“Ponerle un precio” a la naturaleza para aumentar los incentivos a la biodiversidad, según expertos

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Are we doing enough to protect our species?Image: REUTERS/Todd Korol
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  • El cambio climático no es la única amenaza ambiental mundial que exige atención.

  • Los científicos coinciden en gran medida en que la pérdida de fauna silvestre y del medio natural es una crisis igualmente urgente que amenaza con convertirse en la sexta extinción masiva de la Tierra.

  • A diferencia de los esfuerzos por combatir el cambio climático, no existe una métrica aceptada a nivel mundial para salvar la biodiversidad.

  • Linda J. Blimes, de la Universidad de Harvard, explica cómo el Capital Natural podría ofrecer una solución.

El presidente Joe Biden califica el cambio climático de “la crisis existencial de nuestro tiempo” y ha tomado medidas para combatirlo que están a la altura de esas palabras. Entre ellas figuran el regreso de Estados Unidos al Acuerdo de París; la creación de un nuevo cargo de gabinete para el clima; la presentación de un plan para reducir drásticamente los subsidios a los combustibles fósiles; y el anuncio de objetivos ambiciosos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de EE. UU.

Pero el cambio climático no es la única amenaza ambiental mundial que exige atención. Los científicos coinciden en gran medida en que la pérdida de fauna silvestre y del medio natural es una crisis igualmente urgente. Algunos sostienen que la pérdida de biodiversidad amenaza con convertirse en la sexta extinción masiva de la Tierra. Pero, a diferencia de los esfuerzos por combatir el cambio climático —que se centran en objetivos claros y medibles para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero—, no existe una métrica aceptada a nivel mundial para salvar la biodiversidad.

Como experto en presupuestos y finanzas públicas, sé que tanto los gobiernos como las empresas privadas prestan mucha más atención a los recursos cuando tienen un precio bien definido. Considero que replantear el concepto de riqueza de la sociedad para incluir el “capital natural” —el valor que la naturaleza aporta a los seres humanos— es un paso fundamental para frenar y revertir la pérdida de valiosos ecosistemas.

¿Qué es el capital natural?

El capital natural puede definirse como las reservas de activos naturales del mundo —suelo, aire, agua, praderas, bosques, humedales, rocas y minerales— y todos sus seres vivos, desde los mamíferos y los peces hasta las plantas y los microbios. Los expertos en conservación estiman que estos recursos aportan más de US$125 billones a la economía mundial cada año.

Los seres humanos dependemos de las contribuciones de la naturaleza para sobrevivir. Por ejemplo, los bosques absorben carbono y filtran el agua que bebemos. Los humedales y los arrecifes de coral mitigan las inundaciones. Las abejas y otros insectos polinizan los cultivos, lo que nos permite producir alimentos.

Pero las sociedades humanas no reconocen formalmente el valor económico de estos servicios. Este descuido anima a las personas a agotar el medio natural de forma imprudente.

Una reciente revisión de la economía de la biodiversidad, encargada por el Gobierno del Reino Unido y dirigida por el economista de la Universidad de Cambridge sir Parth Dasgupta, advierte de que la prosperidad humana crece a un “coste devastador para la naturaleza” y calcula que se necesitarían 1,6 Tierras para mantener los niveles de vida actuales del mundo. El informe pide que el mundo trate la naturaleza como un activo que debe reflejarse en los estados financieros y las cuentas nacionales.

La Capitals Coalition, un consorcio mundial de 380 iniciativas y empresas, trata de “cambiar la ecuación”. La organización busca persuadir a al menos la mitad de las empresas, instituciones financieras y gobiernos del mundo para que incorporen el capital natural en sus procesos de toma de decisiones de aquí a 2030.

A escala mundial, los investigadores estiman que el gasto público y privado que perjudica a los activos naturales es considerablemente superior al destinado a protegerlos y mejorarlos.Image: Revisión Dasgupta, CC BY-ND

Valoración de los ecosistemas

Los métodos contables que utilizan actualmente las empresas y los gobiernos ignoran en gran medida lo que los ecosistemas y sus servicios aportan a la economía y al bienestar social, el empleo y los medios de vida. En consecuencia, las sociedades modernas destinan mucho más dinero a inversiones que agotan o explotan los activos naturales que a conservarlos.

Con el modelo actual, las ganancias económicas a corto plazo suelen imponerse a los beneficios ecológicos a largo plazo. Por ejemplo, no mantener los bosques puede provocar incendios forestales. Y construir viviendas en humedales costeros frágiles puede erosionar el suelo y reducir las poblaciones de peces, lo que destruye comunidades locales.

Un estudio reciente del Instituto Paulson, centro de investigación fundado por el antiguo secretario del Tesoro de EE. UU. Henry Paulson, estimó que las inversiones mundiales que degradan la naturaleza superan los esfuerzos de conservación en 600 000 a 824 000 millones de dólares al año.

La contabilidad del capital natural exigiría que las empresas y los gobiernos calcularan cómo la actividad humana afecta a la naturaleza, del mismo modo que evalúan la depreciación de edificios o maquinaria. Analizada de esta manera, la naturaleza es un activo financiero, y el daño que sufre se convierte en un pasivo. Este enfoque crea incentivos para conservar los recursos naturales y restaurar aquellos que se han degradado o agotado.

El reconocimiento mundial de este problema va en aumento. En marzo de 2021, las Naciones Unidas actualizaron un marco estadístico para normalizar la contabilidad de los ecosistemas, que se publicó por primera vez en 2012. Estas directrices ayudan a los países a seguir los cambios en los ecosistemas y sus servicios, y ofrecen a los líderes una referencia básica con la que comparar sus existencias y flujos al tomar decisiones políticas.

Unos 90 países han adoptado este Sistema de Contabilidad Económica Ambiental y han elaborado “cuentas nacionales de capital” de referencia. Entre ellos figuran los miembros de la Unión Europea, Australia, Canadá, el Reino Unido y más de 40 países en desarrollo. EE. UU. tiene previsto aplicar este enfoque, pero aún no lo ha hecho.

Evaluación del valor de la naturaleza

Asignar valores a los activos naturales no es realmente distinto de las evaluaciones gubernamentales de los beneficios de nuevas carreteras, puentes y otras infraestructuras. La gente entiende de forma intuitiva que los recursos naturales son valiosos. Y la pandemia de COVID-19 ha dejado claro lo estrechamente que la salud humana está entrelazada con la salud del planeta.

Como respuesta a la crisis de biodiversidad, el presidente Biden ha alineado a EE. UU. con la campaña mundial 30x30, un plan para proteger al menos el 30 % de las tierras y los océanos del planeta de aquí a 2030. Varios estudios científicos han demostrado que alcanzar este objetivo permitiría conservar especies, almacenar carbono, prevenir futuras pandemias e impulsar el crecimiento económico.

El año 2021 marca el inicio del Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de Ecosistemas, que tiene como objetivo prevenir, detener e invertir la degradación de los ecosistemas en todo el mundo. Hoy, según un estudio reciente, menos del 3 % de las tierras del mundo permanece ecológicamente intacto con poblaciones de fauna silvestre saludables y hábitats no alterados.

Estados Unidos ha perdido décadas de progreso potencial desde que el Congreso suspendiera los incipientes esfuerzos de la Oficina de Análisis Económico por desarrollar métodos de contabilidad ambiental en 1995. Investigadores del Servicio Geológico de EE. UU. y de otras agencias federales instan ahora a EE. UU. a adoptar cuentas nacionales de capital utilizando el marco de la ONU.

En cambio, el Reino Unido creó cuentas ambientales públicas y estableció un Comité de Capital Natural en 2012, dirigido por su ministerio de Hacienda, para ayudar a las empresas a elaborar cuentas de capital natural. Hoy, el Reino Unido mantiene estas cuentas, que recopilan datos sobre el tamaño, el estado, la cantidad y el valor de los hábitats y los servicios de los ecosistemas. El presidente Biden podría facultar al Departamento del Tesoro de EE. UU. para liderar una iniciativa similar.

Adoptar métricas para medir y seguir los beneficios que las personas reciben de la fauna silvestre y los ecosistemas aclararía cómo las actividades humanas afectan a la naturaleza y mostraría cuánta inversión se necesita para revertir la trayectoria destructiva actual de la humanidad. Los defensores de la conservación estarán mucho mejor posicionados para proteger los recursos de nuestro planeta con un sólido balance que los respalde.

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