Come como si importara: cómo tus decisiones alimentarias pueden limpiar el planeta y alimentar al mundo

Consumers' food choices can impact our health and environment – and transform global food systems.Image: Alexandr Podvalny/Unsplash
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  • Para alimentar a 10.000 millones de personas de forma saludable y sostenible, debemos repensar cómo producimos y consumimos alimentos.

  • La agricultura regenerativa es clave para sanar el planeta y alimentar al mundo con alimentos saludables.

  • Los consumidores tienen el poder de formar parte de esta transición, consumiendo dietas ricas en vegetales y diversas, y reduciendo y reutilizando los residuos.

La comida es la razón por la que estamos aquí. Sostiene la vida, difunde alegría y nos une.

Pero si queremos alimentar a 10.000 millones de personas de forma saludable dentro de los límites planetarios, la forma en que producimos y consumimos alimentos debe cambiar. Como la pandemia de coronavirus pone en riesgo la seguridad alimentaria y la nutrición en muchos países y perjudica los medios de vida de los pequeños productores, estamos llamados a reevaluar nuestros sistemas alimentarios.

Como consumidores, tenemos el poder de formar parte de esta transición. Los consumidores informados y empoderados envían un mensaje poderoso tanto a los productores como a los responsables políticos.

Durante el siglo pasado, el enfoque en los rendimientos de los cultivos y en hacer que los alimentos sean accesibles y asequibles ha contribuido a un inmenso progreso, con reducciones del hambre, una mayor esperanza de vida, un descenso de las tasas de mortalidad infantil y de la niñez, y una disminución de la pobreza mundial.

Aun así, cerca de 700 millones de personas –equivalentes a la mitad de la población de India– están subalimentadas. Al mismo tiempo, 2.000 millones de adultos tienen sobrepeso u obesidad y 1 de cada 5 muertes en todo el mundo están relacionadas con dietas deficientes. Las dietas poco saludables se han convertido en una de las principales causas de mortalidad, matando a más personas en todo el mundo que el consumo combinado de drogas, alcohol y tabaco.

Nuestras dietas están dañando nuestra salud.Image: WWF

Además, este enfoque exclusivo en el rendimiento y la eficiencia ha tenido un costo significativo para nuestro planeta. Los sistemas alimentarios actuales contribuyen hasta con un 37% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y son un factor principal de la drástica disminución de la biodiversidad, que nos sitúa en medio de una sexta extinción masiva.

Bajo nuestros pies se desarrolla otra crisis: los suelos se están convirtiendo en tierra muerta. El suelo es un sistema vivo, repleto de formas de vida que desempeñan funciones importantes en el suministro de nutrientes a las plantas, el mantenimiento de la fertilidad del suelo, la retención de agua y la lucha contra el cambio climático. Restaurar y proteger las reservas de carbono del suelo del mundo podría ayudar a compensar hasta 5.500 millones de toneladas de gases de efecto invernadero cada año.

Pero, en la actualidad, aproximadamente un tercio del suelo mundial está degradado, en gran medida debido a las prácticas agrícolas intensivas. Los científicos prevén que esa proporción aumentará hasta el 90% para 2050 si no cambia nada. Sin suelos sanos, nos enfrentamos a un mayor riesgo de desertificación, tormentas de polvo e inundaciones. También perdemos tierras productivas, ya que se prevé que los rendimientos de los cultivos disminuyan hasta en un 50% en determinadas regiones, lo que provocará migraciones forzadas y conflictos violentos. En última instancia, un suelo poco saludable equivale a alimentos poco saludables, ya que el valor nutricional de las frutas, verduras y cereales está disminuyendo debido al agotamiento del suelo.

Pero existe una forma de cambiar este preocupante rumbo, sanar la tierra y equilibrar el clima mientras se alimenta al mundo con alimentos saludables. Se llama agricultura regenerativa.

Basada en conocimientos ancestrales, en una planificación holística pionera y en la ciencia de vanguardia, la agricultura regenerativa aumenta la biodiversidad, repone los suelos, mejora la seguridad hídrica, almacena carbono y mejora el valor nutricional de nuestros alimentos mediante prácticas sencillas como la siembra directa, el uso de cultivos perennes y la rotación del ganado. Este tipo de agricultura también respalda comunidades de agricultores prósperas, de modo que pueden conservar una mayor parte de sus beneficios.

Aunque el cambio desde una agricultura destructiva y extractiva requerirá grandes esfuerzos por parte de los gobiernos y de las empresas por igual, los consumidores también tienen la responsabilidad y el poder de actuar. Cómo y qué comemos importa, y debemos utilizar ese poder con sabiduría.

Qué pueden hacer los consumidores

Los boicots, las manifestaciones y las campañas en redes sociales han sido palancas poderosas para exigir un cambio positivo. Sin embargo, existen cambios más sencillos que los consumidores, especialmente en los países más ricos, pueden realizar para impulsar la acción:

1. Consume dietas nutritivas ricas en vegetales.

Actualmente, el consumo medio de carne de una persona que vive en un país de ingresos altos es de 200-250 g al día –muy superior a los 80-90 g recomendados por las Naciones Unidas, y diez veces el de los países de ingresos bajos. La ganadería ocupa casi el 80% de la superficie agrícola mundial, es una de las principales causas de la deforestación tropical y utiliza enormes cantidades de agua, pero produce menos del 20% del suministro mundial de calorías.

El consumo excesivo de carnes rojas y procesadas también nos enferma. Comer carnes rojas y procesadas tan solo dos veces por semana aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y muerte prematura en un 3 a 7%. El ganado gestionado de forma sostenible, alimentado con pasto y criado de forma humanitaria, debe formar parte de los ecosistemas de las granjas regenerativas.

Sin embargo, es probable que estos sistemas no puedan satisfacer el creciente apetito del mundo por la carne en las tierras existentes. Aunque pueda parecer contradictorio, para apoyar a los ganaderos regenerativos, los consumidores deberían aumentar su consumo de proteínas alternativas, como cereales integrales, frutos secos y semillas, y frutas y verduras, y elegir cuidadosamente de dónde procede su carne.

2. Diversifica lo que hay en tu plato.

Las granjas regenerativas son diversas por diseño, al integrar una gran variedad de cultivos y fauna silvestre en la misma tierra. Esto contrasta con nuestros sistemas alimentarios mundiales, que han tendido hacia la homogeneización general de los paisajes y las variedades agrícolas, a medida que las variedades de alto rendimiento han llegado a dominar. Aunque existen unas 30.000 especies de plantas comestibles, más del 40% de nuestras calorías diarias provienen de tres cultivos básicos: arroz, trigo y maíz. Y el 75% de los alimentos del mundo procede de solo 12 especies vegetales y cinco especies animales. En China, por ejemplo, se ha registrado una disminución en el número de variedades locales de arroz, de 46.000 en la década de 1950 a algo más de 1.000 en 2006.

Esta uniformización puede hacer que las poblaciones pobres y marginadas sean vulnerables a las plagas y a los efectos del cambio climático, y amenazar la seguridad alimentaria mundial. La diversidad en la dieta también hace que comer sea más divertido, sabroso, saludable y aventurero. Consumir alimentos integrales más diversos estimularía la búsqueda de especies y variedades adaptadas, aumentando así la biodiversidad cultivada y apoyando a los agricultores regenerativos locales.

Necesitamos transformar nuestros sistemas alimentarios.Image: WWF

3. Reduce y reutiliza tus residuos.

Un tercio de los alimentos se desperdicia en todo el mundo, lo que representa una superficie agrícola mayor que Canadá e India juntas, mientras que 821 millones de personas están subalimentadas. Cuando los alimentos se pierden o se desperdician, todos los recursos utilizados para producirlos –agua, tierra, energía, mano de obra y capital– se desaprovechan. Además, la eliminación de las pérdidas y desperdicios de alimentos en vertederos genera emisiones de gases de efecto invernadero, lo que contribuye al cambio climático.

Los consumidores de las naciones ricas desperdician hasta 115 kilogramos de alimentos per cápita al año de media, frente a tan solo 6 a 11 kilogramos per cápita en el África subsahariana y el sur de Asia. Pasos sencillos como planificar las comidas, elegir la verdura fea, guiarse por la fecha de «consumir antes de» en lugar de la de «consumir preferentemente antes de», congelar las sobras y compostar los restos de comida para convertirlos en nutrientes valiosos para el suelo, son de gran ayuda.

El consumismo informado y empoderado puede ser transformador a la hora de exigir mejores sistemas alimentarios. Esto nos exige recalibrar nuestras expectativas sobre el papel de la agricultura, la pesca y la alimentación en nuestras vidas, empezando por comprender el impacto de nuestras decisiones dietéticas en nuestra salud, en la sociedad y en el medio ambiente.

La alimentación es una parte central de nuestras vidas. Es hora de reconectar con ella: por tu salud, por las personas y por el planeta.

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