La conversación sobre el capital privado y los criterios ambientales, sociales y de gobernanza corporativa (ESG) se ha centrado en gran medida en las directrices y métricas de presentación de informes.
Creemos que el capital privado está bien posicionado para impulsar y ampliar las mejores prácticas ESG.
La motivación para liderar la mejora del desempeño ESG puede basarse en la estrategia y la excelencia operativa.
No sorprende que la mayor parte de las conversaciones recientes sobre el capital privado y los criterios ambientales, sociales y de gobernanza corporativa (ESG) se hayan centrado en las directrices y métricas de presentación de informes, ya que las empresas se apresuran a satisfacer las crecientes expectativas de sus inversores en materia de cumplimiento ESG.
Aunque las métricas y el cumplimiento son claramente importantes, el sector del capital privado está desaprovechando una oportunidad mucho mayor que tenemos a nuestro alcance: podemos liderar la creación y difusión de las mejores prácticas ESG en carteras de todo el mundo.
¿Y por qué no?
En primer lugar, el capital privado tiene un problema de percepción. Es conocido por su capacidad para impulsar mejoras operativas, especialmente en crecimiento y productividad, que pueden generar rendimientos atractivos para los inversores de fondos de dotación, fundaciones y pensiones.
Pero creo que la otra cara de ese éxito de inversión es la percepción equivocada de que esta clase de activos se orienta exclusivamente al corto plazo, pasando por alto las pruebas de que muchos gestores de capital privado generan valor a largo plazo alineado con los objetivos ESG.
En mi opinión, la propiedad de capital privado está en una posición excepcional para impulsar transformaciones en las mejores prácticas y, al mismo tiempo, alinearse con los valores de los accionistas, la dirección y otras partes interesadas.
He aquí tres razones.
1. El objetivo último del capital privado es el crecimiento.
Las empresas de capital privado buscan crear valor cuando venden su participación, no cuando invierten. Para generar rentabilidad, deben construir un negocio mejor que el que adquirieron. Una estructura de costes más baja (por ejemplo, reduciendo los gastos generales) no basta por sí sola.
Por supuesto, reducir los costes aumentará los márgenes y aportará cierto valor. Sin embargo, creo que el crecimiento se valora mucho más que el margen; por eso, los propietarios de capital privado con mejor desempeño buscan acelerar el crecimiento de forma sostenible durante el período en que mantienen la propiedad.
Quienes tienen éxito suelen recibir como recompensa una valoración más alta.
2. La dirección y los accionistas mantienen una relación estrecha.
Las transformaciones suelen ser complejas y requieren inversiones, lo que puede reducir los beneficios a corto plazo. Es importante que los accionistas y la dirección estén alineados durante toda la transformación.
Sin embargo, rara vez las transformaciones se desarrollan según lo previsto: a menudo se ven afectadas por la dinámica del mercado y la competencia.
Una dirección competente contrarrestará estas fuerzas ajustando con agilidad sus planes y esfuerzos, y así alcanzará objetivos a más largo plazo, aunque haya volatilidad a corto plazo.
Al ser menos numerosos y estar más cerca de la dirección, los accionistas de capital privado pueden comprender mejor esa volatilidad y respaldar los ajustes necesarios a mitad del proceso.
3. Los gestores de capital privado pueden integrar los criterios ESG en la estrategia y la excelencia operativa.
Creo que las consideraciones ESG deben incorporarse a la estrategia y están estrechamente vinculadas a la excelencia operativa, que constituye un elemento central de muchos modelos de creación de valor del capital privado.
El capital privado comprende la importancia de operar con éxito con consumidores y clientes, colaborar con proveedores, trabajar con reguladores y ONG, y crear una plantilla y una cultura diversas, saludables, seguras y productivas.
Comprenden que seguir una estrategia ESG responsable puede hacer más que reducir los riesgos para la reputación: puede proyectar la imagen de una empresa bien dirigida y gestionada, con la consiguiente prima en su valoración.
Creo que estas empresas pueden incorporar métricas ESG a su conjunto de herramientas para construir negocios, al igual que el crecimiento, la productividad y la reducción de costes. También reconocen que, si se hace bien, esto podría dar lugar a un múltiplo de valoración que integre los criterios ESG, del mismo modo que se habla de empresas de alto crecimiento que consiguen un múltiplo de crecimiento.
Por supuesto, algunas empresas de capital privado creen que no pueden lograr un impacto duradero en cuestiones ESG porque son propietarias transitorias y suelen mantener sus inversiones durante cinco años. Creo que estas propietarias transitorias subestiman el valor fundamental que libera una buena gobernanza y pasan por alto el valor que aporta mejorar la diversidad y la inclusión en la plantilla, mejoras que se han vinculado a una mayor creatividad, productividad y beneficios.
Lograr un cambio significativo en la huella ESG de una empresa en cinco años es tan viable como explorar nuevas vías de crecimiento innovadoras o modificar la estructura de costes.
Creo que las empresas de capital privado pueden ser catalizadoras de cambios constructivos y el motor de una rápida implantación de buenas prácticas ESG. El valor neto de los activos de las carteras de capital privado asciende a unos 5 billones de dólares y sigue creciendo; las inversiones se renuevan cada cuatro o cinco años.
Esto significa que el capital privado podría abarcar un tercio de la economía mundial en las próximas dos décadas. Con ese alcance y esa influencia, tiene el potencial de integrar las prácticas ESG en la estrategia y la ejecución empresarial con un gran impacto.





