Quienes critican los criterios ESG y el capitalismo de las partes interesadas subestiman su creciente importancia para el desempeño financiero de las empresas.
La gestión responsable de los activos intangibles, en particular de las personas y los datos, es más importante que nunca para la creación de valor.
Predicar con el ejemplo el capitalismo de las partes interesadas requiere integrar sistemáticamente los criterios ESG en los consejos de administración, la estrategia y la presentación de informes.
La mayoría de los consejos de administración de empresas y de los inversores institucionales acepta ahora que ciertos riesgos y oportunidades ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) pueden ser financieramente materiales, es decir, pueden afectar al desempeño económico de las empresas. Una proporción cada vez mayor también suscribe el principio de gobernanza corporativa relacionado según el cual las empresas deben gestionarse en beneficio a largo plazo de todas sus principales partes interesadas, incluidos, entre otros, los accionistas. Sin embargo, aunque los movimientos de inversión ESG y de capitalismo de las partes interesadas siguen cobrando fuerza, afrontan una reacción en contra.
Criterios ESG y capitalismo de las partes interesadas: los argumentos de sus críticos
Un grupo de críticos se centra en la aplicación incoherente de estos marcos por parte de quienes los promueven. Algunos lo consideran hipocresía y una señalización performativa de virtud: directores ejecutivos y consejos de administración que buscan complacer a la opinión pública o a grupos de interés especiales en torno a temas de su preferencia. Otros atribuyen a esto un motivo más oscuro y sostienen que se trata de una elaborada cortina de humo para crear la ilusión de progreso y socavar el apoyo popular a una intervención gubernamental más contundente.
Un segundo grupo de detractores cuestiona la premisa misma de la inversión ESG y del capitalismo de las partes interesadas. Algunos sostienen que, si estos factores son financieramente materiales, los directivos y administradores centrados en maximizar el valor para los accionistas ya los tienen en cuenta por definición. Otros afirman que estos conceptos son intrínsecamente inviables porque inevitablemente politizarían la toma de decisiones dentro de las empresas, enredándolas de tal manera que asignarían mal los recursos. Otros más dicen que todo dilema y toda disyuntiva entre las partes interesadas y los accionistas se resolverán inevitablemente a favor de estos últimos; entonces, ¿qué sentido tiene?
Cada una de estas críticas contiene algo de verdad, lo suficiente para que resulte eficaz como argumento de debate o advertencia. Pero ninguna constituye un argumento que descalifique estos enfoques. Esto se debe, principalmente, a la lógica ineludible de la materialidad financiera para los administradores, directivos e inversores que se toman en serio sus responsabilidades fiduciarias. La atención a las cuestiones ESG y a los intereses relacionados de las partes interesadas no puede descartarse como mera publicidad o política, por la sencilla razón de que la historia ha demostrado —y los recientes cambios disruptivos en la tecnología, el medio ambiente, la geopolítica y las actitudes sociales lo ponen de relieve— que son factores cada vez más importantes para preservar y crear valor empresarial.
En cuanto a la preservación del valor, existe una larga historia de consejos de administración e inversores sorprendidos por fallos en la gestión que sus empresas hacen de las cuestiones ESG y del capitalismo de las partes interesadas, lo que ha provocado una fuerte caída del valor de mercado. Baste pensar en la explosión de Deepwater Horizon de BP en el golfo de México; la manipulación de las pruebas de emisiones por parte de Volkswagen; las infracciones de Facebook en materia de privacidad de datos; la falsificación por parte de Kobe Steel de datos sobre la seguridad de sus productos; las infracciones relacionadas con sobornos de Odebrecht, Siemens y Airbus; los escándalos de acoso sexual de Uber, Google y Weinstein Co.; entre otros.
Un estudio de Bank of America Merrill Lynch concluyó que 15 de las 17 quiebras del S&P 500 entre 2005 y 2015 correspondieron a empresas que tenían puntuaciones bajas en materia ambiental y social cinco años antes de esos acontecimientos, y que las principales controversias relacionadas con criterios ESG estuvieron acompañadas de pérdidas de capitalización bursátil, desde el máximo hasta el mínimo, de medio billón de dólares en grandes empresas estadounidenses entre 2013 y 2019.
La respuesta adecuada a una diligencia deficiente en el ejercicio de la gobernanza corporativa no consiste en desestimar ni racionalizar los riesgos relacionados, sino en aplicar mayor rigor para comprenderlos y mitigarlos.
Las consideraciones ESG y del capitalismo de las partes interesadas también pueden ser materiales para la creación de valor empresarial. Por ejemplo, el cambio climático, el agua, la biodiversidad y otros aspectos de la gestión ambiental inciden de manera importante en el desempeño de una empresa frente a sus pares, en un mundo donde la tecnología, la regulación y los efectos físicos relacionados cambian en cuestión de años y, a veces, de meses. Lo mismo ocurre con la gestión de los activos intangibles, en particular de las personas. El desarrollo continuo del talento, la motivación, la diversidad y el bienestar de la plantilla de una empresa, así como el desarrollo y la gestión responsables de su propiedad intelectual —incluidas las nuevas tecnologías, las innovaciones en los procesos y los datos—, son factores cada vez más importantes para la creación de valor empresarial en la Cuarta Revolución Industrial.
Las prácticas contables y de presentación de informes aún no se han adaptado adecuadamente a la creciente importancia de los activos intangibles en esta nueva era. Existe una discrepancia significativa entre la capitalización bursátil y los activos declarados, que se estima en torno a una proporción de dos a uno. Dado que la mitad de la capitalización bursátil no se refleja efectivamente en las cuentas, los directivos y los inversores tienen una visión distorsionada de la capacidad de su empresa para crear valor a largo plazo si solo consideran, o incluso si principalmente consideran, los aspectos financieros de su desempeño. El capital humano —las competencias, el empoderamiento y la creatividad de la plantilla de una empresa— ha sido durante mucho tiempo un ámbito de inversión insuficiente tanto para las empresas como para los gobiernos.
Por tanto, existe un sólido argumento económico para integrar rigurosamente los aspectos no financieros e intangibles del desempeño corporativo en la estrategia central y las prácticas de gestión de una empresa; estos factores son fundamentales para la creación de valor y la resiliencia en el contexto empresarial actual, marcado por una mayor disrupción tecnológica, limitaciones ambientales, fragilidad social e incertidumbre geopolítica. Por este motivo, los líderes empresariales deben trascender la lógica tradicional y segmentada de las consideraciones relativas a los accionistas y a las partes interesadas, ejemplificada por los conceptos de primacía de los accionistas y responsabilidad social corporativa. En su lugar, deben integrarlas eficazmente mediante la incorporación sistemática de los riesgos y oportunidades ESG materiales en la gobernanza corporativa, la estrategia, la asignación de recursos y la presentación de informes.
La integración plena de los criterios ESG es lo que da efecto práctico a los principios y valores del capitalismo de las partes interesadas: así es como las empresas predican con el ejemplo en materia de creación sostenible de valor empresarial. Desde esta perspectiva, los movimientos de inversión ESG y de capitalismo de las partes interesadas tratan, en esencia, de la buena gobernanza: reforzar la diligencia debida en el ejercicio de la responsabilidad fiduciaria en un contexto empresarial que atraviesa una transformación profunda.
Es legítimo criticar una aplicación débil o incoherente, y, de hecho, la mayoría de las empresas y los inversores apenas están empezando a integrar rigurosamente las consideraciones ESG en sus procesos centrales de toma de decisiones. Sin embargo, quienes pretenden politizar la inversión ESG y el capitalismo de las partes interesadas al confundirlos con el debate cultural más amplio sobre el «wokeismo» o al poner en duda los motivos de administradores, ejecutivos e inversores subestiman gravemente la naturaleza cambiante de la creación de valor empresarial.
El debate sobre cómo deberían adaptarse la gobernanza corporativa y la de los inversores a las transformaciones económicas y sociales del siglo XXI merece un análisis más profundo y menos polémico de lo que realmente importa para el desempeño de las empresas y las economías en esta nueva era.
• Las opiniones expresadas aquí son exclusivamente las de los autores y se basan en su próximo libro, Creación sostenible de valor empresarial: cómo implementar el capitalismo de las partes interesadas mediante la integración plena de los criterios ESG.





