COVAX, iniciativa codirigida por Gavi, ha entregado más de 1.000 millones de dosis de vacunas contra la COVID-19 a países de ingresos más bajos.
Sin embargo, persiste una brecha mundial de equidad en el acceso a las vacunas, y muchas personas vulnerables siguen sin vacunar.
La inversión en los sistemas de salud, el impulso de la demanda, la financiación y la ampliación de la tecnología son ámbitos en los que el sector privado puede desempeñar un papel transformador para convertir las vacunas en vacunaciones.
Cuando dentro de unos años echemos la vista atrás y contemplemos la vacunación mundial contra la COVID-19, ¿cómo se valorará en términos de cooperación público-privada?
Por supuesto, seguimos en plena pandemia, como nos recuerda el trágico hito de 1 millón de muertes. No obstante, es posible hacer una primera evaluación y, sobre todo, considerar cómo puede el sector privado respaldar aún más los esfuerzos para poner fin a la fase aguda de la pandemia.
Empecemos por el suministro. Hace dos años, pocas personas se habrían atrevido a esperar que hoy dispusiéramos de tantas vacunas seguras y eficaces. Ni siquiera sabíamos con certeza si habría alguna. Haber llegado a esta etapa refleja no solo un triunfo de la ciencia, sino también de la industria, cuyos esfuerzos por aumentar la producción de cero a 12.000 millones de vacunas en un año se asemejan a una misión a la Luna.
Es importante señalar que durante demasiado tiempo estas dosis no se distribuyeron de forma equitativa. COVAX, la iniciativa multilateral codirigida por Gavi, sufrió graves déficits de suministro en 2021 mientras hacía frente al acaparamiento de vacunas y a los controles a la exportación. No obstante, con alrededor de 1.300 millones de dosis entregadas a 92 economías de ingresos más bajos, ya se ha alcanzado un punto de inflexión: durante algunos meses, el suministro ha superado la demanda.
Esto nos lleva al otro ámbito esencial en el que la movilización del sector privado puede ayudar a poner fin a esta pandemia: la entrega. Aunque las economías de ingresos más bajos han protegido, en promedio, al 46 % de su población con dos dosis, persiste la brecha mundial de equidad en el acceso a las vacunas y demasiadas personas de las más vulnerables en las sociedades de ingresos más bajos siguen sin protección.
De las vacunas a la vacunación
¿Cómo convertir entonces las vacunas en vacunaciones? COVAX —con la ayuda de gobiernos y del sector privado— y sus socios están aportando la financiación para la distribución que tanto se necesita, con el fin de ayudar a los países a resolver cuellos de botella fundamentales, como la falta de personal vacunador capacitado, de infraestructura de cadena de frío o de otros equipos.
Este «apoyo a la distribución en los países» será fundamental para ayudarles a ampliar su capacidad y mantener otras actividades de inmunización que salvan vidas y otras iniciativas de salud pública. También ofrece una plataforma para que las empresas lleven a cabo sus propias intervenciones.
Una forma de hacerlo es invertir en los sistemas de salud. En los últimos años, por ejemplo, han aumentado las inversiones de capital privado en la atención sanitaria en África. Estas inversiones, centradas por lo general en empresas privadas de atención sanitaria, parecen estar muy lejos de los centros de atención primaria que constituyen la columna vertebral de los programas nacionales de vacunación. Pero, con los recursos tan limitados en tiempos de crisis, los operadores privados están en una posición excepcional para ayudar a cubrir la brecha.
La demanda es otro ámbito clave en el que el sector privado podría desempeñar un papel transformador. Si hay algo que se le da bien al sector privado es vender, y pocas intervenciones podrían ser más valiosas que ayudar a los consumidores a comprender los beneficios de la vacunación. El trabajo de Gavi con Unilever y Googledemuestra lo eficaz que puede ser la colaboración público-privada, y hay margen para muchas más iniciativas.
Las empresas financieras también pueden ayudar a Gavi a mantener su tradición de financiación innovadora y a aprovechar al máximo los escasos recursos de los donantes. Una vez más, en los últimos años hemos visto el gran interés de los inversores por inversiones que generen rendimientos sólidos tanto para la sociedad como en términos financieros.
También es bienvenida la innovación en otros ámbitos. El programa Infuse de Gavi, que busca identificar y ampliar el uso de tecnologías que puedan apoyar nuestro objetivo de equidad en el acceso a las vacunas, se puso en marcha en Davos en 2016 y desde entonces ha contribuido a acelerar el uso de drones para la entrega de vacunas y la biometría para hacer un seguimiento de las vacunaciones, entre otras aplicaciones.
La cooperación público-privada ha desempeñado un papel importante en los esfuerzos de Gavi y sus socios por proteger a la mitad de los niños del mundo de enfermedades prevenibles. Puede desempeñar un papel similar para proporcionar a los países las herramientas que necesitan para controlar definitivamente la pandemia de COVID-19.






