Pese a los numerosos avances recientes en la reducción de las tasas de mortalidad por cáncer, la inestabilidad mundial provocada por la COVID-19 ha interrumpido cribados y tratamientos oncológicos esenciales.
La comunidad mundial contra el cáncer debe unirse, dar nueva prioridad a los cribados y minimizar los retrocesos para los sistemas sanitarios y la sociedad.
La rapidez y agilidad de la respuesta de la comunidad oncológica a la COVID-19 alimenta la esperanza de lograr avances rápidos en la prevención de que el cáncer se convierta en la próxima crisis sanitaria mundial.
Aún se desconoce el impacto total de la pandemia mundial, pero los efectos repentinos de la COVID-19 han ya alterado la atención oncológica.
Las órdenes de quedarse en casa y el temor a contraer el virus llevaron a muchas personas a suspender los cribados, aplazar las consultas rutinarias y evitar o retrasar la búsqueda de atención médica. Además, al no acudir al médico, las personas con cáncer no han podido beneficiarse de los extraordinarios avances logrados en oncología en las últimas décadas, lo que ha perjudicado las tasas de supervivencia y el diagnóstico precoz.
Pero hay esperanza.
Los tiempos difíciles brindan oportunidades para la innovación y la colaboración, especialmente ahora. A medida que siguen avanzando los cribados, el diagnóstico y el tratamiento del cáncer, la comunidad oncológica mundial contará con un arsenal de nuevas herramientas no solo para revertir estos retrocesos, sino también para acelerar los avances.
Las presiones de la COVID-19 interrumpieron la atención oncológica esencial
Antes de la pandemia, las tasas de mortalidad por cáncer mostraban una tendencia alentadora a la baja. Entre 1991 y 2017, en Estados Unidos las muertes por cáncer disminuyeron un 29 %. En la UE, entre 2014 y 2019, la mortalidad por cáncer siguió disminuyendo tanto en hombres como en mujeres. El aumento y la mayor precocidad de los cribados, junto con una tecnología de diagnóstico mejorada y avances revolucionarios en tratamientos personalizados y adaptados a cada paciente, permitieron que más personas comprendieran antes su diagnóstico de cáncer y accedieran más rápidamente a la atención necesaria.
Pese a todos estos avances, la inestabilidad mundial que afrontaron las personas debido a la COVID-19 provocó una interrupción drástica de los cribados y tratamientos oncológicos esenciales.
Una encuesta reciente de la Red de Acción contra el Cáncer de la Sociedad Americana contra el Cáncer informó que más de tres cuartas partes de las personas que estaban recibiendo tratamiento contra el cáncer tuvieron que aplazar algún aspecto de su atención debido a la COVID-19. Además, el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos advirtió que la disminución de los cribados de cáncer de mama y colorrectal por sí sola podría provocar hasta 10 000 muertes adicionales en la próxima década.
Los cribados mejorados pueden combatir una crisis mundial del cáncer
Sabemos que el diagnóstico precoz mejora las tasas de supervivencia. Cuando el cáncer se detecta en sus primeras etapas, los pacientes tienen más opciones de tratamiento y requieren una atención menos compleja, lo que no solo les beneficia, sino que también permite ofrecer una atención menos costosa, ahorrando dinero y recursos para todo el sistema sanitario. Ahora más que nunca, la comunidad mundial contra el cáncer debe unirse, dar nueva prioridad a los cribados y minimizar los retrocesos para los sistemas sanitarios y la sociedad. El cáncer de pulmón sirve de ejemplo: esta enfermedad se cobra 1,8 millones de vidas cada año en todo el mundo. También conlleva la mayor carga económica de todos los cánceres: solo en Europa se gastan casi 19 000 millones de euros al año en el cáncer de pulmón. Sin embargo, actualmente, solo alrededor de uno de cada cinco pacientes con cáncer de pulmón recibe un diagnóstico en estadio I.
El informe «Cribado del cáncer de pulmón: el coste de la inacción» elaborado para la Lung Ambition Alliance concluyó que los cribados selectivos mediante tomografías computarizadas de baja dosis (TCBD) pueden reducir significativamente la carga de costes y mejorar las probabilidades de supervivencia al aumentar la detección de cánceres de pulmón en etapas tempranas. De hecho, un estudio concluyó que, entre los pacientes con determinados factores de riesgo, se podría salvar una vida por cada 320 TCBD. Para ponerlo en contexto, la cifra es mucho mayor en otros cribados de cáncer: más de 800 en el caso del cáncer colorrectal y entre 600 y 1700 para el cáncer de mama.
Contamos con las herramientas para hacerlo y hemos trazado una estrategia para implementar con éxito el cribado del cáncer de pulmón a gran escala, con el fin de mitigar las interrupciones de la atención oncológica ante futuras crisis sanitarias como la COVID-19. Esta estrategia se recoge en un estudio de caso elaborado para la Alianza para la Sostenibilidad y la Resiliencia de los Sistemas Sanitarios. El cribado también puede reducir la carga económica que recae sobre los sistemas sanitarios: una estimación de Estados Unidos indica que el diagnóstico precoz del cáncer supondría un ahorro de 26 000 millones de dólares. Este enfoque contribuye a la sostenibilidad a largo plazo de los sistemas sanitarios y los gobiernos en el cumplimiento de sus objetivos de reducir la mortalidad por cáncer.
La detección precoz del cáncer como vía hacia la sostenibilidad del sistema sanitario
La rapidez y agilidad de la respuesta de la comunidad oncológica a la COVID-19 infunden esperanza de lograr avances rápidos en el futuro. Juntos, establecimos nuevas alianzas y colaboraciones, acelerando nuestros esfuerzos colectivos para proteger el sistema sanitario y reducir la mortalidad prematura por cáncer.
Al reunir conocimientos especializados de distintos ámbitos, hemos aprovechado los avances tecnológicos para apoyar a los pacientes desde el diagnóstico hasta el tratamiento. La inteligencia artificial (IA) es una herramienta que ya demuestra un potencial prometedor para alcanzar este objetivo. Se ha demostrado que puede detectar con éxito hasta el 93 % de los crecimientos pulmonares anómalos en estudios recientes, lo que puede aumentar significativamente la capacidad para identificar pacientes, agilizar las vías de atención y optimizar los recursos del sistema sanitario. Al mismo tiempo, estamos transformando la forma en que las personas acceden a la atención y la reciben mediante soluciones digitales y de atención domiciliaria que aumentan la capacidad y reducen la carga y los costes de los centros sanitarios.
¿Cómo ayuda el Foro Económico Mundial a identificar nuevas tecnologías para combatir la COVID-19?
Ha llegado el momento de que los proveedores de atención sanitaria, las instituciones académicas, la industria y las organizaciones mundiales de salud colaboren para aprovechar los últimos avances científicos en oncología al servicio de los pacientes. La detección precoz es fundamental para garantizar la sostenibilidad y la resiliencia futuras de los sistemas sanitarios.
Juntos debemos comprometernos a:
Reconocer la mortalidad por cáncer de pulmón como una prioridad de salud pública e invertir colectivamente en un esfuerzo coordinado para actuar en las primeras etapas de la enfermedad;
Desarrollar sólidamente programas de cribado del cáncer de pulmón, claramente integrados en un plan general de ámbito nacional que tenga como objetivo mejorar los resultados para las personas con cáncer de pulmón;
Establecer una estrategia e inversión específicas para el cáncer de pulmón, con objetivos cuantificables y el compromiso de mejorar todo el itinerario asistencial. Esto implicaría: detección precoz mediante cribados selectivos; protocolos para nódulos pulmonares incidentales y vías de diagnóstico rápido; itinerarios asistenciales multidisciplinares y plenamente integrados; y reducción del estigma asociado al cáncer de pulmón.
Nos encontramos en una encrucijada en la atención oncológica: una vía optimiza la atención y transforma lo que significa recibir un diagnóstico de cáncer; la otra agrava los retrocesos que vivimos actualmente. La detección precoz y la predicción son fundamentales para mitigar tanto las enfermedades infecciosas como el cáncer. Debemos mejorar la detección temprana del cáncer para aumentar las probabilidades de supervivencia prolongada de los pacientes.
Si seguimos este camino, podemos evitar que una crisis sanitaria alimente otra.





