Cómo abordar la seguridad digital en el metaverso

metaverse is expanding
How can we make the metaverse safe?Image: UNSPLASH/Jessica Lewis
Este contenido ha sido traducido automáticamente con IA.
  • Dado que los riesgos digitales ya son elevados, especialmente para los grupos vulnerables, los riesgos para la seguridad podrían ser más frecuentes en el metaverso.

  • Hay numerosas formas en que esos riesgos podrían agravarse en el metaverso. El contacto no deseado podría volverse más invasivo. El auge de las monedas virtuales plantea otro desafío.

  • Encontrar maneras de incentivar mejores comportamientos y recompensar las interacciones positivas podría tener que convertirse en una parte más importante de un futuro digital más seguro.

A medida que aumenta el interés por el metaverso, muchas personas expresan preocupación por los posibles riesgos en un entorno donde los límites entre el mundo físico y el virtual se desdibujan.

El metaverso es un mundo de realidad virtual caracterizado por una experiencia tridimensional y multisensorial (en comparación con el internet actual, bidimensional: texto e imágenes en pantallas planas). Según algunos expertos, lo más parecido al metaverso que existe hoy puede encontrarse en juegos como Fortnite y en experiencias de Roblox.

Construir ecosistemas de confianza

Abordar la necesidad de construir ecosistemas confiables dentro de las tecnologías desarrolladas para el metaverso es una consideración fundamental. Estos ecosistemas de confianza implicarán incorporar algoritmos, estructuras, marcos, normativas y políticas en los ciclos de desarrollo de hardware y software para abordar los distintos aspectos de la seguridad, la privacidad y la protección desde el ADN mismo de la tecnología.

Habrá que prestar más atención a cómo se comparten los datos en los mundos virtuales para garantizar la privacidad. Una segunda dimensión que debe tenerse en cuenta al considerar la privacidad en el desarrollo del metaverso es eliminar los sesgos que puedan conducir a una adaptación del mundo real excluyente o maliciosa. Participar en el metaverso supondrá utilizar tecnologías emergentes integradas. Esto exige un proceso global, exhaustivo y transparente de validación de seguridad para comprobar la protección que ofrecen esos entornos frente a vulneraciones de la confidencialidad, la integridad u otros aspectos de la seguridad.

Estos ecosistemas de confianza contribuirán a crear una existencia virtual e inmersiva estable, inclusiva y con propósito.

¿Cómo podrían manifestarse estos riesgos en el metaverso?

Para entender cómo los riesgos para la seguridad podrían ser más frecuentes en el metaverso, conviene compartir una idea clave sobre este futuro digitalcompartir: «La idea central del concepto de metaverso es que los entornos virtuales tridimensionales, accesibles e interactivos en tiempo real, se convertirán en el medio transformador de la interacción humana. Para que sean prácticos, estos entornos dependerán de la adopción generalizada de la realidad extendida».

Aunque no se trate de una existencia totalmente inmersiva, es probable que muchas personas pasen más tiempo combinando interacciones presenciales y virtuales, y avancen hacia una realidad mixta (RM). Las vulneraciones de la privacidad y la seguridad pueden comprometer la seguridad de las interacciones y de los usuarios. Por ejemplo, alguien podría hacerse pasar por médico para acceder a tecnología de quirófano destinada a realizar intervenciones quirúrgicas de forma digital.

Puede obtenerse una buena idea de los posibles riesgos observando algunas aplicaciones existentes que crean «mundos virtuales», como las de muchas plataformas de videojuegos. Está claro que en esos entornos ya se han presentado importantes desafíos para la seguridad. Por ejemplo, recreaciones de la masacre de la mezquita de Christchurch de 2019, dirigidas a niños muy pequeños, se han encontrado varias veces en la plataforma Roblox, pese a los considerables esfuerzos de la empresa por frenar la proliferación de ese contenido.

El contenido extremista violento y terrorista no es el único daño presente en esos mundos virtuales. Hace poco, con las gafas de realidad virtual Oculus Quest de Facebook, Headset un empleado sufrió una diatriba racista que duró varios minutos mientras jugaba a Rec Room y no pudo identificar ni denunciar al usuario. Los tocamientos también han sido un problema que ha surgido en el metaverso, por diversos motivos.

¿Cuál es la situación actual de los riesgos digitales?

Si damos un paso atrás y observamos el contexto digital actual, los riesgos de sufrir daños ya están aumentando. Según el último Informe de evaluación de amenazas globales de WEProtect Global Alliance, a 1 de cada 3 (34 %) participantes en su encuesta global de Economist Impact les pidieron durante su infancia que hicieran algo sexualmente explícito en línea que les hizo sentir incómodos. Además, la Internet Watch Foundation observó un aumento del 77 % en el material sexual infantil «autogenerado» entre 2019 y 2020.

Para abordar la seguridad de manera integral a medida que surge el metaverso, debemos colaborar con otros actores del gobierno, la industria, el mundo académico y la sociedad civil.

Antigone Davis, directora global de Seguridad, Meta

Incluso antes de la COVID-19, más de la mitad de las niñas y mujeres jóvenes habían sufrido abusos en línea, según unaencuesta mundial realizada el año pasado por la Web Foundation, organización cofundada por el inventor de la web, Tim Berners-Lee. Según la encuesta de la Web Foundation, compartir imágenes, vídeos o información privada sin consentimiento —lo que se conoce como doxing— era el problema que más preocupaba a las niñas y mujeres jóvenes de todo el mundo. Uno de cada cuatro estadounidenses negros y uno de cada diez estadounidenses hispanos han sufrido discriminación en línea por su raza o etnia, frente a solo el tres por ciento de los estadounidenses blancos. Los riesgos ya son elevados, especialmente para los grupos vulnerables.

«Contribuir al metaverso de manera responsable requerirá investigación, colaboración e inversión en seguridad en lo relativo a la XR», explica Antigone Davis, directora global de Seguridad de Meta. «Por ejemplo, estamos invirtiendo en controles que permitan a los usuarios gestionar y denunciar contenido y comportamientos problemáticos, así como en herramientas de seguridad diseñadas para experiencias inmersivas. Pero no podemos hacerlo solos. Para abordar la seguridad de manera integral a medida que surge el metaverso, debemos colaborar con otros actores del gobierno, la industria, el mundo académico y la sociedad civil».

Esto es especialmente importante porque los riesgos digitales en el metaverso se percibirán como más reales, según cómo nuestro cerebro interprete la experiencia inmersiva; Mary Anne Franks, presidenta de la Cyber Civil Rights Initiative, señaló en su estudio sobre realidad virtual y aumentada que las investigaciones indican que los abusos en la RV son «mucho más traumáticos que en otros mundos digitales».

¿Cómo podrían agravarse los riesgos en el metaverso?

Hay numerosas formas en que los riesgos actuales podrían agravarse en el metaverso. En primer lugar, según cómo se rijan estos espacios digitales, existe el riesgo de recibir contactos no deseados en un entorno multimodal más invasivo. Hoy, si alguien a quien no conocemos o con quien no queremos interactuar se comunica con nosotros por mensaje, nos envía una solicitud de amistad o intenta contactarnos de otra manera en plataformas como Instagram o Facebook, entre otras, su capacidad para hacerlo se limita principalmente al envío de mensajes de texto, fotos, emojis, etc.

Sin embargo, imaginemos que una persona no deseada pudiera entrar en el espacio virtual de alguien y «acercarse» a esa persona en el metaverso. Sin mecanismos sólidos para denunciar, prevenir y actuar en tiempo real ante esto, podrían producirse comportamientos no deseados. Con la tecnología háptica, no es descabellado pensar que los daños en el metaverso se sentirán más «reales», dado que muchas empresas trabajan para incorporar el tacto como una sensación adicional en una realidad inmersiva.

Por ejemplo, los guantes hápticos que desarrollan numerosas organizaciones pretenden proporcionar retroalimentación táctil para que cada movimiento se perciba con mayor precisión y realismo. Aunque esto puede, por supuesto, generar una mayor sensación de realidad y aumentar la conexión en un entorno virtual, también podrían aprovecharse de ello actores malintencionados de formas que quizá todavía no comprendemos del todo.

El contenido dañino que prolifera demasiado rápido en nuestra vida digital actual también podría trasladarse al metaverso en forma de contenido no deseado más gráfico, tridimensional y auditivo que resulte más invasivo y tenga un mayor impacto debido a la naturaleza multisensorial del entorno en que se difunde.

El auge de las monedas virtuales puede plantear otro desafío en la proliferación de contenido y actividades dañinos en línea. Por ejemplo, se afirma que algunos niños usan sus avatares para ofrecer bailes eróticos en clubes de striptease virtuales a cambio de la moneda virtual «Robux». Las criptomonedas son una opción popular para quienes compran material de abuso sexual infantil (CSAM), ya que su control descentralizado y su independencia de las instituciones financieras también garantizan el anonimato, según un informe de ActiveFence.

Dado el papel que se espera que desempeñen las monedas digitales en el metaverso, es probable que los incentivos financieros y las estructuras de pago que propician la proliferación de contenido dañino aumenten en escala y complejidad con el paso a esta web 3.0.

Existe un riesgo adicional asociado al seguimiento y la conservación de datos biométricos, que proporcionan a las plataformas «una nueva calidad de información, compuesta por tu identidad real combinada con estímulos, que indica qué puedes pensar, qué te gusta y qué quieres de manera particular», según la experta en tecnología y derechos humanos Brittan Heller; en su estudio Reimaginar la realidad: los derechos humanos y la tecnología inmersiva, acuña el término «psicografía biométrica» y analiza las posibles implicaciones de la nueva recopilación de datos mediante tecnologías inmersivas para los derechos humanos, la privacidad y la autocensura.

Entonces, ¿qué se puede hacer al respecto?

Muchas empresas, expertos del mundo académico y de la sociedad civil, y reguladores abogan por leyes y nuevas normas para que aquello que no está permitido en el mundo real también se penalice en los espacios en línea. Por ejemplo, Bumble promueve que se tipifique como delito el envío no consentido de imágenes sexuales. Su directora ejecutiva, Whitney Wolfe Herd ha pedido a los legisladores: «Si la exhibición indecente es un delito en la calle, ¿por qué no lo es en tu teléfono u ordenador?»

La abogada de derechos humanos Akhila Kolisetty dijo que India, Canadá, Inglaterra, Pakistán y Alemania se encontraban entre los pocos países que han prohibido el abuso sexual basado en imágenes, que consiste en compartir fotos privadas sin consentimiento. Muchos países carecen de leyes que regulen formas emergentes de abuso digital como los «deepfakes», en los que se puede superponer el rostro de una mujer en un vídeo pornográfico y compartirlo en plataformas de mensajería.

La comisionada de eSafety de Australia brinda apoyo a quienes sufren ese tipo de abusos, pero muchos otros países van rezagados en la creación de mecanismos y funciones regulatorias similares. Lo mismo ocurre con la protección de los niños en línea. «Nuestra sociedad dice que vamos a proteger a los niños en el mundo físico, pero todavía no hemos visto que se haga lo mismo en el ámbito digital», dijo Steven J. Grocki, quien dirige la sección de explotación infantil y obscenidad del Departamento de Justicia. Actualizar las leyes para aplicarlas al contexto digital será un componente clave de la gobernanza del metaverso.

Hoda Alkhzaimi, profesora adjunta de investigación de Ingeniería Informática y directora del Centro de Ciberseguridad de NYU Abu Dhabi, añadió que los métodos para crear mecanismos de ataque en una plataforma virtual evolucionan constantemente. El ciclo de desarrollo nunca es fijo. Debemos prestar atención a cómo diseñamos los componentes de software y hardware de la tecnología para incorporar desde el principio consideraciones de seguridad que protejan la integridad del contenido desarrollado, las interacciones que crean los usuarios en el entorno y, en conjunto, la estabilidad del mundo virtual presentado. No hay un único factor que deba tenerse en cuenta: es necesario desarrollar todos los aspectos de confidencialidad, integridad, autenticidad, accesibilidad, privacidad y seguridad. En el pasado se han creado ataques contra dispositivos virtuales mediante plataformas de código abierto, como OpenVR de Valve.

¿Cómo podemos asegurarnos de que esto no se repita en una infraestructura virtual crítica?

Organizaciones de la sociedad civil como Access Now y EFF piden a los gobiernos y a otras partes interesadas que aborden los derechos humanos en el contexto de la realidad virtual y aumentada.

Otro ámbito importante que puede mejorarse es el de las políticas, su aplicación y los mecanismos generales de moderación que adoptan las plataformas.

«Las plataformas de RV y RA necesitan condiciones de servicio específicas para los entornos inmersivos, basadas en cómo esta tecnología interactúa con nuestro cerebro. No podemos aplicar sin más al metaverso las reglas de las redes sociales actuales», afirma la experta en tecnología y derechos humanos Heller. «Esto es importante», subraya Heller, «porque la gobernanza de las plataformas en los mundos digitales debe regular el comportamiento, además del contenido».

En la actualidad, una de las formas de gobernanza más comunes en los mundos virtuales es una moderación reactiva y punitiva. Esto no impide que se produzcan daños y, a menudo, es posible eludir las consecuencias a medida que los actores malintencionados se vuelven más hábiles para moverse en los límites de las políticas. Encontrar maneras de incentivar mejores comportamientos y quizá recompensar las interacciones positivas podría tener que convertirse en una parte más importante de un futuro digital más seguro, especialmente ante el aumento de los riesgos para la seguridad en el metaverso.

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