Los últimos años han sometido a la comunidad mundial a desafíos colectivos, de los que han surgido sólidos ejemplos de liderazgo.
Los líderes que han demostrado especial fortaleza han encarnado mensajes que infunden una profunda esperanza, para que las personas puedan vislumbrar una salida a la desesperación.
La historia demuestra que conservar la esperanza es fundamental para superar la adversidad, y que esto se manifiesta en líderes de todo tipo, desde dirigentes mundiales hasta comunidades pequeñas.
Los acontecimientos recientes han demostrado que la década actual se cuenta entre las épocas más brutalmente difíciles. La salida de una pandemia mundial, la lucha contra una catástrofe climática urgente y un conflicto cada vez más intenso en Ucrania, en el epicentro de las grandes potencias mundiales, son algunas de las amenazas que se ciernen sobre las generaciones actuales.
Sin embargo, incluso ante una adversidad tan profunda, hay lecciones que pueden movilizar a las generaciones futuras para actuar de otra manera y mejor. La importancia de infundir y abrazar la emoción transversal de la «esperanza» ocupa un lugar central en esas reflexiones.
La capacidad de mantener la esperanza en las situaciones más adversas es una característica distintiva que ha impulsado los mejores ejemplos de liderazgo, determinación, resiliencia y adaptabilidad. Como la esperanza conduce a la acción, estimula respuestas extraordinarias de personas comunes en situaciones excepcionales.
Cómo la esperanza da sentido a la labor de los líderes
Toda circunstancia trágica nos lleva a replantearnos nuestra manera de pensar. La adversidad puede obligarnos a ahondar en nuestra psique para actuar moralmente y poner nuestra influencia al servicio del bien común. Esto vale tanto si dirigimos un país, una empresa o una campaña para salvar el planeta, porque la esperanza genera una sensación de equilibrio y propósito.
Recientemente, hemos visto la fuerza de la esperanza en acción: personas movilizadas por una causa común, nuevas comunidades que surgen y el liderazgo que se redefine.
La esperanza en el liderazgo
El paradigma del liderazgo es un ejemplo interesante: a medida que se desarrollan circunstancias nuevas y difíciles, van surgiendo en tiempo real nuevos estilos, expresados por voces que transmiten mensajes de esperanza.
No importa solo qué se dice, sino también cómo, a quién y dónde.
El video viral de Arnold Schwarzenegger «Decir la verdad» y su mensaje a Putin tras el estallido de la guerra en Ucrania son un ejemplo destacado. Sus palabras —«En el mundo están ocurriendo cosas que les han ocultado, cosas terribles que deberían conocer»— demostraron ser un relato poderoso y directo que dejó al mundo paralizado.
La lección de estos ejemplos es sencilla: dar un paso al frente y utilizar la propia esfera de influencia para ofrecer esperanza; ser auténticos y no temer adoptar un enfoque poco convencional.
La esperanza frente a la adversidad
La historia nos ha enseñado que la esperanza está profundamente arraigada en la experiencia humana, aunque, en el peor de los casos, las crisis pueden arrebatarnos esa confianza; las perspectivas sombrías y la incertidumbre pueden sumir a la humanidad en una espiral de negatividad.
Recordemos la Segunda Guerra Mundial. La estrategia de fondo consistía en aplastar sin piedad la moral de la población civil para que quienes sufrían los bombardeos abandonaran sus esperanzas y su espíritu de lucha. Aunque fueron destruidos muchos edificios y los bombardeos causaron innumerables víctimas, la esperanza perduró a ambos lados del frente. Pronto, los bombardeos se convirtieron en parte de la vida cotidiana de la gente.
Cuando la esperanza recibe un duro golpe en tiempos de crisis, las personas pueden sentirse abrumadas por la impotencia y la pérdida de control sobre sus vidas. En ese momento, se necesita urgentemente un liderazgo sólido que mantenga viva la esperanza.
Ese liderazgo puede consistir simplemente en que la generación más joven se movilice para brindar a las generaciones mayores un sentido de pertenencia y esperanza en el futuro.
Durante la pandemia, recurrimos a los líderes mundiales para que nos dieran esperanza, y algunos lo hicieron mejor que otros. La honestidad, la empatía y la capacidad de conectar emocionalmente fueron factores comunes entre quienes tuvieron éxito.
La historia nos ha enseñado que la esperanza está profundamente arraigada en la experiencia humana, aunque, en el peor de los casos, las crisis pueden arrebatarnos esa confianza...
Bart de Smet, presidente del Consejo de Administración de Ageas
La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, por ejemplo, mostró la necesidad crítica de actuar con rapidez y autoridad, así como el poder de conectar con las personas mediante un llamado a la acción y un mensaje de esperanza. Esa respuesta generó un nivel de apoyo que pocos líderes políticos han alcanzado.
Esperanza para nuestro planeta
La esperanza y, hasta cierto punto, el miedo impulsan una renovada determinación de hacer lo correcto por el planeta, aunque el progreso parezca más lento de lo que exige la urgencia. Las personas tienen un deseo innato de evolucionar y desarrollarse, y no limitarse a sobrevivir.
Cuando sir David Attenborough se dirigió a los líderes mundiales en la COP26 (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, Glasgow, 2021) acerca del precario estado del cambio climático, sus palabras calaron gracias a su autenticidad, pasión y capacidad para transmitir la urgencia mediante una narración poderosa. Sus palabras sobre si era demasiado tarde para detener el cambio climático —«Si por separado somos una fuerza lo bastante poderosa como para desestabilizar nuestro planeta, seguro que trabajando juntos somos lo bastante poderosos como para salvarlo»— transmiten un mensaje de esperanza para la humanidad que inspira a actuar.
De forma subconsciente, las personas quieren dejar un legado que contribuya a algo bueno. Sin embargo, el impacto de las acciones no siempre es evidente de inmediato. Con el tiempo, todo el mundo habrá marcado al menos una pequeña diferencia en el mundo.
Al mantener y promover la esperanza, todos nos sentiremos impulsados a contribuir a los grandes desafíos. A escala macro, estos cambios aportan no solo estabilidad y previsibilidad, sino también crecimiento, bienestar y prosperidad.
Una esperanza duradera
Habrá momentos en que corramos el riesgo de perder el control y tengamos que depender de otras personas para lograr un cambio positivo. Pero mantener la esperanza no es una estrategia aislada. La esperanza no es una panacea que haga sentir mejor a la gente a corto plazo. Es más bien un efecto secundario que surge cuando se mejora la vida de las personas que confían en uno.
Los esfuerzos conjuntos de las empresas y la sociedad civil están muy desaprovechados, infravalorados y subestimados. Muchas empresas se inspiran en el compromiso 1% Pledge, promovido por Marc Benioff, de Salesforce. El compromiso parte de una idea sencilla: aprovechar la tecnología, las personas y los recursos para mejorar las comunidades de todo el mundo.
Salesforce llama modelo 1-1-1 a este enfoque filantrópico integrado. Esto significa que Salesforce dedica el 1 % de sus ingresos, el 1 % de sus servicios y el 1 % del tiempo de sus empleados a impulsar de manera significativa el cambio y el crecimiento en su entorno inmediato. En los últimos 20 años, Salesforce ha donado más de 240 millones de dólares y 3,5 millones de horas de servicio comunitario, y ha proporcionado donaciones de productos a más de 39 000 organizaciones sin ánimo de lucro e instituciones educativas. Además, Salesforce inspiró a muchas otras empresas de todo el mundo a hacer lo mismo.
Tanto en una crisis como fuera de ella, tenemos el deber moral de transformar las situaciones desesperanzadoras en situaciones esperanzadoras. Eso es liderazgo, y lo vemos manifestarse de muchas formas: a través de líderes mundiales y de sencillos gestos comunitarios.
Una lección importante para quienes aspiran a liderar es salir de las sombras en los momentos difíciles y apartarse del camino trillado, para tener el valor de abrazar un mensaje de esperanza y guiar a los demás más allá de sus miedos más profundos.




