Líderes empresariales del sector energético se reunieron en Davos para analizar cómo afrontar el difícil camino que aguarda a los sistemas energéticos mundiales.
Fatih Birol, director de la AIE, encabezó el panel de la sesión «Dominar la nueva economía energética».
Estas son algunas de las principales declaraciones de los líderes sobre cómo abordar la crisis energética y, al mismo tiempo, integrar la sostenibilidad para lograr un futuro de energía limpia.
El mundo atraviesa la primera «crisis energética verdaderamente mundial», afirmó la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en su informe Perspectivas de la energía en el mundo, publicado en octubre de 2022.
Es una crisis multidimensional: no se trata solo de la dependencia mundial del gas natural de Rusia. También están en juego la seguridad energética mundial, el impulso a la transición hacia energías limpias para combatir el cambio climático y la interconexión entre la crisis energética y la seguridad alimentaria.
Por primera vez en una década, está aumentando el número de personas sin acceso a energía moderna, afirma la AIE. Unos 75 millones de personas que acaban de obtener acceso a la electricidad quizá ya no puedan pagarla, mientras que 100 millones podrían tener que volver a cocinar con biomasa.
En abril, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) concluyó que cumplir el objetivo del Acuerdo de París de limitar el calentamiento a 1,5 °C exigiría que las emisiones «alcanzaran su punto máximo a más tardar en 2025» y disminuyeran un 43 % para 2030.
Pero abordar las emisiones también representa una oportunidad para la economía verde. Según la consultora de desarrollo sostenible Arup y la firma de asesoría económica Oxford Economics, las industrias que ayudan al mundo a alcanzar las emisiones netas cero podrían aportar 10,3 billones de dólares a la economía mundial para 2050.
El reto al que se enfrenta hoy el sector energético es cómo rediseñar todo el sistema y, a la vez, mantener un suministro asequible, resiliente y sostenible para el planeta.
En enero, durante la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos, los líderes del sector energético se reunieron para analizar las perspectivas para 2023 en una sesión de panel titulada Dominar la nueva economía energética.
La sesión estuvo moderada por Julia Chatterley, presentadora de CNN, y contó con las intervenciones de Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía; Vicki Hollub, presidenta y directora ejecutiva de Occidental Petroleum Corporation; Patricia K. Poppe, directora ejecutiva de PG&E; Martin Wolf, editor adjunto y principal comentarista económico del Financial Times; y Jozef Sikela, ministro de Industria y Comercio de la República Checa.
La seguridad energética impulsa el crecimiento de las energías renovables
«Nuestro mundo nunca había vivido una crisis energética de esta magnitud y complejidad». Fatih Birol inició la sesión reafirmando el desafío que todos afrontamos. Desencadenada por la invasión rusa de Ucrania y agravada por la dependencia mundial de las exportaciones rusas de petróleo, la crisis climática se cierne sobre nosotros.
Sin embargo, hay noticias positivas: el desarrollo de energías limpias, como la solar y la eólica, y de los coches eléctricos, entre otros, ha recibido un enorme impulso. Pero, como señala Birol, no por motivos medioambientales: «el principal motor del crecimiento de las energías renovables hoy es la seguridad energética».
El principal motor del crecimiento de las energías renovables hoy es la seguridad energética.
Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía.
Martin Wolf, del Financial Times, coincidió en que «ampliar enormemente las energías renovables es una prioridad climática y de seguridad». Sin embargo, advirtió que, para mantenerse cerca de 1,5 °C y cumplir los objetivos climáticos para 2030, sería necesario «reducir drásticamente y de forma seria los riesgos de la inversión en todo el mundo». La escala de la inversión, particularmente en los países en desarrollo, es un asunto urgente.
A escala local, Patricia K. Poppe destacó cómo el estado de California, en Estados Unidos, está haciendo frente a la presión de la demanda mediante el uso de tecnología. California está en primera línea del cambio climático y, durante una reciente ola de calor, el estado envió un mensaje de emergencia a todos los teléfonos móviles de California para pedir a la gente que redujera su consumo de electricidad. «De inmediato, el sistema dejó de suministrar 2.500 MW. Esto confirmó mi hipótesis de que la gestión de la demanda puede automatizarse con tecnología moderna».
Perspectivas energéticas en un mundo fragmentado
Entonces, ¿cómo encaja la transición energética en un mundo tan fragmentado? Países como la República Checa, cuya energía depende en gran medida de proveedores rusos de combustibles, comprenden la necesidad de unidad. Jozef Sikela señaló que, con el apoyo del Consejo Europeo de Energía, pudieron «introducir un paquete de medidas que nos ayudó a moderar los precios y a equilibrar la demanda y la oferta».
En otra sesión de Davos, ¿Desglobalización o reglobalización?, Adam Tooze, de la Universidad de Columbia, explicó que «la transición energética es, en esencia, un conjunto de interdependencias». Por ejemplo, la mayoría de los microchips que Occidente necesita para las tecnologías de energía limpia provendrán de China; por tanto, la transición energética impulsará «una nueva combinación de globalización, en lugar de una continuidad típica».
El desafío que afrontan los gobiernos y los líderes empresariales de todo el mundo se centra claramente en la seguridad energética, y muchos reconocen que esta es ahora un motor clave del crecimiento de las energías renovables. De cara a 2023, las estrategias energéticas deberán acelerar la inversión y fortalecer la resiliencia, al tiempo que abordan la asequibilidad y la sostenibilidad.
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