La cadena alimentaria ha pasado a ocupar un lugar más destacado en el debate público desde que los conflictos, la COVID-19 y la crisis climática han dejado al descubierto sus dependencias y riesgos.
Se ha demostrado que nuestra cadena de suministro de productos perecederos, como los alimentos, es particularmente vulnerable.
Construir cadenas de suministro vivas, incorporando el tiempo a la ecuación de la cadena de suministro y adoptando iniciativas para todo el sector, puede ayudar a eliminar los riesgos actuales del sistema.
«La crisis alimentaria de este año se debe a la falta de acceso. La del próximo año podría deberse a la falta de alimentos».
El secretario general de la ONU, António Guterres, pronunció esa frase en su discurso del 8 de junio, un momento culminante para el sistema alimentario y una advertencia para el mundo.
Las palabras fueron sencillas y contundentes: si no actuamos de otra manera, podríamos enfrentarnos a una hambruna masiva, ya que 49 millones de personas corren ahora el riesgo de sufrir hambruna o condiciones similares a la hambruna.
Sin embargo, nuestro mundo sigue produciendo más alimentos de los que consume y más del 40 % de los productos frescos se desperdicia. Entonces, ¿por qué apenas empieza a cobrar impulso el avance en este tema?
El problema más visible del mundo
Las perturbaciones provocadas por la guerra, la COVID-19 y el clima han empezado a desbordar nuestra frágil cadena de suministro de alimentos y la han situado en lo más alto de la agenda geopolítica. En Estados Unidos, el 74 % de los consumidores encuestados en abril de 2022 dijo que la escasez seguirá «dominando la conversación». Los responsables de políticas públicas, los innovadores y los líderes internacionales coinciden en que debemos buscar nuevas vías para garantizar la seguridad alimentaria y superar la situación actual, que prioriza la eficiencia por encima de la seguridad.
Este cambio también supondrá pasar de la dependencia a la diversidad y de la globalización a la regionalización, al tiempo que pensamos de forma creativa en cómo se conecta la cadena.
Cuando fundamos Apeel, pusimos en cuestión una limitación fundamental del sistema alimentario: el tiempo. Los productos agrícolas son seres vivos que respiran y tienen una vida útil. Los productos frescos dependen de una manipulación, un almacenamiento, una humedad y una temperatura adecuados después de la cosecha. Según Agriculture and Natural Resources (n.º 21614), un melocotón puede durar 28 días si se conserva correctamente, pero, de lo contrario, se estropea en uno o dos días. Entonces, ¿por qué nuestros sistemas establecidos de transporte y distribución ignoran las condiciones de los productos vivos y los tratan como si fueran carbón?
Al desarrollar nuestra protección invisible de origen vegetal para prolongar la vida útil de los productos, abrimos nuevas posibilidades para la cadena de suministro, sin necesidad de recurrir a contenedores fríos y húmedos que confinan los alimentos ni de tratarlos con pesticidas. Así, se ha logrado reducir el desperdicio de alimentos en un 50 % y los riesgos para el sistema alimentario actual se han hecho más evidentes.
Valorar los recursos
La población mundial está creciendo; por tanto, una cadena alimentaria estática no puede avanzar al ritmo necesario para llegar a todos a tiempo. Así como las torres de telefonía móvil nos permiten acceder a la web sin líneas fijas, las nuevas tecnologías harán posible un sistema alimentario que conecte a todos, abastezca a las zonas con escaso acceso a alimentos y saque de la pobreza a los pequeños agricultores.
La expresión «cadena de suministro» ya está arraigada en el lenguaje corriente, y se valora más el recorrido de los alimentos desde el campo hasta la mesa; las interrupciones de ese recorrido también suscitan debate.
Eso indica que valoramos los alimentos de otra manera: consideramos esenciales la disponibilidad y la resiliencia del suministro, y no solo el precio. Las empresas alimentarias deben reflejar estos juicios de valor para triunfar en el mercado. Ante el cambio climático y la creciente inseguridad alimentaria, las estrategias exitosas deben tener en cuenta la posibilidad de perturbaciones ambientales o sociales. Hasta ahora, estos costos no se habían incluido en la ecuación del «costo de hacer negocios».
WWF estima que el «costo real» de los alimentos consumidos en todo el mundo asciende a 19,8 billones de dólares, el doble de su valor de mercado. Poner precio a las perturbaciones es, sin duda, complejo y demasiado para que una sola empresa lo aborde. Una iniciativa sectorial para fijar un precio al carbono podría simplificar la ecuación y ayudar a las empresas alimentarias a entender el verdadero valor de los alimentos.
El beneficio que más importa a los consumidores es el que pueden ver: alimentos disponibles, asequibles y que estén siempre en las estanterías, para que no tengan que perder tiempo y dinero yendo de una tienda a otra.
James Rogers, fundador y director ejecutivo de Apeel Sciences
Construir una cadena de suministro viva
Es importante reconocer que el sistema alimentario también conecta a personas con incentivos y objetivos distintos, cada una de las cuales optimiza su función en la cadena. Debemos entender estas cadenas de suministro como ecosistemas que dependen de las personas, los recursos naturales y las interacciones entre ellos. Solo entonces podremos hacer posible que proveedores, vendedores, responsables de políticas públicas y consumidores se vean como eslabones de la cadena, como parte de un sistema vivo.
En la última década, aprendimos que añadir tiempo a un sistema que carece de mecanismos para aprovecharlo no basta. Al combinar técnicas avanzadas de obtención de imágenes y espectrometría, podemos medir el grado exacto de madurez de un producto agrícola a medida que avanza por la cadena de suministro. Estamos descubriendo que la mejor defensa de la naturaleza es la propia naturaleza: la protección de origen vegetal puede prolongarse para defender de la podredumbre el sistema inmunitario de las frutas.
Ya existen tecnologías para proteger, predecir y dirigir nuestros alimentos frescos hacia el mejor destino posible para su consumo. Por ejemplo, si una fruta está cerca de madurar, podemos enviarla a vendedores locales. Si aún dispone de más tiempo, podemos dirigirla a mercados más lejanos.
Pasar de las historias a la acción
Durante décadas, las empresas alimentarias se han diferenciado contando historias atractivas sobre sus productos: su salud y valor nutricional, su sostenibilidad ambiental o la innovación en sus sabores. Pero el marketing del envase no importará si el producto no llega a la estantería. Por eso ha llegado la hora de romper con el statu quo y pasar de las historias a la acción.
El beneficio que más importa a los consumidores es el que pueden ver: alimentos disponibles, asequibles y que estén siempre en las estanterías, para que no tengan que perder tiempo y dinero yendo de una tienda a otra. Así, las interrupciones de la cadena de suministro dejarán de alterar sus vidas, sus bolsillos y sus conversaciones cotidianas.
Los minoristas que adopten estrategias para evitar los riesgos de la cadena de suministro son quienes más pueden ganar. Cuando se produzca la próxima interrupción, aumentarán su cuota de mercado, ya que sus estanterías llenas contrastarán claramente con las de la competencia. Esto se debe a que la disponibilidad y la garantía de resiliencia ya influyen en las decisiones de los consumidores y son características de una cadena de suministro viva.
Tres meses para actuar
Dentro de tres meses, los líderes mundiales se reunirán en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP27). La reunión de Egipto es una oportunidad para continuar los debates sobre la crisis climática y sus consecuencias, y lograr avances.
En la COP26 del año pasado, los asistentes se comprometieron a garantizar una «transición justa» hacia economías con cero emisiones netas, para que nadie se quede atrás. Este mismo principio debe facilitar nuestra transición a una cadena de suministro viva.
Entender el sistema alimentario como la fuerza única que une a las personas de nuestro planeta. Garantizar que los alimentos que producimos lleguen a quienes los necesitan y permitan sostener los medios de vida de los productores y los trabajadores del sistema. Para que la transformación positiva del sistema funcione, necesitamos que todos participen en la cadena de suministro viva que nos conecta y vincula a todos.
La antigua cadena de suministro de alimentos ha muerto. Es hora de demostrar que el problema más visible del mundo también es el más fácil de resolver. Es hora de construir juntos la cadena de suministro viva.



