Los sectores público, privado y sin fines de lucro deben trabajar juntos para lograr la cobertura sanitaria universal.
Todas las partes deben estar dispuestas a ceder parte del control para que una alianza tenga éxito.
La colaboración en torno a una vacuna contra la COVID-19 allanará el camino hacia una mejor comprensión entre los sectores.
Sabemos que solo podemos lograr la cobertura sanitaria universal (CSU) para 2030 si los sectores público, privado y sin fines de lucro trabajan juntos. Hacerlo parece bastante sencillo: desde hace tiempo hemos identificado la urgente necesidad de garantizar que las personas de todo el mundo puedan acceder a los servicios de salud que necesitan. Ahora, en medio de la crisis de la COVID-19, debemos trabajar juntos para resolver esta crisis mundial persistente y lograr la CSU.
Pero, a la hora de alcanzar acuerdos concretos y sacar adelante las cosas, todas las partes involucradas, independientemente del sector que representen, pueden caer en una trampa conocida.
Suele ocurrir más o menos así: una vez elaborados los planes preliminares y acordado que las partes trabajarán juntas, surge un gran entusiasmo y mucha energía. El futuro se ve prometedor. Sin embargo, todas las partes pronto se dan cuenta de que avanzar de forma significativa no es tan fácil, sobre todo cuando cada una se centra únicamente en defender sus propios intereses y en luchar por ejercer o conservar el control sobre determinados aspectos de la alianza. Esto frena el progreso y, tras un tiempo intentando avanzar, las partes acuerdan reducir el alcance del proyecto o lo disuelven discretamente. Todo el tiempo y la energía invertidos en poner en marcha el proyecto no producen nada significativo, lo que deja a todas las partes desilusionadas.

A veces es inevitable. Sin embargo, según mi experiencia, el deterioro de una alianza que alguna vez fue prometedora se debe con demasiada frecuencia a la falta de disposición o de capacidad de todas las partes para hacer concesiones a corto plazo con el fin de lograr grandes cosas juntas a largo plazo. Esta ruptura puede deberse a que las organizaciones de distintos sectores no se comprenden ni confían plenamente entre sí. Todavía nos queda camino por recorrer en este sentido. Con frecuencia soy yo quien explica las cosas desde la perspectiva del sector privado. Y hará falta más explicación, escucha y trabajo conjunto por parte de todos. La buena noticia es que estamos avanzando.
La verdad sencilla es que las alianzas exitosas entre los sectores público, privado y sin fines de lucro son como cualquier otra: todas las partes deben estar dispuestas a ceder para recibir. Esto significa renunciar a parte del control, no a todo, en aras del bien común de la alianza.
“Dejar ir” no es fácil. Es natural, por supuesto, que todas las partes velen por sus propios intereses. Pero la COVID-19 nos ha demostrado lo que puede lograrse cuando las partes de todos los sectores trabajan juntas. Las historias de colaboración exitosa frente a la pandemia se han sustentado, con frecuencia, en que todas las partes renunciaron a parte del control y depositaron su confianza en los demás para sacar adelante las cosas a gran escala.
La cooperación a gran escala entre gobiernos y compañías farmacéuticas para invertir en vacunas contra la COVID-19 es un ejemplo. Los gobiernos dependen de los productores de vacunas para hacer todo lo posible por desarrollar una vacuna eficaz, mientras que los gobiernos se comprometen a comprar las vacunas, incluso si no funcionan. A cambio, se hacen concesiones en materia de precios, aumenta la transparencia y los riesgos se comparten de formas sin precedentes. Este tipo de colaboración puede allanar el camino hacia una mejor comprensión entre los sectores y, sin duda, hacia una mayor colaboración tras la crisis.
Al sugerir que todas las partes dejen parte del control, no estoy proponiendo que omitamos los controles y contrapesos importantes. Se trata de abordar las alianzas con la disposición de mantener la vista puesta en el panorama general, en el gran objetivo, aceptando los errores y acordando cómo actuar cuando se cometan.
Esto es lo que estamos haciendo con el fondo para la atención primaria que pretendemos crear en colaboración con otras partes, con el objetivo compartido de acelerar la transformación a gran escala de la atención primaria en África. ¿Por qué lo hacemos? Todos sabemos que la atención primaria es la mejor vía para lograr la CSU. Al mismo tiempo, sigue recibiendo muy poca inversión. En Philips hemos desarrollado varias innovaciones en la prestación de servicios de atención primaria que podrían funcionar a gran escala. Pero, cuando buscamos un vehículo de inversión en atención primaria para escalar estos proyectos, descubrimos que no existía. Por eso decidimos crear un fondo nosotros mismos.
Para garantizar que el fondo respondiera a las necesidades reales, pedimos al UNFPA, AMREF, a la Plataforma de Asociación para los ODS de las Naciones Unidas en Kenia y al Ministerio de Salud de Kenia que nos ayudaran a definir los criterios para medir el éxito del fondo y de sus inversiones. Así, en lugar de que Philips determine los criterios de éxito, hemos pedido a los representantes de los futuros beneficiarios que aporten sus ideas. Además, buscamos que el fondo sea alojado y gestionado por organizaciones independientes y que se abra a proyectos ajenos a Philips. Estamos cediendo gran parte del control con la perspectiva de que podremos reunir un fondo que beneficie a muchas más personas de las que alcanzaríamos si lo hiciéramos en solitario.
En el pasado, quizá habríamos intentado controlar todos los aspectos de la puesta en marcha. Pero, solo por ceder el control de algunos elementos, hemos recibido una respuesta abrumadoramente positiva. Dejar ir puede suponer un riesgo y resultar doloroso pero, en tiempos como estos, las organizaciones de todos los sectores están volviendo a pensar en el bien común. Y creo que este sentimiento ha llegado para quedarse.
UHC2030 es otro ejemplo de cómo distintas partes se unen para sacar adelante las cosas, con el compromiso de mantener la vista puesta en el gran objetivo. Se trata de acelerar un progreso equitativo y sostenible hacia la consecución de la CSU. Como describió el profesor Piyasakol Sakolsatayadorn, entonces ministro de Salud Pública de Tailandia, en 2017: “Necesitamos acciones colectivas sólidas para lograr UHC2030. Debemos construir confianza colectiva reduciendo al mínimo nuestro interés propio y poniendo el interés público como máxima prioridad”. Palabras muy acertadas para la posición en la que nos encontramos ahora.
Así que permítanme dejarles con esta reflexión: cuando las partes están dispuestas a ceder parte del control, la alianza puede ir más allá de las buenas intenciones y centrarse en el impacto que puede lograrse juntos. Creo sinceramente que esto puede allanar el camino hacia la consecución de la CSU, pero también de los demás ODS. Siento curiosidad por conocer lo que han logrado al dejar ir.




