La pandemia de COVID-19 ha tenido un impacto devastador en la economía creativa, al cancelar o aplazar eventos deportivos, películas, lanzamientos de álbumes y mucho más.
Muchos trabajadores autónomos de estas industrias se han quedado sin trabajo y sin protección.
Debemos crear programas de apoyo para proteger a estos trabajadores, y el sector privado puede liderar el camino.
El año 2020 iba a ser importante para la economía creativa, con los Juegos Olímpicos de Verano en Tokio y una nueva película de James Bond entre los momentos destacados de un calendario cultural repleto.
El coronavirus tenía otros planes. A medida que el virus se propagaba, pronto se sintieron los efectos en cascada en las industrias creativas de todo el mundo. Conciertos, festivales, torneos deportivos, estrenos de películas, desfiles de moda, producciones escénicas, rodajes de cine y televisión y lanzamientos de álbumes han tenido que afrontar retrasos, aplazamientos y cancelaciones.
Muchos de estos sectores se encuentran ahora en grave peligro, lo que tiene un impacto devastador en nuestro tejido cultural, en las economías locales y en quienes trabajan en estas industrias. Por ejemplo, las artes escénicas fueron de las primeras en cerrar sus puertas y se prevé que sean de las últimas en reabrir por completo, lo que provoca una inmensa destrucción de valor y de medios de vida. En el Reino Unido, los teatros dan empleo a 290 000 trabajadores; en Estados Unidos, Broadway es una industria de 1800 millones de dólares. Los cines se enfrentan a un 2020 con prácticamente cero ingresos y muchos operadores están cerrando salas ante la perspectiva de unos meses difíciles por delante, y muy probablemente mucho más.
La sensación de urgencia es palpable, ya que líderes de gran relevancia en todo el espectro creativo piden una mayor intervención del gobierno y encabezan campañas para respaldar a sindicatos y asociaciones en la prestación de ayudas a los miembros que se han quedado sin trabajo. La naturaleza precaria de los empleos en la economía creativa, los desafíos únicos de la crisis y la lenta respuesta de la sociedad han generado una verdadera necesidad de repensar cómo valorar y proteger mejor a los trabajadores de estos sectores.
Empleo en la economía creativa
La aparición del COVID-19 no podría haber llegado en peor momento para la economía creativa. El sector ha dedicado gran parte de las últimas dos décadas a adaptarse a las disrupciones causadas por internet, que cambió la facilidad y los medios de producción de contenidos al tiempo que descentralizaba masivamente su distribución, afectando en el proceso al empleo y a los ingresos.
La economía creativa suele depender de trabajadores autónomos, de personas que trabajan por cuenta propia o de quienes trabajan para microempresas. En Europa, el año pasado, más del 30 % de los trabajadores de los sectores culturales eran autónomos, frente a poco más del 10 % en el conjunto de la economía.
Estas formas de trabajo son más precarias que el empleo estándar. Según Eurostat, en 2019 el 75 % de la fuerza laboral cultural de la UE-27 tenía un empleo a tiempo completo, mientras que la proporción de empleo a tiempo completo en el conjunto de la economía era del 81 %. En otras palabras, es más probable que quienes contribuyen a las industrias creativas necesiten varios empleos para cubrir el coste de la vida. El empleo activo suele pasar de un contrato a otro, con salarios y condiciones que varían enormemente. Los trabajadores están constantemente «buscándose la vida» para conseguir su próximo trabajo, un proceso que depende de las conexiones interpersonales y del perfeccionamiento continuo de las habilidades.
Además, existe variación dentro de las empresas de la economía creativa. Como describe la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), los modelos de negocio abarcan desde instituciones sin ánimo de lucro y públicas (museos, galerías, bibliotecas) hasta grandes agentes con ánimo de lucro (plataformas de streaming, estudios de cine, sellos discográficos).
Puede resultar difícil valorar en términos económicos la contribución que cada una de estas empresas aporta a la economía mundial, pero cada una desempeña un papel fundamental. De hecho, toda la economía creativa es interdependiente, ya que los productos culturales, por su propia naturaleza, dependen de la inspiración procedente de todos los rincones de la sociedad. Si una parte sufre, el conjunto se debilita.
El desafío único del COVID-19
La naturaleza interdependiente de la economía creativa puede ayudarla a prosperar en tiempos normales, pero también significa que es especialmente vulnerable a una pandemia sanitaria mundial.
Las medidas preventivas, como las cuarentenas obligatorias y las restricciones de viaje, convierten lo que antes eran atracciones culturales mundiales en actividades más reducidas y locales. Limitan el contacto presencial que tradicionalmente han mantenido los profesionales creativos para construir y cuidar las redes profesionales que necesitan para conseguir empleo o colaborar con otros.
Las restricciones a las concentraciones masivas limitan las perspectivas de los trabajadores para encontrar empleo. En la fase de producción, por ejemplo, se permite la presencia de menos personas en los rodajes de películas o en las grabaciones musicales. En cuanto a la distribución, la mayoría de los espacios culturales de todo el mundo cerraron al inicio de la pandemia. Los que han reabierto lo han hecho con aforos reducidos, lo que limita tanto los ingresos por entradas del público como las oportunidades de artistas y creadores para mostrar su trabajo.
Por último, la naturaleza de la pandemia es global. Algunos países pueden haber salido mejor parados que otros, pero millones de personas en todo el mundo se enfrentan a una reducción de ingresos, a la pérdida de empleo y a una caída de la actividad económica. Los ingresos publicitarios, que contribuyen al coste de producción de contenidos en muchos sectores de los medios, cayeron en todas partes en la primera parte del año, aunque ya se vislumbra una recuperación. Los inversores se centran en apuestas más seguras: ¿financiaría usted una película si no estuviera seguro de que llegará a proyectarse en una sala de cine?
Las investigaciones ponen de relieve el impacto en la economía creativa. En el Reino Unido, un centro importante, se prevé que las artes escénicas sean las más afectadas, con una posible pérdida de hasta el 61 % de la facturación este año. Lo mismo ocurre en Alemania, donde, junto con la música y el cine, el sector se prepara para una caída de la facturación de entre el 35 % y el 75 %.
Dicho esto, en algunos aspectos el coronavirus ha creado una oportunidad. La economía creativa siempre ha estado a la vanguardia de la adopción tecnológica, por lo que pudo adaptarse rápidamente a la pandemia para llegar a los públicos de nuevas formas, por ejemplo en la música, el cine y el deporte. Los videojuegos parecen haber crecido de forma constante durante la crisis.
Muchos también consideran que el COVID-19 ha predispuesto de forma permanente al público a favor de los medios en línea, aunque existe el riesgo de que las mayores empresas y plataformas tecnológicas sean las más beneficiadas por este cambio. Esto podría verse agravado por la doble amenaza y oportunidad que representa la automatización de los procesos creativos, sobre todo si se tiene en cuenta que la propiedad de la tecnología está concentrada en unas pocas grandes empresas.
Apoyo a los trabajadores de las industrias creativas
A pesar del enorme vacío que el cierre de las actividades culturales ha generado en la sociedad, a los responsables políticos les ha resultado difícil ayudar a la economía creativa durante la pandemia. Esto se debe a que las formas de empleo no estándar que suelen encontrarse en las industrias creativas son más difíciles de evaluar y de cumplir los requisitos para acceder a medidas de apoyo a los ingresos o a las empresas.
Los programas de apoyo diseñados específicamente para los trabajadores de las industrias creativas han sido escasos; las estructuras de sustitución de ingresos o de garantías empresariales tendieron a incluirse en las respuestas generales de recuperación y estímulo económico. Además, a los gobiernos les ha resultado más fácil y rápido canalizar subvenciones y ayudas hacia las organizaciones que directamente hacia los trabajadores. Muchas personas han tenido dificultades.
Por eso el sector privado estuvo detrás de muchas de las primeras respuestas, y los principales agentes del sector pusieron en marcha programas de ayuda de emergencia para artistas y equipos técnicos. En la industria musical, por ejemplo, los «tres grandes» sellos discográficos, Sony, Universal y Warner, desarrollaron cada uno iniciativas de alivio que combinaban donaciones benéficas con anticipos de regalías, exenciones de tasas y festivales de música virtuales para recaudar fondos. La IFPI (Federación Internacional de la Industria Fonográfica) cuenta con un seguimiento detallado de más de 160 organizaciones y empresas que participan en iniciativas más amplias en todo el mundo.
Asimismo, la Motion Picture Association ha recopilado ejemplos de ayuda directa proporcionada por algunos de los mayores estudios y plataformas de streaming. Netflix, NBCUniversal, ViacomCBS y otras empresas han creado fondos de apoyo para situaciones de dificultad por valor de millones de dólares y, en algunos casos, incluso han donado equipos de protección individual o han respaldado campañas de comunicación de información sanitaria pública.
Existen numerosos otros estudios de caso en toda la economía creativa sobre cómo los sindicatos, el sector privado y los gobiernos han reaccionado para superar la crisis. La OCDE dispone de una lista exhaustiva de medidas, incentivos a la inversión y otros programas diseñados para atender las necesidades específicas de estas comunidades.
En definitiva, sin embargo, hay que hacer más para reconocer la importancia de la economía creativa en nuestras vidas. Se han propuesto ideas sobre cómo podríamos rediseñar las estructuras sociales para valorar mejor la contribución de los artistas y los trabajadores creativos en la sociedad. Entre ellas se incluyen las asignaciones directas, el apoyo administrativo, las subvenciones para inmuebles y la transferencia de competencias, así como incentivos y mecanismos facilitadores para quienes se orientan hacia la cultura de proximidad.
El espectáculo debe continuar para la economía creativa, pero aún no es tarde para reescribir el guion.
Este artículo se publicó originalmente en The National.






