Un pasaporte mundial de competencias podría ayudar a generar confianza en el turbulento mercado laboral actual.
El enfoque basado en las competencias prioriza a las personas, en lugar de sus trayectorias laborales o redes profesionales.
Estandarizar las competencias es necesario para establecer un pasaporte mundial de competencias.
En medio de crisis mundiales de todo tipo, escasea un bien que suele pasar inadvertido. No es comida ni agua, oro ni petróleo. Es la confianza. Gracias a ella, podemos comerciar con desconocidos a través de las fronteras. Podemos comer alimentos que no hemos preparado y depender de máquinas que no hemos construido. Gracias a ella, nuestras familias y nuestros bienes pueden estar protegidos.
Sin ella, tememos incluso los intercambios más sencillos que sustentan todas nuestras vidas interconectadas. Pese a su valor, la confianza escasea. No porque cada uno de nosotros sea indigno de confianza, sino porque no podemos demostrarla directamente a los casi 8.000 millones de personas a quienes nunca hemos conocido.
Por eso recurrimos a indicadores indirectos para simular esa confianza y a credenciales que sustituyan la experiencia personal: marcas, diplomas, certificados, avales. Todos tienen valor, pero ninguno es universal, especialmente entre fronteras y culturas, donde las distintas definiciones ocultan las verdades comunes que necesitamos comunicar.
En el trastorno que vive hoy el mundo laboral, esta falta de confianza es especialmente grave. A medida que los puestos y los trabajadores cambian de lugar, dentro de los países y entre ellos, tanto empleadores como personas que buscan empleo se benefician cuando pueden asociar con precisión las competencias a los puestos. En este mercado cambiante, las credenciales y las cualificaciones cobran más importancia, son más difíciles de definir y, en última instancia, dependen de la confianza. Y la confianza es fundamental para decidir a quién contratar.
Empleo basado en las competencias para la movilidad social
En enero de 2020, durante su 50.ª Reunión Anual, el Foro puso en marcha su iniciativa mundial Revolución del Reciclaje Profesionalpara beneficiar a más de 1.000 millones de personas de aquí a 2030. La iniciativa impulsa un cambio sistémico que permita reconocer el valor de la formación y la contratación basadas en las competencias, en lugar de los métodos tradicionales centrados en la experiencia laboral y los títulos académicos.
Un enfoque basado en las competencias es intrínsecamente más ético que las alternativas, pues considera únicamente lo que las personas son capaces de hacer, y no su trayectoria profesional ni sus redes de contactos. Al ser transnacional y no discriminatorio, amplía la diversidad de los grupos de talentos, sobre todo porque empodera a las personas refugiadas, cuyas competencias se hacen visibles y se validan. El resultado es la movilidad social y la prosperidad compartida.
Lo que falta: estándares basados en las competencias
Sin embargo, pese a la importancia de situar las competencias en el centro de la contratación y el reciclaje profesional, todavía no se han estandarizado. Esto significa que no hay manera de confiar en la definición que otra persona da de ellas, y mucho menos en su competencia. Lo que falta es un «diccionario» común de competencias, uno de los objetivos del Consorcio de Competencias del Foro y de su marco de Taxonomía Mundial de Competencias.
Cuando trabajadores, empleadores y proveedores de formación utilizan un vocabulario común, preciso y coherente de competencias, todos se benefician del efecto de red: cada nuevo usuario aumenta el valor para todos los usuarios existentes.
Estandarizar las definiciones de esas competencias es una necesidad fundamental. Validar las competencias de las personas es otra. Urge contar con credenciales eficaces y coherentes entre países, sistemas educativos e industrias. Cuando estén disponibles, estos elementos —taxonomía, portabilidad y credibilidad— conformarán un pasaporte mundial de competencias: una credencial fiable y portátil asociada a cada trabajador, que le permitirá tener movilidad y autonomía.
Un pasaporte mundial de competencias requiere:
Taxonomía: definiciones coherentes, específicas para cada puesto y aplicables
en todas las industrias.Portabilidad: aceptación mundial, asociada a cada persona e independiente de cualquier organismo.
Credibilidad: transparencia, acreditación y protección contra la manipulación.
Credenciales a gran escala
Aunque todavía no existe un único pasaporte mundial de competencias, se están probando programas piloto en todo el mundo y, pese a contar con estándares comunes, todos afrontan un desafío que limita su capacidad de ampliarse.
Desde 2015, Europa ha puesto a prueba el Pasaporte Europeo de Cualificaciones para Refugiados: una certificación de expedientes académicos, idiomas conocidos y experiencia profesional, incluso cuando no se dispone de toda la documentación. El proyecto Mochila Artículo 26 de UC Davis, iniciado en 2016, ofrece cuentas seguras en la nube para que las personas refugiadas almacenen sus credenciales académicas y laborales. En 2018, varias universidades líderes crearon el Consorcio de Credenciales Digitales, centrado en estandarizar los logros académicos. En 2020, la UNESCO puso en marcha el Pasaporte de Cualificaciones de la UNESCO para personas refugiadas y migrantes vulnerables. Hay muchos otros esfuerzos relacionados: Aceleradores Nacionales, consorcios académicos, Europass y otros.
En todos ellos, sin embargo, surge un cuello de botella común en la etapa de verificación y evaluación comparativa, debido a la capacidad limitada de quien entrevista para validar las competencias y cualificaciones de un trabajador. Ese proceso humano —investigación, evaluación y verificación— crea un callejón sin salida inviable. Depender de la confianza personal para certificar credenciales en línea no permite pasar de los miles de participantes actuales ni siquiera a un millón de personas, y mucho menos alcanzar el objetivo de 1.000 millones de personas de la Revolución del Reciclaje Profesional del Foro.
Las insignias digitales como precursoras
Para ampliar el proceso, debemos delegar la confianza que antes se otorgaba únicamente a los administradores de programas. Con la llegada de las microcredenciales, la evaluación comparativa objetiva y la transparencia de la cadena de bloques, ya se cuenta con los elementos necesarios.
Entre sus recomendaciones de 2019 para la transición a sistemas basados en competencias, el Foro promovió las insignias digitales de acuerdo con el estándar Open Badge. Las insignias digitales son microcredenciales públicas y portátiles que representan logros tangibles, a menudo de menor escala. Incluso pueden acumularse para crear un portafolio personal de conocimientos demostrados. Solo IBM ha emitido más de 3 millones de estas insignias hasta la fecha, que pueden compartirse fácilmente y trasladarse entre empresas.
Pero las insignias digitales estandarizadas son mucho más que simples galardones gamificados. Al incorporarse a una cadena de bloques, se convierten en credenciales fiables, únicas para cada persona y protegidas contra la manipulación. Las insignias digitales protegidas en el registro inmutable, compartido y público de una cadena de bloques verifican quién las obtuvo, quién las emitió y cuáles son los requisitos para completarlas.
Las insignias digitales en la cadena de bloques son una moneda personal duradera y un precursor fiable de un sólido pasaporte mundial de competencias.
Empezar por las competencias tecnológicas
Tan importante como la fiabilidad de las insignias es lo que miden, y las competencias tecnológicas y de desarrollo son las más adecuadas para este propósito. En estas áreas, los criterios evaluables se convierten en árbitros fiables de la competencia de una persona.
En el ámbito de las TI más que en ningún otro, las rigurosas certificaciones técnicas han demostrado su valor desde hace mucho tiempo. La verificación de competencias tecnológicas a menor escala puede ser igual de empírica. Mi empresa, Skillsoft, por ejemplo, ofrece evaluaciones comparativas basadas en criterios, que prescinden de las clasificaciones normativas para medir el dominio objetivo.
Hay varias razones por las que las competencias tecnológicas son las más adecuadas para liderar la adopción de un pasaporte común de competencias. Su necesidad es más apremiante; no dependen del idioma y pueden transferirse entre industrias y países; las evaluaciones son estrictamente objetivas y, a diferencia, por ejemplo, de las competencias de liderazgo, las competencias tecnológicas dependen menos de matices culturales específicos.
Hacia un pasaporte mundial de competencias
Mientras la COVID sigue asolando el mundo, muchos trabajamos a distancia, las personas refugiadas cruzan las fronteras y la economía mundial se encuentra en una situación de turbulencia por las guerras y los problemas en las cadenas de suministro… En estos tiempos, emparejar a los trabajadores con empleos en cualquier lugar del planeta, para que sus empresas puedan prosperar es más importante y urgente que nunca.
Los obstáculos son considerables: desigualdad digital, inercia arraigada, intereses locales, estándares en competencia, liderazgo y costes. Pero ampliar la confianza ya no tiene por qué ser el principal obstáculo. Dado el valor de un pasaporte mundial de competencias y su capacidad para delegar la confianza a gran escala, hay razones de peso para que la industria, el mundo académico y los gobiernos colaboren en beneficio común.





