A nivel mundial, la COVID-19 ha afectado más a las oportunidades económicas de las mujeres que a las de los hombres.
En Japón, esta diferencia es especialmente acusada, ya que el desempleo afecta de manera desproporcionada a las mujeres.
Estas son tres formas de abordar esta brecha de género en el mundo posterior a la pandemia.
Además de recordarnos que muchas mujeres en Japón se sienten estresadas y vulnerables, la dura realidad económica de la era de la COVID-19 es que ha agravado la lucha constante del país por la igualdad de género.
En Japón, que ocupó el puesto 121.º en el Informe sobre la Brecha Global de Género 2020 del Foro Económico Mundial, el aumento del desempleo del 3 % afecta de manera desproporcionada a las mujeres. Con la fuerza laboral actual 760 000 personas inferior a la de 2019, 540 000, alrededor del 70 %, son mujeres.
A nivel mundial, la COVID-19 ha afectado a las mujeres con más dureza que a los hombres. Como ha afirmado la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, la COVID-19 ha agravado «la tendencia de las mujeres a realizar más trabajo doméstico no remunerado que los hombres». Incluso antes de la COVID-19, las mujeres dedicaban de media tres horas y 28 minutos al día a las tareas del hogar, unas cinco veces más que los hombres.

Las mujeres en Japón tienen menos probabilidades de estar en el mercado laboral formal, pues solo representan el 44 % de los 67 millones de trabajadores a tiempo completo de Japón en 2018. Mientras que el empleo formal tiene más probabilidades de ser a tiempo completo y de incluir prestaciones como permisos retribuidos y primas económicas periódicas, los trabajadores no formales no cuentan con ese tipo de apoyo. Como muchas mujeres se ven obligadas a abandonar el mercado laboral para tener hijos sin recibir un apoyo de calidad por parte de sus empleadores, muchas consideran que, cuando están listas para volver al trabajo, tienen menos oportunidades profesionales disponibles.
Casi el 60 % de las mujeres mayores de 40 años tiene un empleo en este inestable sector laboral no formal. Las mujeres también tienen más probabilidades de trabajar en sectores mal remunerados, como el de servicios, en el que el 68 % de los trabajadores eran mujeres en 2018. La brecha salarial entre hombres y mujeres es escandalosa. Según la Agencia Tributaria Nacional, los hombres ganaron de media 5,67 millones de yenes (54 000 dólares) el año pasado, más del doble que los 2,8 millones de yenes de las mujeres.
A pesar de estas llamativas diferencias, los esfuerzos por mejorar la igualdad de género en el mercado laboral se han estancado. En una intervención especial en la 44.ª reunión anual del Foro Económico Mundial en 2014, el entonces primer ministro Shinzo Abe manifestó su intención de convertir a Japón en un lugar donde las mujeres brillen, garantizando que en 2020 el 30 % de todos los puestos de alta dirección estuvieran ocupados por mujeres. Meses antes de su marcha, el Gobierno aplazó ese objetivo hasta 2030, y su sucesor, el primer ministro Yoshihide Suga, aún no ha abordado la paridad de género. La ley de igualdad de oportunidades en el empleo para hombres y mujeres en Japón se promulgó hace más de 30 años, pero los avances han sido tremendamente lentos. Está claro que el mero paso del tiempo no equivale a progreso.
Como la COVID-19 solo agrava las desigualdades existentes, Japón debe aplicar los cambios que lleva mucho tiempo necesitando. Estas son tres formas de mejorar la igualdad de género en el país.
El sistema de permisos por cuidado de hijos de Japón es lo bastante sólido como para equipararse al de las grandes economías comparables, pues permite a todos los empleados tomarse hasta un año de excedencia con sueldo parcial. En la práctica, los hombres no aprovechan esta posibilidad debido a la opinión muy extendida en Japón de que las personas que se toman excedencias prolongadas no son valoradas profesionalmente.
Una encuesta reciente de Meiji Yasuda Life Insurance mostró que solo el 26 % de los hombres se tomó más de un día de permiso parental este año. Aunque ese dato supone un aumento de más de 10 puntos porcentuales desde 2019, el número medio de días de permiso parental tomados el año pasado pasó de solo cuatro a siete. El número medio de días que las mujeres afirman querer que sus maridos se tomen es de 94. Eso supone una diferencia de unos tres meses entre el ideal y la realidad.
El sector empresarial puede liderar este movimiento animando a todos los empleados a asumir una parte justa de las tareas del hogar. Una destacada empresa japonesa no solo exige a sus empleados varones que se tomen permisos de paternidad prolongados, sino que también evalúa la valoración que sus esposas hacen de ellos en lo relativo a las tareas domésticas. Cuando los inversores y los consumidores valoran este tipo de iniciativas empresariales, el impulso se acelerará. Al mismo tiempo, el sector público debe seguir creando el marco y las políticas necesarias para respaldar este cambio.
Adaptar los entornos de trabajo para atender las necesidades de los empleados no es algo nuevo, pero el aumento del número de personas que trabajan desde casa, así como la carga adicional de la atención sanitaria y del cuidado de los hijos, han acelerado la necesidad de actuar. Las empresas deben valorar la calidad del trabajo realizado, no las horas dedicadas a trabajar.
Tradicionalmente, a las mujeres en Japón se las ha orientado hacia empleos de apoyo, como los puestos administrativos y de secretariado, que tienen más probabilidades de verse afectados por la automatización. Por ello, las mujeres deben tener acceso a más oportunidades de educación y recualificación.
De cara al futuro, Japón no puede permitirse seguir con una mentalidad de «business as usual» y esperar que la era posterior a la COVID sea saludable o sostenible. La paridad de género debe ser un elemento clave del Gran Reinicio de Japón si queremos construir una sociedad mejor y más sostenible y garantizar que las futuras generaciones de mujeres no tengan que esperar tanto como muchas de nosotras para lograr la igualdad.




