Hambre oculta afecta a más de dos mil millones de personas en todo el mundo. La causa es una falta crónica de micronutrientes esenciales en la dieta, como vitaminas y minerales. Es posible que los efectos de estas carencias nutricionales no se manifiesten de inmediato, pero las consecuencias pueden ser graves. Entre ellas se cuentan una menor resistencia a las enfermedades, discapacidad mental e incluso la muerte.
Aunque muchos casos de hambre oculta se dan en países en desarrollo, este fenómeno también es un motivo de preocupación creciente para la salud pública en los países desarrollados. Por ejemplo, la carencia de yodo es la causa más común de discapacidad mental prevenible, y el Reino Unido ocupa el séptimo lugar entre las diez naciones con mayor carencia de yodo. Además, los datos de Estados Unidos muestran que más de uno de cada cuatro niños no consume suficiente calcio, magnesio o vitamina A, y más de uno de cada dos presenta carencias de vitaminas D y E.
En los países desarrollados, el hambre oculta tiene varias causas. Un factor importante es el consumo de alimentos baratos, con alta densidad energética, poco nutritivos y muy procesados, especialmente entre los sectores más pobres de la sociedad. Incluso cuando se consumen productos frescos, parece que estos aportan menos micronutrientes que antes. Esto se debe a problemas como la salud del suelo, causada por una gestión agrícola deficiente y el cambio climático.
El auge del veganismo
Es probable que el rápido auge del veganismo se convierta en otro factor importante que contribuya al hambre oculta en el mundo desarrollado. Según la Vegan Society, en la última década se ha más que cuadruplicado el número de personas que han adoptado una dieta vegana en el Reino Unido. Un estudio encargado por la Vegetarian Resource Group reveló que casi el 5 % de la población de Estados Unidos es vegetariana y que aproximadamente la mitad de esas personas son veganas.
Seguir una dieta basada en plantas puede reducir el riesgo de enfermedades crónicas y es beneficioso para el medioambiente, pero las dietas veganas mal planificadas que no sustituyen los nutrientes esenciales de la carne pueden provocar graves carencias.
La salud ósea es motivo de preocupación para quienes llevan mucho tiempo siguiendo una dieta vegana. De forma sistemática, se ha observado que las personas veganas consumen menos calcio y vitamina D, lo que se traduce en niveles más bajos de vitamina D en sangre y una menor densidad mineral ósea en todo el mundo. También se ha registrado que las tasas de fracturas son casi un tercio más altas entre las personas veganas que en la población general.
Los niveles de omega 3 y yodo también son más bajos que entre quienes comen carne, al igual que los niveles de vitamina B12. Esta vitamina se obtiene principalmente de alimentos de origen animal, y se han observado tasas de carencia más elevadas entre las personas veganas que entre otros vegetarianos y quienes comen carne. Los síntomas pueden ser graves e incluyen cansancio extremo y debilidad, problemas digestivos y retrasos en el desarrollo de los niños pequeños. Si no se trata, la carencia de vitamina B12 puede causar daños irreversibles en los nervios.
Aunque consumir menos de la cantidad óptima de B12 es bastante común en las embarazadas y en los países menos desarrollados, la frecuencia de las carencias notificadas entre las personas vegetarianas y veganas de los países desarrollados varía mucho en gravedad según el grupo de edad. Incluso unos niveles bajos de vitamina B12, aunque no sean lo bastante bajos como para considerarse una carencia, pueden ser perjudiciales para la salud y aumentar el riesgo de enfermedad cardíaca.

Posibles soluciones
Las personas veganas pueden prevenir las carencias de micronutrientes consumiendo alimentos enriquecidos (alimentos a los que se añaden vitaminas y minerales) y tomando suplementos. Sin embargo, quienes siguen una dieta basada en plantas suelen rechazar el uso de suplementos, y se ha informado de que estos pueden interferir en la absorción de otros nutrientes importantes.
Además, los suplementos veganos de origen vegetal suelen tener baja actividad biológica en los seres humanos. Por ejemplo, los estudios muestran que los suplementos veganos de vitamina D2 son menos eficaces para elevar los niveles de vitamina D en sangre que los suplementos de vitamina D3, de uso más extendido. Otros suplementos, como la vitamina B12, pueden ser prácticamente inactivos en el organismo.
El hambre oculta está ampliamente reconocida y se está combatiendo en muchas partes del mundo en desarrollo mediante programas de biofortificación bien organizados y a gran escala. Quizá haga falta tomar medidas similares para combatir el hambre oculta en Occidente.




