Una mayor colaboración público-privada en iniciativas de desarrollo y recualificación de competencias a gran escala podría impulsar el PIB mundial en 6,5 billones de dólares y dar lugar a la creación de 5,3 millones de empleos netos nuevos para 2030.
Las regiones y economías que obtendrán los mayores beneficios son aquellas con brechas de competencias más amplias y mayor potencial para mejorar la productividad.
Hace un año, nadie podía prever lo drásticamente que cambiaría todo. La forma en que vivimos. La forma en que trabajamos. La forma en que los niños van a la escuela. La forma en que pensamos el futuro. Por supuesto, incluso antes de la COVID-19, el auge de la automatización y las nuevas tecnologías ya estaba transformando los mercados laborales mundiales, lo que generaba una necesidad muy urgente de desarrollo y recualificación de competencias a gran escala. Pero ahora, tras meses de penurias imprevistas, esta necesidad se ha vuelto aún más importante.
La pandemia ha sido una tragedia humana, y las medidas adoptadas para combatirla han tenido un impacto devastador en las economías, al alterar los medios de vida de millones de personas. Ha puesto al descubierto debilidades estructurales en las instituciones y las economías, y ha ampliado las desigualdades. Las personas que ya se encontraban en situación de desventaja han sido especialmente golpeadas.
Enfrentamos un problema social apremiante: cómo dotar a las personas de las competencias que necesitan para participar en la economía, tanto ahora como en el futuro. Como se describe en el último Informe sobre el Futuro del Empleo del Foro Económico Mundial, la mitad de todos los empleados del mundo necesitarán recualificación para 2025, sin contar a todas las personas que actualmente no tienen empleo. Si no actuamos ahora, esta brecha de competencias solo se ampliará.
Con los desafíos llegan las oportunidades. Las crisis, como la pandemia, pueden y deben dar forma al pensamiento económico, y representan una ventana de oportunidad rara pero estrecha para reflexionar, reimaginar y replantear las prioridades. Por ello, aprovechemos esta oportunidad. Hacemos un llamamiento a los gobiernos, los líderes empresariales y los educadores para que se unan a nosotros en un movimiento mundial a favor del desarrollo de competencias.
Como verá en nuestro nuevo informe, Upskilling for Shared Prosperity (Desarrollo de competencias para una prosperidad compartida), publicado como parte de la Semana de la Agenda de Davos para conmemorar el primer aniversario de la Plataforma de la Revolución de la Recualificación del Foro Económico Mundial, existe un claro argumento social y económico a favor del desarrollo de competencias. Si nos comprometemos a ofrecer a todas las personas oportunidades para adquirir las competencias que necesitarán para participar plenamente en el lugar de trabajo del futuro, ello, a su vez, generará un dividendo de prosperidad. Hemos utilizado modelos económicos para estimar el crecimiento del PIB que cabe esperar de un aumento de la productividad si los países desarrollan las competencias de sus ciudadanos de acuerdo con las mejores prácticas de la OCDE y de la industria.
Nuestras principales conclusiones económicas incluyen las siguientes:
Una mayor colaboración público-privada en iniciativas de desarrollo y recualificación de competencias a gran escala podría impulsar el PIB mundial en 6,5 billones de dólares y crear 5,3 millones de empleos netos nuevos para 2030.
Las economías con brechas de competencias más amplias podrían registrar las mayores ganancias como porcentaje del PIB, entre ellas China (7,5 %) e India (6,8 %).
Se espera que la mitad del PIB adicional a nivel mundial se obtenga en los sectores de servicios empresariales, servicios de consumo y manufactura.
Los sectores que durante décadas han sufrido un crecimiento y una producción de bajos salarios podrían obtener beneficios significativos gracias al desarrollo de competencias. La atención sanitaria y los servicios sociales podrían añadir 380 000 millones de dólares adicionales al PIB mediante el desarrollo de competencias para 2030.
Si bien los datos respaldan claramente la necesidad de desarrollar competencias, también reconocemos que el PIB por sí solo no ofrece una imagen completa de la situación de una economía. No muestra, por ejemplo, en qué medida las personas tienen empleos buenos y satisfactorios, ni qué partes de la población quedan excluidas. Por ello, el Foro Económico Mundial trabaja en un proyecto para abordar esta cuestión mediante la creación de un Panel para la Nueva Economía.
Preparar a las personas para los empleos del mañana no es tarea fácil. Existen desafíos, como la desconexión entre los programas educativos actuales y las competencias que los empleadores necesitan hoy y en el futuro. El desarrollo de competencias transferibles, como el pensamiento crítico y la creatividad, es fundamental para ayudar a las personas a prepararse no solo para satisfacer las exigencias laborales de hoy, sino también las de mañana.
Nuestro informe también demuestra las ventajas más amplias de crear buenos empleos, es decir, trabajos seguros, con remuneración justa, razonablemente estables y motivadores, que pongan el énfasis en las competencias y rasgos exclusivamente humanos de los trabajadores, lo que genera niveles más altos de productividad.
Sabemos qué necesitamos de las empresas, los responsables de políticas y los educadores, y contamos con ejemplos de colaboraciones exitosas que pueden replicarse y ampliarse. Sabemos que, juntos, podemos pensar con audacia, más allá de los límites actuales, para reimaginar nuestros sistemas económicos y sociales.
Estas son cuatro formas en que podemos trabajar juntos para empezar a convertir esta crisis en una oportunidad de cambio:
1. Los gobiernos, las empresas y los proveedores de educación deben trabajar juntos para construir un ecosistema sólido e interconectado, comprometido con una agenda integral de desarrollo de competencias.
2. Los gobiernos deben adoptar un enfoque ágil para impulsar iniciativas nacionales de desarrollo de competencias, en colaboración con las empresas, las organizaciones sin ánimo de lucro y el sector educativo, por ejemplo, ofreciendo incentivos para crear empleos en la economía verde y apoyando la innovación tecnológica.
3. Las empresas deberán situar el desarrollo de competencias y la inversión en la fuerza laboral como un principio empresarial fundamental y asumir compromisos con plazos definidos para actuar.
4. Los educadores deben reimaginar la educación y adoptar el aprendizaje permanente para garantizar que todos tengan la oportunidad de participar en el futuro del trabajo.
Nuestro informe es un llamamiento a la acción. Un llamamiento a los líderes de todos los sectores y regiones para que trabajen juntos y conviertan esta crisis en una oportunidad. Si queremos materializar las ambiciones expuestas en este informe y cerrar eficazmente la brecha mundial de competencias, será necesario accionar una serie de palancas, todas ellas sustentadas en la cooperación público-privada: aprendizaje permanente, redistribución y recolocación proactivas de personas, financiación y la capacidad de anticipar qué competencias se necesitarán en el mercado laboral. Debemos atender tanto la oferta como la demanda: desarrollar las competencias de las personas y disponer de buenos empleos listos para los trabajadores preparados. Esto requerirá colaboración y compromiso por parte de los gobiernos, las empresas y los educadores.
Si bien los desafíos son grandes, no son insuperables. Porque en tiempos de grandes crisis, podemos responder con un gran propósito. Es hora de aprovechar la oportunidad que se nos presenta y generar un cambio duradero para las generaciones venideras.





