Para ver el amanecer de economías sostenibles necesitamos descifrar el futuro de todo, desde la desglobalización hasta la experiencia del cliente.
La autosuficiencia equilibrada con el trabajo por el bien común global caracteriza nuestro futuro.
La India puede servir como buen ejemplo de por qué descifrar el futuro nos ayuda a entender dónde nos encontramos en este momento.
Nadie podría haber imaginado que el inicio de la nueva década, que amaneció en 2020, sería tan inquietante. Los cambios provocados por diversos factores sociales, geopolíticos, tecnológicos, ambientales y económicos ya han remodelado el orden mundial, y apenas llevamos un año.
La trayectoria del crecimiento económico se ha reiniciado, con el foco puesto en construir economías resilientes, modelos alternativos e infraestructuras sólidas, todo ello para garantizar un crecimiento sostenible.
La forma en que estamos gestionando la crisis de la COVID-19 ha demostrado que podemos doblegarnos temporalmente bajo presión, pero no nos quebraremos. Es propio de la naturaleza humana reflexionar, reiniciar y buscar mejorar frente a la adversidad.
Para presenciar el amanecer de economías resilientes, autosuficientes, circulares y sostenibles, debemos empezar a descifrar lo próximo de todo. Y hacerlo ahora mismo. Estas son cuatro áreas principales que conviene analizar:
1. El próximo capítulo de la globalización: ¿qué aspecto tendría la autosuficiencia global?
La crisis actual nos ha enseñado que es importante que cada nación se vuelva autosuficiente para liderar el mundo de manera conjunta.
El futuro son mercados digitales en los que el productor y el consumidor final estarán conectados de forma hipereficiente, gracias a tecnologías como el 5G y sus generaciones posteriores, la cadena de bloques y la automatización.
CP Gurnani
Un ejemplo claro es la llamada del primer ministro indio Narendra Modi a «Make in India» y «Make for the World». Refuerza además la creencia existente de que el aporte de valor local puede ayudar a que la India se convierta en un centro manufacturero y en exportador de productos acabados.
La tecnología adecuada y una atención suficiente a la investigación y el desarrollo serán los pilares del éxito en este ámbito. Las empresas deberán evaluar si sus modelos operativos son realmente digitales y construir cadenas de suministro autosuficientes.
La importancia de la interconexión de la India en las redes de producción globales y locales se ha puesto de manifiesto con la forma en que ha gestionado la reactivación de la demanda en múltiples segmentos.
El futuro son mercados digitales en los que el productor y el consumidor final estarán conectados de forma hipereficiente, gracias a tecnologías como el 5G y sus generaciones posteriores, la cadena de bloques y la automatización.
2. El próximo capítulo de la conectividad: ¿cómo podría evolucionar la conexión humana en un mundo virtual?
La India ha logrado un progreso sin precedentes en la industria de las telecomunicaciones en las últimas dos décadas, con sus distintas generaciones de tecnologías móviles, la penetración de redes y las mejoras de infraestructura.
La reducción de las tarifas de datos y voz, así como del coste de los terminales, ha acelerado la adopción de la telefonía móvil e internet en todo el país, convirtiendo el móvil en un dispositivo imprescindible para la existencia humana.
Con lo virtual convirtiéndose en la nueva normalidad, las herramientas digitales están haciendo de este mundo una auténtica aldea global. Las tecnologías de nueva generación, como la inteligencia artificial (IA), la realidad aumentada y virtual y el 5G, impulsarán experiencias disruptivas, fluidas y en tiempo real, así como transacciones sin fisuras en todos los ámbitos, desde el lugar de trabajo y las tiendas hasta los bancos y los hospitales.
Veremos más soluciones «inteligentes» gracias a la interacción de tecnologías, entre ellas la inteligencia artificial emocional, que capta las expresiones humanas mediante la visión artificial (CV). El análisis de voz y los sensores biométricos nos ayudarán a analizar, procesar y responder a estas emociones.
No se trata de que la tecnología sustituya a las personas, sino de humanizar la tecnología y mejorar la experiencia de las interacciones cotidianas.
3. El próximo capítulo de la experiencia del cliente: ¿qué significaría hacer ética la personalización?
Lograr una combinación perfecta entre personalización y medidas de seguridad reforzadas es el santo grial de la experiencia del cliente, que puede elevar la experiencia del usuario final a un nivel completamente nuevo. Las organizaciones deben esforzarse por alcanzar un equilibrio en este punto.
El potencial de tecnologías como la inteligencia artificial (IA) para impulsar la experiencia del cliente es enorme, y para 2024, la capacidad de la IA para identificar emociones influirá en más de la mitad de los anuncios en línea que vemos.
Estudiar el comportamiento del consumidor en plataformas offline y digitales mediante analítica aumentada e IA ayudará a convertir los datos recopilados en formatos más útiles.
Por tanto, la tecnología puede desempeñar un papel fundamental en la toma de decisiones y en la creación de experiencias de cliente significativas.
4. El próximo capítulo del trabajo: ¿cómo podría evolucionar el lugar de trabajo del futuro?
Durante la pandemia vislumbramos una brillante muestra del lugar de trabajo del futuro, omnipresente y perfectamente integrado, que ofrece a los empleados una experiencia superior con automatización y seguridad mejoradas.
Ahora, con acceso a la información desde múltiples dispositivos, en cualquier momento y lugar, presenciaremos la adopción generalizada de las mejores prácticas de TI (tecnologías de la información).
Sin embargo, a medida que el mundo se vuelve cada vez más digital, es importante mejorar la ciberresiliencia. Se estima que el gasto mundial colectivo en ciberseguridad ha alcanzado ya los 145.000 millones de dólares al año y se prevé que supere 1 billón de dólares en 2035.
Con un enfoque en la inteligencia colaborativa, la creatividad y la capacitación adecuada, seguiremos viendo un auge de los modelos de trabajo por proyectos e híbridos. Esto, a su vez, impulsará la adopción de tecnologías como el gemelo digital, que puede crear un modelo virtual de objetos físicos y, por tanto, permitir la creación de espacios de trabajo inteligentes.
También veremos a los cobots (robots colaborativos destinados a la interacción directa entre personas y robots en un espacio compartido) y a las personas trabajando juntos para crear «experiencias más centradas en el ser humano».
Además, con la ayuda de la IA y las tecnologías emergentes, veremos un aumento del número de personas con discapacidad empleadas, ya que estas tecnologías pueden reducir las barreras de accesibilidad.
Para reinventarse, las empresas deben alinear las prioridades ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) con el fin de mejorar los rendimientos financieros. Al mismo tiempo, deben reducir el riesgo a la baja decidiendo cómo asignar el capital y los recursos para minimizar cualquier efecto adverso sobre el medio ambiente o sobre la vida de las generaciones futuras. La eficiencia en el uso de los recursos puede aumentar los beneficios operativos hasta en un 60 %.
Los lugares de trabajo del futuro, construidos de esta manera, serán más productivos, seguros y sostenibles.
Afrontar los vientos del cambio exige la capacidad de adaptarse
La pandemia ha empujado a muchas empresas, incluidas las pymes, a adoptar lo digital.
El caso de la India resulta interesante porque es una economía con potencial para convertirse en una potencia tecnológica autosuficiente. Pero lograrlo dependerá de los esfuerzos colaborativos para adoptar la tecnología por parte del gobierno, la industria y los ciudadanos. También requerirá una atención constante a la investigación y la innovación en todos los sectores, así como garantizar la capacitación adecuada de su población.
Al entrar en un nuevo año, recordemos que es nuestra disposición a adaptarnos y ser ágiles lo que nos permitirá sortear los vientos del cambio para sobrevivir y prosperar en la próxima década de oportunidades.







