La colaboración permite afrontar nuestros mayores desafíos, desde la COVID-19 hasta el cambio climático.
Coaliciones fundamentales, como la Global Alliance for Vaccines and Immunizations, nacieron en el Foro Económico Mundial.
Empresas rivales trabajan juntas para lograr un capitalismo de las partes interesadas.
Al hacer balance de 2020, es posible que palabras como cooperación y colaboración no nos vengan a la mente de inmediato. No solo estuvimos físicamente separados unos de otros, sino que muchas divisiones parecieron agravarse.
En plena pandemia mundial, las personas discreparon sobre su gravedad y sobre la mejor forma de combatirla. Mientras la desigualdad de ingresos crecía en medio de las crisis económicas, el 56% de las personas en todo el mundo expresó una desconfianza en el capitalismo. Y, a medida que se ampliaban los movimientos por la justicia racial, afrontamos las desigualdades en toda nuestra sociedad.
Sin embargo, pese a todos los momentos difíciles de 2020, las colaboraciones exitosas a gran escala no solo tuvieron lugar, sino que nos ayudaron a sentar las bases para la reconstrucción y la recuperación. Ahora, al avanzar, es momento de que cada uno de nosotros busque nuevas oportunidades de colaborar e incluso de abrazar la colaboración radical cuando sea posible. Es la única forma de afrontar realmente los crecientes desafíos globales a los que nos enfrentamos.
La colaboración permite afrontar nuestros mayores desafíos
La colaboración radical implica, ante todo, que debemos estar dispuestos a trabajar con cualquiera que pueda ayudar, incluso con un competidor.
Basta con observar el esfuerzo mundial por desarrollar una vacuna contra la COVID-19. Ningún líder empresarial puede negar el papel que desempeña la competencia en el impulso a la innovación, pero 2020 demostró que la colaboración puede ser un catalizador igualmente poderoso.
Cuando el brote se propagó, los científicos publicaron la secuencia genética del virus en un sitio web público, para que las mentes médicas más brillantes pudieran empezar a trabajar en una vacuna. Luego, en lugar de replegarse en silos y ocultar los esfuerzos de I+D bajo secreto, las compañías farmacéuticas rivales unieron fuerzas, incluso formando grupos para compartir recursos y conocimientos especializados sobre terapias y vacunas. Los gobiernos también destinaron miles de millones a subvencionar la investigación, y muchos se están uniendo para ayudar a garantizar que las vacunas se distribuyan de forma eficaz en los países de ingresos bajos y medianos. Nunca antes habíamos visto un progreso médico de tan amplio alcance en tan poco tiempo, y lo logramos porque trabajamos juntos.
Las empresas también están impulsando colaboraciones multisectoriales para construir un futuro mejor y más equitativo en otros ámbitos. Cuando la gente marchó codo con codo este verano, las compañías se unieron para abordar el racismo sistémico. La Law Firm Antiracism Alliance, por ejemplo, reunió a más de 125 de los bufetes de abogados más grandes de Estados Unidos. Empresas líderes como IBM, JPMorgan Chase, McKinsey, Accenture y la organización EY también formaron el Jobs Council, que ampliará las oportunidades para profesionales negros, latinos y asiáticos mediante la contratación de 100.000 neoyorquinos de entornos de bajos ingresos.
En lo que respecta al cambio climático, un grupo de grandes fabricantes de automóviles acordó voluntariamente normas de emisiones aún más estrictas que las exigidas por el gobierno federal, mientras que empresas de muchos otros sectores trabajaban para el objetivo de alcanzar la neutralidad de carbono. Directores de sostenibilidad de grandes empresas, entre ellas competidores como BP y Chevron, también se unieron en una iniciativa lanzada por la Sustainable Markets Initiative denominada S30, que trabaja para construir vías hacia la sostenibilidad.
Las coaliciones fundamentales nacen en el Foro Económico Mundial
Son coaliciones como esta las que ofrecen la mayor esperanza para nuestro futuro, y necesitaremos aún más de ellas si queremos encontrar soluciones a los problemas más apremiantes que se avecinan. De hecho, eso es precisamente lo que cada vez más personas esperan de la comunidad empresarial. La Actualización de primavera de 2020 del Barómetro de Confianza de Edelman reveló que el 65% de los encuestados creía que la colaboración con los competidores mantendría o aumentaría la confianza en las empresas.
Necesitamos restablecer esa confianza, y por eso también debemos seguir apoyando a organizaciones como el Foro Económico Mundial (FEM). Al crear una plataforma para que líderes de algunas de las empresas más grandes e innovadoras del mundo se reúnan, el FEM puede acercar a los competidores a la mesa de negociación y mediar en alianzas clave.
En el FEM nació la Global Alliance for Vaccines and Immunizations (GAVI), y es también el lugar donde la Alliance of CEO Climate Leaders se comprometió por primera vez a alcanzar emisiones netas cero para 2050. Y en este momento, es el lugar donde otra colaboración radical y única está allanando el camino para que las empresas logren avances aún más significativos en los mayores desafíos de la sociedad.
Los competidores impulsan el capitalismo de las partes interesadas
Desde hace tiempo, el Consejo Empresarial Internacional (IBC) del FEM, un grupo de unas 120 de las mayores organizaciones del mundo, trabaja para impulsar el capitalismo de las partes interesadas. El objetivo es ofrecer a las empresas una forma de asegurarse de que sus metas estén alineadas con las de la sociedad, y de comunicar el valor que crean para sus grupos de interés de manera coherente y comparable. Y, al servicio de este objetivo, los equipos de EY han dedicado el último año a trabajar con las otras organizaciones del Big Four, así como con el FEM y Bank of America, para desarrollar un conjunto básico de métricas ESG independientes del sector, basadas en estándares existentes como SASB, GRI y TCFD.
Normalmente, nosotros y nuestros pares del sector contable somos competidores. Pero a instancias del Consejo Empresarial Internacional del FEM, nuestros equipos trabajaron juntos para aprovechar el importante trabajo de los organismos de normalización, realizar sesiones de retroalimentación con los miembros del IBC y, finalmente, definir un conjunto básico de métricas que miden el valor en cuatro áreas: personas, planeta, prosperidad y gobernanza. En un momento en que cada vez más empresas se dan cuenta de que su propio éxito a largo plazo depende del de la sociedad, estas métricas ofrecen parámetros de referencia para que las compañías midan sus avances, orienten futuras colaboraciones e impulsen la acción colectiva que tanto se necesita.
Iniciativas como esta subrayan el poder de la colaboración radical y ofrecen un ejemplo de cómo trabajar incluso con sus competidores más cercanos puede resolver problemas, crear valor para la sociedad e impulsar la innovación. Es una estrategia en la que todos ganan, probada para generar oportunidades y nuevos enfoques, pero que a menudo se pasa por alto debido a la reticencia a trabajar con la competencia. Cuando nos enfrentamos a problemas persistentes que llevan años existiendo, debemos recordar que, al trabajar juntos, podemos acelerar las soluciones aportando nuestra propuesta de valor única, en lugar de protegerla.
Por supuesto, la competencia seguirá siendo fundamental para las empresas. Pero es momento de utilizar todas las herramientas a nuestro alcance. Debemos buscar alianzas más inesperadas para encontrar soluciones inesperadas, y más formas de crecer, transformarnos e innovar juntos.





