¿Qué es el metaverso y quién lo dirigirá? Nick Clegg, de Meta, habla con Radio Davos

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  • Nick Clegg explica su función como presidente de Asuntos Globales de Meta.

  • También expone su visión del metaverso y por qué debemos garantizar que las personas puedan desplazarse libremente por él y no quedar atrapadas en un «metaverso fragmentado».

  • Habló con el pódcast Radio Davos en la Reunión Anual 2022 del Foro Económico Mundial.

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El metaverso tuvo una gran presencia en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial celebrada este año en Davos, donde los gigantes tecnológicos Microsoft y Meta presentaron sus propias demostraciones de cómo se ve, suena y se siente estar en un mundo de realidad virtual o aumentada.

Nick Clegg, exviceprimer ministro del Reino Unido y ahora presidente de Asuntos Globales de Meta —la empresa antes conocida como Facebook—, ofrece su visión de lo que el metaverso hará por nosotros y explica por qué es importante garantizar que los usuarios no queden encerrados en el ecosistema del metaverso de una sola empresa.

¿Qué es el metaverso y quién lo dirigirá? Nick Clegg, de Meta, habla con Radio Davos

Robin Pomeroy: Me complace mucho dar la bienvenida a Nick Clegg a Radio Davos. Nick, ¿cómo estás?

Nick Clegg, presidente de Asuntos Globales de Meta: Muy bien.

Robin Pomeroy: Hace unos meses te convertiste en «presidente de Asuntos Globales», con un cargo de muy alto nivel en la dirección de la empresa. ¿Qué significa eso? ¿Y a qué te dedicas realmente hoy en día?

Nick Clegg: Como explicó entonces el [director ejecutivo de Meta] Mark Zuckerberg es una gran empresa, ha crecido enormemente en los últimos quince años. Como explicó entonces, quiere dedicar gran parte de su tiempo, sobre todo, a la enorme tarea de ingeniería que supone ayudar a construir esta nueva plataforma informática, el llamado metaverso, y, con razón, quiere centrar sus esfuerzos en ello. Sheryl Sandberg, directora de operaciones, está muy centrada en el área comercial. Y, como sabes, nos enfrentamos a más competencia que nunca. Como explicó Mark, me ha pedido que me ocupe, en cierto sentido, de todo lo demás. Con «todo lo demás» me refiero a las principales cuestiones regulatorias, políticas y de otro tipo que afronta la empresa.

Eso abarca desde ser una especie de responsable de tomar decisiones sobre algunos de esos asuntos difíciles —por ejemplo, dónde trazamos el límite entre la libertad de expresión y el contenido que retiramos, o cómo operamos nuestras plataformas durante las elecciones— hasta hablar con personas, responsables políticos y reguladores sobre nuestros planes para el metaverso, y con reguladores y legisladores de todo el mundo mientras introducen nuevas normas para internet.

En pocas palabras, esa es la división del trabajo, por así decirlo, que Mark Zuckerberg explicó entonces. Y sí, es un desafío muy interesante que, sin duda, me mantiene muy ocupado.

Robin Pomeroy: Tengo muchas ganas de hablar del metaverso, de Meta y del metaverso. Pero antes quiero hacerte una pregunta que podría tener implicaciones regulatorias. En enero tuvimos un episodio de Radio Davos en el que entrevisté a Stuart Russell, profesor y experto en inteligencia artificial. Su postura es que los algoritmos de las redes sociales han aprendido a manipular a las personas y cambiarlas para que en el futuro sean más susceptibles y se pueda monetizar más su actividad. Es una afirmación contundente. ¿Estás de acuerdo?

Nick Clegg: Es una afirmación que se hace a menudo y que muy pocas veces se demuestra, por una muy buena razón: nuestros algoritmos no hacen eso. Sin duda, es una narrativa de moda, ¿verdad?, decir que empresas como Meta —aunque no somos las únicas— usan algoritmos para servir astutamente a las personas contenido extremo y de odio, y mantenerlas enganchadas a nuestros servicios, porque así podemos vender anuncios y demás. En realidad, todos los eslabones de esa cadena son erróneos.

En realidad, ¿qué hacen los algoritmos? Si eliminaras nuestros algoritmos, ¿qué sería lo primero que verías más en Facebook? Verías más información errónea y más discurso de odio, porque nuestros algoritmos, entre otras cosas, actúan como grandes filtros de piscina, por así decirlo: intentan filtrar, identificar y reducir la difusión precisamente del tipo de contenido que no queremos promover.

Y, por cierto, a quienes siguen alegando —no sé si este buen profesor lo hizo, pero se suele decir— que tenemos un incentivo comercial para hacerlo...

No queremos [contenido de odio]. Quienes nos dan de comer, los anunciantes, tampoco lo quieren. Y, algo fundamental, sabemos por nuestras propias investigaciones que los usuarios tampoco lo quieren.

Nick Clegg, presidente de Asuntos Globales de Meta

Robin Pomeroy: Por cierto, sí lo hizo.

Nick Clegg: Sí, exacto.

Robin Pomeroy: No te mencionó por tu nombre, pero...

Nick Clegg: No. Pero me imagino la narrativa, porque se repite con frecuencia. Sin embargo, si lo piensas bien, nuestro incentivo comercial es el contrario. ¿Por qué querría un anunciante que publica anuncios en internet que su anuncio de detergente aparezca junto a un contenido de odio o extremo?

Así que no lo queremos. Quienes nos dan de comer, los anunciantes, tampoco lo quieren. Y, algo fundamental, sabemos por nuestras propias investigaciones que los usuarios tampoco lo quieren.

Y mira, no te fíes solo de mi palabra. Ahora hacemos algo que ninguna otra plataforma de redes sociales hace: cada 12 semanas publicamos estadísticas sobre cómo identificamos y reducimos algorítmicamente —y de otras maneras— este tipo de contenido pernicioso, y a veces incluso lo eliminamos.

Y hemos presentado —nadie lo había hecho antes— nuestros datos. Por ejemplo, muestran que la prevalencia del discurso de odio ha bajado al 0,03 %. Eso significa que, por cada 10.000 piezas de contenido que verías si te desplazaras continuamente por Facebook, verías tres de discurso de odio. Ojalá no fueran tres. No creo que vaya a llegar a cero, pero la cifra es mucho, mucho menor que antes. Además, hemos sometido esos datos a una auditoría independiente. EY, una entidad auditora independiente, los ha auditado y ha verificado que estas estadísticas son sólidas.

Así que, sinceramente, no creo que esta narrativa sobre el funcionamiento de los algoritmos en las redes sociales, por mucho que se repita, resista un examen minucioso.

Dicho esto, sí creo que empresas como Meta tenemos la obligación de hacer más, y sin duda haremos más en los próximos años. Tenemos que explicar mejor los algoritmos, hacerlos más transparentes y dar más control a los usuarios sobre ellos. Por ejemplo, ahora mismo se puede desactivar el algoritmo literalmente deslizando el pulgar y ver solo las publicaciones de la sección de noticias en orden cronológico. Pero creo que tendremos que hacer más en ese sentido, porque la transparencia es realmente la mejor manera de disipar parte de los mitos que ya han surgido en torno a los algoritmos.

Robin Pomeroy: De acuerdo. Pasemos de los algoritmos a Meta. Mucha gente nunca había oído la palabra «metaverso» antes de que Facebook pasara a llamarse Meta. Entonces, ¿qué es el metaverso y qué estaremos haciendo en él dentro de uno, cinco o diez años?

Nick Clegg: Bueno, en muchos sentidos el metaverso suena un poco a ciencia ficción, pero en realidad también es una evolución bastante lógica, casi, en la trayectoria de internet.

Si lo piensas, antes teníamos ordenadores de sobremesa, luego portátiles, y pasamos de los portátiles a ir todos por ahí con un teléfono apretado en nuestras manos sudorosas. Después pasamos del texto a las fotografías y de las fotografías a los vídeos. Y ahora el vídeo —en particular, los vídeos cortos— es, con diferencia, una forma muy popular de comunicarse y compartir cosas. Alrededor del 50 % del contenido de Facebook ya es vídeo.

Todo eso supone avanzar hacia una representación cada vez más realista, casi como la vida misma. El metaverso es una especie de extrapolación natural de esa tendencia: con el tiempo, tú y yo podríamos ponernos algo sobre el puente de la nariz —no unas gafas pesadas, sino unas gafas normales— y quizá incluso llevar algo en la muñeca que aporte más potencia informática. Podríamos hablar como hologramas y sentir de verdad que estamos sentados en el mismo espacio, aunque no estemos físicamente allí. Se trata de una auténtica sensación de presencia física.

La tecnología de audio [del metaverso] es tan buena que de verdad sientes que no necesitas alzar la voz, como hace la gente cuando habla ante una pantalla plana llena de personas en Zoom.

Nick Clegg, presidente de Asuntos Globales de Meta

Y es extraordinario. Suena muy futurista, pero es asombroso cuánto se ha avanzado ya para hacer realidad este sueño. Por ejemplo, desde hace varios meses celebro en el metaverso mis reuniones semanales de equipo con mis compañeros de todo el mundo. No tenemos aspecto de hologramas. Tenemos representaciones de nosotros mismos en forma de avatares, un tanto caricaturescos. El mío parece sospechosamente más delgado y joven, y ese es el avatar que he elegido. Así que puedes presentarte de una manera bastante favorecedora. Pero, aun así, la experiencia es extraordinariamente realista, sobre todo porque la tecnología de audio es tan buena que de verdad sientes que no necesitas alzar la voz, como hace la gente cuando habla ante una pantalla plana llena de personas en Zoom u otras tecnologías que te muestran a la gente en esos recuadros como de foto de pasaporte.

La idea es, pues, la de una presencia física. Y si te imaginas lo que se podrá hacer con esa tecnología en el futuro, eliminaría la necesidad de desplazamientos masivos a las oficinas, porque podríamos trabajar juntos como si estuviéramos en la misma oficina, sin tener que desplazarnos físicamente.

Permitiría que los docentes llevaran a una clase de niños de 12 años a pasear por la antigua Roma. Un cirujano podría enseñar a un grupo de estudiantes de medicina cómo operar, como si estuvieran allí mismo en el laboratorio.

Podemos debatir ahora las cuestiones éticas, morales, sociales y regulatorias, en lugar de añadirlas después como una ocurrencia tardía, como hicimos con la primera ola de internet.

Nick Clegg, presidente de Asuntos Globales de Meta

Creo que las aplicaciones son realmente muy emocionantes. Pero preguntas qué ocurrirá en uno, cinco o diez años. Este es un camino largo; no va a suceder de la noche a la mañana. Y creo que lo emocionante, sin duda para personas como yo, es que podemos debatir ahora las cuestiones éticas, morales, sociales y regulatorias, en lugar de incorporarlas después como una ocurrencia tardía, como hicimos, por así decirlo, con la primera ola de internet. Creo que podemos llevar esos debates —los tecnológicos y de ingeniería, junto con los éticos y regulatorios— en paralelo, y eso augura un buen futuro.

Robin Pomeroy: Planteas muchas de estas cuestiones en este ensayo que tengo aquí en la mano: «Construir el metaverso: qué es, cómo se construirá y por qué importa».

Nick Clegg: Me alegra y me impresiona que hayas conseguido terminarlo.

La ambición de Meta y Mark Zuckerberg no es crear una especie de imperio en el cielo que pertenezca a Meta y esté gobernado por una sola empresa. Ni mucho menos. El metaverso surgirá, independientemente de que, como empresa, apostemos por él o no.

Nick Clegg, presidente de Asuntos Globales de Meta

Robin Pomeroy: ¡Lectura para antes de dormir anoche! Una de las cosas que me parecieron muy interesantes, entre muchas otras, fue esta idea. Creo que, cuando Facebook pasó a llamarse Meta, algunas personas pensaron: «De acuerdo, ellos van a ser el metaverso; eso es todo». Y aquí insistes mucho en la interconexión de los distintos metaversos. ¿Podrías explicarnos cómo concibes la arquitectura? Incluso has incluido un pequeño diagrama. ¿Podrías guiarnos por él?

Nick Clegg: Sí. Y eso es tremendamente importante. Que todo el mundo respire tranquilo. La ambición de Meta y Mark Zuckerberg no es crear una especie de imperio en el cielo que pertenezca a Meta y esté gobernado por una sola empresa. Ni mucho menos. Sinceramente, el metaverso surgirá, independientemente de que, como empresa, apostemos por él o no. Solo seremos una de las muchas empresas que invierten mucho en esta tecnología; también lo hacen Microsoft, Google, Apple y otras.

Y creo que aquí está la clave: no será una sola cosa.

Nadie habla de «internet de Google» ni de «internet de Microsoft». Por ahora solo hay un par de sistemas operativos, iOS y Android. Creo que el metaverso podría convertirse en un mosaico algo más diverso de sistemas operativos, por así decirlo, sobre los que distintas empresas construirían experiencias diferentes, como si fueran las distintas plantas de un edificio. Podrían ser mundos y experiencias a los que la gente se incorporaría en un espacio semipúblico, o lugares donde tú y yo podríamos reservar una sala para conversar en privado. Podría estar alojado en un servidor de Meta, pero sería un espacio privado que, en realidad, no pertenecería a nadie más que a nosotros.

Lo fundamental ahora, al principio, antes de que los hechos queden establecidos y se integren en la tecnología, es asegurarnos de que ese mosaico no se fragmente demasiado, para que los usuarios puedan pasar de una parte del metaverso a otra.

Nick Clegg, presidente de Asuntos Globales de Meta

Y, en respuesta a tu pregunta, creo que lo fundamental ahora, al principio, antes de que los hechos queden establecidos y se integren en la tecnología, es asegurarnos de que ese mosaico no se fragmente demasiado, para que los usuarios puedan pasar de una parte del metaverso a otra.

Soy seguidor del Arsenal. Dudo que ocurra, pero espero de verdad que hoy el Arsenal se clasifique para la Liga de Campeones. Entonces querría comprar una camiseta del Arsenal para celebrarlo en el metaverso y pasar de una parte del metaverso a otra; quizá ir con algunos amigos a escuchar música o a un grupo de debate.

Creo que será fundamental que los usuarios puedan pasar sin obstáculos de una parte del metaverso a otra. Para ello hará falta una compleja pero esencial red de normas, estándares e interfaces interoperables, que podrían establecer la industria, los organismos de normalización y posiblemente también los reguladores.

La promesa del metaverso podría desperdiciarse si acabamos creando un «metaverso fragmentado».

Nick Clegg, presidente de Asuntos Globales de Meta

Y creo que este punto es crucial, porque, si no lo hacemos, la promesa del metaverso podría desperdiciarse si acabamos creando un «metaverso fragmentado». La gente habla de la «internet fragmentada», que sin duda es un riesgo real. Creo que, si no prestamos atención a este asunto, también existe un riesgo real de que dentro de muchos años tengamos un metaverso fragmentado. Sería una gran lástima.

Robin Pomeroy: Es muy distinto de lo que tenemos ahora. Tenemos el Club de Pódcast del Foro Económico Mundial en Facebook —animo a todo el mundo a unirse—, pero para acceder hay que estar en Facebook. Lo que dices es que en el metaverso podríamos tener eso, pero también algo a lo que las personas pudieran llegar desde distintas partes del metaverso o de internet para reunirse en esa sala y ese grupo de debate.

Creo que deberíamos permitir y ayudar a los usuarios a pasar más fácilmente del metaverso de Meta al metaverso de Apple y, en el futuro, al de Microsoft.

Nick Clegg, presidente de Asuntos Globales de Meta

Nick Clegg: Exacto. Creo que, con la configuración actual de internet, ya corremos el riesgo de tener demasiados jardines vallados. No digo esto para arremeter contra ellos, pero pensemos en el jardín vallado de Apple, que ha tenido mucho éxito: venden el sofisticado dispositivo, gestionan el sistema operativo y ahora también te venden los servicios, la música y la televisión. Así que hay un enorme incentivo para que la gente quede atrapada en ese mundo de Apple y no pueda salir de él. No creo que debamos repetir ese error en el metaverso. Creo que deberíamos permitir y ayudar a los usuarios a pasar más fácilmente del metaverso de Meta al metaverso de Apple y, en el futuro, al de Microsoft.

Robin Pomeroy: Y en una reunión como esta [Davos 2022], ¿se debatirá algo así? Te reunirás con personas que ocupan altos cargos en esas empresas. También habrá reguladores de todo el mundo y políticos. ¿Se están celebrando ya esas conversaciones para decir: «De acuerdo, tenemos que colaborar para garantizar la interoperabilidad» o para poner en marcha ese diálogo?

Nick Clegg: Sí. Y creo que el Foro Económico Mundial desempeña una función catalizadora realmente importante. Esta semana se anunciará que el Foro Económico Mundial acogerá y organizará un foro que reunirá a académicos, pensadores, reguladores, expertos en seguridad en línea, personas como yo de Meta, mis homólogos de Google y Microsoft, y también de empresas más pequeñas, para iniciar esta conversación. Sinceramente, apenas estamos empezando a hablar del tema, y esa es principalmente la razón por la que escribí este artículo: empezar a poner en marcha este tipo de debates. Creo que es estupendo que el Foro Económico Mundial ayude a acoger esa conversación, porque necesitamos iniciativas así para anticiparnos a la necesidad de contar con esas normas en los próximos años.

Robin Pomeroy: En el metaverso, ¿serán mayores por algún motivo los riesgos que ya existen en internet tal como lo conocemos hoy —el discurso de odio, el acoso, los problemas de privacidad y quizá la vigilancia gubernamental—?

Una de mis preocupaciones es que la gente piense que la solución a esas preocupaciones legítimas sobre la seguridad, el contenido desagradable y demás consiste simplemente en copiar y pegar el reglamento que los gobiernos, los reguladores o empresas como la nuestra han elaborado a lo largo de los años para mantener a salvo a las personas en nuestra plataforma. Porque es una forma de comunicarse muy distinta.

Nick Clegg, presidente de Asuntos Globales de Meta

Nick Clegg: Es evidente que esos problemas estarán presentes en cualquier forma de comunicación tecnológica. Pero creo que es muy importante recordar cuánto diferirá esta tecnología de aquello a lo que estamos acostumbrados. Una de mis preocupaciones es que la gente piense que la solución a esas preocupaciones legítimas sobre la seguridad, el contenido desagradable y demás consiste simplemente en copiar y pegar el reglamento que los gobiernos, los reguladores o empresas como la nuestra han elaborado a lo largo de los años para mantener a salvo a las personas en nuestra plataforma. Porque es una forma de comunicarse muy distinta.

Cuando publicas algo en Facebook, ahí queda. Sigue ahí. La gente lo comparte, circula y se hace viral en internet. La comunicación en el metaverso, aunque no siempre, será sobre todo mucho más parecida a la vida cotidiana: será efímera; dices algo y luego desaparece. Nadie lleva un registro. Y, en cierto sentido, no querrías que el gobierno, Mark Zuckerberg o ningún regulador te observara por encima del hombro y vigilara en tiempo real cada palabra que dices, del mismo modo que tampoco querrías eso al charlar con un amigo en un pub.

Uno de los pilares de la libertad es que podamos decirnos tonterías en privado, en nuestros salones o en otros lugares donde nos reunimos. Creo que esa es la forma de entender los espacios privados del metaverso. En los espacios más públicos, los lugares abiertos donde se reúne la gente, las normas serán algo más parecidas a las actuales, o al menos nos resultarán más familiares. Pero, si hay espacios privados —por ejemplo, cinco personas se reúnen para jugar al ajedrez y una de ellas tiene opiniones políticas realmente abominables que, si las expresara en Facebook, infringirían nuestras normas—, no querrías que Facebook irrumpiera y dijera: «No, no puedes decir eso», mientras simplemente mueves el caballo por el tablero.

Así que tendremos que construir un marco conceptual diferente para decidir quién es responsable de vigilar y hacer cumplir esas normas, y en qué nivel de la arquitectura. Antes me referí a una imagen, como las plantas de una casa, y creo que las responsabilidades recaerán en distintas entidades en distintos niveles de esa arquitectura.

Existe el peligro de que dentro de 10 años miremos atrás y pensemos que este es, en realidad, el punto álgido de la internet global abierta [...] porque la damos por sentada. Y, una vez que desaparezca, creo que lamentaremos su pérdida.

Nick Clegg, presidente de Asuntos Globales de Meta

Robin Pomeroy: ¿Hay algo que te gustaría ver, ya sea en tu ámbito o en el mundo en general, que se esté debatiendo aquí y que quisieras que surgiera de esta Reunión Anual de Davos?

Nick Clegg: ¿Te refieres al metaverso?

Robin Pomeroy: Puedes elegir eso o cualquier otra cosa, o ambas.

Nick Clegg: Creo que, como a todos los presentes, me preocupa sobre todo el espantoso derramamiento de sangre y el conflicto en Ucrania, más que cualquier otra cosa. Así que, como todos los demás, estaré atento a quienes puedan aportar perspectivas sobre ese conflicto.

Y, por supuesto, esto ocurre en un momento en que la promesa inicial de un orden económico globalizado, sin fisuras y sin fronteras se está deshilachando por los bordes. Una de las grandes ironías de nuestra época es que la tecnología y la economía impulsan la globalización, pero la política y los conflictos empujan a la sociedad en la dirección opuesta.

Y eso se puede ver en Internet. Existe un peligro real, como dije antes: que Internet se fragmente, se balcanice, y que haya una Internet china, una rusa, incluso una turca, una vietnamita. Creo que existe el peligro de que dentro de diez años miremos atrás y pensemos que este fue, en realidad, el apogeo de la Internet global y abierta. Así que, sin duda, estaré atento, sobre todo a lo que digan los responsables de la toma de decisiones, para saber hasta qué punto están comprometidos con mantener realmente abiertos los flujos de datos hacia la Internet global, porque lo damos por sentado. Y, una vez que desaparezca, creo que lamentaremos su pérdida. De verdad.

Robin Pomeroy: Nick Clegg, presidente de asuntos globales de Meta, gracias por acompañarnos en Radio Davos

Nick Clegg: Gracias.

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