Los gobiernos deben ampliar su coordinación de políticas para incluir ámbitos como la salud pública y el cambio climático.
El regionalismo abierto basado en normas promoverá el comercio transfronterizo, la inversión y la movilidad como motores de la recuperación.
Un “software” eficiente y resiliente, que incluya normas, reglamentos y procedimientos eficaces, así como una continuidad empresarial fiable y basada en el riesgo, es fundamental.
La pandemia de COVID-19 provocó la primera contracción económica de Asia y el Pacífico en seis décadas. Aunque el comercio regional cayó menos que la media mundial, ahora más que nunca las economías en desarrollo de la región necesitan coordinar sus políticas para construir una recuperación duradera y resiliente.
El camino hacia la recuperación enfrenta obstáculos importantes que suponen riesgos para el comercio y el crecimiento del PIB. Los conflictos comerciales están tensionando el sistema comercial multilateral. El proteccionismo está aumentando debido a la percepción de una distribución desigual de las oportunidades y los beneficios de la apertura comercial. Las restricciones a la exportación de productos básicos y suministros esenciales aplicadas al inicio de la pandemia podrían volver a imponerse en futuras crisis. Ante la incertidumbre de los mercados mundiales, las cadenas de suministro ajustadas han quedado expuestas a riesgos disruptivos y a compensaciones entre eficiencia y resiliencia.
Por ello, las empresas buscan mejorar la resiliencia de las cadenas de suministro frente a futuras perturbaciones, recalibrando las redes internacionales de producción y acelerando la adopción de la gestión digital de las cadenas de suministro. La COVID-19 impulsó una transformación digital que mitigó significativamente algunos de los efectos adversos de la pandemia. Pero también puso de manifiesto la urgente necesidad de una regulación más eficaz a nivel transfronterizo para facilitar una adopción más rápida y amplia de la tecnología, gestionando al mismo tiempo sus consecuencias no deseadas. La coordinación regional en la gobernanza de la prestación de servicios digitales, el flujo de datos, la privacidad y la ciberseguridad ha tenido dificultades para mantener el ritmo.
Si algo hemos aprendido de esta crisis, es que ninguna economía puede avanzar sola en el camino hacia la recuperación. La región requiere esfuerzos colectivos para impulsar y sostener la recuperación, dado el enorme impacto que la pandemia ha tenido en la producción.

En particular, los gobiernos deben coordinar mejor sus políticas en tres frentes críticos:
1. Gestión más amplia de los riesgos macroeconómicos
Los gobiernos deben ampliar su coordinación de políticas para incluir ámbitos como la salud pública y el cambio climático, con el fin de crear resiliencia en toda la economía y garantizar la continuidad empresarial. Esto ayudará a minimizar las interrupciones de la actividad económica durante las crisis, al tiempo que mantiene la confianza en que se protegen los intereses públicos.
Es una oportunidad extraordinaria.
Las economías de la región pueden trabajar juntas para mejorar su capacidad de gestionar los riesgos macroeconómicos, compartiendo conocimientos y experiencia y fortaleciendo la capacidad allí donde sea necesario.
Por ejemplo, en materia de salud pública puede haber un mayor intercambio de información sobre seguimiento y vigilancia, así como procedimientos de contingencia coordinados. Una mejor armonización de los protocolos sanitarios para determinados sectores con operaciones transfronterizas permitiría desarrollar actividades de forma continua y basada en el riesgo, y conciliar las preocupaciones de salud pública con un comercio, una inversión y unos viajes más intensos.
2. Políticas económicas inclusivas y sostenibles para promover la resiliencia
Avanzar más hacia un regionalismo abierto basado en normas promoverá el comercio transfronterizo, la inversión y la movilidad como motores de la recuperación, al tiempo que contribuirá a impulsar la inclusión y la resiliencia. Deben intensificarse y replicarse los esfuerzos para fortalecer los regímenes comerciales regionales, como la recientemente concluida Asociación Económica Integral Regional o una posible ampliación del Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico.
También se necesita coordinación de políticas para apoyar las redes comerciales y productivas regionales, con el fin de involucrar a las empresas locales y crear empleo e ingresos sostenibles para las comunidades locales. Las investigaciones muestran que las pequeñas y medianas empresas (pymes) que participan en cadenas de suministro globales y regionales mantienen un mejor acceso a la financiación y registran menos despidos y cierres durante los confinamientos.
Las cadenas de suministro con mayor participación de pymes también se benefician de una mayor resiliencia y flexibilidad de la red. Las medidas de apoyo a las pymes deben incorporar dimensiones de género para abordar las penurias provocadas por la pandemia en las mujeres, quienes en Asia y el Pacífico han sufrido de forma desproporcionada la reducción del acceso a servicios financieros o digitales, o mayores barreras legales y culturales para realizar actividades empresariales, así como un aumento de la carga del trabajo de cuidados no remunerado y del trabajo doméstico.
La participación de las pymes en el comercio y la inversión regionales y globales puede seguir fomentándose mediante el apoyo a su transformación digital, un mejor acceso a la financiación y una facilitación eficaz del comercio. También puede potenciarse mediante medidas de coordinación regulatoria técnica relacionadas con el comercio, como el reconocimiento mutuo de normas y reglamentos para equipos médicos, suministros y vacunas, a fin de facilitar el comercio regional de estos bienes esenciales.
También existen sólidas razones para la coordinación regional que apoye la movilidad transfronteriza tanto para viajes de negocios y turismo (a corto plazo) como para la migración (a largo plazo), con el fin de hacer las economías más resilientes e inclusivas. El turismo, uno de los sectores más golpeados por la COVID-19, ha registrado pérdidas generalizadas de empleo e ingresos, y las mujeres representan una proporción mayor. Su recuperación depende de acuerdos regionales o internacionales, como las burbujas de viaje. Los trabajadores migrantes, a pesar de hacer contribuciones significativas a la resiliencia de las economías receptoras, se cuentan entre los más vulnerables a los efectos de la pandemia.
3. Acceso ininterrumpido a infraestructuras nacionales y transfronterizas de calidad, incluidas las digitales
La economía real sigue dependiendo de infraestructuras eficientes, y la COVID-19 ha puesto de relieve la importancia de contar con infraestructuras digitales que funcionen bien. Es fundamental seguir invirtiendo en infraestructuras de calidad, con un “software” eficiente y resiliente que incluya normas, reglamentos y procedimientos eficaces (como la facilitación del comercio), así como una continuidad empresarial fiable y basada en el riesgo.
La COVID-19 también ha demostrado el elevado coste de las interrupciones en el funcionamiento y los servicios de las infraestructuras durante las crisis. Ha puesto de manifiesto la necesidad imperiosa de mantener las operaciones que sustentan las funciones críticas de toda la economía, incluso cuando existen restricciones más amplias.
En ámbitos como las infraestructuras digitales, existe una necesidad urgente de una mayor colaboración en los protocolos de comunicación para el intercambio de datos, la interoperabilidad de los sistemas, la privacidad y la ciberseguridad. Esto exige un papel más destacado del sector público, especialmente en la adopción de la transformación digital y de planes de contingencia basados en el riesgo, así como una cooperación más estrecha y eficaz entre los sectores público y privado.
El sector privado ha liderado la adopción tecnológica, pero se necesitan mejoras para garantizar que los marcos regulatorios habilitantes sean coherentes entre fronteras. Debe prestarse especial atención a la mejora de los enlaces físicos y de comunicaciones con los centros regionales para las comunidades pobres, remotas y desfavorecidas, de modo que sus medios de vida puedan beneficiarse de las redes económicas y sociales regionales.
Con el despliegue de las vacunas contra la COVID-19, crecen las esperanzas de que el mundo pueda recuperarse pronto de la pandemia. Las perspectivas para Asia y el Pacífico son alentadoras, pero la región no debe confiarse. Sus economías deben asegurarse de que sus políticas estén bien coordinadas y se apliquen.
Esto impulsará una recuperación más rápida e inclusiva y creará una región más resiliente frente a futuras perturbaciones.



