Las prácticas responsables con los datos deben minimizar los impactos negativos.
Las principales cuestiones de política de datos influirán en la forma en que todos los sectores de la sociedad interactuarán con los datos en el futuro, en rápida evolución, de la tecnología.
Ante este panorama cambiante, los expertos exponen los temas de política de datos que más les preocupan en este momento.
Los datos tienen un potencial sin explotar que, si se aprovecha de manera respetuosa con los derechos, podría tener implicaciones positivas para ayudar a resolver los mayores problemas de las sociedades o crear nuevo valor económico.
Sin embargo, en la actualidad, gran parte de los datos necesarios para afrontar estos desafíos urgentes sigue fragmentada en silos dentro de fuentes públicas y privadas. Al mismo tiempo, muchas jurisdicciones, tanto en el mundo físico como en el digital, carecen de normativas integrales de protección y seguridad de datos que protejan los derechos de las personas y creen mecanismos sostenibles para el uso de datos.
Además, las instituciones suelen tener dificultades para construir modelos aplicables, lo que da lugar a sistemas centrados más en recopilar conjuntos de datos masivos que en desbloquear el valor de los datos distribuidos por toda la institución. Y, por último, está la compleja cuestión de la precisión de los datos y la necesidad de minimizar los sesgos inherentes a la mayoría de los conjuntos de datos.
«Ahora es el momento de desarrollar prácticas responsables con los datos que minimicen los impactos negativos, a la vez que se garantiza que la próxima generación de productos y soluciones se diseñe de manera que asegure los mayores beneficios posibles y minimice los daños y sesgos. Si no empezamos a abordar las cuestiones de calidad y precisión de los datos, y no entendemos que los datos deben ser adecuados para su finalidad, corremos el riesgo de que la desinformación se amplifique durante generaciones», afirma JoAnn Stonier, directora de datos (Chief Data Officer), Mastercard EE. UU..
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en relación con la Cuarta Revolución Industrial?
El Centro de Tecnologías de Frontera e Innovación reúne a científicos, responsables políticos y líderes empresariales para comprender las tecnologías emergentes y sus implicaciones en el mundo real.
Gracias a la colaboración y la experimentación, el Centro ayuda a los socios a traducir la innovación de la investigación en aplicaciones prácticas que aborden desafíos globales compartidos.
Las arquitecturas de datos transparentes, el diseño de sistemas inclusivos y un enfoque centrado en el ser humano sobre cómo se almacenan, integran, procesan y utilizan los datos pueden ayudar a resolver estos problemas, yendo más allá de los principios básicos hacia la ejecución técnica de procesos lógicos para promover un equilibrio adecuado entre creatividad, innovación, uso responsable y funcionalidad.
«La relación entre las personas y sus datos individuales, así como las decisiones colectivas sobre el uso de los datos, siguen siendo un misterio para muchos ciudadanos y gobiernos por igual. Esa falta de capacidad de decisión genera desempoderamiento. Como resultado, las empresas que manejan datos se encuentran en una posición ventajosa para decidir por otros, en interés de los beneficios y no del público, qué hacer con los datos. Cómo garantizar que el conocimiento y la comprensión del procesamiento de datos se utilicen para lograr una buena gobernanza de los datos, sobre una base sólida de valores democráticos, es lo que me quita el sueño. Las soluciones deben incluir una mayor transparencia y rendición de cuentas, así como requisitos específicos y supervisión para sectores y aplicaciones», afirma Marietje Schaake, directora de Política Internacional, Cyber Policy Center, Universidad de Stanford.
Un paso inmediato para comprender las fuerzas complejas e interrelacionadas que están transformando el ecosistema de datos consiste en entender las principales cuestiones de política de datos que influirán en la forma en que todos los sectores de la sociedad interactuarán con los datos en el futuro, en rápida evolución, de la tecnología.
Coincidiendo con nuestra primera Cumbre Mundial sobre Gobernanza de la Tecnología, celebrada los días 6 y 7 de abril de 2021, preguntamos a seis expertos: ¿cuál es la principal cuestión de política de datos que más le preocupa en este momento?

Desiertos de datos frente a paraísos de datos
Bret Greenstein, vicepresidente sénior, Mercados Globales; responsable de Inteligencia Artificial y Análisis, Cognizant
Países como Estados Unidos tienen una auténtica oportunidad de convertirse en zonas favorables para las empresas que aportan datos y conocimientos al mercado en general. Los países que lo hagan se convertirán en paraísos para la innovación y la ventaja competitiva, mientras que los países que sigan restringiendo el uso de datos y no fomenten su intercambio se convertirán en desiertos de datos, quedándose cada vez más atrás. El valor de los datos surge de compartir y combinar distintas perspectivas para generar nuevos conocimientos. El mayor desafío que tenemos es que compartir datos aterra a los líderes empresariales por temor a perder el control y la ventaja competitiva. Si la pandemia nos ha enseñado algo, es que compartir datos tiene poder. Reunir nuestros datos genera conocimientos que crearán un enorme valor para las empresas y la sociedad. Los países que incentiven el intercambio de datos –mediante incentivos fiscales, inversiones programáticas y normativas modernizadas– obtendrán una ventaja económica significativa en los próximos cinco años.
Este enfoque ya está recibiendo una respuesta positiva del Congreso de Estados Unidos, donde los legisladores proponen varios proyectos de ley destinados a reforzar la tecnología estadounidense, como la Ley de Chips, que ofrecería incentivos para traer de vuelta a casa la fabricación de chips, y la Ley de Frontera Infinita para invertir de forma más amplia en el avance tecnológico.
Salvaguardas de la política de datos en la economía digital
Lesly Goh, investigadora en la Universidad de Cambridge, antigua directora de tecnología (CTO) del Grupo Banco Mundial
En la economía digital, los datos se han convertido en un recurso fundamental que puede monetizarse y generar beneficios significativos para particulares y empresas. Sin embargo, existe el riesgo de que los datos sean robados, utilizados indebidamente o manipulados sin el consentimiento de la persona que originó la información. Las directrices y normas de protección al consumidor están bien establecidas para los productos físicos y los servicios comerciales a escala mundial, pero existen pocas o ninguna norma y estándar mundial consolidado sobre cómo reducir los daños específicos de los datos para proteger a las personas. Hay algunos desafíos que dificultan el establecimiento de normas de protección de datos, a saber:
El daño causado a la víctima de un uso indebido de datos no es evidente de inmediato para la víctima y, por tanto, es difícil de cuantificar a corto plazo.
Dado que los datos pueden cruzar fácilmente las fronteras tanto en el mundo físico como en el digital, resulta difícil determinar qué jurisdicción sería aplicable en los casos de violaciones transfronterizas de la privacidad de los datos.
Antes y después de los hechos ocurridos el 6 de enero de 2021 en el Capitolio de los Estados Unidos, la omnipresencia de los deepfakes, así como las diversas formas de desinformación y de información errónea en las plataformas de redes sociales, ha puesto de manifiesto la necesidad de centrar más la atención en la humanidad digital en la política de datos. ¿Cuál es la capacidad de reparación de la víctima? Y ¿qué papel deberían desempeñar los gobiernos y el sector privado para exigir mayor rendición de cuentas, transparencia y responsabilidad en todo el ecosistema de datos?
Modelos de negocio basados en los datos con las personas en el centro
Brett Solomon, cofundador y director ejecutivo, Access Now
Los datos nos conciernen a nosotros. Sin embargo, con demasiada frecuencia quedamos al margen de las políticas que deciden lo que los gobiernos y las empresas harán con nuestra información. La innovación debe servir a las personas y construirse con ellas. Debemos cuestionar cualquier suposición de que empoderar a las personas perjudica a las empresas y a la innovación. En un mundo liderado por los usuarios, ocurre lo contrario.
El enfoque de «recopilarlo todo, compartirlo todo y utilizarlo todo» con los datos está dando poder a los gigantes tecnológicos, pero está demostrando ser cada vez más perjudicial para la sociedad en su conjunto. Debemos desarrollar formas nuevas y más sostenibles de innovar con datos, basadas en los derechos. Este enfoque debería incorporar la seguridad y la privacidad desde el diseño, dar capacidad de decisión a las personas y permitirles controlar su información.
Es hora de ser audaces y poner en práctica los compromisos en materia de derechos humanos. Es hora de construir nuevos modelos que hagan avanzar los derechos de los datos de los usuarios y la sostenibilidad de las empresas.
El Internet inconsciente
Sean Audain, responsable de Innovación Urbana, Consejo Municipal de Wellington, Nueva Zelanda
Nuestros mundos físico y digital se están fusionando a medida que los objetos que componen nuestros hogares, lugares de trabajo y espacios públicos se vuelven más interactivos y conectados. Esta fusión de ladrillos y bytes implica que actividades como aparcar un coche, pagar el autobús o encender una luz tengan una huella digital invisible y, a menudo, no considerada. Este auge del internet inconsciente tiene muchos beneficios: es clave para un uso más sostenible de la energía en las ciudades y para una gestión integral de las emisiones de carbono a través de las cadenas de suministro, pero también plantea interrogantes sobre la privacidad, la transparencia, el deber de diligencia y la seguridad de los datos generados por las personas y las comunidades en estos entornos. Esta cuestión del alcance, las relaciones y los derechos del internet inconsciente es clave para el crecimiento continuado de los entornos combinados digital y físico en lugares y espacios de todo el mundo.
Una definición interoperable de datos personales
Tricia Wang, etnógrafa tecnológica, Sudden Compass
Necesitamos una definición de datos personales interoperable y acordada a escala mundial. Para ello, no necesitamos más definiciones de datos personales, sino que debemos cambiar la forma en que los definimos. Debemos pasar de definiciones que predeterminan qué se considera dato personal a definiciones que tengan en cuenta la expansión continua de los elementos que pueden considerarse datos personales. Este cambio daría cuenta de lo que la defensora de datos Vaughn Tan denomina un enfoque multinivel y multidimensional de la definición.
En un mundo mediado digitalmente, los datos de las personas pueden utilizarse sin su consentimiento. Y, dado que esa acción puede afectar a la capacidad de decisión que tienen sobre sus vidas y medios de subsistencia, los datos personales son el núcleo de nuestra humanidad digital. Pero las definiciones actuales de datos personales no pueden seguir el ritmo de la evolución de los datos personales. Por ejemplo, hace un año, las pruebas de COVID-19 como datos personales no existían. Sin una definición de datos personales interoperable y acordada a escala mundial, ninguna cantidad de regulación, defensa, formulación de políticas, derechos sobre los datos o proyectos de datos abiertos puede solucionar este problema estructural. Las empresas e instituciones que supervisan grandes cantidades de datos personales –como la tecnología publicitaria, los oráculos de contratos inteligentes de cadenas de bloques, los servicios biométricos de salud y las redes sociales– lo están resolviendo por su cuenta, creando consorcios, recurriendo a la autorregulación o limitándose a cumplir el mínimo legal. En el otro extremo, los responsables políticos están aplicando medidas que a menudo generan más confusión y burocracia para las empresas e instituciones. En el ámbito de la sociedad civil, los defensores de los datos piden una tecnología responsable. Todos estos esfuerzos servirán mejor a nuestra humanidad digital si operamos en sintonía con nuestra comprensión de los datos personales.
Damos la bienvenida al botón de «serendipia de datos»
Monique J. Morrow, arquitecta sénior distinguida, Tecnologías Emergentes, Syniverse
¡Hola, nuevo mundo! Quizá necesitemos desarrollar un botón de privacidad como opción para permitir cierto grado de aleatoriedad y serendipia. Llevemos esta noción de «descentralizado» y su puesta en práctica un poco más allá. ¿Pueden las «cosas» y las «personas» operar de forma autónoma donde la «autoridad» se define dentro de estas estructuras? El paradigma descentralizado es un trabajo en curso que da forma a un «nuevo Internet» que, de hecho, incorpora una noción de ética compartida y en el que los datos están bajo la competencia del individuo o, aún más provocador, del organismo o cosa en evolución. El cerebro como interfaz con Internet lleva varios años en desarrollo para impulsar el «Cerebrointernet». Sin embargo, con el desarrollo de las resonancias magnéticas portátiles, ¿no podríamos pensar en el potencial de los «intercambios telepáticos» o la mensajería de cerebro a cerebro? Y, si es así, ¿por qué necesitaríamos Internet en absoluto? En esencia, nosotros nos convertimos en en Internet. ¡Somos el Internet Humano!
Además, ahora podemos añadir nuestros propios «botones de activación y desactivación de la serendipia» y elegir compartir qué queremos compartir y con quién queremos compartirlo. Sin embargo, ¿podré entonces protegerme de un nuevo tipo de ataque de denegación de servicio contra mi cerebro? ¿Cuál es el potencial de abuso en este «mundo feliz», si nuestros cerebros fueran «cooptados» por unos pocos actores malintencionados? ¿Demasiado lejano en el futuro? Es algo que usted, como lector, debe decidir.





