Los sistemas alimentarios son esenciales para la vida y actualmente representan alrededor del 12 % del PIB mundial y más del 40 % de todos los empleos.
El mundo sufre un nivel sin precedentes de crisis mundiales, lo que pone de relieve la necesidad urgente de proteger nuestros sistemas agroalimentarios.
Los líderes comparten sus perspectivas sobre cómo la acción colectiva y la inversión pueden construir sistemas alimentarios sostenibles, resilientes e inclusivos.
Los sistemas alimentarios, agrícolas, terrestres y oceánicos son la columna vertebral de la sociedad y proporcionan el sustento esencial para la vida. También ocupan un lugar central en la economía mundial: representan 10 billones de dólares o más del 12 % del PIB mundial actual y más del 40 % de todos los empleos.
Los sistemas agroalimentarios por sí solos son responsables de un tercio de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, más del 70 % del uso de agua dulce y el 80 % de la deforestación tropical y la pérdida de hábitats. Ni siquiera el consumo mundial, calculado en 9 billones de dólares, refleja el coste real de los alimentos, que, considerado en su conjunto, duplica esa cifra: casi 20 billones de dólares, incluidos los costes para la salud humana, el medio ambiente y la economía.
Las crisis mundiales, como los conflictos en Ucrania y otros lugares, las alteraciones que la pandemia ha causado en la vida y los medios de subsistencia, la volatilidad de los mercados por el aumento de los precios de los alimentos y la energía y los fenómenos meteorológicos extremos provocados por el cambio climático, se han convertido en la nueva normalidad y refuerzan la urgencia de fortalecer la resiliencia de los sistemas agroalimentarios.
Ahora más que nunca necesitamos un liderazgo sostenido y comprometido, acción colectiva para apoyar las prioridades mundiales y regionales, nuevos modelos de negocio e inversiones audaces en la transformación de los sistemas agroalimentarios para liderar la carrera hacia las cero emisiones netas.
Estas medidas darían tiempo al mundo en la lucha contra el cambio climático, protegerían la naturaleza y la biodiversidad, mejorarían las dietas saludables y la seguridad alimentaria, y construirían economías más inclusivas y resilientes.
«Invertir en agricultores y ganaderos como fuerza laboral ecológica del futuro»
Erin Fitzgerald, directora ejecutiva, U.S. Farmers & Ranchers in Action, Estados Unidos
En 2020, en plena pandemia mundial, se tomaron más de dos mil millones de fotos de platos de comida. ¿Por qué creen que fue? Los estadounidenses siempre han recurrido a sus mesas cuando las cosas se ponen difíciles. En Estados Unidos tenemos una festividad entera dedicada a honrar la cosecha: Acción de Gracias.
De aquí a 2050, debemos producir tantos alimentos como los que ha producido toda la humanidad hasta ahora para alimentar a una población mundial creciente. Faltan menos de 30 años, pero nuestros agricultores y ganaderos tienen menos de 30 cosechas: apenas 30 temporadas de cultivo, 30 oportunidades. Para ellos, cada temporada de cultivo y cada cosecha son una oportunidad para estar a la altura del desafío y revertir el curso del cambio climático. Lo que está en juego nunca había sido tan importante. Como líderes, debemos preguntarnos: ¿qué significa honrar la cosecha en el siglo XXI?
En ocho de las últimas 10 temporadas de cosecha, nuestros agricultores y ganaderos han tenido que hacer frente a fenómenos extremos y episódicos: el mundo sigue recuperándose de los efectos de la COVID-19; las fuerzas rusas invadieron Ucrania, uno de los principales productores de trigo del mundo; y, además, persiste una sequía en Estados Unidos. Todo ello ha generado condiciones de mercado inestables que afectan a la estabilidad alimentaria y dificultan la economía.
Ahora mismo, nuestros agricultores están en los campos y siguen sembrando para esta temporada y las siguientes, pese a la enorme presión y las limitaciones del mercado. La naturaleza no espera, la primavera no espera, la siembra de nuestros campos no espera. El cambio climático amenaza nuestra seguridad alimentaria, y el sector agrícola está preparado para actuar. Los agricultores y ganaderos se adaptan y están comprometidos, pero ya no podemos darlos por sentados.
Ha llegado el momento de invertir en nuestros agricultores y ganaderos como fuerza laboral ecológica del futuro, con presencia sobre el terreno y el ingenio verde de las soluciones basadas en la naturaleza. Las plantas son las únicas máquinas vivas capaces de absorber carbono del aire. Invertir en nuestra cosecha sustenta una economía próspera. Honremos nuestra cosecha e invirtamos en nuestros agricultores. Esta primavera, en Davos, sembremos las semillas del liderazgo con la ambición puesta en las próximas 30 cosechas.
«Todo empieza con el suelo y con la forma en que recompensamos económicamente a los agricultores»
Svein Tore Holsether, presidente y director ejecutivo, Yara International, Noruega
El mayor riesgo para el mercado es que se interrumpan los flujos comerciales. El sistema alimentario es mundial e interconectado, y conlleva importantes riesgos geopolíticos. Mantener abiertos los corredores comerciales es fundamental para evitar que se agraven las crisis de los precios de los alimentos y del hambre. Uno de los mayores riesgos estructurales es la falta de incentivos para que los agricultores adopten prácticas agrícolas regenerativas. Hoy solo les pagamos por el volumen. No los recompensamos por reducir el impacto ambiental ni por secuestrar carbono. Esto debe cambiar.
A corto plazo, todos los líderes deben considerar cómo pueden apoyar a organizaciones como el Programa Mundial de Alimentos (PMA) para aliviar la crisis actual. En Yara, hemos donado fertilizantes de alta calidad por valor de 50 millones de dólares al PMA para ayudar a producir alimentos en las zonas donde más se necesitan. A más largo plazo, quisiera destacar la necesidad de pensar en toda la cadena de valor. Todo empieza con el suelo y con la forma en que recompensamos económicamente a los agricultores. No podemos esperar que asuman solos la carga adicional. Toda la cadena de valor alimentaria debe dar un paso al frente y asumir su responsabilidad.
Un ejemplo de cómo hacerlo es el trabajo de Yara con Lantmännen en Suecia. Les proporcionamos fertilizantes con bajas emisiones de carbono y libres de combustibles fósiles, y sus agricultores reciben una compensación económica. El resultado final es que el consumidor obtiene un producto con una huella de carbono considerablemente menor por un coste adicional insignificante.
«Redoblar los esfuerzos para avanzar hacia un sistema alimentario sostenible y saludable»
Paul Bulcke, presidente del Consejo de Administración, Nestlé, Suiza
Varias crisis inmediatas y simultáneas —la pandemia y la crisis geopolítica— agravan las conocidas presiones estructurales a largo plazo sobre los sistemas alimentarios. Hay efectos directos, como las interrupciones en el suministro de materias primas, y efectos posteriores, como el aumento de los precios, que requieren respuestas adecuadas. Las decisiones que tomemos en los próximos meses tendrán consecuencias a largo plazo.
La primera consideración debe ser humanitaria: debemos hacer llegar alimentos a quienes los necesitan ahora. Esto es una condición indispensable. Debemos brindar a los agricultores la asistencia necesaria para que puedan suministrar las materias primas que se requieren este año y en adelante. Debemos asegurarnos de poder distribuir los alimentos disponibles y llevarlos adonde se necesiten. Los productores de alimentos deben buscar eficiencias a lo largo de toda la cadena de valor y centrarse en garantizar un acceso continuo y asequible a los alimentos en todas partes.
Al mismo tiempo, debemos redoblar los esfuerzos necesarios para avanzar hacia un sistema alimentario sostenible y saludable. Las perturbaciones actuales pueden abrir oportunidades para impulsar nuestras ambiciones a medio y largo plazo. En Nestlé, buscamos activamente sinergias que permitan abordar a la vez los desafíos inmediatos y nuestros objetivos a largo plazo de cero emisiones netas y otros. Esto incluye acelerar la aplicación de intervenciones climáticas específicas en distintos lugares para diversificar el abastecimiento; trabajar estrechamente con los agricultores para promover las mejores prácticas a escala mundial y aumentar los rendimientos; buscar maneras de acelerar la adopción de prácticas agrícolas regenerativas, incluida la reducción de la dependencia de fertilizantes derivados del petróleo; o intensificar nuestras iniciativas de investigación y desarrollo para crear recetas respetuosas con el clima que también ayuden a resolver los cuellos de botella en el suministro de productos básicos.
No podemos dejar de lado, ni siquiera temporalmente, la ambiciosa agenda que nos hemos fijado colectivamente para transformar el sistema alimentario. Para mantener el impulso ante las graves perturbaciones, es aún más esencial trabajar juntos a fin de definir la mejor respuesta, teniendo en cuenta el corto, el medio y el largo plazo.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para contribuir a garantizar la seguridad alimentaria mundial?
«Instar a las empresas de materias primas a no especular ni acaparar productos agrícolas»
Ajay Vir Jakhar, presidente, Bharat Krishak Samaj (Foro de Agricultores, India)
La guerra en Ucrania ha interrumpido el acceso a los productos agrícolas y el suministro de combustible y fertilizantes, lo que ha aumentado en millones el número de personas que pasan hambre y viven en la pobreza en todo el mundo. Las restricciones al comercio de productos agrícolas están obligando a los países a apresurarse para asegurar el abastecimiento.
Los países están respondiendo a la crisis de distintas maneras: algunos prohíben las exportaciones e imponen restricciones, mientras que otros la consideran una oportunidad para desarrollar mercados. Las restricciones a las exportaciones agrícolas son un impuesto indirecto para los agricultores de los países donde se imponen las prohibiciones, ya que no pueden beneficiarse del aumento de los precios de los productos básicos y, a la vez, deben pagar más por los insumos. Los agricultores responderán usando menos fertilizantes y sembrando cultivos distintos, y el impacto se prolongará durante años después de la guerra.
Desde el comienzo de la invasión, la especulación de los fondos de inversión con productos agrícolas y sus insumos ha agravado considerablemente la tragedia humana y ha provocado que los precios del aceite comestible, el trigo, los fertilizantes y el combustible aumenten en porcentajes récord. Como consecuencia, los países se enfrentan a una inflación más alta y el mundo empieza a vislumbrar la posibilidad de disturbios sociales. Era algo previsible, pero no inevitable, pues los mercados son construcciones humanas y pueden funcionar en beneficio de todas las partes interesadas.
La adversidad impulsa la innovación en la toma de decisiones, y ha llegado el momento de pedir a los participantes del mercado que no especulen con los alimentos y trabajen de forma colaborativa, además de solicitar una moratoria de los mandatos sobre el uso de etanol en los combustibles para automóviles.





