La COVID-19 ha añadido presión al sistema alimentario.
Otros 135 millones de personas podrían sufrir inseguridad alimentaria aguda en los próximos meses, y millones más podrían perder sus empleos.
Para recuperarnos y fortalecer la resiliencia, debemos crear nuevas alianzas innovadoras en torno a la alimentación.
La reciente concesión del Premio Nobel de la Paz al Programa Mundial de Alimentos, el anuncio del Secretario General sobre la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios de 2021 y el llamamiento a que sea una cumbre de los pueblos y de soluciones, así como la posibilidad de que la COVID-19 pase de ser una crisis sanitaria y económica a una crisis alimentaria, han situado los sistemas alimentarios en el centro de atención.
A escala mundial, la COVID-19 llegó después de una serie de buenas cosechas, lo que hizo que sus efectos no fueran tan graves como podrían haber sido. Pero no hay lugar para la complacencia, pues se prevé que otros 135 millones de personas podrían sufrir inseguridad alimentaria aguda en los próximos meses. Las fragilidades en la producción y el suministro de alimentos podrían afectar a millones de empleos en toda la cadena de valor agrícola, y las consiguientes subidas de los precios de los alimentos y pérdidas financieras podrían perjudicar a cientos de miles de pequeñas y medianas empresas locales.
Si no actuamos ahora, podríamos caer sin darnos cuenta en una grave crisis alimentaria mundial.
Cada vez hay más pruebas de que los históricos aumentos de productividad del sector alimentario también conllevan un alarmante coste social, ambiental y sanitario. ¿Cómo podemos, entonces, aprovechar la acción colectiva y la innovación para crear sistemas alimentarios que aporten más diversidad a las dietas, ayuden a reducir de forma perceptible los niveles de inseguridad alimentaria y, al mismo tiempo, respeten los límites planetarios y permitan restaurar los sistemas naturales degradados?
Alimentar de forma ambientalmente sostenible a 9.700 millones de personas para 2050 requerirá un mayor grado de acción colectiva y cooperación. Debemos crear la próxima generación de alianzas innovadoras.
Las iniciativas de la cadena de valor que conectan el campo con la mesa han logrado importantes beneficios, pero las medidas actuales no han ido lo bastante lejos. Hacer realidad una visión de sistemas alimentarios sostenibles, inclusivos, eficientes, nutritivos y saludables exigirá abandonar el pensamiento compartimentado y reinventar la cooperación en todo el sistema alimentario.
Esto significa reunir a todas las partes interesadas pertinentes: agricultores y sus organizaciones representativas, consumidores, responsables de la formulación de políticas, el sector privado, organizaciones internacionales, la sociedad civil y ONG, para abordar cuestiones fundamentales relacionadas con la nutrición, las dietas saludables, los medios de vida, la biodiversidad y la resiliencia climática. En conjunto, estos socios aportan una enorme experiencia y conocimientos, herramientas y modelos, recursos y redes para impulsar el impacto colectivo y propiciar un cambio sistémico.
Un modelo desarrollado por la Alianza para la Acción Alimentaria identifica a las organizaciones que lideran iniciativas específicas en distintas etapas de su ciclo de vida, desde una fase inicial de diseño hasta otras de aceleración y ampliación. En un proceso paso a paso, diversas iniciativas que abordan individualmente funciones específicas del sistema alimentario —como la conservación del suelo, la biodiversidad, la resiliencia climática, la nutrición, las dietas y los medios de vida— pasan por un embudo para determinar cómo puede contribuir cada una a un resultado compartido, mediante estructuras de financiación empresarial y combinada.
Por ejemplo, en el sur de África se aplica este enfoque en una iniciativa liderada por agricultores de aves de corral y soja. Bajo el liderazgo de la Confederación de Sindicatos Agrícolas de África Austral (SACAU), la iniciativa está integrada por 19 organizaciones de agricultores de 12 países. Su objetivo es desarrollar una industria avícola competitiva a escala mundial en todos los países de la región, mediante un enfoque integral de los sistemas alimentarios que reúne a socios capaces de contribuir, a través de acciones conjuntas, a lograr resultados sociales, nutricionales, económicos y ambientales en la región.
Este proyecto tiene el potencial de mejorar los medios de vida de unos 10 millones de pequeños agricultores, mejorar la eficiencia de la oferta y la demanda en el sector avícola y de piensos, sustituyendo las importaciones por producción local de alta calidad, aumentar el Nivel Seguro de Proteínas (SLP, por sus siglas en inglés) de la población conforme a la recomendación de la Organización Mundial de la Salud y mejorar la eficiencia y sostenibilidad del uso de la tierra. La iniciativa aspira a llegar al menos al 50% de las agricultoras y a aprovechar una nueva generación de jóvenes «agroemprendedores» que crece rápidamente.
Impulsar un cambio sistémico de tal magnitud y a tal velocidad exige necesariamente colaboración y alianzas. Por ello, es absolutamente fundamental aprovechar los activos de la alianza, unida por una ambición y una visión comunes.
Aunque aún quedan diversos riesgos y desafíos por delante, la iniciativa ejemplifica tanto la complejidad como las oportunidades que podría aprovechar un modelo de alianza de este tipo. La Alianza para la Acción Alimentaria, cuyo motor es una coalición de más de 35 organizaciones, incluida SACAU, apoya el desarrollo de una cartera de alianzas similares para los sistemas alimentarios en África, América Latina, India y el Sudeste Asiático. Aprovechando una amplia red de socios y conocimientos especializados, busca identificar, apoyar y ampliar iniciativas nuevas o existentes capaces de generar un impacto considerable en apoyo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas. Otras plataformas y procesos han emprendido un camino similar.
El Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de las Naciones Unidas (CSA), el Diálogo Borlaug y los próximos actos previos a la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios de 2021 brindarán valiosas enseñanzas y oportunidades estratégicas de cooperación. Estos encuentros ofrecen la oportunidad de involucrar a todas las partes interesadas —de lo mundial a lo local, de los agricultores a los consumidores— en la creación y ampliación de alianzas innovadoras que, en última instancia, garantizarán la sostenibilidad a largo plazo de nuestro sistema alimentario.



