Los efectos combinados de la pandemia y la invasión rusa de Ucrania han puesto de manifiesto la fragilidad de las cadenas de suministro, incluidas las esenciales para la seguridad alimentaria.
Los impulsos nacionales de restringir el comercio o trasladar al país la producción de bienes esenciales solo empeorarán la situación.
Las verdaderas soluciones exigen más cooperación mundial, no menos, y mercados más abiertos y cadenas de suministro más resilientes.
Durante décadas, en Citi hemos ayudado a nuestros clientes a financiar las cadenas de suministro más eficientes posibles para llevar bienes y servicios a los mercados de todo el mundo. La velocidad y el costo eran las dos consideraciones más importantes para determinar esas rutas.
Con razón, la seguridad y la resiliencia dominan ahora el diálogo que mantengo con líderes políticos y empresariales de todo el mundo. Pero, al buscar maneras de reforzar ambas, debemos seguir dejando atrás las ideas aislacionistas en busca de soluciones globales.
La seguridad alimentaria como caso de estudio
A los dos años de perturbaciones sin precedentes provocadas por la pandemia, que tensionaron las cadenas de suministro y llevaron al Índice de precios de los alimentos de la FAO para productos básicos como los aceites vegetales y los cereales a aumentar un 182 % y un 68 %, respectivamente, les siguió de inmediato la invasión rusa de Ucrania, que agravó una situación de seguridad alimentaria ya muy grave.
Cuando los agricultores se convierten de repente en soldados en el granero del mundo —donde los dos países, en conjunto, producen más de una cuarta parte de la cebada y el trigo mundiales—, es natural que surjan inquietudes por los riesgos de concentrar nuestro suministro de alimentos en un puñado de países. Muchos se preguntan… Si una guerra en Ucrania está provocando inseguridad alimentaria en Egipto y Nigeria, ¿es realmente este el sistema que queremos?

Algunos han sugerido que un cambio importante hacia la producción de alimentos «en el país» es la solución lógica. Incluso hemos visto a algunos países imponer prohibiciones a la exportación de ciertos bienes esenciales. Pero estas soluciones ignoran el papel fundamental que desempeñan los mercados abiertos para prevenir la escasez de alimentos. De hecho, el proteccionismo solo elevará los precios de las materias primas en todos los sectores y contribuirá a una recesión económica mundial.
El éxito de la globalización en la reducción del hambre
Los efectos positivos de la globalización en el crecimiento del PIB per cápita y en la reducción de la pobreza extrema están bien documentados.

La era de la liberalización del comercio no solo generó mejores resultados económicos, sino que también redujo el hambre y las hambrunas y reforzó la seguridad alimentaria, todo ello durante un período de rápido crecimiento demográfico.
De hecho, entre 2001 y 2017, el número de personas subalimentadas en todo el mundo se desplomó en 170 millones. Al mismo tiempo, la tasa de mortalidad por hambruna disminuyó drásticamente. Y, a medida que caen las barreras comerciales y aumentan los ingresos, las personas gastan menos proporcionalmente en alimentos, lo que les permite destinar más dinero a bienes y servicios que mejoran sus vidas.
Fortalecer la resiliencia reduciendo las barreras de acceso
Sin embargo, la crisis actual ha demostrado que quizá en algunos casos hemos optimizado en exceso la eficiencia al depender de centros de producción de alimentos concentrados.
Para reforzar la resiliencia, debemos diversificar nuestras cadenas de suministro, especialmente las de bienes esenciales como los alimentos. Esto exigirá mejorar el acceso transfronterizo a servicios esenciales para la producción y el transporte de productos agrícolas.
Por ejemplo, un mayor acceso a servicios financieros, esenciales para empresas de todo tipo y tamaño, permitiría a los agricultores, en particular en los mercados emergentes, prepararse mejor para las perturbaciones y responder a ellas, moderando así el tradicional ciclo de auge y caída de las materias primas. Del mismo modo, financiar la infraestructura logística necesaria para llevar los productos a los mercados podría ayudar a gestionar la previsibilidad de la demanda.
Las elevadas barreras al comercio, especialmente en los servicios, impiden que los agricultores de muchas partes del mundo contribuyan más al suministro mundial de alimentos. Podemos ayudar a nuestros agricultores a aumentar la producción y eliminar la inseguridad alimentaria elevando su productividad mediante la distribución de insumos agrícolas clave y mejores prácticas, entre ellas:
- Financiación: En África Oriental, menos de la mitad de las pequeñas y medianas empresas (pymes) tienen acceso a financiación bancaria formal, pese a emplear al 50 %–80 % de los trabajadores de la región. Sin embargo, cuando se aplica una solución como los préstamos en efectivo, los resultados son mucho mejores. Cuando Innovations for Poverty Action estudió los préstamos en alimentos y en efectivo en Zambia durante la «temporada de escasez», aumentaron la producción agrícola, los salarios locales y el consumo, mientras que disminuyó el trabajo fuera de las explotaciones. Los préstamos permitieron a los agricultores estabilizar sus ingresos, conservar a sus trabajadores y realizar mejoras de capital.
- Seguros: El seguro de cultivos puede ayudar a garantizar que los agricultores de los países en desarrollo mantengan su solvencia y reforzar la resiliencia de la cadena de suministro de alimentos. En el estado indio de Gujarat, una asociación público-privada proporcionó seguros subvencionados a pequeños y medianos agricultores para que sirvieran de garantía para obtener crédito. La asociación aumentó el flujo de crédito hacia los agricultores y su éxito acabó inspirando a India a establecer un programa nacional.
- Acceso a los mercados: Los agricultores de los países en desarrollo se ven limitados por diversos factores, como la lejanía de sus ubicaciones, los escasos conocimientos empresariales, los mayores costos de transporte y los aranceles agrícolas. La participación de Perú en varios acuerdos comerciales ha reducido las barreras arancelarias y ha generado un aumento considerable de sus exportaciones agrícolas. Las exportaciones agrícolas peruanas a EE. UU. han crecido un 175 % desde la entrada en vigor del acuerdo bilateral de libre comercio entre ambos países en 2009. A su vez, estas exportaciones han contribuido a un sólido crecimiento del empleo y los salarios en las empresas agroindustriales y a una reducción constante del número de peruanos que viven en la pobreza.
- Capacitación, tecnología y productos agrícolas: En todo el mundo en desarrollo, la capacitación, la tecnología y los productos agrícolas, como las semillas y los fertilizantes, suelen estar muy rezagados respecto de otros países. Ampliar el acceso mundial a estos recursos permite a los pequeños agricultores adoptar nuevos métodos que aumentan considerablemente su productividad. One Acre Fund, cliente sin fines de lucro de Citi especializado en financiar productos para pequeños agricultores del África subsahariana, descubrió que los agricultores participantes en sus programas ganaban, en promedio, casi un 40 % más que explotaciones comparables que no participaban.
Resolver la inseguridad alimentaria y construir cadenas de suministro más resilientes en todos los sectores a largo plazo exigirá un mayor compromiso mundial, no menor. Al eliminar las barreras a los servicios, los bienes y las ideas, podemos ayudar a los mercados a generar precios más estables, aumentar la disponibilidad de alimentos y mejorar la salud, especialmente en los países en desarrollo. Como comunidad mundial, debemos avanzar hacia un sistema que ofrezca a los agricultores de África, Asia y Sudamérica acceso a las mismas herramientas que tienen los agricultores de Iowa, East Anglia o Rotterdam.





