Pongamos los pies en la tierra: ¿cómo avanza la transición hacia la agricultura regenerativa?

Regenerative agriculture is all the rage for large food companies.
Regenerative agriculture is all the rage for large food companies.Image: Unsplash/no-one-cares
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  • La agricultura convencional de cultivos en hileras sigue predominando en todo el mundo y causa una grave contaminación y degradación ambiental.

  • Recientemente, el autor de este artículo visitó Minnesota para evaluar cómo se están llevando a cabo allí la agricultura regenerativa y la gestión responsable de las tierras.

  • Estas prácticas sostenibles son esenciales para mantener la salud del planeta y de sus habitantes.

La agricultura regenerativa está muy de moda entre las grandes empresas alimentarias. A sus equipos de sostenibilidad les encanta hablarme de sus ambiciosos objetivos: transformar cientos de miles de acres mediante una gestión regenerativa y almacenar cantidades importantes de carbono en el suelo. Pero no suelo tener la oportunidad de escuchar a los agricultores y saber cómo ven la transición que se espera que lleven a cabo.

Así que la semana pasada salí al campo para comprobar qué está pasando en realidad. Durante cuatro días visité a cinco agricultores y varios proyectos de conservación en Minnesota. También hablé con personas de The Nature Conservancy y Truterra que trabajan sobre el terreno para ampliar las prácticas de agricultura regenerativa. Minnesota es el quinto estado de Estados Unidos en cuanto a producción agrícola. Land O’Lakes, Cargill y General Mills son algunas de las grandes empresas alimentarias que tienen allí su sede.

También recorrí cientos de millas por el corazón de las tierras de cultivo de Minnesota, en el centro y el sur del estado. Aprendí más de lo que podía asimilar en el poco tiempo que tenía antes de ir a la conferencia Circularity 22 de GreenBiz en Atlanta esta semana, pero quería compartir mis impresiones mientras aún estaban frescas. En una próxima edición ofreceré un análisis más profundo de las conclusiones.

La agricultura regenerativa es más complicada de lo que parece

Ante todo, siento un enorme respeto por los agricultores que se atreven a hacer las cosas de otra manera. A quienes, como yo, dedicamos nuestro tiempo a trabajar en la alimentación sostenible desde un plano abstracto y conocemos mejor los informes del IPCC que los tractores, a menudo nos cuesta entender por qué el cambio avanza tan despacio. Pero para los productores de comunidades agrícolas convencionales, la transición es una carrera de obstáculos.

Por ejemplo, pensemos en las decenas de preguntas que un agricultor debe responder si simplemente quiere empezar a cultivar plantas de cobertura. Entre ellas: ¿Qué tipo de cultivo de cobertura conviene al tipo de suelo, el clima y la rotación de cultivos? ¿Cuándo es mejor sembrarlo? ¿Qué equipo se necesita? ¿Se puede alquilar o hay que comprarlo? ¿Dónde se pueden comprar las semillas? ¿Cómo se puede seguir aplicando estiércol durante el invierno sin alterar el cultivo de cobertura? ¿Cuándo y cómo se elimina: se rocía con pesticidas, se labra el suelo o se deja crecer y se cosecha? Si se tiene en cuenta que el cultivo de cobertura absorberá parte del fertilizante, ¿cómo hay que ajustar su aplicación para el cultivo principal? ¿Afectará al rendimiento? ¿En quién se puede confiar para recibir consejos?

Todo se complica muy rápido, y eso es solo una práctica de agricultura regenerativa. Luego, cuando ya lo has resuelto todo y consigues que crezcan los cultivos de cobertura, tus vecinos te llaman loco. La presión social es real. Pero los pagos adicionales parecen más un mito. Hace falta ser una persona especial para afrontar tantos problemas y asumir riesgos adicionales cuando no hay una necesidad inmediata ni incentivos para hacerlo. Y, por ahora, parece que a la mayoría de los agricultores les sigue yendo bastante bien con la práctica habitual, sin medidas de conservación.

Islas de progreso en Minnesota

Ben Mergen explica las mejoras de equipo necesarias para aplicar prácticas de agricultura regenerativa.Image: Leif Fixen

Estas personas especiales son pocas. Ben Mergen es una de ellas. Está al frente de una granja de 500 acres cerca de Albany, Minnesota, que pertenece a su familia desde hace cinco generaciones. Mergen cultiva principalmente soja, cría ganado y experimenta con la labranza en franjas, una práctica de conservación que abre únicamente estrechas franjas de siembra en el campo, en vez de voltear toda la capa superficial del suelo. También cultiva plantas de cobertura y diversifica las rotaciones, y hasta ahora le ha dado buenos resultados. «Tiene sentido desde el punto de vista empresarial y ambiental», me dijo.

Mergen recibió apoyo del Servicio de Conservación de Recursos Naturales del USDA y de The Nature Conservancy, y participa en el programa piloto del Ecosystem Market Consortium. Al principio lo inspiró otro agricultor del condado, que aplica prácticas de conservación desde la década de 1990. Otros vecinos aún no se han animado. Ahora Mergen ofrece servicios de contratación para la labranza en franjas a agricultores de la zona y espera que esto facilite el inicio y reduzca algunos de los obstáculos relacionados con los conocimientos y el equipo.

Tom Pyfferoen contó una historia parecida. Lleva cinco décadas cultivando la tierra en Pine Island y actualmente gestiona unas 1.200 acres. También se inspiró en un agricultor cercano que practica la agricultura regenerativa y cree que un vecino es quien mejor puede asesorar y convencer a los agricultores de la zona. A veces organiza jornadas de campo para compartir conocimientos, a las que acuden a su casa entre 60 y 70 productores curiosos.

Pyfferoen siembra cultivos de cobertura en la mayor parte posible de sus tierras y ha reducido la labranza en aproximadamente el 5 % de sus campos. Dijo que ningún comprador de cultivos le paga por aplicar estas prácticas, pero que ve un beneficio claro: «Antes aplicaba unas 166 libras de nitrógeno por acre. Este año solo necesité 107 libras. Los rendimientos siguen aumentando», afirmó. También pudo reducir en un tercio el uso de fósforo y potasio.

Campos baldíos sustituyen a praderas que antes eran exuberantes

Agricultores como Pyfferoen y Mergen, junto con las organizaciones que apoyan su trabajo, son importantes islas de progreso en sus comunidades. Pero el aprendizaje espontáneo entre pares no nos llevará con suficiente rapidez adonde exige la crisis climática.

A pesar de hablar con estos agricultores apasionados, durante el viaje sentí una profunda tristeza. El paisaje que observé durante muchas horas al volante era desolador. Carreteras interminablemente rectas atraviesan extensos campos baldíos, labrados intensivamente. Tras conducir durante una hora o más, podía contar con los dedos de una mano los campos donde se usaban cultivos de cobertura, labranza reducida u otras prácticas de agricultura regenerativa. Dentro de unas semanas, cuando empiecen a brotar los cultivos, la mayoría de las parcelas estarán sembradas con maíz o soja convencionales, que llevan décadas definiendo la economía local.

Si, como sociedad, redujéramos nuestra dependencia del etanol y de la carne que requieren maíz y soja como materias primas, podríamos devolver buena parte de estas tierras a las ricas praderas que fueron. Restaurar las praderas nativas permitiría recuperar la abundante flora y fauna que presta servicios ecosistémicos de incalculable valor. Podríamos transformar las tierras agrícolas restantes para cultivar alimentos más variados, que revitalizarían el suelo y alimentarían a las comunidades locales. Pero hoy esto parece inimaginable incluso para los defensores del medioambiente más progresistas que conocí.

La contaminación agrícola está muy extendida

En lugar de la agricultura regenerativa, en Minnesota sigue predominando el cultivo convencional en hileras, que causa una grave contaminación y degradación ambiental.Image: Theresa Lieb/GreenBiz.

En lugar de regenerar la naturaleza, en Minnesota sigue predominando la agricultura convencional de cultivos en hileras, que causa una grave contaminación y degradación ambiental. Mi visita coincidió con una tormenta tremenda que dejó 5,5 pulgadas de lluvia la noche antes de que me pusiera en camino: más que toda la lluvia del verano anterior. Provocó graves inundaciones justo cuando los agricultores debían sembrar las semillas de este año.

Cuando fui al parque estatal Minneopa tres días después de la tormenta para ver una pequeña parcela de pradera conservada y su manada de bisontes, vi una cascada de color marrón oscuro, cargada de suelo arrastrado desde los campos hasta los cursos de agua locales. Como indicaban los carteles repartidos por el parque que explicaban las distintas formas de contaminación agrícola, no se trataba de un incidente aislado. Prácticas como los cultivos de cobertura y la labranza reducida podrían ayudar a minimizar la erosión del suelo y la escorrentía de fertilizantes.

Las conversaciones que mantuve con agricultores que practican la agricultura regenerativa y las prácticas que observé no representan lo que ocurre en el estado, la región y mucho menos el país. Pero si el ritmo y la escala actuales del cambio que observé en Minnesota sirven de indicio del avance de la transición regenerativa, las cosas no van bien.

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