El comercio de carbono es un sistema basado en el mercado diseñado para ofrecer incentivos económicos a las organizaciones con el fin de reducir su huella ambiental.
Las empresas deben colaborar entre sí para optimizar su comercio de carbono.
En el futuro, a medida que aumenten los precios del CO₂, las empresas tomarán cada vez más decisiones basadas en sus emisiones de carbono.
Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono, es un elemento clave en la lucha contra el cambio climático. Una de las formas en que los gobiernos y las empresas intentan reducir sus emisiones es mediante el comercio de carbono.
¿Qué es el comercio de carbono?
El comercio de carbono es un sistema basado en el mercado cuyo objetivo es ofrecer incentivos económicos para animar a las organizaciones a reducir su huella ambiental. A diferencia de las compensaciones voluntarias, en las que los consumidores pueden optar por pagar para compensar su huella de carbono, el comercio de carbono es un mecanismo jurídicamente vinculante. Calculado por los gobiernos y responsables de políticas de cada país, tiene como objetivo poner precio al CO₂ siguiendo el principio de límites máximos y comercio de emisiones. El gobierno establece un límite, o tope, a las emisiones permitidas por sector. Los certificados de emisión correspondientes a la cantidad total se ponen en el mercado mediante subastas o se asignan a los contaminadores. Al final de un período preestablecido, los contaminadores participantes deben presentar derechos de emisión equivalentes a sus emisiones. Pueden comprar o vender derechos en el mercado. Los precios se regulan en los mercados; no existe consenso sobre cómo implementar un sistema de límites máximos y comercio de emisiones a escala mundial.
Esto da lugar a precios del carbono que oscilan entre menos de 1 dólar y más de 140 dólares por tonelada de CO₂ equivalente. En Alemania, el precio aumentó de 37 € por tonelada en enero de 2021 a 88 € por tonelada en enero de 2022, y la situación es similar en otros países. Debido a los mecanismos de límites máximos y comercio y a la reducción de los créditos de emisión disponibles, el precio aumentará con el tiempo. En el caso de las grandes empresas manufactureras que emiten varios millones de toneladas de CO₂ al año, la justificación económica es clara, al igual que el riesgo operativo y financiero.
La descarbonización requiere colaboración
En el comercio de carbono, trabajar en compartimentos estancos dentro de los límites de la propia empresa supone un problema. Muchas empresas siguen intentando hacerlo por su cuenta. Aunque esto puede ser viable para los procesos internos y aquellos que controlan, no es una opción en una red empresarial global. La falta de estándares y la diversidad de normativas hacen que estos esfuerzos sean lentos y complejos, lo que afecta considerablemente a su eficacia.
Aunque las empresas buscan obtener información y transparencia, se enfrentan a cuatro grandes desafíos: transición energética, digitalización, sostenibilidad y agendas políticas.
Si se observa el panorama general de la descarbonización, que está conectada con todos los ámbitos, el comercio de carbono es solo una pieza del rompecabezas. Las empresas deben tener en cuenta sus emisiones de carbono de Alcance 1, 2 y 3, que abarcan sus emisiones directas e indirectas: aquellas de las que la empresa es indirectamente responsable a lo largo de toda su cadena de valor.
Gestionar las emisiones de Alcance 1 y 2 ya supone un desafío debido a la falta de datos y a la consiguiente necesidad de recurrir a estimaciones para elaborar informes. Esto puede funcionar por ahora, pero la enorme cantidad de datos será inmanejable en el futuro. Se necesitan nuevos enfoques, sobre todo para gestionar las emisiones de Alcance 3, que son aún más complejas.
«Las emisiones de Alcance 3 son un quebradero de cabeza para muchas empresas por diversas razones», explica Richard Philcox, responsable del área de producto y director de producto de Commodity Management Solutions en SAP. «En primer lugar, quedan fuera de la propiedad directa de la empresa, lo que dificulta su control. En segundo lugar, es difícil recopilar los datos necesarios y, en tercer lugar, no está claro quién es responsable de estas emisiones en la cadena de suministro y, por tanto, de reducirlas».
Por supuesto, el enfoque de estos esfuerzos depende en gran medida del sector. La transición energética no se logra simplemente sustituyendo la producción basada en combustibles fósiles por hidrógeno u otros recursos más ecológicos. Afecta al consumo energético de las plantas y las operaciones a lo largo de las cadenas de valor. En cualquier caso, las empresas que han decidido alcanzar la neutralidad en carbono aplicando objetivos basados en la ciencia aspiran a un alcance de transformación muy distinto. Han optado por una transformación singular. A diferencia de las empresas que compensan sus emisiones, estas están llevando a cabo un proceso complejo, costoso y largo para transformar realmente sus operaciones. Esto significa evitar las emisiones desde el principio, en lugar de compensarlas.
¿Cómo impulsa el Foro Económico Mundial la transición energética para ayudar a frenar el cambio climático?
El Centro de Energía y Materiales conecta a líderes para comprender las complejas transiciones que están transformando los sistemas energéticos, de materiales e industriales. Ofrece una plataforma para explorar la intersección entre la seguridad energética, la asequibilidad y la sostenibilidad.
Mediante la colaboración entre cadenas de valor y regiones, el Centro facilita vías compartidas que ayudan a sus socios a coordinarse en torno a soluciones prácticas para una transición segura, con bajas emisiones de carbono y equitativa.
Surgen nuevos modelos de negocio
Ni la digitalización ni la sostenibilidad pueden lograrse únicamente con tecnología y software. Se necesitan competencias y es imprescindible recurrir a ecosistemas y redes. Los modelos de negocio «como servicio» tienen éxito porque combinan competencias y conocimientos.
En el futuro, veremos muchas más empresas emergentes y negocios que adoptarán una concepción aún más amplia del modelo «como servicio». En lugar de comprar licencias de software, las empresas adquirirán cada vez más el servicio como un producto entregable, por ejemplo, «descarbonización como servicio».
Sin embargo, esto no ocurrirá en un futuro próximo, ya que primero las empresas tendrán que dar acceso a sus datos y ofrecer información detallada sobre sus operaciones. Con el tiempo, la transparencia cobrará impulso. Ser ecológico ya no basta: ser cada vez más ecológico ocupará un lugar central en las decisiones de compra.
Con las opciones de comercio de carbono, el objetivo último de las empresas dejará de ser vender bienes a toda costa. A medida que aumenten los precios del CO₂, los equipos de ventas y atención al cliente decidirán si venden o no en función de los costes totales de la empresa. Los costes de producción incorporarán en tiempo real los costes de las emisiones de CO₂. Esto podría hacer fracasar una operación de inmediato debido al aumento vertiginoso de los costes de las emisiones de Alcance 1, 2 y 3.
Para que desempeñen un papel importante en la descarbonización, es necesario replantear las redes, la competencia y los servicios. Gestionar las incoherencias de los datos, armonizar los estándares y conectar los procesos y las cadenas de suministro de extremo a extremo será fundamental para lograrlo.




