'Esta es una guerra por nuestra identidad': preguntas y respuestas con el ministro de Exteriores de Ucrania

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  • El ministro de Exteriores de Ucrania, Dmytro Kuleba, estuvo conversando con el Foro Económico Mundial en Davos 2022.

  • Habló con Hadley Gamble, de CNBC, sobre el impacto de la guerra en Ucrania: desde las sanciones hasta la OTAN y la energía.

  • El siguiente texto es la transcripción de la entrevista.

P: Hola a todos. Me llamo Hadley Gamble. Soy presentadora sénior y corresponsal internacional de CNBC. Es fantástico darles la bienvenida aquí al Foro Económico Mundial y recibir a este caballero, Su Excelencia, el ministro de Exteriores de Ucrania, Dmytro Kuleba. Señor, muchas gracias por acompañarnos en un momento tan crucial para su país, y gracias a todos por venir. Quisiera empezar pidiéndole que responda directamente a los comentarios que hizo Henry Kissinger hace apenas un par de días. En esencia, dijo que Ucrania debe ceder territorio para que Vladimir Putin pueda salvar las apariencias.


R: Respeto a Henry Kissinger, pero agradezco que no ocupe ningún cargo oficial en la Administración estadounidense. Tiene su propia opinión, pero discrepamos profundamente. No vamos a hacer eso. De hecho, creo que toda esta postura de que Ucrania debe hacer una concesión para poner fin a la guerra fracasó entre 2014 y 2022. La política siempre fue: «Tenemos que convencer a Ucrania de que sea constructiva, de que dialogue con Rusia y haga una concesión para entablar diálogo con Rusia», y nunca funcionó. Al final, nos llevó a todos a la mayor guerra en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Si fracasó una vez, fracasará dos veces. Así que, incluso si se analiza racionalmente este enfoque, creo que ha fracasado y no va a funcionar.


P: Pero una derrota aplastante de un pueblo orgulloso no necesariamente acaba bien. Y le recuerdo la Primera Guerra Mundial y la respuesta a ella: diez años de agitación económica y social en Alemania, el auge del fascismo y de Adolf Hitler, y la Segunda Guerra Mundial. Así que parece haber algo de fundamento en lo que dice, ¿no?


R: Bueno, si recuerdo bien la historia, el ejército alemán nunca admitió que había perdido la guerra. Decían que los habían traicionado en su país, porque la gente del Gobierno no estaba dispuesta a seguir luchando. Así que, por supuesto, siempre habrá una diferencia entre la evaluación de la situación que hacen los civiles y la que hace el ejército.

La verdad es que no sé... Esta guerra no es una copia exacta de ninguna guerra anterior ni lo será nunca. Cada guerra es especial. Pero lo que sé con certeza es que todo es blanco o negro. No hay términos medios. O son ellos o somos nosotros, y todo el mundo tiene que elegir. ¿De qué lado están?


P: En cuanto a una negociación y a la paz, la última vez que nos vimos fue en Antalya, Turquía. Usted conversó allí con su homólogo, Sergej Lavrov, pero no llegaron a ninguna parte. ¿Dónde estamos hoy en cuanto a la posibilidad de una paz negociada?


R: En ninguna parte. Rusia está llevando a cabo una ofensiva a gran escala en el Donbás. Puede recordar cualquier película sobre la Segunda Guerra Mundial e imaginarse fácilmente qué tipo de batalla está teniendo lugar ahora en el Donbás. Tanques, artillería, helicópteros de combate, ataques aéreos, sistemas de lanzamiento múltiple de cohetes: se está empleando de todo. Cuando se lleva a cabo una operación así, básicamente se está diciendo que no a las negociaciones. Si Rusia hubiera preferido las conversaciones a la guerra, habría actuado de otra manera.


P: Explíquenos qué cree que necesita para ganar esta guerra. ¿De dónde vendrá? ¿Está recibiendo suficiente apoyo? Me refiero al apoyo de Estados Unidos y Europa, en cuanto a armas y dinero.


R: Cuando se está en guerra, literalmente se necesita de todo. La situación del suministro de armas es mucho mejor que hace apenas un mes. Y hay que reconocer el mérito de Estados Unidos por liderar la movilización del apoyo internacional y ayudarnos con el suministro de artillería, por ejemplo, y otras armas. Este mecanismo y formato, establecido por el secretario de Defensa, está funcionando. Así que muchas gracias a la Administración Biden, al secretario Austin y al secretario Blinken por hacerlo posible. Pero nunca llega un momento de la guerra en que se pueda decir: «Bueno, hicimos todo lo posible, esto es todo». Mientras la guerra continúe, habrá que hacer más.

Ahora nos enfrentamos a un gran problema: la grave escasez de sistemas de lanzamiento múltiple de cohetes. Rusia tiene muchos y cubre zonas de nuestro territorio con fuego, matando y destruyendo todo. Necesitamos esas armas cuanto antes. Esperamos desesperadamente que lleguen. En el frente financiero, nuestra economía sufre más por la destrucción y los ataques rusos de lo que la economía rusa sufre por las sanciones. No digo que las sanciones sean inútiles, pero mientras Rusia gane dinero vendiendo petróleo y gas, tendrá los bolsillos bastante llenos. También necesitamos asistencia macrofinanciera para que el país pueda funcionar y mantenerse a flote. El tercer elemento son las sanciones. Como he dicho, Rusia se siente bastante cómoda con los precios actuales del petróleo y el gas. Tenemos que reconsiderar seriamente la política de sanciones.


P: ¿Cree que están avanzando en ese tema con sus homólogos europeos? Hungría, obviamente, es por ahora el principal país que se resiste a sancionar el petróleo ruso.


R: Hay dos maneras de abordar las sanciones. La primera es decir: «Bien, nos centraremos en el petróleo y buscaremos formas de detener las compras de petróleo ruso». Hay otra opción: hacer un análisis más profundo y llegar, por ejemplo, a la conclusión de que la gran mayoría del petróleo ruso que se vende en el mercado mundial se transporta por mar, en buques. Así que, si se le dice al sector naviero que cualquiera que transporte petróleo ruso a cualquier lugar del mundo tendrá problemas, eso supondrá un gran problema.

P: ¿Así que hay que sancionar al sector naviero?

R: He sido muy constructivo y dialogante, y siempre he intentado comprender las preocupaciones de nuestros socios en materia de sanciones. Pero ahora, tras tres meses de combates, mi mensaje es muy sencillo: hay que acabar con las exportaciones rusas, salvo algunos productos esenciales que Occidente necesita. Necesitamos una estrategia amplia cuyo objetivo estratégico no sea bloquear esto o aquello, sino acabar con las exportaciones rusas. Dejen de comprarle a Rusia, dejen de permitir que gane dinero que luego invierte en la maquinaria de guerra que destruye, mata, viola y tortura a la población de Ucrania.

P: Hablemos un poco del dinero, ya que estamos aquí en el Foro Económico Mundial. Hace apenas unos días, el presidente Zelenskyy dijo, en esencia, que se necesitan hasta 500.000 millones de dólares para reconstruir Ucrania. Según algunas estimaciones, esa cifra era, francamente, conservadora. Pero cuando se habla de esa cantidad de dinero, ya sabe, hace un año, al hablar de Ucrania, la describíamos como uno de los países más corruptos del mundo, un país gobernado por oligarcas. Hoy, sin embargo, todo el mundo es un héroe. Pero quienes están aquí en el Foro y entienden de dinero tienen serias dudas sobre que llegue a Ucrania una suma así, sobre cómo se utilizará, cómo se distribuirá y si acabará simplemente en los bolsillos de un oligarca. ¿Qué responde a eso?


R: Puede que los presentes aquí en el Foro estén tan equivocados sobre la corrupción como sobre su pronóstico de que Ucrania no resistiría tres días porque el ejército ucraniano es corrupto, todo es corrupto y fracasaremos. Creo que la mejor prueba de que el problema de la corrupción en Ucrania se ha exagerado es, precisamente, que seguimos luchando. Si tuviéramos un Estado incapaz, gobernado por oligarcas y corrupto de arriba abajo, no habríamos resistido esta presión, no estaríamos aquí sentados hablando. Creo que estamos en un momento en que no podemos permitirnos ser sinceros unos con otros. Si la gente dice: «Vaya, subestimamos su capacidad para defenderse», quizá esas mismas personas deban reconsiderar su postura sobre la magnitud y la amenaza de la corrupción en Ucrania. Volver al guion que les gusta a todos, en el que Ucrania se cubre la cabeza de ceniza, reconoce todas sus desventajas y los demás contemplan ese acto de humillación, no es lo que queremos. Puedo decir que, por supuesto, estamos dispuestos a crear todos los mecanismos necesarios para garantizar la transparencia y la eficiencia en el uso de los fondos que se asignen a la reconstrucción de Ucrania. En particular, queremos evitar que parte de ese dinero se pierda de camino a Ucrania debido a los numerosos intermediarios que intervienen en el modelo financiero. Por eso, por ejemplo, la Unión Europea nos está prestando asistencia macrofinanciera: 1.200 millones de dólares que van directamente al presupuesto. ¿Lo harían si no confiaran en nosotros? Para nosotros, 1.200 millones de dólares es una suma importante.


P:Es cierto, pero, por ejemplo, los alemanes ya se oponen a la idea de endeudarse para reconstruir Ucrania. En esencia, dicen que no pueden pedir a sus contribuyentes, en un momento en que los precios del petróleo y el gas están por las nubes, que se endeuden para reconstruir Ucrania. Así que ya han encontrado dificultades en cuanto a la cantidad de dinero que creen que acabarán recibiendo, ¿no?


R: Estoy totalmente de acuerdo con usted y no creo que los contribuyentes estadounidenses, alemanes ni los de ningún otro país del mundo deban pagar por lo que hizo Rusia. Hay una alternativa para recuperar Ucrania: hacer que Rusia pague.

P: ¿Se refiere a confiscar los activos?

R: Absolutamente: confiscarlos y transferirlos. Por eso la Comisión Europea ha presentado recientemente ciertas iniciativas para crear el marco jurídico necesario. Canadá aprobó una ley que permite no solo confiscar activos, sino también transferirlos a proyectos relacionados con la recuperación de Ucrania: hacer que Rusia pague. ¿Por qué todo el mundo intenta ser indulgente con Rusia? ¿Por qué a algunos países, dirigentes o políticos les preocupa que no debamos presionar demasiado a Rusia? Putin traicionó incluso a quienes intentaron ayudarlo al lanzar una agresión a gran escala, plena y abierta contra un país soberano. Una agresión que pasará a los libros de texto como el ejemplo más evidente de la agresión de un país contra otro. Hay que hacer que Rusia pague.


P: Hay un relato alternativo según el cual el presidente Biden, por supuesto, ha llamado criminal de guerra al presidente Putin. Algunas personas en esta sala y entre quienes asisten al Foro, en países de Oriente Medio, India y el resto del mundo más allá de Occidente, dirían que el criminal es en realidad el presidente Zelenskyy, por continuar una guerra que está matando a su propio pueblo y le está costando muchísimo dinero al mundo. Ahora no hablamos solo de inflación, estanflación y la posibilidad de una recesión; también hablamos de una crisis energética que, como sabe, lleva mucho tiempo en curso, y de hambruna. ¿Qué responde a eso?


R: Hay que ser un pervertido político para culpar a Ucrania por seguir luchando contra el país que la atacó, contra el ejército que cometió atrocidades indescriptibles en Ucrania y contra el país que, básicamente, desafió todo el orden basado en normas. Lo que tenemos ahora es a un miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que posee armas nucleares, atacando sin motivo alguno a otro miembro fundador de las Naciones Unidas, un país soberano. E intenta destruirlo, negándole a ese país el derecho a existir.

Hoy hemos visto la declaración de un funcionario ruso, el viceministro de Exteriores de Rusia, quien dijo, por ejemplo, que Rusia desbloqueará los puertos ucranianos para permitir las exportaciones de productos agrícolas ucranianos al mercado mundial si se levantan las sanciones impuestas contra Rusia. Esto es un chantaje descarado. No se encontraría un ejemplo mejor de chantaje en las relaciones internacionales. Si alguien se lo cree, creo que el problema está en esa persona y no deberíamos perder demasiado tiempo tratando de entender por qué sostiene esa postura.


P: Entiendo lo que dice, pero ¿tiene que pagar el mundo entero porque Ucrania se niega a ceder territorio a Vladimir Putin? ¿Con hambrunas y mayores costes de la energía?


R: Creo que vivimos en un mundo donde cada cual puede elegir qué hacer y qué no hacer. Al principio de esta guerra, algunos países creían que nunca les afectaría: que era cosa de Rusia y Ucrania, un asunto suyo. Algunos de esos países ya sienten la presión de la crisis alimentaria y sufren las repercusiones de esta guerra. Y esto no ha hecho más que empezar. Si permitimos que el presidente Putin siga con su locura militar, la crisis se agravará cada vez más. Permítame explicar adónde nos dirigimos si Rusia no levanta el bloqueo.

Si no exportamos las cosechas que ahora están almacenadas en territorio ucraniano, pronto recogeremos otra cosecha. La traeremos y la pondremos junto a las existencias actuales, que están llenas. Mientras se desata una crisis alimentaria en algunas partes del mundo, el grano ucraniano se pudrirá al aire libre. Si no se resuelve este problema, los agricultores ucranianos no sembrarán otra cosecha. Se interrumpirá todo el ciclo agrícola en Ucrania, lo que supondrá una crisis alimentaria de varios años. Si alguien intenta decir que Ucrania tiene la culpa por luchar por los suyos, es como ver a un criminal y a la víctima luchar por sobrevivir y culpar a la víctima por luchar demasiado.


P: La prensa acaba de informar de que Vladimir Putin ha decidido elevar la edad de jubilación de los militares; en esencia, dice que puede mantener a más personas en el ejército durante más tiempo. En cuanto a lo que ocurre en su país, ¿cómo evaluaría hoy la capacidad militar de Rusia? Sin duda, es letal.


R: Son extremadamente fuertes en lo que respecta a las armas pesadas terrestres: artillería, sistemas de lanzamiento múltiple de cohetes, todo tipo de equipos de interferencia de radio y tanques. No porque sean más avanzadas que otras armas similares del mundo, sino porque tienen cierta cantidad de ellas y pueden lanzarlas contra nosotros en una oleada tras otra. La moral de los soldados rusos es muy baja. No entienden por qué luchan. Pero imagine una trinchera con soldados ucranianos que defienden el terreno, un ataque tras otro, mientras del otro lado hay comandantes que envían cada vez más soldados, tanques, artillería y helicópteros al combate. No se puede ganar si no se reciben suficientes armas pesadas para hacerles frente. Tarde o temprano, romperán la línea. Ese es el riesgo.

P: ¿Cree que el presidente Putin, como Stalin antes que él, está dispuesto a usar a su propio pueblo como carne de cañón?


R:Esta es una diferencia entre nosotros y ellos. A nosotros nos importa la vida humana; a él, no. Creo que es una de las diferencias conceptuales entre los sistemas ucraniano y ruso. Para él, la vida humana no vale nada, ya se trate de un soldado ruso o de un civil ucraniano, por no hablar, por supuesto, de los soldados ucranianos. Por eso, por ejemplo, ahora en el Donbás, mantenemos nuestras posiciones; nuestros soldados repelen un ataque y matan a decenas de soldados rusos, llega otra oleada y los matan. En lugar de cambiar de táctica, los comandantes rusos ordenan a más y más soldados que entren en combate.

P: ¿Qué pasa con la eventual pérdida del apoyo público? ¿Cuando Ucrania ya no esté necesariamente en primera plana? Cuando no protagonice las noticias de la tarde ni del día, ni aparezca en Instagram o Twitter. Ha estado muy activo en las redes sociales, y sin duda eso ha ayudado a su causa. Pero, al pensar en lo que viene, mire a Siria.

R:
Entiendo que todos vivimos en un gran programa de televisión y que la situación depende en gran medida de lo que la gente ve en la televisión y en sus redes sociales. La diferencia entre esas personas —y es difícil culparlas— y nosotros es que ellas pueden permitirse aburrirse y nosotros no. Así que, aunque todo el mundo vuelva a centrar su atención en otra catástrofe, otra guerra o cualquier otra cosa, tendremos que seguir luchando cueste lo que cueste, porque esta es la guerra por nuestra existencia como nación, por nuestra identidad. Por eso, ya sabe, en esta guerra no hay zona gris. Todo es blanco o negro. Blanco o negro, y nosotros somos los blancos.


P: ¿Se está produciendo ya el cansancio de los donantes? ¿Al menos en cierta medida entre sus homólogos europeos o en Estados Unidos?

R: No, la verdad es que no veo ese cansancio. Pero algunas decisiones tardan demasiado
en tomarse, y el precio de cada decisión retrasada —ya sea en Bruselas, Berlín, Washington o cualquier otra capital— es la pérdida de vidas y de territorio. Así que lo que para algunos parece un simple proceso de toma de decisiones, para nosotros significa sangre, lágrimas y sufrimiento reales. Debo decir que desde el 24 de febrero hemos visto decisiones revolucionarias en Washington. Recuerdo que un día llamé al secretario Blinken y me dijo: «Dmytro, paso la mitad del día firmando distintos documentos relacionados con el suministro de armas para ustedes». Siempre recordaré lo que hizo y lo que sigue haciendo. Se lo agradezco mucho. Pero algunos países se demoraron en el tema del suministro de todas las armas necesarias. Simplemente perdimos tiempo y pequeños trozos de nuestro territorio. Permítame seguir siendo diplomático, al menos aquí. Pero puedo decirle con sinceridad que a menudo, muy a menudo, oímos que algunos países se muestran reacios a darnos ciertas armas porque, de todos modos, los soldados ucranianos tardarían demasiado en aprender a usarlas. Por lo tanto, no sería algo urgente.

En cierto momento le dije al ministro de Exteriores de un país, y lo repito cada vez que oigo ese argumento: «Señores, los soldados ucranianos tardan mucho menos en aprender a usar sus armas que ustedes en decidir entregárnoslas». Pero, de nuevo, no quiero quejarme; esta situación es mucho mejor que hace un mes.


P: El presidente Macron sigue dialogando con el presidente Putin. ¿Cree que es contraproducente? ¿Puede alguien negociar por Ucrania sin Ucrania?

R: Nadie negocia por Ucrania sin Ucrania. Pero creo que la cultura política europea se basa en el principio del diálogo. El presidente Macron llamó muchas veces al presidente Putin antes de la guerra, y seguimos donde estamos. Así que sigue llamándolo y hablando con él. Está bien. No vemos que nos comprometa en sus conversaciones con Putin. Él cree que esto ayuda; puede seguir haciéndolo. Dirige una nación soberana y hace lo que cree que es mejor, pero no le vemos mucho sentido.

P: ¿Y qué pasa hoy con la OTAN? Hablemos ahora de Finlandia y Suecia, que se incorporarán a la OTAN. El presidente Putin ha advertido una y otra vez de que, si tomaran esa decisión, habría problemas y repercusiones. Turquía se resiste por ahora, pero me dicen que es solo cuestión de tiempo antes de que decida que puede formar parte de la OTAN. ¿Qué opina? Cuando nos vimos por primera vez, a finales del año pasado, hablamos de las aspiraciones de Ucrania respecto a la OTAN y Europa. Usted dijo que, si Ucrania formara parte de la OTAN ahora mismo, ni siquiera estaríamos teniendo esta conversación.


R: Gracias por recordar mis palabras. Es muy amable de su parte. Y sí, puedo repetirlo. Creo que ahora Suecia y Finlandia entienden a Ucrania aún mejor que antes, porque saben lo que se siente al intentar entrar en el club y que un miembro del club diga: «Tengo preguntas, tengo reparos al respecto». Pero, en serio, no creo que Putin tenga ningún medio de presión significativo para impedir que Finlandia o Suecia se conviertan en miembros de la OTAN.

Y eso demuestra una vez más que todo el discurso sobre que Ucrania no está preparada o que la OTAN no está preparada no se basa en méritos concretos. Se basa en la idea política de quién forma parte de nosotros y quién no. La OTAN está a punto de admitir a un país que comparte cientos de kilómetros de frontera con Rusia, junto a San Petersburgo, y nadie presta atención a los argumentos de Putin sobre la velocidad de los misiles y la proximidad de la base militar de la OTAN a la capital rusa. En cuanto a Ucrania, en cuanto se planteaba el tema, había que escuchar cientos de argumentos sobre por qué era imposible. Cientos. Decían que nuestro ejército no estaba preparado. Miren nuestro ejército: ahora es el más fuerte de Europa; me refiero a las naciones europeas, no competimos con los estadounidenses por razones obvias. Los estándares de la OTAN. Estamos librando una guerra contra alguien mucho más grande que nosotros. Tenemos más éxito del que nadie esperaba. Así que, cuando hay una decisión política de que estos hombres son de los nuestros y formamos parte de lo mismo, todos esos debates técnicos sobre estándares y criterios quedan atrás. Mientras no se tome esa decisión política, se oyen cientos de argumentos sobre por qué es imposible. Entendemos cómo funciona esto. Pero creo que muchos en la OTAN han perdido la autoridad moral y profesional para hacer comentarios sobre Ucrania.

P: ¿Cree que algún día Ucrania formará parte de la OTAN?


R:Ahora estoy centrado en algo completamente distinto. Estamos centrados en ganar la guerra. Y, ya sabe, mi gente me critica por decirlo. La OTAN no ha hecho nada desde el comienzo de la guerra. Mis expertos, mis expertos en la OTAN, dicen que debo ser más constructivo. Pero soy constructivo.

Mi punto es muy sencillo. Vemos cómo nuestros aliados ayudan a Ucrania. Este grupo de aliados, los aliados de la OTAN, nos ayuda. Pero, al comienzo de la guerra, entre el pueblo de Ucrania existía la opinión generalizada de que la OTAN era una fuerza poderosa y que la UE solo era capaz de expresar distintos grados de preocupación, y nada más. La guerra siempre es una prueba que arranca las máscaras. Y todos vimos los verdaderos rostros. Lo que vimos fueron algunas decisiones revolucionarias y sin precedentes tomadas por la Unión Europea, que ni siquiera ella misma esperaba tomar. Y vemos a la OTAN, como alianza y como institución, relegada a un segundo plano y sin hacer literalmente nada. Lamento decirlo. No me quejo de los aliados.

P: ¿Los considera irrelevantes?

R: No, creo que en realidad es una decisión de los propios aliados: no permitir que la OTAN, como institución, actúe en estas circunstancias, por sus preocupaciones ante la posibilidad de que la OTAN y Rusia entren en guerra, todo eso. Pero, de nuevo, cuando se trata de acoger a Finlandia y Suecia, nadie señala que esto aumenta el riesgo de que la OTAN y Rusia entren en guerra. Así que hay un elemento de hipocresía en esto; entiendo que así es la vida. Como país, ya sabes, llevamos 30 años luchando contra los prejuicios y los estereotipos sobre Ucrania, así que puedo vivir con ello. No me malinterpretes: creo que la OTAN es importante. La integración de Ucrania en la OTAN forma parte de nuestra Constitución. Jens Stoltenberg, como secretario general, es un hombre que de verdad hace todo lo posible. Pero vemos que las circunstancias no son las más propicias para que la OTAN dé lo mejor de sí. Por eso podemos hablar abiertamente del statu quo.

P: Quiero preguntarle sobre el petróleo y el grupo OPEP+. ¿Cree que tomaron la decisión correcta al seguir incluyendo a Rusia como parte de esa alianza?


R: En los dos primeros meses de la guerra me convertí en experto en armamento, y pasé el último mes de la guerra convirtiéndome en experto en petróleo y en el mercado petrolero mundial. Creo que es complicado. Creo que el tema del petróleo es más complejo de lo que la gente piensa. Y, a mi juicio, el problema ahora no es la cantidad de petróleo disponible en el mercado, sino la capacidad logística del mercado mundial para reestructurarse ante la nueva realidad que afrontamos. Y sigo intentando comprender todos los detalles de este mercado, lo que me ayudará a formarme una opinión sobre la postura de un país o de la OPEP+ como mensaje, como organización.

P: ¿Entonces, cuál es su mensaje para ellos?


R: Mi mensaje para ellos es muy sencillo. Primero, si están obteniendo beneficios extraordinarios debido a los precios altos, la única razón es que Ucrania está sufriendo, porque este cambio se debe a la guerra y a la agresión rusa.

Segundo, trabajen con Europa para ayudarla a superar las dificultades actuales con el petróleo y el gas. Creo que una de las lecciones que Europa aprendió desde el 24 de febrero es que Rusia utiliza el petróleo y el gas como armas. Durante muchas décadas, la estrategia de Rusia consistió en convencer a todo el mundo en Europa de que era un proveedor fiable. Ya no es así. Y creo que los europeos se dieron cuenta de que no pueden confiar en Rusia y quieren diversificar, así que es realmente importante que otros países miembros de la OPEP, excepto Rusia, por supuesto, ayuden a Europa a reestructurar su balance energético y a resolver al menos algunos de los problemas que tienen solución. Eso es en lo que quisiera que se centraran. La situación actual es ridícula porque ocurre lo siguiente: Europa está destinando enormes cantidades de dinero a ayudar a Ucrania por una vía federal. Paga aún más a Rusia por el gas y el petróleo. Rusia invierte ese dinero en su maquinaria de guerra. Esa maquinaria causa más daños a Ucrania y los europeos destinan aún más dinero a mitigar las consecuencias de esta guerra. Es un círculo vicioso que hay que romper.


P: ¿Llegará un momento en que Ucrania empiece a exportar su propia energía? Me refiero a la electricidad. Porque entiendo que eso depende del Parlamento.


R: Sí, es una de las cosas positivas que están ocurriendo. Tengo que ser sincero: son muy pocas las cosas positivas que están pasando en la economía ucraniana. Pero una de ellas es que la Unión Europea nos aceptó como parte de la red eléctrica conjunta. Creo que falta más o menos un mes para que pasemos a formar parte del mercado. Por ejemplo, dentro de dos semanas me reuniré con los ministros de Asuntos Exteriores de algunos países europeos, con quienes hablaremos de exportar electricidad ucraniana al mercado de la UE, porque hacemos más sostenible la red eléctrica de la UE. Y esto beneficia tanto a Ucrania como a la Unión Europea. En cuanto a las exportaciones, no creo que lleguemos a exportar gas, y mucho menos petróleo, porque producimos gas, pero no suficiente petróleo. Sin embargo, creo que deberíamos estudiar seriamente las energías renovables, especialmente el hidrógeno verde. La Unión Europea nos considera una planta de producción de hidrógeno verde. Y sin duda podremos exportarlo una vez que se haya instalado toda la infraestructura necesaria.


P: Excelencia, antes de dejarle ir, al final de la mayoría de nuestras entrevistas —y creo que hemos hablado unas cuatro veces antes de la invasión y desde entonces— suelo preguntarle si cree que esta es una guerra que pueden ganar. Y usted me ha dicho sistemáticamente que no solo ganarán, sino que deben ganar. ¿Cuál es hoy su valoración de cuánto tiempo puede seguir así el presidente Putin? Porque las guerras son caras, y a sus fuerzas armadas no les va muy bien. Pero, como usted dice, sigue lanzando gente directamente a las fauces del cañón. Sin embargo, lo que está haciendo tiene consecuencias económicas y sociales y, francamente, consecuencias aún mayores para el mundo.


R: Esta guerra es una guerra de resistencia. Putin cree que nos derrumbaremos antes que él; me refiero a nosotros como país. No podemos permitirnos pensar en plazos. Sin duda, no es así. Porque, como dije, esta es la guerra por nuestra existencia y nuestra identidad. No es solo un conflicto económico, ni una disputa por un territorio o una fuente de ingresos. Es una guerra por la identidad. Es una guerra entre Rusia como Estado y el pueblo de Ucrania, y creo que es imposible ganar una guerra contra el pueblo.

P: ¿No se vislumbra el final?

R: Uno de mis dichos favoritos es que, si ves la luz al final del túnel, asegúrate de que no sea la luz de un tren que se acerca. Así que siempre hay algo a la vista, pero no estoy seguro de si es el final o el tren que se acerca.

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