Este artículo apareció originalmente en CGTN.
La sostenibilidad tiene valor, pero es difícil determinar cómo cuantificarlo.
La sostenibilidad corporativa se está convirtiendo en una parte esencial del modelo de negocio y es vital para la rentabilidad a largo plazo.
Esto convierte en tarea del director financiero determinar cómo medir el impacto de ESG.
Sabemos que la sostenibilidad tiene valor, pero es difícil determinar cómo cuantificarlo. También sabemos que la sostenibilidad se está convirtiendo en una parte esencial del modelo de negocio ante las expectativas de los inversores y los clientes. También hay presión de los reguladores, que exigen que las empresas den un paso al frente y cumplan su papel en la lucha contra la crisis climática.
Esto convierte al director financiero en la primera línea de respuesta frente al cambio climático. Afortunadamente, es probable que hoy el director financiero ya esté en el centro de todas las conversaciones clave sobre sostenibilidad corporativa y actúe como intermediario imparcial en la búsqueda de las cero emisiones netas, al tiempo que responde a las exigencias y expectativas del mercado. El director financiero ya domina los datos, los procesos y la presentación de informes de la empresa y, dado que cada vez está más claro que el valor de una empresa va más allá de lo que recogen los datos financieros, corresponde a quien ocupa este cargo averiguar cómo medir y comunicar ese valor añadido.
Sin embargo, no sorprende que a muchos directores financieros les cueste traducir los compromisos corporativos en materia de ESG (medio ambiente, sociedad y gobernanza) en algo tangible.
¿Cómo se miden la sostenibilidad corporativa y su impacto en la empresa?
La innovación y la búsqueda de soluciones de vanguardia para los mayores problemas del mundo forman parte del ADN del Foro. La sostenibilidad no es una excepción y, a medida que aprendemos, hemos compartido —y seguimos compartiendo— nuestras experiencias. El año pasado fue la primera vez que publicamos un Informe sobre el capitalismo de las partes interesadas, que funcionó bien como sección independiente dentro del Informe Anual más amplio de la organización.
Para elaborarlo, utilizamos las métricas ESG y de capitalismo de las partes interesadas, que el Foro desarrolló en 2021 junto con las cuatro grandes firmas de contabilidad y tras consultar a más de 200 empresas. Estas métricas ofrecen a las empresas una manera universal de informar sobre su sostenibilidad corporativa y generar datos verificables y comparables.
Ya está claro que no hay una solución única para todos y que cada sector avanzará a su propio ritmo ante distintos retos y oportunidades. En el Foro, nos hemos centrado en incorporar nuevas métricas a nuestros informes y, algo fundamental, hemos seguido desarrollándolas y perfeccionándolas, añadiendo «granularidad». Al mismo tiempo, estamos ampliando nuestras competencias: el equipo de Finanzas está incorporando personas con experiencia en la medición del impacto.
Davos 2022: un evento con cero emisiones netas
La Reunión Anual se ha convertido en una especie de banco de pruebas para nuestras ideas y métricas de sostenibilidad. Utilizamos objetivos medibles que desarrollamos continuamente, lo que ahora nos permite trazar avances cuantificables año tras año.
La primera manifestación concreta de ello fue la obtención de la certificación ISO 20121 en 2018. El proceso no terminó ahí. Nos sometemos a una auditoría en cada Reunión Anual. Contamos con personal dedicado de nuestro equipo de Finanzas que trabaja con la empresa certificadora para garantizar que no solo mantengamos la certificación, sino que, lo que es más importante, avancemos más allá de ella cada año.
Trabajamos con los equipos del evento para asegurar que se elijan las opciones más sostenibles en cuanto a los materiales utilizados (y reutilizados), los alimentos adquiridos y la minimización de residuos. El objetivo es reducir los porcentajes de cada uno de estos elementos en cada reunión, sin dejar de ofrecer la experiencia de alta calidad que esperan los participantes.
Los medios informan a menudo sobre el transporte necesario para viajar a Davos, desde allí y por sus alrededores. Lo que no reflejan los titulares son las horas, mucho menos glamurosas, que dedicamos a trabajar con las autoridades del aeropuerto de Zúrich para garantizar que haya una opción de combustible más sostenible para quienes viajan en avión, la labor que realizamos para animar a los participantes a viajar en tren y la flota de vehículos de cero emisiones que se utiliza en el propio evento.
Por último, invertimos para compensar las emisiones de carbono restantes del evento y contribuir a que la Reunión Anual de Davos sea un evento con cero emisiones netas.
¿Qué hemos aprendido en el último año sobre la medición y la presentación de informes de las métricas ESG y de sostenibilidad corporativa? Mucho, sobre todo gracias a la elaboración de nuestro primer Informe sobre el capitalismo de las partes interesadas. Aunque el proceso sigue en curso, hemos aprendido lo importante que es identificar, perfeccionar y comunicar nuestras métricas de forma sistemática.
La cuestión de fondo es esta: la sostenibilidad corporativa es ahora vital para la rentabilidad a largo plazo
Poder medir la felicidad con precisión sería algo deseable. Con la sostenibilidad no tenemos ese lujo. Aún no podemos monetizar los datos no financieros, pero necesitamos encontrar una manera de medir el impacto de ESG. Con el tiempo, cuando hayamos resuelto cómo hacerlo, llegaremos a un punto en el que tendremos dos estados de pérdidas y ganancias: uno financiero y otro de impacto.
Ese momento se vislumbra en el horizonte, pero queda mucho camino por recorrer. La conversación se está volviendo más fácil; hay pruebas suficientes para demostrar que, en última instancia, un modelo de negocio sostenible será más rentable, un cambio notable con respecto al debate anterior a la pandemia.
Ahora corresponde al director financiero afrontar el reto, que es grande, complejo y en gran medida desconocido: ¡como jugar al ajedrez en tres dimensiones! Para ello, el director financiero deberá ser, según las circunstancias, defensor, pionero y promotor de la sostenibilidad. ¿Por qué?
Porque, sencillamente, la responsabilidad del director financiero es el resultado final y, para algunos, ESG representa un «triple resultado»: la sostenibilidad es ahora vital para la rentabilidad a largo plazo, por lo que corresponde al director financiero determinar cómo abordar y medir el impacto de la sostenibilidad corporativa.





