cuando se necesitan normas y negociaciones globales para gestionar los riesgos. Por ejemplo, las armas nucleares se han gestionado mediante acuerdos internacionales entre países clave, como podría ocurrir en el futuro con las armas basadas en IA.
Pero la cooperación internacional tiene otro efecto: los gobiernos se ven presionados a poner en orden sus propios asuntosen las negociaciones internacionales, a reunir sus propias pruebas y expertos y a prestar atención a la gestión de los riesgos que de otro modo podrían dejarse para más adelante.




