La población mundial es de 8.000 millones de personas y sigue creciendo, pero dos tercios de la población viven en un país con una baja tasa de fecundidad.
Estas disparidades han dado lugar a un mundo más diverso demográficamente que nunca.
Con una planificación y preparación adecuadas, los gobiernos pueden aprovechar el potencial de una demografía cambiante.
La población mundial ya alcanza los 8.000 millones de personas. En las próximas décadas, se prevé que siga aumentando, aunque a un ritmo más lento, hasta estabilizarse y empezar a disminuir en torno a 2100.
Sin embargo, el crecimiento no es lo único que muestran las estadísticas. Cada vez más países han empezado a registrar descensos de población. De hecho, más de el 60 % de la población mundial vive ahora en un país con una baja tasa de fecundidad. Estas tendencias diversas —el crecimiento demográfico en algunos países y el descenso de la población en otros— han dado lugar a un mundo más diverso demográficamente que nunca.
Estas diversas tendencias demográficas plantean una pregunta: como responsables de políticas y líderes, ¿cómo podemos planificar para un mundo en el que la edad mediana en África subsahariana es 24 años inferior a la de Europa? ¿Qué recomendaciones debemos dar a los gobiernos cuando la tasa de fecundidad en Níger supera los seis hijos por mujer, mientras que en Corea del Sur se acerca a uno?
En un mundo tan diverso como el nuestro, ya no podemos depender de soluciones universales. Si ayudamos a los países a aprovechar sus tendencias demográficas, podemos construir sociedades resilientes a los cambios demográficos, tanto si su población crece como si disminuye.
Cómo aprovechar el potencial demográfico
A continuación se presentan cinco recomendaciones para responsables de políticas interesados en aprovechar el potencial de unas poblaciones cambiantes.
1. Analizar los datos de población
El Fondo de Población de las Naciones Unidas ha comprobado el valor de recopilar, analizar y tener en cuenta los datos de población en la formulación de políticas. Cuando los responsables de políticas comprenden por qué, cómo y dónde cambia la población, obtienen información sobre sus necesidades actuales y futuras. Por ejemplo, si los datos de población de un país muestran que cada vez más personas mayores viven en zonas rurales, puede ser necesario considerar el transporte rural; si el envejecimiento de la población se acelera rápidamente, quizá haya que revisar el sistema de pensiones. Al invertir en soluciones con visión de futuro, podemos crear políticas sostenibles que preparen a nuestras sociedades para los cambios demográficos a medida que se produzcan.
2. Invertir en planificación familiar y libertad de elección reproductiva
El mejor objetivo demográfico que puede fijarse un país es garantizar que cada embarazo sea deseado y cada parto, seguro. En todo el mundo, vemos a gobiernos que intentan dirigir las tendencias demográficas incentivando los nacimientos o recortando las subvenciones a la planificación familiar para aumentar la población. Estas políticas no solo son ineficaces, sino que también corren el riesgo de vulnerar los derechos humanos de las personas. En cambio, los responsables de políticas deberían empoderar a la población para que tome las riendas de sus propias decisiones reproductivas, garantizando el acceso a métodos anticonceptivos y a información sobre salud sexual, estableciendo sistemas de salud que permitan dar a luz de forma segura y apoyando la vida familiar mediante servicios de cuidado infantil subvencionados y viviendas asequibles. Hemos visto una y otra vez que las inversiones en planificación familiar y libertad de elección reproductiva dan buenos resultados: mejoran la salud infantil y empoderan a las mujeres para que prosigan sus estudios, encuentren y conserven mejores empleos, contribuyan a los ingresos del hogar, saquen a sus familias de la pobreza y fomenten el crecimiento económico.
3. Planificar las necesidades futuras de infraestructura sanitaria
Las tendencias demográficas deberían orientar las políticas de salud pública. Al comprender la trayectoria demográfica de una población, los responsables de políticas pueden construir sistemas de salud preparados para las necesidades sanitarias actuales y futuras de sus comunidades. En los países con poblaciones envejecidas, esto podría significar reforzar los sistemas de atención a largo plazo y de enfermedades crónicas, además de ofrecer programas de asistencia social que permitan a las personas mayores recibir atención sin afrontar una carga económica excesiva. En cambio, en los países con poblaciones más jóvenes, podría implicar invertir en formación de partería y facilitar el acceso a la atención neonatal y la pediatría.
4. Educar a todas las personas, a cualquier edad
A medida que aumenta la esperanza de vida, también crecen las oportunidades de seguir formándose. Los programas educativos pueden ofrecer una segunda oportunidad para incorporarse al mercado laboral y mejorar su situación socioeconómica a quienes no tuvieron acceso a la educación cuando eran más jóvenes. Estos programas pueden ayudar a distintos grupos demográficos, entre ellos las mujeres que tuvieron que renunciar a sus estudios, las personas mayores que quieren reincorporarse al mercado laboral y las personas inmigrantes que necesitan nuevas competencias acordes con las necesidades profesionales de un país. Al invertir en programas educativos dirigidos a distintos grupos de población, podemos garantizar que las personas tengan la oportunidad de prosperar en todas las etapas de su vida.
5. Dar prioridad a la inclusión
Una y otra vez, hemos visto que las políticas más eficaces son las que buscan integrar a más personas en la vida económica y social de un país. Esto incluye transformar las normas de género para facilitar que las mujeres sigan trabajando, permitir que las personas mayores mantengan su actividad económica o cambiar las políticas migratorias para ofrecer a las personas migrantes vías para mejorar su situación económica y social. Las políticas que priorizan la inclusión tienen efectos duraderos: no solo mejoran los resultados a corto plazo, sino que también encaminan a los países hacia la prosperidad a largo plazo.





