Si tenemos que alimentar a 9.800 millones de personas para 2050, los alimentos del océano tendrán que desempeñar un papel fundamental. Acabar con el hambre y la malnutrición y, al mismo tiempo, satisfacer la demanda de más carne y pescado a medida que el mundo se enriquece requerirá un 60 % más de alimentos a mediados de siglo.
Pero alrededor del 90 % de las poblaciones de peces del mundo ya están gravemente agotadas. La contaminación y el aumento de los niveles de dióxido de carbono (CO₂) en la atmósfera, que está calentando y acidificando los océanos, también representan una amenaza importante para la vida marina.
Existe la posibilidad de aumentar la producción de alimentos del océano, pero, en estas condiciones, consumir más especies situadas en la cúspide de la cadena alimentaria, como el atún y el salmón, sencillamente no es sostenible. Como destacó un informe reciente de la UE, deberíamos estudiar, en cambio, cómo recolectar más peces pequeños y mariscos, así como especies menos consumidas, como las algas marinas y otras algas.
Los océanos han absorbido aproximadamente un tercio del CO₂ emitido a la atmósfera desde la Revolución Industrial. El CO₂ absorbido pasa por una serie de reacciones químicas que forman ácido carbónico y reducen el pH del agua. Estas reacciones también reducen la concentración de iones carbonato, esenciales para los organismos que desarrollan esqueletos externos, como los corales y los mariscos.
El ácido y la falta de carbonato hacen que estos organismos formen esqueletos más débiles y tengan que gastar más energía para hacerlo, por lo que les queda menos energía para crecer y reproducirse. En consecuencia, alcanzan un tamaño menor. Aparte del impacto que esto tiene en los mariscos, varias de las especies afectadas, como los corales de los trópicos o las algas coralinas de las aguas que rodean al Reino Unido, también desempeñan un papel clave al proporcionar alimento y zonas de cría para los peces. Y menos alimento para los peces significa menos peces que podamos capturar.

El cambio climático está afectando la producción de alimentos
El impacto de la acidificación de los océanos varía mucho en todo el mundo. Pero ya está afectando la producción de alimentos marinos, en particular la de mariscos. Por ejemplo, las aguas ricas en CO₂ de la costa oeste de EE. UU. hacen que mueran más ostras en los criaderos locales cuando todavía son larvas.
El calentamiento de los mares debido al cambio climático también está afectando el suministro de alimentos. Algunas especies se están desplazando hacia los polos en busca de aguas más frías, lo que obliga a los pescadores a faenar más al norte o los deja sin poblaciones de peces. Algunas flotas pesqueras de las zonas septentrionales encontrarán más peces disponibles, pero muchas verán caer entre un 6 % y un 30 %, según la región la cantidad de peces que pueden capturar. El mayor impacto se producirá en las zonas que ya dependen más de la pesca, como el Sudeste Asiático y África Occidental.
Una posible solución es consumir más peces pequeños y mariscos, como los mejillones. Los peces grandes necesitan comer peces pequeños para crecer. Si comemos peces pequeños, eliminamos un eslabón de la cadena alimentaria y reducimos la energía que se pierde en el proceso. Además, quizá resulte más fácil criar estos peces pequeños porque las algas, las cianobacterias y otros tipos de plancton que comen podrían beneficiarse de aguas más cálidas y de mayores niveles de CO₂ en la atmósfera. Esto se debe a que obtienen energía de la fotosíntesis y, por tanto, utilizan el CO₂ como combustible.
También podría ser posible ir un paso más allá e incorporar algunos de estos organismos directamente a nuestra dieta, lo que nos proporcionaría una nueva y abundante fuente de alimento. Las algas marinas, por ejemplo, son un tipo de alga que se consume desde hace siglos, pero hoy solo 35 países las recolectan comercialmente. Las cianobacterias de la espirulina ya se consumen como suplemento alimenticio y varias empresas intentan convertir otras formas de algas en una fuente de alimento para las personas.
El cultivo adecuado de estos organismos incluso podría ayudar a contrarrestar algunos de los efectos del cambio climático en el resto de la cadena alimentaria. Por ejemplo, cultivar más algas marinas reduce la cantidad de CO₂ en el agua circundante, disminuye la acidificación y mejora el entorno para las ostras y otros mariscos. Gestionar correctamente la recolección de algas marinas también mantendrá los niveles de oxígeno disuelto y nutrientes en el agua, lo que contribuirá a la salud general del océano.
No será fácil convertir las algas en un alimento habitual para más personas. Debemos asegurarnos de que los nuevos productos alimenticios a base de algas que lleguen a nuestros platos tengan el valor nutricional necesario, pero también sean apetecibles y seguros. Sin embargo, mantener nuestra dieta tradicional de salmón y atún no es sostenible. Ampliar nuestros menús de productos del mar podría ser fundamental para mantener la salud del océano mientras este nos proporciona los alimentos que necesitamos.



