El mundo vuelve a encontrarse en un punto de inflexión y, una vez más, la tecnología forma parte de la solución.
Es necesario que el sector empresarial ejerza un liderazgo firme para garantizar que la tecnología se utilice de manera responsable y sostenible.
La prioridad debe ser implementar tecnologías digitales que hagan que el mundo real sea mucho más habitable y sostenible.
Cuando me gradué en 1989, sentía que el mundo estaba a mis pies. Con la caída del Muro de Berlín, la Guerra Fría llegaba a su fin y la globalización se aceleraba.
Al mismo tiempo, las tecnologías digitales abrían posibilidades ilimitadas: ese mismo año se lanzó la World Wide Web; la tecnología de la información prosperaba y la internet empezaba a conectar a las personas.
El sueño era crear una aldea global donde todos fueran bienvenidos a comunicarse, comerciar e intercambiar conocimientos e información. Las esperanzas eran grandes.
Ahora, más de tres décadas después, volvemos a estar en un punto de inflexión. Mucho antes de la pandemia, ya se estaba gestando un retroceso de la globalización. Con la ayuda de las redes sociales, el nacionalismo y la política identitaria ganaron terreno en muchos países, y aumentaron las tensiones geopolíticas y los conflictos comerciales.
Hoy, las mismas tecnologías digitales que antes ayudaron a conectar el mundo lo dividen. Se utilizan para difundir desinformación y propaganda y amplificar opiniones extremas. Han vuelto a nuestras sociedades más vulnerables a la manipulación y los ataques.
A la luz de estas tendencias de largo plazo, fue decepcionante, aunque no sorprendente, que fueran escasas las estrategias internacionales coordinadas para contener la pandemia de COVID-19. Y ahora, la guerra en Ucrania está intensificando aún más la fragmentación de nuestro mundo.
Las tecnologías digitales pueden ser una fuerza para el bien
Teniendo todo esto en cuenta, ¿es ingenuo creer que la tecnología puede volver a despertar grandes esperanzas e impulsar el progreso, como lo hizo en 1989? ¿Puede la tecnología volver a salvar el mundo?
Yo digo que sí. Si necesitábamos un recordatorio del poder de la tecnología, la reciente pandemia nos lo dio. Vimos cómo la tecnología digital permitió a las personas mantenerse en contacto y comunicarse con otras, a las empresas continuar sus operaciones y a innovadores como BioNTech y Moderna desarrollar y producir en masa vacunas contra la COVID-19 en tiempo récord.
Estos avances durante la pandemia demuestran que la tecnología digital sigue siendo un factor clave para hacer posible un futuro mejor. Pero también muestran cuán vital es un liderazgo firme en el ámbito empresarial para impulsar el progreso, en especial durante una crisis.
Aunque los líderes empresariales no deberían intentar ser políticos, sí pueden y deben abordar los grandes y urgentes desafíos que enfrenta la humanidad. El exsecretario general de las Naciones Unidas Kofi Annan los llamó en una ocasión «desafíos sin pasaporte».
Estos desafíos nos afectan a todos, independientemente de nuestra nacionalidad o del contexto geopolítico. Y están descritos en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.
Entre ellos figuran poner fin a la pobreza y al hambre, garantizar la salud y el bienestar, ofrecer una educación de calidad, tomar medidas por el clima, promover la paz, la justicia y unas instituciones sólidas, y fomentar el consumo y la producción responsables, por nombrar solo algunos.
Alcanzar estos objetivos para 2030 requerirá un flujo constante de innovaciones y el despliegue de tecnologías digitales avanzadas a gran escala y durante mucho tiempo. Por suerte, esto es precisamente lo que las empresas saben hacer bien.
El sector privado es el principal motor de la innovación y la tecnología. En Estados Unidos, por ejemplo, representa casi tres cuartas partes del gasto total del país en I+D. Y, por supuesto, también desempeña un papel clave en la creación de empleo, la mejora de las competencias de la fuerza laboral y la generación de valor económico.
Los ODS deben orientar los modelos de negocio
Los ODS deben servir de guía en lo que respecta a los modelos de negocio y su impacto en la sociedad. En este sentido, la Ley de Servicios Digitales aprobada recientemente por la Unión Europea representa un gran paso en la dirección correcta.
Actualmente, varias empresas están realizando inversiones sustanciales en el llamado «metaverso» para seguir fortaleciendo el mundo virtual. Sin embargo, el mundo digital no debe ser un fin en sí mismo.
Debemos centrarnos en utilizar el mundo digital para que el mundo real sea mucho más sostenible y habitable. Me refiero a desarrollar e implementar tecnologías que reduzcan las emisiones de CO2, ofrezcan un transporte más limpio y fiable, proporcionen atención sanitaria asequible y personalizada, y reduzcan el consumo de energía y los residuos en la producción industrial.
En otras palabras, aprovechar el poder de la digitalización no solo para el entretenimiento y el consumismo en el mundo virtual, sino también para lograr avances tangibles a gran escala en el mundo real.
Las tecnologías digitales pueden impulsar un cambio positivo
A lo largo de mi carrera he tenido el privilegio de comprobar de primera mano la formidable fuerza que pueden ejercer las tecnologías digitales para impulsar un cambio positivo. Empecé mi carrera en SAP, que por entonces era un proveedor de software empresarial en rápido crecimiento, y más adelante me incorporé a IBM, líder mundial en software y servicios.
Sin embargo, solo en los últimos años he comprendido plenamente que nunca se trató de la tecnología digital en sí, sino del progreso que podemos lograr colectivamente cuando la utilizamos para mejorar el mundo real. Se trata de combinar con un propósito los mundos real y digital.
Esto se hizo aún más evidente cuando me incorporé a los consejos de administración de AP Moller-Maersk y Siemens. Incorporar tecnologías digitales al transporte hace que el transporte marítimo y los viajes sean más sostenibles. Incorporarlas a la fabricación hace que la producción sea circular. Incorporarlas a la atención sanitaria mejora el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades, así como la experiencia de los pacientes.
Lograrlo es una cuestión de liderazgo. Como dice un buen amigo mío, el profesor Subi Rangan, de INSEAD: entre saber y actuar está elegir.
Si una empresa elige utilizar la tecnología de manera responsable y sostenible, puede ser una fuerza poderosa para resolver los grandes desafíos que enfrentamos. También puede impulsar el progreso que nuestro mundo necesita con tanta urgencia. Incluso hoy, puede salvar el mundo.






