La cuarta revolución industrial está transformando los procesos de manufactura mediante el uso de sistemas de control automatizados.
Si educamos a la sociedad y preparamos a la fuerza laboral con nuevas competencias, podemos disipar los temores sobre la automatización.
He aquí tres razones por las que conviene adoptar la automatización.
Hace más de 200 años, a principios del siglo XIX, estallaron una serie de disturbios en el norte de Inglaterra. Los tejedores y trabajadores textiles de Nottingham y otras localidades, preocupados por el efecto que tendría en sus medios de vida la introducción de telares mecanizados y máquinas de tejer, empezaron a destrozar las máquinas. Los luditas, como se los conocía, se enfrentaron al ejército británico en varias ocasiones, hasta que el movimiento llegó a su fin.
Nunca es fácil asimilar los cambios rápidos. En aquel entonces, fueron los comienzos de la revolución industrial los que causaron inquietud. En las décadas y los siglos posteriores, el ritmo del cambio tecnológico se aceleró rápidamente y transformó la manufactura hasta volverla irreconocible. Ahora estamos en plena cuarta revolución industrial —o «Industria 4.0»— y hoy las líneas de producción de las fábricas están repletas de sistemas de control automatizados, software, paneles informáticos y robots.
Es importante reconocer la preocupación que la automatización industrial y conceptos como la inteligencia artificial (IA) y el Internet de las cosas (IdC) pueden generar entre los trabajadores sin formación en estos ámbitos y en las economías más pobres, que carecen de los recursos necesarios para mejorar las competencias de su fuerza laboral.
Pero también es importante comprender toda la gama —cada vez más amplia— de beneficios que aporta la automatización industrial. Dado que la pandemia de COVID-19 ha trastocado las cadenas de suministro y la manufactura,conviene analizar por qué debemos acoger la automatización en lugar de temerla.
1. La automatización industrial aumenta la productividad
En primer lugar, y quizá de manera más evidente, la automatización industrial aumenta enormemente la productividad de las tareas, los procesos y las empresas en las fábricas y en las plantas de producción. Procesos que antes requerían ejércitos de trabajadores (pensemos en las plantas de fabricación de automóviles o de procesamiento de alimentos de hace 20, 30 o 40 años) ahora requieren una fracción de esa mano de obra; un factor importante en el contexto de los problemas actuales de suministro y la escasez de mano de obra que acompaña al menor crecimiento demográfico en muchas partes del mundo.
Pero no se trata solo de reducir los costes laborales y hacer más en menos tiempo. La digitalización de la manufactura, y especialmente la llegada del Internet Industrial de las Cosas (IIoT), también permite aumentar el rendimiento y evitar tiempos de inactividad, gracias a un uso y mantenimiento más eficientes de la maquinaria. McKinsey estima que el uso de sensores en la maquinaria reduce los costes de mantenimiento entre un 10 y un 15 %.
El IIoT también ofrece mayor flexibilidad para ajustar la producción a la demanda. Por ejemplo, las nuevas soluciones de software abierto se pueden actualizar con mayor facilidad. Así, si cambian los pedidos, los operadores dedican menos tiempo a reprogramar o rediseñar, lo que aumenta la disponibilidad de las máquinas.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en relación con la Cuarta Revolución Industrial?
El Centro de Tecnologías de Frontera e Innovación reúne a científicos, responsables de políticas y líderes empresariales para comprender las tecnologías emergentes y sus implicaciones en el mundo real.
Al facilitar la colaboración y la experimentación, el Centro ayuda a sus socios a convertir la innovación surgida de la investigación en aplicaciones prácticas que afrontan desafíos globales compartidos.
Por último, los sistemas de automatización industrial configurados con precisión reducen los errores y la variabilidad y, por tanto, aumentan la productividad. La automatización de tareas repetitivas como el estampado, la soldadura blanda, la soldadura, la manipulación de materiales y el embalaje permite obtener productos de alta calidad de forma constante.
2. La automatización industrial dota de herramientas a la fuerza laboral industrial
Las empresas que tardaron en implementar herramientas de automatización industrial antes de la COVID-19 ahora se ven obligadas a replantearse sus operaciones. Los confinamientos y las medidas de distanciamiento social a menudo impedían que los trabajadores pudieran desplazarse físicamente a los centros de producción, almacenes y centros logísticos.
Esto ha puesto de relieve la importancia de las herramientas y tecnologías que permiten al personal acceder a la maquinaria, los sistemas de control y otros equipos, supervisarlos, manejarlos y prestarles servicio de forma segura y a distancia.
Entre ellas se incluyen desde gafas de realidad aumentada y otras tecnologías ponibles hasta la conectividad del IIoT, la analítica avanzada y las tecnologías basadas en la nube, que mejoran la supervisión de las operaciones industriales. Los supervisores pueden tomar decisiones basadas en datos, ajustar la producción con mayor precisión y mejorar la eficiencia operativa en tiempo real, todo a distancia.
Mientras tanto, las tecnologías de intercambio de datos y trazabilidad digital han mejorado enormemente la capacidad de las empresas para obtener visibilidad y transparencia y autenticar el origen de piezas y productos en todas sus cadenas de valor. En un momento en que se exige cada vez más a las empresas que rindan cuentas por las acciones de sus proveedores y socios, esta es ya una forma indispensable de generar confianza y hacer que las operaciones sean más resilientes ante posibles problemas de suministro.
3. La automatización industrial puede reducir el impacto ambiental de la industria
El tercer beneficio principal de la automatización industrial —y uno menos evidente— es que puede ayudar a reducir nuestro impacto en el medio ambiente.

Las industrias con un alto consumo de energía y emisiones de carbono necesitan controlar mejor los indicadores operativos y las palancas de eficiencia para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. Las herramientas de automatización digital pueden contribuir a ello, como demuestra de forma destacada una nueva generación de plantas industriales, que gestionan la producción, los recursos y los procesos empresariales de manera ecoeficiente, supervisando los datos de los activos y las operaciones en múltiples instalaciones y a lo largo de cadenas de valor completas.
Las potentes visualizaciones de los paneles muestran miles de puntos de datos para hacer un seguimiento de la producción en tiempo real y ofrecer información detallada sobre la gestión de los recursos, la eficacia general de los equipos y la optimización de toda la empresa.
Incluso las industrias conocidas por sus elevadas emisiones, pertenecientes a sectores difíciles de descarbonizar, están integrando la automatización industrial con tecnologías de gestión energética desde un centro de control para identificar mejor dónde ahorrar energía y reducir los residuos.
Por qué es fundamental desarrollar las competencias adecuadas para el futuro
Está claro que nada de esto es posible sin invertir en hardware y software, pero, sobre todo, también en las personas.
La automatización industrial implica, casi por definición, que las empresas necesitan menos empleados y perfiles con competencias distintas. Muchos empleos manuales tradicionales están desapareciendo y son sustituidos por puestos de mayor contenido tecnológico, que requieren más competencias y suelen estar mejor remunerados; trabajos que ni siquiera existían hace apenas una década.
Para algunas personas, esto resulta comprensiblemente aterrador. Por eso es fundamental que los gobiernos se aseguren de que los sistemas educativos estén orientados a fomentar las competencias necesarias para la próxima era de la automatización.
Pero el sector privado —incluidas empresas como Schneider Electric— también debe desempeñar un papel. Ya sea ofreciendo mentoría a quienes empiezan su primer empleo, formando de nuevo a empleados de más edad o ayudando a las comunidades más allá de su propia fuerza laboral mediante programas de formación.
En otras palabras, no solo tenemos que adoptar la automatización industrial, sino también asegurarnos de que sus beneficios se comprendan bien y se compartan con todos los sectores de la sociedad.
Así, nadie tendrá que temer la automatización ni empezar a destrozar máquinas como los luditas hace 200 años.





