El deterioro del capital natural nos afecta a todos.
Se necesita una acción integral para alcanzar un estado positivo para la naturaleza.
El valor que atribuimos a la naturaleza debe reflejarse en nuestras decisiones de financiación.
La mitad del PIB mundial —unos 44 billones de dólares— depende en gran medida o moderadamente de la naturaleza. Y la naturaleza también está inextricablemente ligada al clima. Los ecosistemas sanos secuestran carbono y, cuando se degradan, también lo hacen nuestras reservas planetarias de carbono. Como los cambios en la naturaleza y el clima tendrán consecuencias económicas, un elemento clave para que la transición hacia un futuro positivo para la naturaleza tenga éxito será la capacidad de los gobiernos y las empresas para desenvolverse y adaptarse a dinámicas de largo plazo, como la dependencia del capital natural y su agotamiento.
Entonces, ¿qué podemos hacer para proteger, restaurar y preservar urgentemente la naturaleza, el activo mismo del que dependen la vida humana y, en realidad, toda la vida en la Tierra? ¿Y qué papel pueden desempeñar el capital privado y público para revertir la trayectoria acelerada de pérdida de naturaleza?
Un futuro con cero emisiones netas y positivo para la naturaleza
A menudo se usan indistintamente los términos capital natural, biodiversidad y naturaleza en general. En «The Economics of Biodiversity», un informe encargado por el Gobierno del Reino Unido, el profesor Sir Dasgupta describió la naturaleza como nuestro «capital natural», y sostuvo que es un activo, al igual que el capital producido y el capital humano.
Según el Consejo Internacional de Informes Integrados (IIRC), el capital natural se refiere a «todas las reservas ambientales renovables y no renovables que proporcionan bienes y servicios que sustentan la prosperidad actual y futura de una organización». El capital natural incluye el aire, el agua, los minerales, la biodiversidad y la salud de los ecosistemas.
En reconocimiento de esta dependencia de la naturaleza, los líderes del G7 anunciaron en 2021 que «nuestro mundo no solo debe alcanzar las cero emisiones netas, sino también ser positivo para la naturaleza, en beneficio tanto de las personas como del planeta».
Un futuro con cero emisiones netas y positivo para la naturaleza debe implicar un cambio en el flujo de capital privado y público: dejar de destinarlo a actividades perjudiciales para la naturaleza y dirigirlo a aquellas que la mejoran, con el fin de lograr un impacto positivo para la naturaleza en 2030 y su recuperación plena en 2050. Por tanto, debemos pensar y actuar de manera integral.
La brecha de financiación
Las investigaciones del Paulson Institute y otras entidades indican que, aunque necesitamos proteger y restaurar la naturaleza con urgencia, existe una enorme brecha de financiación.
Se necesita un gasto adicional de entre 598.000 y 824.000 millones de dólares estadounidenses al año para lograr un impacto positivo para la naturaleza en 2030, algo que no puede conseguirse únicamente con inversiones gubernamentales y filantrópicas. Esto significa que todos los niveles de gobierno deben trabajar en colaboración con el sector privado para garantizar una transición justa que proteja los medios de vida de las personas, las comunidades vulnerables y las naciones en desarrollo, como escribió Larry Fink en su carta a los accionistas de 2021.
El nexo entre el clima y la naturaleza
Aunque el cambio climático y la naturaleza están interrelacionados, la acción climática ha avanzado mucho más rápido que las medidas para frenar la pérdida de naturaleza. No obstante, algunas de las iniciativas adoptadas para abordar el cambio climático están bien posicionadas para adaptarse e impulsar medidas que reconozcan el valor de la naturaleza y la conserven.

La Task Force on Climate-related Financial Disclosures (TCFD) estableció una hoja de ruta que está replicando la Taskforce on Nature-related Financial Disclosures (TNFD). Cada vez se financian más las inversiones en proyectos que generan compensaciones de carbono y preservan la naturaleza (es decir, soluciones basadas en la naturaleza) mediante acuerdos de compra a largo plazo de créditos de carbono basados en la naturaleza. De este modo, los promotores de proyectos de capital natural ofrecen a los inversores rendimientos positivos de mercado. Sin embargo, pese a estas inversiones directas en la naturaleza, los proyectos que no generan ingresos por carbono ofrecen pocos rendimientos, si es que ofrecen alguno, y no pueden competir con los usos más destructivos de la naturaleza. Se necesita un esfuerzo mundial más directo y concertado para valorar la naturaleza y exigir al sistema financiero que incorpore en los precios el riesgo de su pérdida.
Situar la naturaleza en el corazón del sistema financiero mundial
Para lograr cambios reales y urgentes y resolver los dos desafíos del cambio climático y la pérdida de naturaleza, debemos situar la naturaleza en el corazón del sistema financiero mundial. Se necesita un enfoque integral y bien planificado, que podría comenzar con lo siguiente:
Eliminar los subsidios gubernamentales que impulsan la pérdida de naturaleza, sustituirlos por actividades positivas para la naturaleza y aplicar regulaciones y políticas gubernamentales firmes para evitar que siga perdiéndose naturaleza
Aliviar la presión financiera en los países donde la naturaleza corre mayor riesgo, como las cuencas del Amazonas y del Congo y el Sudeste Asiático, mediante mecanismos de financiación que incluyan canjes de deuda por naturaleza y pagos por resultados positivos para la naturaleza
Aumentar el flujo de capital para apoyar a los pueblos indígenas y las comunidades locales (IPLC) en la gestión de las reservas naturales terrestres y marinas del mundo, que podrían formar parte de un banco mundial de la naturaleza compuesto por reservas gestionadas y áreas protegidas (dado que los IPLC ya gestionan el 80% de la biodiversidad existente en el mundo y el 33% de nuestras reservas de carbono irremplazables)
Acelerar la labor de entidades como la Task Force on Climate-related Financial Disclosures (TCFD) y la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC), y replicar ese esfuerzo para la naturaleza mediante la Taskforce on Nature-related Disclosures (TNFD) y las iniciativas asociadas
Crear incentivos para que las empresas financien proyectos positivos para la naturaleza y obligaciones para que quienes la afecten la protejan, restauren y gestionen
Movilizar los mercados existentes y nuevos basados en la naturaleza, con altos estándares de integridad (y créditos relacionados con la biodiversidad), para incentivar y recompensar la inversión en la naturaleza.
Para resolver los dos desafíos del cambio climático y la pérdida de naturaleza, que amenazan nuestra prosperidad económica y toda la vida del planeta, debemos desviar el flujo de capital privado y público de las actividades perjudiciales para la naturaleza hacia aquellas que la mejoran y estabilizan el clima. Debemos hacerlo situando la naturaleza en el corazón del sistema financiero y vinculando la prosperidad económica con el clima y la naturaleza; hoy contamos con los medios para hacerlo.






