A medida que aumenta la penetración de los vehículos eléctricos, también crece la necesidad de contar con la infraestructura que los respalde.
Las alianzas entre múltiples partes interesadas son esenciales para hacer realidad el transporte con cero emisiones netas en toda la cadena de suministro.
Debemos pasar rápidamente de un modelo de negocio lineal a uno circular si queremos tener éxito en nuestra trayectoria mundial de electrificación.
Las exigencias de un transporte más sostenible establecidas por la COP26, el Pacto Verde Europeo y el Acuerdo de París siguen vigentes, entre otras, pero la implementación real de medidas para reducir las emisiones de carbono debe acelerarse considerablemente si queremos cumplir las ambiciones declaradas y reiteradas en el tercer informe del IPCC, publicado en abril de 2022.
En lo que respecta a la electrificación del transporte por carretera, todo empieza por disponer de vehículos eléctricos (VE). Pero, a medida que aumenta la penetración de los VE, se intensifica la necesidad de asegurar la infraestructura necesaria para respaldar su adopción generalizada. Dicho de forma sencilla, nos enfrentamos a un dilema del huevo y la gallina: no importa cuántos vehículos excelentes de cero emisiones podamos ofrecer si no hay infraestructura de carga en las rutas de los operadores de transporte.
Y también ocurre a la inversa: es probable que no haya suficientes inversiones en infraestructura de carga mientras no haya bastantes VE en circulación. Por tanto, debemos ser flexibles y aprovechar soluciones de infraestructura tanto para los vehículos eléctricos de batería (VEB) como para los vehículos eléctricos de pila de combustible (VEPC), a fin de ofrecer a la sociedad opciones climáticamente neutras, adaptadas a las necesidades particulares de cada cliente.
Involucrar a todos en la trayectoria de electrificación
Las alianzas tienen el poder de impulsar este proceso. Crear las condiciones para el despliegue en el mercado masivo tanto de las baterías como de las pilas de combustible requiere la colaboración entre socios y partes interesadas de todo el ecosistema, incluidos los fabricantes de vehículos y los proveedores de energía, así como los responsables de formular políticas y los organismos reguladores, que desempeñan un papel fundamental al promover un entorno normativo que respalde cada fase del desarrollo y el despliegue.
No es una tarea menor: requiere un nuevo tipo de colaboración profunda e integral que aún no hemos experimentado. Todos los actores principales de la cadena de suministro deben participar para que esto funcione. Y debe suceder ahora.

Por su parte, Volvo Group ha tomado la iniciativa de financiar una empresa conjunta pionera con varios competidores del sector para crear e instalar una red de carga de alto rendimiento con al menos 1.700 puntos de carga en toda Europa —la mayor inversión de este tipo realizada hasta ahora en la región—, que contribuirá enormemente a lograr un transporte climáticamente neutro en el continente para 2050. América del Norte también está mostrando niveles similares de inversión en su infraestructura de carga. El mundo está empezando a prestar atención; no dejemos escapar esta oportunidad.
Sin embargo, no podemos apostar todo a una sola tecnología, porque el tiempo apremia, los clientes son diferentes y las condiciones del mercado varían. Se necesitan redes sólidas de carga para baterías, pero también redes de repostaje para pilas de combustible de hidrógeno, a fin de atender las distintas necesidades de las diversas formas de transporte. Esto es crucial, ya que la penetración se producirá aplicación por aplicación, región por región y tecnología por tecnología; como siempre, el operador de transporte decidirá qué es lo mejor para su negocio en cada momento. Lo más probable es que se necesite un abanico de posibilidades para impulsar la transformación, teniendo en cuenta la importante brecha que existe actualmente en la producción y distribución de energía verde y, en cierta medida, en su costo.
Circular, no lineal
Para hacer realidad estas nuevas tecnologías de la forma más sostenible posible, es fundamentalque adoptemos una economía circular, en la que creemos una sociedad próspera que no dependa del agotamiento de los recursos naturales del planeta. Sea cual sea el sector en el que trabajemos hoy, la transición de un modelo de negocio lineal, en el que fabricamos productos nuevos y los desechamos al final de su vida útil, a uno circular que adopta la refabricación, la renovación, la reutilización con otros fines y el reciclaje es absolutamente inevitable si queremos sobrevivir mañana. Y esto se aplica, sin duda, al transporte.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en relación con la economía circular?
Además de ser lo correcto, un enfoque circular también nos permite profundizar y prolongar la relación con nuestros clientes y proveedores, y garantizar que puedan contar con los recursos que necesitarán en el futuro. Por ejemplo, en Volvo Group trabajamos con más de 5.000 proveedores, y el enfoque circular exige que todos y cada uno actuemos para mejorar la eficiencia en el uso de los recursos. Aunque no es una tarea fácil, es esencial, y la haremos realidad colaborando a lo largo de toda la cadena de suministro y más allá.
Digitalizar para impulsar la circularidad
El reciclaje de las baterías existentes, como parte de esta economía circular, es especialmente crucial para nuestra transformación ecológica. Cuanto menos materia prima extraigamos, mejor para el planeta, tanto desde la perspectiva de los recursos como de la sostenibilidad. Por ello, para minimizar el impacto ambiental de los productos electrificados, las baterías deben diseñarse para la circularidad, teniendo en cuenta una segunda o tercera vida y su reciclaje. Al reacondicionar o refabricar las baterías, reemplazando celdas o módulos seleccionados, es posible prolongar su potencial y generar beneficios para todos: el planeta, las personas y la rentabilidad.
Para lograrlo y hacer viable la vida útil de las baterías más allá del primer uso, es fundamental optimizar sus datos. En el mundo actual, los datos son el nuevo petróleo y resultan sencillamente invaluables a la hora de decidir cuál es el uso óptimo en una segunda vida. Si aprendemos continuamente sobre las características de cada batería envejecida, podremos crear una base de conocimientos para optimizar su uso, no solo durante su primera y segunda vida, sino también a lo largo de todo su ciclo de vida. Así, la digitalización se ha vuelto clave para ayudarnos a explorar todo el potencial de las baterías y, con ello, garantizar una fuente de energía de mucha mayor calidad en cada etapa de su vida.
La emergencia climática exige que el transporte con cero emisiones netas ya no sea algo deseable, sino algo imprescindible si queremos garantizar un futuro sostenible para nuestros hijos. Solo mediante un enfoque circular podremos respaldar nuestro objetivo último de lograr un transporte con cero emisiones netas en los próximos años, objetivo que se verá reforzado por alianzas con todos los actores de la trayectoria de electrificación, en cada etapa del desarrollo de un transporte sostenible.
Nada verdaderamente importante se consigue fácilmente. Aun así, esta transformación es vital, urgente y merece que luchemos por ella cada día. Las alianzas son el nuevo liderazgo. Pasemos juntos del éxito individual al impacto colectivo.





