Necesitamos con urgencia una Convención Mundial de Datos. Aquí explicamos por qué

Our economic and social stability could depend on a globally agreed set of data standards
Our economic and social stability could depend on a globally agreed set of data standardsImage: Gerd Altmann / Pixabay
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  • Los datos han adquirido una importancia fundamental y creciente en todos los ámbitos de la actividad humana.

  • Los datos están hoy globalizados y son móviles, lo que significa que necesitamos un conjunto de principios y normas acordados a nivel mundial para su tratamiento.

  • No establecer una Convención Mundial de Datos podría poner en riesgo nuestra estabilidad económica y social.

Datos: una palabra que define nuestra época. Hoy en día, los datos han adquirido una nueva importancia para las economías y las sociedades. Están en el centro de casi todo lo que hacemos, son una mercancía globalizada y omnipresente, fácil de compartir, duplicar y comerciar. Los datos son el pegamento que une e impulsa la economía digital, las comunicaciones, el gobierno, las redes sociales, la nube, la cadena de bloques, el internet de las cosas, las criptomonedas e incluso la política. Los datos ofrecen promesas, pero también peligros: son una herramienta de liberación, pero también potencialmente un arma de explotación. Sin embargo, los flujos de datos siguen estando en gran medida sin regular, y las cuestiones relativas al acceso y la propiedad son cada vez más disputadas.

Durante mucho tiempo hemos considerado los datos como un insumo: un byte que introducimos en un ordenador, una herramienta para orientar la toma de decisiones. Pero hoy los datos son en sí mismos una cuestión de política pública. Dada la importancia de los datos para la economía digital globalizada, la vigilancia, la política y la IA, pocas cuestiones geopolíticas serán más importantes en los próximos años. Algunos sostienen incluso que los datos son una nueva forma de capital. Ya son una de las infraestructuras más críticas de las economías y sociedades modernas. Los datos requieren producción, transporte, seguridad, almacenamiento, refinamiento y difusión. El diseño arquitectónico de una infraestructura tan importante no debería dejarse al azar, sino construirse cuidadosamente de forma que aborde algunas cuestiones y tensiones importantes:

  • ¿Cómo equilibramos el bienestar de las personas y las comunidades, garantizando que puedan obtener información de los datos para mejorar sus vidas, con la necesidad de proteger su privacidad y protegerlas del uso indebido y el abuso de los datos?

  • ¿Cuál es el equilibrio adecuado entre los datos de propiedad privada y los datos de bien público? ¿Qué datos deberían protegerse como bien público, no solo en sentido económico, sino también en un sentido social más amplio? ¿Qué datos deberían tratarse como activo comercial?

  • ¿Cómo pueden los datos apoyar mejor un mercado competitivo, próspero y diverso de innovaciones que mejoren y enriquezcan la vida humana?

Para alcanzar el equilibrio adecuado entre estas tensiones necesitamos una Convención Mundial de Datos, y no un mosaico de soluciones regionales o nacionales. Los datos están globalizados y son móviles, y trascienden fácilmente las fronteras. Así pues, aunque algunos países y regiones han empezado a tratar de abordar el desafío de cómo regular la recopilación y el uso de datos, un enfoque fragmentado de este tipo corre el riesgo de crear barreras a la producción, el comercio, la innovación y la cooperación. También plantea riesgos para la soberanía nacional, ya que surgen «paraísos de datos» que explotan las lagunas. Sin un enfoque mundial común, ¿cómo se sentirán las personas y las comunidades tranquilas de que sus datos se tratan con respeto y disfrutan de protecciones similares independientemente del lugar donde se almacenen? ¿Cómo pueden confiar en las empresas o en sus gobiernos? ¿Cómo pueden las empresas tener la confianza necesaria para invertir en la economía digital sin saber cuáles son sus obligaciones?

Una Convención Mundial de Datos constituiría un conjunto integrado de principios y normas sobre datos que uniría a los gobiernos nacionales, las instituciones públicas, el sector privado, las organizaciones de la sociedad civil y el mundo académico. Estos principios y normas universales establecerían los elementos del tratamiento y el intercambio responsables y éticos de los datos, así como la institución o instituciones mundiales que ofrecerían incentivos para aplicar estos principios y supervisarían su aplicación coherente en las distintas comunidades. Cualquier convención de este tipo tendría que abordar, entre otras cuestiones, la privacidad de los datos personales, el acceso a los datos, el intercambio de datos, la interoperabilidad de los datos y la transparencia de los datos. Aunque estas cuestiones se debaten ampliamente y parecen contar con un acuerdo general, carecen de definiciones universalmente aceptadas y de formas de llevarlas a la práctica. Son muchos los agentes de distintas partes del ecosistema de datos que piden una convención, o algo similar, pero utilizan términos diferentes: una Convención Digital de Ginebra, un Bien Común de Datos (Data Commons), un Bretton Woods para la IA y, más recientemente, la Hoja de ruta para la cooperación digital de las Naciones Unidas. Todos ellos suenan muy distintos, aunque quizá no tanto como parece a primera vista. Si se analizan en profundidad, el denominador común son los datos.

El volumen de datos generados a nivel mundial aumenta de forma exponencialImage: Seagate / IDC

Una Convención Mundial de Datos podría ir más allá del establecimiento de principios éticos y crear una arquitectura mundial que incluya también normas e incentivos para el cumplimiento. Para ello, debería basarse en el corpus existente de derechos humanos internacionales y en otras convenciones, leyes y tratados que establecen principios útiles y mecanismos de cumplimiento, y construir sobre ellos. Dicha arquitectura podría sentar las bases para repensar la economía de los datos, promover los datos abiertos, fomentar el intercambio de datos y facilitar los mecanismos comerciales.

Una Convención Mundial de Datos necesitará el respaldo de una institución mundial que reúna a las numerosas comunidades y ecosistemas de datos, compuestos no solo por gobiernos nacionales, el sector privado y la sociedad civil, sino también por quienes representan la inteligencia artificial y los servicios digitales y de TI. Este es un punto fundamental. Los ecosistemas de datos modernos no están controlados solo por los Estados, por lo que cualquier convención, bien común o acuerdo de tipo Bretton Woods requerirá una multitud de partes interesadas y signatarios. Esta(s) institución(es) mantendría(n) y actualizaría(n) las normas de datos, supervisaría(n) los marcos de rendición de cuentas y apoyaría(n) los mecanismos para facilitar el intercambio y el uso responsable de los datos.

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