Kissinger: Estos son los principales desafíos geopolíticos que afronta el mundo ahora mismo 

Klaus Schwab in conversation with former US Secretary of State, Henry A. Kissinger
Klaus Schwab in conversation with former US Secretary of State, Henry A. KissingerImage: World Economic Forum
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  • El exsecretario de Estado Henry Kissinger se reunió con Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, para conversar sobre los problemas más acuciantes que afronta el mundo.

  • Kissinger afirma que el conflicto en Ucrania puede reconfigurar permanentemente el orden mundial.

  • La forma en que Estados Unidos y China gestionen su relación en este mundo complejo será decisiva para las generaciones futuras.

Cuando el exsecretario de Estado de Estados Unidos Henry Kissinger intervino por primera vez en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial, en 1980, dijo que «estamos en una era de interdependencia global». Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, repitió esta afirmación durante una conversación con el diplomático ganador del Premio Nobel en Davos 2022.

Reunión Anual de Davos 2022 - Conversación con Henry A. Kissinger, Presidente de Kissinger Associates Inc. - Inglés
Reunión Anual de Davos 2022 - Conversación con Henry A. Kissinger, Presidente de Kissinger Associates Inc. - Inglés
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Pragmatismo y paz a largo plazo

Conocido por su Realpolitik, Henry Kissinger consolidó su reputación mundial como pragmático durante la Guerra Fría, al dirigir la política exterior de Estados Unidos en las décadas de 1960 y 1970. Como pionero de la política de distensión, Kissinger buscó reducir las tensiones con la entonces URSS y dirigió las relaciones diplomáticas de Estados Unidos con China.

Al preguntársele por su perspectiva sobre los principales problemas que afronta hoy el mundo, Kissinger destacó cómo el conflicto en curso entre Rusia y Ucrania podría reconfigurar el mundo tal como lo conocemos: «Las partes deberían iniciar conversaciones de paz en los próximos dos meses. Ucrania debería haber sido un puente entre Europa y Rusia, pero ahora, a medida que se reconfiguran las relaciones, podríamos entrar en una etapa en la que se vuelva a trazar la línea divisoria y Rusia quede completamente aislada. Nos encontramos ahora ante una situación en la que Rusia podría distanciarse por completo de Europa y buscar una alianza permanente en otra parte. Esto podría dar lugar a distancias diplomáticas similares a las de la Guerra Fría, lo que nos haría retroceder décadas. Deberíamos esforzarnos por lograr una paz duradera».

Image: Foro Económico Mundial

Potencias establecidas y emergentes

Al hablar del ascenso de China, Kissinger reflexionó sobre su experiencia en las negociaciones con Pekín: «Cuando establecimos relaciones diplomáticas con China en la década de 1970, lo hicimos con la idea de iniciar una relación permanente. Era un país muy distinto. Hoy es una potencia con importantes intereses económicos y estratégicos. La forma en que Estados Unidos y China conduzcan su relación en los próximos años dependerá de la paciencia y la diplomacia de sus líderes». Henry Kissinger señaló que se debería atenuar el posible carácter conflictivo de la relación entre Estados Unidos y China, y que habría que procurar y defender los intereses comunes. «Estados Unidos», afirma, «debe reconocer que la capacidad estratégica y técnica de China ha evolucionado. Las negociaciones diplomáticas deben ser sensibles, estar bien informadas y procurar la paz de forma unilateral».

Tecnologías militares

«Nos enfrentamos a la realidad de que las tecnologías modernas están colocando a los países en situaciones inéditas», afirmó Kissinger. Las potencias nucleares y las nuevas tecnologías militares, sin criterios establecidos para limitar su uso, podrían significar una catástrofe para la humanidad».

Transcripción completa:

Klaus Schwab: [00:00:02] Hola, Dr. Kissinger. Saludos desde Ginebra; quiero decir, desde Davos. ¿Nos oye?

Henry Kissinger: [00:00:13] Sí, le oigo muy bien.

Klaus Schwab: [00:00:15] Como sabe, aquí hay una gran asamblea. A todos les interesa escuchar sus opiniones. No hace falta que lo presente, Dr. Kissinger. Solo quisiera mencionar que lo conocí cuando estudiaba en Harvard, hace más de 50 años. Y, de hecho, vino a Davos por primera vez en (1980), hace más de 40 años. He leído el discurso que pronunció en 1980 y quisiera citar una o dos cosas.

En su discurso, se centró en lo que cito: «Es un mundo en constante cambio». ¿Le suena familiar? Y dijo, y cito: «La era de la interdependencia global». Fin de la cita. Y advirtió, cito: «Una ilusión de confianza en los modelos clásicos, un desafío al sistema». Concluyó su discurso diciendo que todos esos cambios son globales y convertirían nuestra época en un período turbulento, incluso al margen de cualquier desafío específico que debamos afrontar. Era 1980 y, vaya, han pasado 42 años. Por supuesto, tenemos muchas ganas de saber cómo evalúa la situación actual. Tuve el placer de visitarlo hace apenas unas semanas. Y, como le comenté entonces, hemos elegido el tema «La historia en un punto de inflexión». Estamos realmente en un punto de inflexión. Esto no es un discurso, sino una conversación entre, diría yo, un joven estudiante y un profesor experimentado. Así que mi primera pregunta, Henry, es esta: al oír el tema «La historia en un punto de inflexión», ¿cómo describiría el nuevo mundo que podría surgir después de este punto de inflexión que estamos viviendo ahora?

Henry Kissinger: [00:02:59] Permítame agradecerle que me haya invitado a volver a Davos, porque es un foro fundamental para el intercambio de ideas en todo el mundo. Pero el resultado de este punto de inflexión aún no está claro, porque los responsables de tomar decisiones siguen considerando varios asuntos y, por supuesto, se están produciendo muchas evoluciones que afectarán al desenlace.

Permítame esbozar los asuntos. El más apremiante en este momento es la guerra en Ucrania, y su desenlace, tanto en el plano militar como en el político, afectará las relaciones entre grupos de países, que mencionaré dentro de un momento. El resultado de cualquier guerra, el acuerdo de paz y la naturaleza de ese acuerdo determinarán si los combatientes siguen siendo adversarios permanentes o si es posible integrarlos en un marco internacional.

Hace unos ocho años, cuando surgió la idea de que Ucrania se incorporara a la OTAN, escribí un artículo en el que afirmaba que el desenlace ideal sería que Ucrania se constituyera como una especie de Estado neutral, como puente entre Rusia y Europa, en lugar de ser la primera línea de los bloques dentro de Europa. Creo que esa posibilidad ya no existe de la misma manera, pero aún podría concebirse como objetivo final. A mi juicio, el camino hacia las negociaciones y las conversaciones de paz debe comenzar en los próximos dos meses, para que se pueda esbozar el desenlace de la guerra. De lo contrario, podría provocar convulsiones y tensiones cada vez más difíciles de superar, en particular en lo que respecta a la futura relación de Rusia y Georgia, así como de Ucrania, con Europa. Lo ideal sería que la línea divisoria volviera al statu quo ante. Creo que extender la guerra más allá de Polonia la convertiría en una guerra ya no por la libertad de Ucrania —una causa que la OTAN ha asumido con gran cohesión—, sino contra la propia Rusia. Esa me parece una línea divisoria imposible de definir. A cualquiera le resultará difícil evaluar la situación. Durante las negociaciones, que aún no se han iniciado, podrían producirse cambios; deberían empezar a medida que se vayan incorporando los principales participantes y avance la guerra. He esbozado un posible desenlace militar, pero quisiera que se tenga presente que cualquier cambio podría complicar las negociaciones. Ucrania tiene derecho a participar de forma significativa en ellas, y cabe esperar que combine el heroísmo que ha demostrado en la guerra con la sabiduría necesaria para mantener el equilibrio en Europa y en el mundo. La relación que surja de esta guerra entre Ucrania —que probablemente será la potencia convencional más fuerte del continente— y el resto de Europa se desarrollará con el tiempo.

También hay que considerar la relación entre Europa y Rusia a largo plazo, separándola de la dirigencia actual, cuyo estatus interno se verá afectado con el tiempo por su desempeño en este período. Desde una perspectiva a largo plazo, Rusia ha sido una parte esencial de Europa durante 400 años, y la política europea de ese período se ha visto fundamentalmente condicionada por la evaluación europea del papel de Rusia. A veces, desde una posición de observación; en otras ocasiones, como garante o instrumento para restablecer el equilibrio europeo. La política actual debería tener presente que es importante restablecer ese papel, para que Rusia no se vea empujada a una alianza permanente con China. Pero las relaciones de Europa con Rusia no son el único elemento clave de este [inaudible].

China y Estados Unidos tendrán que definir en los próximos años cómo conducir la relación a largo plazo entre ambos países. Esto depende de sus capacidades estratégicas, pero también de cómo las interpreten. En los últimos años, la relación entre China y Estados Unidos ha evolucionado hasta ser única en la historia de cada uno. Desde el punto de vista del potencial estratégico, son la mayor amenaza mutua; de hecho, la única amenaza militar que cada uno debe afrontar continuamente. El desafío que afrontamos en el período en que participé en la creación de esta relación —cuando se pensaba que podría surgir una etapa de colaboración permanente en la que los dos países se convirtieran en [inaudible]— se ha visto parcialmente frustrado y, probablemente, quedó atrás debido al crecimiento de las capacidades estratégicas y técnicas de ambos. Por tanto, en ese plano existe un componente inherente de antagonismo. El desafío consiste en determinar si la diplomacia de ambas partes puede atenuar ese antagonismo y reducirlo progresivamente. Una sola parte no puede hacerlo de forma unilateral. Ambas deben convencerse de que es esencial distender la relación política, porque se encuentran en una situación sin precedentes: un conflicto con tecnologías modernas, sin negociaciones previas sobre control de armamentos ni criterios establecidos para imponer límites, sería una catástrofe para la humanidad. Sea cual sea

el contexto histórico y político de sus diferencias, los líderes tienen la obligación de evitarlo y garantizar, como mínimo, consultas permanentes y serias sobre el tema, así como mecanismos jurídicos permanentes. Y luego, esto seguirá evolucionando.

Por supuesto, quedan muchos asuntos pendientes para el futuro del mundo. Entre ellos, el surgimiento de nuevas potencias nucleares; el más urgente es el ascenso de Irán y las consiguientes divisiones en Oriente Medio. Además, al igual que ocurre con la cuestión ucraniana, el equilibrio que surja influirá en el ascenso de países como India y Brasil, así como de otros países, que deberán integrarse en un sistema internacional. A mi parecer, estos son los asuntos clave, junto con el hecho de que el conflicto en Ucrania ha provocado una ruptura en los acuerdos económicos establecidos anteriormente, por lo que habrá que reconsiderar la definición y el funcionamiento de un sistema global.

Presento estos desafíos a modo de analogía, pero creo que debemos superarlos si no queremos vivir en un mundo cada vez más confrontativo y caótico.

Klaus Schwab: [00:19:02] Muchísimas gracias, Dr. Kissinger, por esta descripción de la situación mundial. Tenemos aquí —y sé que no estaba preparado para esto— a alguien a quien admiro mucho, también por sus ideas, y que acaba de publicar un libro muy importante. Graham Allison, ¿estaría dispuesto a hacer un comentario —necesitamos el micrófono— y quizá plantearle también una última pregunta al Dr. Kissinger? ¿Qué le ronda por la cabeza? Pero primero sería interesante escuchar sus comentarios.

Graham Allison: [00:19:55] Muchas gracias.

Henry Kissinger: [00:19:57] No oí el nombre.

Graham Allison: [00:20:00] Su alumno más antiguo.

Klaus Schwab: [00:20:02] Graham Allison.

Henry Kissinger: [00:20:06] Ah, Graham Allison, sí.

Graham Allison: [00:20:13] Henry suele llamarme su alumno más antiguo y asistente de curso, y yo le digo que es porque he sido el alumno más lento. Bueno, Henry, se le ve muy bien. Aunque estaba previsto que Henry celebrara esta noche su 99.º cumpleaños en Nueva York, las circunstancias no lo permitieron. Así que veo que se ha vestido para la fiesta, en todo caso. Siento no poder acompañarlo allí, pero me alegra verlo aquí.

Henry, ya ha escuchado la perspectiva general; como siempre, ha sido magnífica. Y creo que Klaus hizo bien en recordarnos las declaraciones de 1980, cuyos ecos podemos oír. Sin embargo, en 1980 China apenas figuraba en el panorama como lo hace hoy. Al observar la relación entre Estados Unidos y China, que, como dice usted, inevitablemente será de rivalidad y antagonismo, cabe pensar que, si no se gestiona, podría desembocar en una guerra catastrófica. Y, mientras observamos lo que sucede en Taiwán —y, por ponerme al día con las noticias, la declaración del presidente Biden sobre Taiwán ayer en Japón—, usted y yo ya hemos hablado de esto; creo que ese parece el camino más rápido hacia una guerra generalizada a gran escala entre Estados Unidos y China. Me pregunto cómo ve Taiwán en el contexto de la necesidad de las restricciones y las reglas de juego que usted describió como necesarias, pero cuya ausencia observamos ahora.

Klaus Schwab: [00:22:25] Henry, ¿quiere responder?

Henry Kissinger: [00:22:29] Ha sido una sorpresa muy grata ver aparecer a Graham y que me planteara una pregunta. Fue alumno mío y es amigo mío, y hemos seguido trayectorias paralelas durante muchas décadas.

Negocié el entendimiento sobre Taiwán al comienzo mismo de la relación entre Estados Unidos y China. Hubo cientos de reuniones sobre el tema entre diplomáticos chinos y estadounidenses, y siempre terminaban el primer día porque los chinos exigían la transferencia inmediata de Taiwán y nosotros insistíamos en seguir utilizando métodos [inaudible] para alcanzar ese objetivo. No repasaré el proceso mediante el cual se llegó al acuerdo, pero, según lo entiendo, Estados Unidos mantendría el principio de una sola China, no adoptaríamos una solución de dos Chinas y el mundo occidental estaba dispuesto a aceptar un largo período durante el cual el proceso seguiría su curso. Siempre se entendió que Estados Unidos se oponía a [inaudible] una solución militar a ese problema. Creo que estos principios han permitido que Taiwán se desarrolle como sistema democrático durante 50 años.

Y creo que es esencial mantener estos principios. Estados Unidos no debería, mediante subterfugios ni un proceso gradual, desarrollar algo parecido a una solución de dos Chinas, y China debería seguir mostrando la paciencia que ha demostrado hasta ahora.

Hay que evitar una confrontación directa, y Taiwán no puede ser el eje de las negociaciones entre China y Estados Unidos. En el núcleo de las negociaciones, es importante que ambos países debatan principios que afecten su relación antagónica y que permitan cierto margen para la cooperación. La cuestión de Taiwán no desaparecerá, pero si se convierte en el tema directo de confrontación y de conducta hostil, conducirá sin duda a una situación que podría trasladarse al ámbito militar, algo contrario a los intereses del mundo y a los intereses a largo plazo de China y Estados Unidos.

Estos son los motivos que expongo a mis amigos del Gobierno estadounidense, pero también a los amigos que he tenido la oportunidad de conocer en el lado chino a lo largo de los años. Por el bien del mundo en general, es importante que Estados Unidos y China atenúen su relación antagónica, reconociendo que, si surgiera una situación similar a la de la Primera Guerra Mundial y se deslizara hacia un conflicto, las consecuencias serían aún más graves que entonces.

Gestionar una relación antagónica ya existente y, a la vez, la necesidad de cooperar en el ámbito económico y [inaudible] es un gran desafío para ambos gobiernos. Esto se verá afectado [inaudible], porque China tendrá que volver a analizar su relación con Rusia, que ya tenía establecida, pues no podía prever, cuando la estableció, que evolucionaría en la dirección actual. También será importante que Estados Unidos vaya más allá de sus evaluaciones de las relaciones antagónicas y avance hacia alguna concepción de un orden mundial en el que, debido en parte a la evolución de las economías y en parte a la de las ideologías, la relación entre Estados Unidos y China no desemboque en una confrontación destructiva, sino que se convierta en algo compatible con el orden mundial.

Klaus Schwab: [00:30:44] Gracias. Muchas gracias. Nuestra sesión está llegando a su fin, y ha sido fascinante escuchar sus perspectivas, que siguen siendo muy visionarias. Muchas gracias por compartirlas.

Tengo una idea muy poco habitual. Perdóneme, pero, como también hemos oído decir a Graham, Henry cumple 99 años esta semana. Así que digamos todos juntos: «Feliz cumpleaños, Henry».

Público: Feliz cumpleaños, Henry.

Klaus Schwab: Les deseo lo mejor y gracias. Tenemos un minuto. Quisiera aprovecharlo porque Graham, usted ha escrito este libro —Graham, mantenga el micrófono— en el que sostiene, a partir de ejemplos históricos, que una guerra entre Estados Unidos y China —una competencia que podría terminar en guerra, digámoslo así— es inevitable.

¿Podría compartir con el público, en unas pocas frases, si todavía cree que esto va a ocurrir?

Graham Allison: [00:32:38] En realidad, no vine a hablar. Vine a escuchar a Henry. Pero esta idea fue surgiendo a lo largo de varios años.

Henry recurre a la historia para comprender e iluminar el presente, las decisiones y los desafíos. En mi libro La trampa de Tucídides, analizo los últimos 500 años y encuentro 16 casos en los que una potencia en rápido ascenso, como Atenas en la Grecia clásica o Alemania a principios del siglo XX, desafía a una potencia dominante colosal, como Esparta, Gran Bretaña o Estados Unidos hoy. Doce de esos 16 casos terminaron en guerra. Así que la guerra no es inevitable; simplemente, así es como han sucedido las cosas.

Desde que llegué, varias personas me han preguntado: «Bueno, ¿qué diría Tucídides ahora?», dado que este libro se publicó hace cinco años, justo cuando Trump se convirtió en presidente.

Creo que diría que tanto la potencia emergente como la dominante parecen seguir el guion al pie de la letra, casi como si compitieran para ver cuál representa mejor a la típica potencia emergente y a la típica potencia dominante. Así que Tucídides está sentado al borde de su asiento, anticipando la mayor guerra de todos los tiempos.

Klaus Schwab: [00:34:15] Si siguen el consejo de Henry, ese sería el…

Graham Allison: [00:34:23] El quinto caso de los cuatro que escaparon a la trampa de Tucídides, en vez de uno de los trece o doce que terminaron en resultados catastróficos.

Klaus Schwab: [00:34:34] Henry, nos ha dado consejos muy valiosos. Gracias de nuevo, y gracias también a Graham. Gracias, Henry. Le deseamos lo mejor. Con esto concluye nuestra sesión.

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