La guerra en Ucrania ha fomentado la solidaridad entre los Estados de la Unión Europea, que se unen frente a la agresión rusa.
Los líderes europeos de los gobiernos, las empresas y la sociedad civil deben responder a la crisis sin descuidar sus imperativos estratégicos.
Mantener el avance en cuatro áreas estratégicas clave puede garantizar el rumbo futuro de Europa.
La columna de tanques de 64 km que Rusia envió a Ucrania no logró tomar Kyiv, pero sí acabó con la ilusión de que Europa estaba a salvo de un ataque militar directo. Este nacimiento de una Europa geopolítica, un momento que, según la mejor descripción que he oído, marca «la mayoría de edad de Europa», ha puesto fin a una era de inocencia que para la mayoría de los europeos occidentales había durado toda una vida.
En este nuevo contexto, hay un factor que importa por encima de todo para la supervivencia de la UE: su capacidad para defenderse y mantenerse unida frente a las amenazas externas. Pero la mayoría de edad también significa poder responder a las crisis sin perder de vista las prioridades estratégicas. Mientras las repercusiones de la guerra se extienden por el continente, varios líderes europeos de las empresas y los gobiernos ya están pensando a largo plazo.
Estas son al menos cuatro áreas en las que podrían unir fuerzas para forjar una Europa más resiliente, competitiva y sostenible.
1. Hacer realidad la promesa de la autonomía estratégica de Europa
La autonomía estratégica, entendida habitualmente desde la perspectiva de la seguridad, también ha llegado a significar autonomía en los materiales, las tecnologías y las competencias que impulsarán el crecimiento económico del mañana. En todas estas áreas, Europa ha experimentado una transformación profunda en sus políticas y mentalidad, desencadenada primero por los contundentes trastornos de las cadenas de suministro durante la pandemia y reforzada ahora por el regreso de la guerra al continente.
Alemania, por ejemplo, aumentó su presupuesto de defensa en 100.000 millones de euros, hasta alcanzar el 2 % del PIB del país, un compromiso con la OTAN que durante mucho tiempo había eludido la mayoría de sus miembros en tiempos de paz. Esto elevará el presupuesto colectivo de defensa de la UE por encima del 20 % del gasto total mundial este año.
La necesidad de construir la «autonomía estratégica abierta» de Europa, propuesta durante años en los círculos de los centros de estudios, ya se ha convertido en una idea aceptada en las capitales nacionales. La dependencia de Europa de uno o dos mercados para obtener materias primas fundamentales es más completa —hasta el 98 % en algunos casos— que sus dependencias más conocidas en materia de seguridad y energía. Las soluciones de mercado por sí solas no han logrado reducir la dependencia excesiva, y la Comisión Europea está considerando activamente propuestas concretas de políticas para fortalecer la industria europea de materias primas.
En conjunto, el aumento del gasto en defensa y el impulso para cumplir las promesas de autonomía estratégica se traducirán en importantes aumentos de la inversión en investigación y desarrollo militar y civil. El ecosistema de «tecnología profunda» de Europa ya está en un momento de auge, y atrae discretamente niveles sin precedentes de inversión extranjera.
Mecanismos más sólidos de cooperación público-privada permitirán que las importantes partidas de inversión pública que están por ponerse en marcha atraigan la mayor cantidad posible de capital privado. También ayudarán a identificar y subsanar las vulnerabilidades de las cadenas de suministro antes de que frenen el crecimiento y la innovación o provoquen que algunas de las empresas emergentes de tecnología profunda más prometedoras de Europa se marchen.
2. Transformar la dependencia energética de Europa en una oportunidad económica
Dada la dependencia de Europa de Rusia para sus importaciones de hidrocarburos, la guerra ha aumentado la presión sobre los sistemas energéticos de la región. Rusia suministra el 40 % del gas de Europa, el 20 % de su petróleo y el 45 % de su carbón, por lo que diversificar el suministro de energía y ampliar el uso de energías renovables son prioridades importantes en las que los líderes europeos deben trabajar conjuntamente.
El pasado marzo, la Comisión Europea puso en marcha su RePowerEU plan para desvincular el sistema energético europeo de Rusia de aquí a 2023 y cumplir sus compromisos climáticos en un plazo acelerado. Aunque RePowerEU depende de que se eleven aún más los objetivos de ahorro energético y de adopción de fuentes de energía renovables, también servirá a la Comisión para ayudar a proporcionar energía asequible a Ucrania y a otros países directamente afectados por la guerra. Los 210.000 millones de euros adicionales necesarios para lograr la independencia energética exigirán esfuerzos coordinados de los sectores público y privado, tanto a nivel nacional como de la UE.
¿Cómo impulsa el Foro Económico Mundial la transición energética para ayudar a frenar el cambio climático?
El Centro de Energía y Materiales conecta a líderes para comprender las complejas transiciones que están transformando los sistemas energéticos, de materiales e industriales. Ofrece una plataforma para explorar cómo se entrecruzan la seguridad, la asequibilidad y la sostenibilidad energéticas.
Mediante la colaboración entre cadenas de valor y regiones, el Centro facilita vías compartidas que ayudan a los socios a ponerse de acuerdo en torno a soluciones prácticas para una transición segura, con bajas emisiones de carbono y equitativa.
Las empresas han participado activamente en el desarrollo y la aplicación de soluciones climáticas innovadoras, desde tecnologías de captura de carbono hasta avances en la energía de fusión y los combustibles sostenibles. A pesar de ello, Europa sigue rezagada en innovación frente a otras regiones. El objetivo de invertir el 4 % del PIB de la UE en investigación y desarrollo sigue fuera de alcance: el bloque solo alcanzó el 2,3 % el año pasado.
Liderar la innovación climática ayudará a Europa a dejar atrás el paradigma de los combustibles fósiles y adoptar uno nuevo que promueva la investigación y el desarrollo mediante políticas gubernamentales e incentivos fiscales que aceleren la adopción y la expansión de tecnologías innovadoras. Solo entonces la innovación climática podrá convertirse en una fuente de competitividad a largo plazo para Europa e impulsar el crecimiento económico del continente.
3. Hacer más resilientes los mercados laborales de Europa
Una consecuencia del impacto económico provocado por la pandemia fue el aumento de la tasa de desempleo en toda la Unión Europea, que subió un 6,2 % en 2022 (un aumento del 2 % respecto al año anterior) y alcanzó niveles alarmantes en España (13,5 %), Grecia (12,9 %) y otros países. Mientras los Estados miembros aplican sus planes nacionales de recuperación y resiliencia para abordar los retos de sus mercados laborales, sería importante complementar esas reformas con políticas que ayuden a integrar a las personas refugiadas ucranianas en el mercado laboral.
Desde el comienzo de la guerra, casi 6 millones de personas han huido de Ucrania y casi 8 millones han sido desplazadas dentro del país, y se han trasladado a las regiones occidentales del país.
Este es el mayor desplazamiento forzoso de población que Europa ha vivido desde la Segunda Guerra Mundial. La magnitud de la crisis humanitaria ucraniana —cinco veces mayor que la llegada de refugiados sirios en 2015— se sentirá en toda Europa si los países no pueden responder de inmediato con el apoyo adecuado.
Como los hombres ucranianos de entre 18 y 60 años deben permanecer en el país para apoyar su defensa, las mujeres, acompañadas de sus hijos y familiares mayores, se ven obligadas a huir. Debido a la guerra, las mujeres soportan la doble carga de cuidar de sus familiares más jóvenes y mayores, al tiempo que se convierten en el principal sostén económico de sus familias; algunas se incorporan al mercado laboral por primera vez.
Cuando la UE activó su Directiva de protección temporal, proporcionó a todas las personas refugiadas ucranianas un permiso de residencia de hasta tres años, acceso a la educación y al empleo, así como libertad de circulación por toda la UE. Sin embargo, la enorme escala del desafío exige una cooperación público-privada activa para garantizar que las personas refugiadas ucranianas puedan prosperar en sus nuevos hogares.
El papel de las empresas es fundamental en cuatro aspectos: ayudar a los gobiernos a desarrollar programas de reciclaje y perfeccionamiento profesional para las personas refugiadas ucranianas que quieran trabajar; ofrecer programas de aprendizaje, prácticas o cobertura durante las bajas por maternidad para integrar rápidamente a las personas refugiadas en el mercado laboral y la sociedad, aunque sea temporalmente; proporcionar servicios de cuidado infantil subvencionados para que las mujeres puedan incorporarse al mercado laboral; y contribuir a crear «grupos de apoyo» que ayuden a las familias ucranianas a desenvolverse en sus nuevos entornos locales.
4. Reforzar el liderazgo mundial de Europa en seguridad alimentaria
Los conflictos son la principal causa de la inseguridad alimentaria en el mundo, y la guerra en Ucrania, en la que participan dos de las mayores fuentes mundiales de calorías destinadas al consumo humano —el 12 % de los alimentos comercializados en el mundo procede de Ucrania y Rusia—, podría aumentar en 7,6 millones el número de personas subalimentadas. Algunas regiones, como Oriente Medio y Norte de África y África Oriental, dependen mucho de las importaciones de cereales de Ucrania y Rusia: un asombroso 50 % y 90 %, respectivamente.
Europa es exportadora neta de productos agroalimentarios y parece capaz no solo de absorber las perturbaciones que la guerra provoca en su sistema alimentario, sino también de apoyar a las economías asociadas mediante la exportación de sus excedentes de alimentos. Además de mantener el flujo mundial del comercio de alimentos, Europa podría impulsar inversiones sostenidas en programas de seguridad alimentaria a largo plazo en los países especialmente afectados por la guerra y por la crisis de las materias primas que esta desencadenó.
Al mismo tiempo, el aumento de la inflación, el vertiginoso encarecimiento de la energía y la degradación gradual de las tierras podrían, a medio y largo plazo, obstaculizar la capacidad de Europa para satisfacer sus propias necesidades alimentarias y reducir su capacidad de producir excedentes de alimentos para la exportación. En este sentido, la cooperación público-privada sería crucial para promover prácticas agrícolas sostenibles e innovadoras que preserven la calidad de la tierra y mejoren el rendimiento de los cultivos.
Una oportunidad para actuar
Dentro de unos días, líderes europeos de los gobiernos, las empresas y la sociedad civil, junto con sus homólogos de todo el mundo, se reunirán en Davos para la Reunión Anual del Foro Económico Mundial. Será una plataforma crucial para avanzar en estas cuatro áreas clave que determinarán el rumbo futuro de Europa, mediante los diálogos estructurados entre múltiples partes interesadas que organizará el Foro. Estos diálogos de alto nivel complementarán el trabajo continuo que el Foro lleva a cabo a través de sus comunidades orientadas a la acción, como el Grupo de Acción de CEO para el Pacto Verde Europeo, cuyo objetivo es apoyar a la UE en el logro de sus objetivos climáticos, y Líderes para la Década Digital de Europa, que se centrará en acelerar la transformación digital de la región.





