Se estima que el 14 % de todos los alimentos producidos para el consumo humano se vuelve no apto para el consumo antes de llegar al consumidor.
Los países en desarrollo podrían ahorrar 144 millones de toneladas de alimentos anuales si alcanzaran el mismo nivel de infraestructura de cadenas de frío alimentarias que los países desarrollados, según un nuevo informe de la ONU.
En Nigeria, la instalación de 54 ColdHubs ha evitado el deterioro de 42.024 toneladas de alimentos.
La ONU recomienda llevar a cabo demostraciones de sistemas a gran escala para mostrar los efectos positivos de las cadenas de frío sostenibles.
A medida que aumentan la inseguridad alimentaria y el calentamiento global, los gobiernos, los socios internacionales para el desarrollo y la industria deberían invertir en cadenas de frío alimentarias sostenibles para reducir el hambre, proporcionar medios de vida a las comunidades y adaptarse al cambio climático, afirmó hoy la ONU.
Lanzado hoy en la 27.ª Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático, el informe Cadenas de frío alimentarias sostenibles, del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), concluye que las cadenas de frío alimentarias son fundamentales para afrontar el reto de alimentar a otros dos mil millones de personas para 2050 y aprovechar la resiliencia de las comunidades rurales, evitando al mismo tiempo el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.
El informe se elaboró en el marco de la Coalición Cool, dirigida por el PNUMA en colaboración con la FAO, la Secretaría del Ozono, el Programa OzonAction del PNUMA, y la Coalición para el Clima y el Aire Limpio.
“En un momento en que la comunidad internacional debe actuar para hacer frente a las crisis climática y alimentaria, las cadenas de frío alimentarias sostenibles pueden marcar una enorme diferencia”, afirmó Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA. “Nos permiten reducir las pérdidas de alimentos, mejorar la seguridad alimentaria, frenar las emisiones de gases de efecto invernadero, crear empleo, reducir la pobreza y reforzar la resiliencia, todo de una vez”.
Aumento de la inseguridad alimentaria
El número de personas afectadas por el hambre en el mundo aumentó hasta los 828 millones en 2021, un incremento interanual de 46 millones.
En 2020, unos 3.100 millones de personas no podían permitirse una dieta saludable, 112 millones más que en 2019, debido a las repercusiones económicas de la pandemia de COVID-19, que hicieron subir la inflación. Este año, por su parte, el conflicto en Ucrania ha elevado los precios de los cereales básicos, lo que amenaza la seguridad alimentaria.
Todo ello ocurre mientras se estima que el 14 % de todos los alimentos producidos para el consumo humano se pierde antes de llegar al consumidor. La falta de una cadena de frío eficaz que mantenga la calidad, el valor nutricional y la seguridad de los alimentos es uno de los principales factores de pérdida de alimentos.
Según el informe, los países en desarrollo podrían ahorrar 144 millones de toneladas de alimentos al año si alcanzaran el mismo nivel de infraestructura de cadenas de frío alimentarias que los países desarrollados.
Dado que la pérdida de alimentos posterior a la cosecha reduce en un 15 % los ingresos de 470 millones de pequeños agricultores, sobre todo en países en desarrollo. Invertir en cadenas de frío alimentarias sostenibles ayudaría a sacar de la pobreza a estas familias campesinas.
“Las cadenas de frío alimentarias sostenibles pueden marcar una diferencia importante en nuestros esfuerzos colectivos por alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Todas las partes interesadas pueden contribuir a aplicar las conclusiones de este informe para transformar los sistemas agroalimentarios y hacerlos más eficientes, inclusivos, resilientes y sostenibles, en favor de una mejor producción, una mejor nutrición, un mejor medio ambiente y una vida mejor para todos, sin dejar a nadie atrás”, declaró QU Dongyu, director general de la FAO.
Impacto climático
La cadena de frío alimentaria tiene graves repercusiones para el cambio climático y el medio ambiente. Las emisiones derivadas de la pérdida y el desperdicio de alimentos por falta de refrigeración supusieron en 2017 un total estimado de 1 gigatonelada de equivalente de dióxido de carbono (CO2), es decir, alrededor del 2 % de las emisiones mundiales totales de gases de efecto invernadero.
En particular, contribuye a las emisiones de metano, un contaminante climático potente pero de vida corta. Actuar ahora contribuiría a reducir las concentraciones atmosféricas de metano en esta década.
En conjunto, la cadena de frío alimentaria es responsable de alrededor del cuatro por ciento de las emisiones mundiales totales de gases de efecto invernadero, si se incluyen las emisiones de las tecnologías de la cadena de frío y las pérdidas de alimentos causadas por la falta de refrigeración.
La pérdida de alimentos también daña el mundo natural al provocar la conversión innecesaria de tierras para fines agrícolas y el uso de recursos como el agua, los combustibles fósiles y la energía .
Reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos podría tener un impacto positivo en el cambio climático, pero solo si la nueva infraestructura de refrigeración se diseña para utilizar gases con bajo potencial de calentamiento global, ser energéticamente eficiente y funcionar con energía renovable.
La adopción de la Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal y la Declaración de Roma sobre «la contribución del Protocolo de Montreal al desarrollo de cadenas de frío sostenibles para la reducción del desperdicio de alimentos» ofrecen una oportunidad única para acelerar el despliegue de cadenas de frío alimentarias sostenibles.
Avances logrados
Los proyectos de todo el mundo demuestran que las cadenas de frío alimentarias sostenibles ya están marcando la diferencia. En la India, un proyecto piloto de cadena de frío alimentaria redujo en un 76 % las pérdidas de kiwi, al tiempo que disminuyó las emisiones mediante la ampliación del uso del transporte refrigerado.
En Nigeria, un proyecto para instalar 54 ColdHubs operativos evitó el deterioro de 42.024 toneladas de alimentos y aumentó en un 50 % los ingresos de los hogares de 5.240 pequeños agricultores, minoristas y mayoristas.
Sin embargo, estos proyectos, que se ilustran junto con otros muchos estudios de caso en el nuevo informe, siguen siendo la excepción y no la norma.
Recomendaciones para los responsables de la toma de decisiones
Para ampliar las cadenas de frío alimentarias sostenibles a escala mundial, el informe formula una serie de recomendaciones para los gobiernos y las partes interesadas, entre ellas:
Adoptar un enfoque sistémico y holístico de la provisión de cadenas de frío alimentarias, reconociendo que la provisión de tecnologías de refrigeración por sí sola no basta.
Cuantificar y comparar el consumo de energía y las emisiones de gases de efecto invernadero de las cadenas de frío alimentarias existentes, e identificar oportunidades de reducción.
Aplicar y hacer cumplir normas mínimas de eficiencia ambiciosas, así como medidas de supervisión y cumplimiento para impedir la importación ilegal de equipos y refrigerantes de cadenas de frío alimentarias ineficientes.
Realizar demostraciones de sistemas a gran escala para mostrar los efectos positivos de las cadenas de frío sostenibles y cómo las intervenciones pueden generar soluciones sostenibles y resilientes para su ampliación.
Crear centros multidisciplinarios para el desarrollo de cadenas de frío alimentarias a nivel nacional o regional.


