La invasión rusa de Ucrania ha inaugurado una nueva era de la geopolítica.
Abundan las crisis mundiales relacionadas con la seguridad, la economía, la energía y el medio ambiente.
Los líderes señalan vías para impulsar la estabilidad y la paz mundiales.
El Reunión Anual 2022 del Foro Económico Mundial se celebra en el momento geopolítico y geoeconómico más trascendental de las últimas tres décadas y en el contexto de una pandemia que ocurre una vez cada siglo.
La invasión rusa de Ucrania parece haber señalado el surgimiento de una nueva era geopolítica, marcada por una competencia más intensa y hostil en torno a la seguridad, los intereses económicos, energéticos e ideológicos.
Para responder a esta nueva realidad, el Consejo del Futuro Global sobre Geopolítica del Foro Económico Mundial reflexiona sobre el papel que deben desempeñar los líderes para afrontar los urgentes desafíos humanitarios y de seguridad, al tiempo que promueven prioridades económicas, ambientales y sociales de larga data.
Cinco miembros del consejo analizan cuáles consideran que son las prioridades para promover la paz y la estabilidad mundiales, así como las medidas que podrían adoptarse para estabilizar sectores específicos que se encuentran en primera línea del conflicto.
'Ayudar a Ucrania a derrotar la invasión rusa es la prioridad clave'
Embajadora Paula Dobriansky, copresidenta del Consejo del Futuro Global sobre Geopolítica
La independencia y la integridad territorial de Ucrania, amenazadas por Rusia, merecen apoyo, pero hay mucho más en juego. La flagrante agresión de Putin, si tiene éxito, destruirá la arquitectura de seguridad europea de la posguerra y legitimará el uso de la fuerza como instrumento legítimo de política estatal, convirtiendo la guerra en un rasgo permanente del sistema internacional.
Mientras tanto, los crímenes de guerra y las estrategias genocidas de Moscú, si sus responsables no rinden cuentas, acabarán con todos los límites de la guerra y la volverán especialmente brutal y destructiva. Para evitar que se produzcan estos acontecimientos calamitosos, la prioridad clave es ayudar a Ucrania a derrotar decisivamente la invasión rusa.
Sin embargo, aunque gestionar mal la agresión rusa contra Ucrania causaría graves problemas regionales y mundiales, abordarla bien probablemente reportará importantes beneficios para la seguridad. De hecho, ya hay abundantes pruebas de que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y muchas democracias asiáticas, aunque no todas, están cooperando a una escala sin precedentes para apoyar a Ucrania y sancionar a Moscú.
El proceso de adhesión de Finlandia y Suecia a la OTAN es solo un ejemplo del creciente fortalecimiento de la alianza. El compromiso de Alemania de aumentar el gasto en defensa para ajustarlo al objetivo de la OTAN del 2 % del PIB ampliará considerablemente sus capacidades militares y contribuirá a reducir las tensiones transatlánticas de larga data sobre el reparto de cargas. Esta red de cooperación puede y debe mantenerse, y bien podría evolucionar hacia una asociación democrática más amplia para hacer frente a diversas amenazas a la seguridad.
¿Cómo contribuye el Foro Económico Mundial a mejorar la asistencia humanitaria?
'En lugar de acabar con la conectividad, deberíamos tratar de idear reglas y normas que atenúen sus efectos nocivos'
Mark Leonard, director del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR)
A largo plazo, debemos reconstruir el orden de seguridad europeo y prepararnos para un mundo sin paz. No solo asistimos a la tragedia de la guerra en Ucrania: todos los aspectos de la globalización se están convirtiendo en armas. Putin utiliza las elevadas facturas de energía, los refugiados, la desinformación y los ciberataques para debilitar a Ucrania y a los países que la apoyan.
En respuesta, muchos gobiernos han excluido a Rusia del sistema financiero mundial, diversificado sus suministros de energía e intentado desvincular de Rusia sus economías y sociedades. Muchos países, ciudadanos y empresas de todo el mundo serán víctimas involuntarias de este conflicto.
En mi libro La era de la falta de paz muestro cómo los aspectos positivos y negativos de la conectividad están inextricablemente entrelazados, y que es imposible separarlos sin destruir muchos de los mayores avances de nuestra civilización. En lugar de acabar con la conectividad, deberíamos tratar de idear reglas y normas que atenúen sus efectos nocivos o la desarmen. Si el control de armamentos contribuyó a aliviar la Guerra Fría, el equivalente para nuestra época es «desarmar la conectividad».
'Es imperativo que quienes tienen voz e influencia sean igualmente creativos en la búsqueda de la paz'
Samir Saran, presidente de la Observer Research Foundation (ORF)
La guerra entre Rusia y Ucrania ha llegado a un punto muerto, como una fuerza imparable frente a un objeto inamovible. Las emociones políticas que suscita son comprensibles, pero cabe preguntarse si justifican la tragedia humana que se desarrolla y la consiguiente convulsión de la economía mundial. La recuperación pospandémica, ya de por sí irregular y desigual, se ha visto gravemente amenazada por la inflación mundial de los precios de los alimentos y la energía. Gobiernos y sociedades muy alejados de Europa sienten la presión. Es imperativo que quienes tienen voz e influencia den un paso al frente y sean igualmente creativos en la búsqueda de la paz.
La guerra no ha hecho más que agravar el vaciamiento continuo de las cadenas de suministro mundiales causado por la pandemia. De Shanghái a las estepas, y de las finanzas, las materias primas y los recursos a los componentes y productos terminados, los cuellos de botella han estrangulado los mercados mundiales. Urge desatascar las cadenas de suministro, en la medida en que sea políticamente viable, y diversificarlas, en la medida en que sea económicamente práctico.
Por último, mientras las temperaturas estivales se disparan en Asia meridional y más allá, el cambio climático es una crisis cotidiana que afecta a todas las personas. El compromiso con la financiación climática y el flujo de tecnologías verdes hacia países como India, donde se librará de manera decisiva y significativa la batalla por el futuro de nuestra ecología, es rotundo; la acción es escasa. Esto debe cambiar, ahora.
'El orden basado en reglas debe mantenerse y fortalecerse'
Ivo Daalder, presidente del Consejo de Chicago para Asuntos Globales
El siglo XX se dividió en dos mitades: la primera se caracterizó por dos guerras mundiales que causaron la muerte de más de 100 millones de personas; la segunda, por el período más largo de paz entre grandes potencias de la historia. La diferencia fundamental entre ambas épocas fue el predominio de un orden basado en reglas y sustentado en los conceptos de seguridad colectiva, prosperidad compartida y respeto al Estado de derecho. Rusia ha violado todas estas reglas con su invasión ilegal de Ucrania.
Nuestra prioridad más importante debe ser garantizar que Moscú fracase en sus malvados planes contra un país vecino y convertir la defensa del orden basado en reglas en la responsabilidad colectiva más importante de los Estados comprometidos con ese orden y que se benefician de él. Esta responsabilidad recae en todos los Estados, no solo en aquellos que han respondido con mayor rapidez a la agresión rusa.
Aunque sin duda los Estados discrepan sobre la mejor manera de responder a Rusia, no cabe duda de que a todos les interesa fundamentalmente que el orden basado en reglas se mantenga y fortalezca, para evitar que volvamos a un mundo como el de principios del siglo XX, en el que los fuertes hacían lo que querían y los débiles sufrían lo que debían.
'La paz y la seguridad exigen prudencia al establecer las conexiones pertinentes'
Lynn Kuok, investigadora sénior de seguridad de Asia-Pacífico del Diálogo Shangri-La, Instituto Internacional de Estudios Estratégicos
Promover la paz y la seguridad mundiales exigirá que el mundo conecte los puntos entre regiones, pero que evite establecer vínculos cuando no estén justificados. Aunque muchos en Asia consideran que lo que ocurre en Europa es un acontecimiento bastante localizado que no amenaza con redefinir el orden mundial, esta visión pasa por alto sus implicaciones para el derecho internacional si no se aborda debidamente.
Los países que se mantienen al margen de esta cuestión, alegando que Europa está lejos, pasan por alto que un ataque contra el orden basado en reglas en una parte del mundo lo perjudica en todas partes. Así como los acontecimientos en Europa deberían preocupar a Asia —más allá de las repercusiones económicas—, Europa no debería descuidar el Indopacífico mientras afronta una crisis más cercana. Aunque menos dramático que un conflicto abierto, el lento deterioro del orden basado en reglas también perjudica la paz y la seguridad. Incluso antes de la invasión rusa de Ucrania, el derecho internacional ya se estaba socavando en Asia, sobre todo por las acciones de China en el mar de China Meridional.
Sin embargo, también es importante evitar asociaciones erróneas que resulten contraproducentes. China y Rusia han proclamado una asociación «sin límites», pero la respuesta de Pekín desde su declaración conjunta de principios de febrero sugiere incomodidad ante la posterior invasión rusa de Ucrania, o al menos ante lo mal que ha salido. Aunque es probable que la asociación entre China y Rusia tenga límites naturales y que las acciones de ambos países no sean equivalentes, esto parece irrelevante para la tendencia, a veces cínica, a meter a ambos países en el mismo saco.
Sin embargo, hacerlo es un error si se busca la paz y la seguridad. Presentar la contienda como una pugna entre democracias liberales y Estados autoritarios profundiza innecesariamente las divisiones, dificulta la cooperación, aleja a posibles socios y abre espacio estratégico para China. La paz y la seguridad exigen prudencia al establecer las conexiones pertinentes.





